Introducción

Hace algunos años, tomando unas cervezas con un compañero de trabajo, de pronto me preguntó, con tono desenfadado aunque mirada seria, cómo podía él hacer para conseguir “saber más de cine”. Yo me quedé bastante perplejo, lo reconozco, aunque no es la primera vez que me preguntan algo parecido, o que escucho que se lo preguntan o lo leo en alguna parte: “¿cómo puedo saber más de cine…literatura…música?”…

Este compañero, un hombre muy inteligente y perspicaz, me lo decía totalmente en serio. Yo no supe qué responder. ¿Cómo se puede saber más de música, literatura o cine? ¿Dónde están los guías, los maestros? ¿Cuáles son las fuentes fiables? ¿Cuándo o cómo darse cuenta de que estás en el camino correcto, o en el equivocado? En realidad, no basta con leer mucho o ver muchas películas o escuchar mucha música. Yo he conocido a demasiadas personas, algunas de ellas incluso con cierta relevancia en los medios de comunicación (o puede que mucha relevancia…), que han leído muchos libros, o que han visto infinidad de películas, y que pese a ello son unos grandísimos ignorantes.

De modo que…¿cuál es el camino? En lo personal, no creo que se pueda llegar a obtener cierto grado de conocimiento en el universo narrativo a menos que de verdad uno esté interesado en ello, y no le dedique, simplemente, algunas horas a la semana como un pasatiempo cualquiera. Y si uno está interesado en ello de verdad, eso se verá reflejado en su forma de vida, en sus hábitos y en sus estudios, es inevitable. Y tarde o temprano se asistirá a clases, universitarias o no, sobre literatura, o sobre cine, o sobre música. El autodidacta no tiene cabida en esto, por desgracia, a menos que se trate de una persona de enorme inteligencia y sensibilidad, y que sea capaz de mantener una disciplina, una intensidad en su búsqueda de valores culturales, estéticos y narrativos.

Y lo digo por experiencia. Hasta que no fuí a la escuela de cine, primero, y al instituto de cine de Madrid, después, no empecé de verdad a saber de qué iba esto de la narrativa. Yo creía que lo sabía, pero sólo lo creía, porque no lo sabía. Por supuesto no basta con eso, hace falta una sensibilidad, una inteligencia, una perspicacia. Un dejarse influir, sobre todo. Así es como funciona. Probablemente las personas que nos influyen en un primer viaje a ese universo narrativo que a mí me gusta imaginar, no sean las mismas que nos influyen después, pero hay que empezar acompañado, tutelado por así decirlo. Yo tuve la suerte de encontrar una formidable tutela por parte de mi padre en mis primeros años (y sospecho que algo parecido le pasa a mucha gente, los progenitores son esenciales), pero después, me temo, no bastó con eso. Tuve que hacerme el equipaje con más herramientas.

También juega un papel esencial el propio instinto, que sumado a la sensibilidad crea el mejor bisturí de todos. Pero, insisto, casi nadie es capaz de llegar a nada valioso sin la ayuda de profesores, sin imbuirse en un ambiente académico, sin interactuar con otras personas con sus mismos intereses, personas con inclinaciones creadoras y por tanto creativas. ¿Alguien imagina a un individuo explicándonos o escribiendo acerca de las fugas o los contrapuntos de Bach sin haber asistido al conservatorio o, por lo menos, habiendo obtenido sabiduría por parte de un maestro o un preceptor? Es difícil imaginárselo. En ese caso, ¿por qué cualquiera se cree con la capacidad de enseñar o escribir sobre cine o literatura? Tiene poco sentido, aunque me temo que es el signo de los tiempos. Pero ya habrá tiempo de profundizar sobre eso.

En estas páginas me propongo verter todas mis ideas y mis conocimientos sobre narrativa, para hacer un compendio y para, quizá, darme cuenta de en que aspectos todavía no he indagado mucho. Porque uno escribe ante todo para sí mismo. Y los lectores podrán también comparar sus ideas o sus conocimientos con los míos. Como dijo una vez el doctor Gregory House en uno de sus famosos diálogos: “resulta que tus opiniones no dan buenos resultados, mejor usa las mías”. Yo no pretendo imponer mis ideas a nadie, en realidad nunca lo he hecho. Sólo pretendo, si pretender se le puede llamar, dejar por escrito mi punto de vista y mi bagaje intelectual.