Stephen King y la fiebre narrativa

Después de comentar la obra (o, por mejor decir, la producción…) de dos autores españoles tan mediocres, insustanciales e insoportables como Juan Gómez-Jurado y Arturo Pérez-Reverte, quiero dejar por escrito mis sensaciones con la obra (esta vez sí) del que quizá sea el escritor más famoso del mundo en la actualidad, y uno de los de mayores ventas globales de todos los tiempos, el norteamericano Stephen King. Un novelista por el que siento un gran respeto pero del que, en ningún modo, soy otro admirador o fanático de los millones que por el mundo escriben sobre él o hacen vídeos en youtube. Creo que este señor merece que se haga crítica literaria con él (de la de verdad), algo que una vez más tampoco encuentro por ninguna parte.

Supongo que desdeñar con tanta pasión a dos mediáticos (pseudo)novelistas ibéricos, y apreciar la carrera de otro estadounidense que se ha hecho multimillonario con sus ventas, y que además no goza precisamente de ningún prestigio crítico, puede no dejarme en buen lugar ante los ojos de algunos. No me importa. Me consta que hay buenos cuentistas o escritores de relatos españoles, pero si el ocasional lector de estas líneas tiene tiempo, ganas y energía (me temo que le hará falta mucha), vuelvo una vez más a habilitar los comentarios para que me deje, si le apetece, algún nombre de algún novelista español verdaderamente grande de los últimos… digamos… veinte años. Y si además es capaz de vendérmelo con un poco de gracia, puede incluso que le haga caso y me lea algo de lo suyo. Por lo demás, no siempre unas ventas descomunales garantizan tener delante a un mal escritor, aunque a menudo sean indicativo de que no te vas a encontrar nada bueno.

Lo cierto es que pocos elementos externos de Stephen King ayudan a cambiar la imagen objetiva que se tiene de él. A sus increíbles ventas, constantes a lo largo de varias décadas, hay que añadir lo prolífico que es (aunque por suerte ya nadie sospeche de que tenga a varios escritores fantasma a sueldo escribiendo las novelas por él) y a que gran parte (no toda) su obra pertenece a ese poco prestigioso, por no decir «infame», género del terror. Con estos mimbres, muchos no quieren ni acercarse a él, y el paso de los años, de los títulos y de las adaptaciones cinematográficas no ha hecho sino confirmar la teoría de quienes no han leído ni una sola línea de sus libros. Tampoco es mi intención ensalzar a este novelista como uno de los más regios de la actualidad, pero sí, quizá, ser uno de los que ayuden a desmontar prejuicios y lugares comunes acerca de sus libros.

La senda del perdedor

Si valoramos los libros de Stephen King desde las alturas de la exquisitez literaria, es muy probable que nos parezca un novelista tirando a normalito. No posee una prosa distinguida, elaborada y excelsa, y jamás podría escribir un libro como ‘Meridiano de sangre’ o como ‘La subasta del lote 49’, o como ‘Mientras agonizo’. Su suerte, sin embargo, reside en que él es totalmente consciente de ello. No puede escribir novelas así y por eso ni siquiera lo intenta. Él está a otra cosa. King, que de niño y chaval tenía todas las papeletas para ser un perdedor y un fracasado en su vida, es un fervoroso obsesionado por contar historias, las más impactantes, poderosas y emocionantes que pudiera escribir. Y a eso se sigue dedicando. No es un literato extraordinario, pero sí es un narrador extraordinario.

Cuando no tienes nada que perder, porque eres un Loser con todas las letras, y vives en una caravana y cobras el salario mínimo, pero al mismo tiempo sospechas o empiezas a darte cuenta de tu caudal narrativo, te entregas a ello con una pasión desbordada. Eso es lo que hizo King, y no es de extrañar que muchas de sus novelas sean efectivamente del género del terror, porque quizá ese tono, ese espíritu, es en el que él podía disparar con mayor potencia, extrayendo de sus demonios interiores una riqueza imaginativa incomparable. Que con sus primeras novelas consiguiera un éxito arrollador no es más que un efecto colateral (aunque supongo muy satisfactorio para él y su cuenta corriente…) que aunque ha desvirtuado en gran medida la percepción que se tiene de él, no ha corrompido la que él tenía de sí mismo, que ha seguido siendo fiel a sus ideas y a su forma de escribir y de entender la literatura.

¿Qué es lo que le llega habitualmente al que jamás ha leído nada de Stephen King? Pues la forma de vender sus novelas, evidentemente, que en sus inicios no fue la más adecuada, y que en algunas épocas posteriores era bastante equívoca. El que no conozca la obra de King, me consta, cree que es un escritor con tendencia fácil hacia lo macabro, en el que lo más importante es el terror o el horror en sí mismo, que nos cuenta historias de estadounidenses de clase media y de la «américa profunda» que nada tienen que ver con nosotros, que su escritura y que sus historias carecen de la menor profundidad emocional o psicológica, y que son novelas para pasar el rato sin ningún otro interés. Nada de todo esto es verdad, pero convencer de eso se hace muy complicado cuando por ejemplo Alberto Olmos dice en una entrevista de hace ya bastantes años que no puede leer a King porque una frase no tiene conexión con la siguiente, cuando el purista Harold Bloom, recientemente fallecido, no le concedía el menor mérito, o cuando la mayoría de las adaptaciones cinematográficas de sus novelas (dicen que es el autor más adaptado al cine de la historia) inciden precisamente en esa falta de valores narrativos.

