VALORES ESTÉTICO-NARRATIVOS: CINEMATOGRAFÍA Y LITERATURA

Regreso al objetivo de esta página, que no es otro que escribir acerca de narrativa, con un compendio de los valores estéticos y narrativos que valorar en una película y en una novela o relato. Con este esquema, espero, va a ser más fácil para mí establecer lo que quiero decir cada vez que hablo de las características de una obra narrativa concreta.

Empecemos con el más difícil de los dos, al menos para mí: la literatura. Como le pasa a otras formas narrativas (el cine, sin ir más lejos) la mayoría entra a valorar siempre su peripecia: qué es aquello que nos están contando, y si nos lo están contando bien o mal. Poco más. En el caso de la narrativa literaria, creo yo que para empezar hay que diferenciar entre dos formas esenciales: novelar y relatar. No es lo mismo, ni puede serlo, escribir un relato y escribir una novela. Las reglas, la disposición del texto, la composición del manuscrito son aparentemente parecidas, pero sólo aparentemente. Sin embargo, si nos fijamos con atención entre un relato por ejemplo de Borges y una novela de Thomas Mann, convendremos en las enormes diferencias, y no solamente por la extensión. Pero para entrar en materia empecemos a llamar las cosas por su nombre. ¿Cuáles son los valores narrativos de un cuento o novela?:

La voz del autor (idéntico para ambas formas narrativas)

La prosa/el estilo (ligeramente diferente, como ahora veremos)

La composición estructural y temporal del relato (aún más disímil entre novela y relato)

Sus textos precursores (idéntico para ambas formas narrativas)

Los personajes (presentación, construcción, desarrollo)

Los diálogos (en caso de haberlos)

La elipsis (lo que no se cuenta, tan importante o más que lo que se cuenta)

El estado anímico que deja en el lector

Las intenciones y la pertinencia de lo narrado y de las técnicas con que se ha narrado

Esto es tan solo lo que yo consideraría más esencial, aunque hay más elementos, por supuesto. Poco o nada de todo esto se valora, jamás, en ninguna crítica literaria de los grandes medios de comunicación, y alguna cosa aislada en ciertos blogs de literatura que sigo con bastante interés, en los que escribe gente a la que respeto. El objetivo no es otro, creo yo, que valerse menos de preferencias personales, siempre muy cuestionables, y valerse más de criterios objetivos.

La voz del autor, que como tal queda un tanto críptico, designaría hasta qué punto el autor tiene personalidad, y qué personalidad tiene, qué temperamento artístico, qué estilo de escritor es: barroco, intimista, intelectual, exuberante, analítico, sensualista… O cuál es su bagaje, lo que viene a ser lo mismo que preguntarse ¿por qué escribe? ¿Qué pretende? Y: ¿Tiene voz propia para hacerlo? Después de esto se puede entrar a valorar la prosa, el estilo, pero no de forma aislada, sino en conjunto con lo ya expuesto. Y de todo ello dependerá la elipsis implícita del relato.

Ahora bien: relatar es contar, con un ritmo y una prosa muy diferentes a novelar. Cuando uno novela levanta una realidad alternativa, con bulto y consistencia, ante los ojos del lector. De alguna forma, el novelista se introduce en la mente del lector y hace que se encienda la cámara oculta de su mente, como un cuarto oscuro en el que el escritor, al ir novelando, va revelando las fotografías en movimiento, las imágenes, de un mundo tan real y verosímil como el nuestro. Todo esto no ha de hacerlo el escritor de relato, o al menos con tanta fuerza. Lo que en un novelista es profundidad, en un cuentista es intensidad y contundencia. El novelista maneja el tiempo con mucha mayor necesidad, el cuentista tiene como objetivo el tono y el alcance de su disparo estético. Espero se me entienda.

Pero las dos armas más importantes para un narrador, en formato corto o largo, son la prosa y los personajes, que son una extensión de esa prosa. La prosa, el estilo, ha de ser la necesaria para ese relato, cuento, novela corta o larga, sea del subgénero que sea. Y de ella van a nacer los personajes y sus diálogos. Y un buen narrador va a ser siempre, por definición un gran dialoguista, porque suelen hacer uso de un excelente oído para la música. ¿Y qué es la literatura salvo escribir música para ser leída? Es como sumar dos más dos: si escribes gran prosa es porque tienes gran oído, y si tienes gran oído es porque amas la música, y la musicalidad de una narración es tu objetivo primordial.

Pasemos al otro: el cine. Muy deudor, mucho más de lo que parece, de la literatura y sus técnicas narrativas (en cuento, novela, teatro, etc), los valores intrínsecos de una película son:

La construcción del guion y su valor literario

La puesta en escena (planificación, mirada, punto de vista, tempo, estilo)

Los personajes/Los actores

El montaje (el elemento más importante y más cinematográfico de todos)

La personalidad y bagaje del autor (como en la literatura)

Secuencias culminantes y estructura general

Planos culminantes

Fotografía

Sonido/Música

Diseño de producción

Al igual que en una obra literaria, el triunfo depende del equilibrio de todas las partes, de todos los elementos consustanciales, y eso a su vez depende del talento aunador del director. La fotografía, el sonido, el diseño de producción, departamentos cruciales, no pueden contar cada uno una historia. Todos han de contar la misma historia. Pero sobre todos ellos, está el montaje como elemento crucial, diferenciador de cualquier otro arte. La verdad del cine, su esencia, está en el plano, pero su elipsis, su mirada, su estilo, está en el montaje.

Pero de nada sirve un gran sentido del montaje si la puesta en escena no ha sido lo suficientemente sabia y profunda, y si los personajes no son interesantes, ni los actores están bien dirigidos. Y el rasgo de buen director de actores es un talento que no muchos directores poseen.

La mayoría de estos elementos son pasados por alto en los comentarios al uso de los valores narrativos de una película, al igual que pasa con los literarios. Que el espectador o lector medio se quede con la historia, la peripecia, no es grave. Sí lo es que lo mismo suceda con la mayoría de los críticos cinematográficos de este país…y de otros países.