Ni siquiera el hecho de que algunas adaptaciones de sus novelas o relatos sean magníficas películas, como por ejemplo ‘Cadena perpetua’ (The Shawshank Redemption’, Darabont, 1994), que en mi opinión es una obra maestra incontestable, ‘Carrie’ (De Palma, 1976), que ha envejecido pero que tiene momentos magníficos, ‘Misery’ (Reiner, 1987), que pese a estar un tanto sobrevalorada y a tener un tono un tanto equívoco posee la magistral interpretación de Kathy Bates, ni siquiera eso hace cambiar de idea a muchos, que se quedan con las más cutres o desafortunadas adaptaciones de sus historias más macabras. Le sucede un poco como a Robert E. Howard, cuyas adaptaciones de Conan el bárbaro, más basadas en taparrabos y testosterona que en el verdadero espíritu howardiano, desvirtúan en gran medida la imagen de su literatura.

La situación llega hasta tal punto que incluso una de las películas de terror más famosas de todos los tiempos, admirada por millones de fanáticos, como ‘El resplandor’ (The Shining, Kubrick, 1980), es considerada una buena película porque se aleja de la novela de King. Mi opinión es la siguiente: la película de Kubrick le gusta mucho a la gente que no se ha leído la novela de King. Si se la leyesen se darían cuenta de que su historia es mil veces más interesante e imaginativa que la de la película, y que Kubrick tan solo cogió el esqueleto básico de la novela (tres personas que se van a vivir unos meses a un hotel cerrado en invierno, que da la casualidad de estar maldito o encantando, o lo que Kubrick creyese que era mejor para epatar al espectador). El director no entendió, ni quiso entender, la novela de King, que es lo mismo que les sucede a muchos que no quieren ni acercarse a sus ficciones.

Construyendo un universo

Hay muchas razones para no considerar a King un escritor eminentemente literario, sobre todo si consideramos la literatura en dos niveles bien diferenciados: la literatura como forma de arte absoluto, y la literatura como forma narrativa. Ambos niveles a veces pueden unirse, pero es bastante complicado que lo hagan. La mayor parte, o toda, la literatura de King pertenece al segundo grupo. Está muy influenciado por la forma de escribir del gran Richard Matheson, quien no en vano le dedicó una de sus colecciones de cuentos por considerar a King el futuro del género… y no se equivocó. La forma de representación de Matheson, su prosa, su estilo, dejaron una honda huella en el joven King, quien muchos años más tarde le dedicó su novela ‘Cell’ (2006).

En lo temático, sin embargo, King no tiene ningún problema en admitir que está muy influenciado por Lovecraft y por toda una miríada de escritores pulp y de la black mask, cuyo estilo directo y seco también ha intentado emular en algunos de sus trabajos. También, y aquí vendrán los puristas a no dejar pasar ni una, está muy influenciado por las películas de su infancia, pero al contrario que algunos pésimos escritores de hoy día (algunos de los cuales han tenido su valoración en estas páginas mías), King es un verdadero escritor por varios motivos. Y el primero de todos ellos es que al contrario que muchos, él posee un universo propio (que tantos han tratado de emular con tan poca fortuna), y un profundo conocimiento de la literatura narrativa, de la que ha extraído sus mejores armas para escribir los mejores relatos y novelas de los que ha sido capaz.

En ese universo (no hablo del multiverso de King, en el que cada novela conecta con las otras por detalles o enlaces temáticos), King ha sido capaz de crear, gracias a lo prolífico que es y a su fértil imaginación, una forma casi única de escribir que le pertenece sólo a él, y que le ha hecho acreedor de un lugar privilegiado en el imaginario colectivo de los que sí han dado el paso de quitarse los prejuicios de encima y leer algunas de sus novelas. Puede no ser un escritor literario, pero es incontestable que si se leyera cualesquiera de sus novelas, unos pocos párrafos, sin saber qué se está leyendo, se podría reconocer con bastante facilidad que es una de sus ficciones. Porque King posee otra cosa que sólo pertenece a los grandes narradores y a todos los grandes escritores literarios: un gran oído musical.

Con ese oído ha sido capaz de erigirse como uno de los mejores dialoguistas de la actualidad, y no precisamente uno de los más reconocidos. Pero si prestamos un poco de atención, observaremos la increíble frescura y naturalidad de sus diálogos, con los que es capaz de conseguir atrapar al lector y hacerle creer aquello que está contando, olvidándose de que es una ficción, como muy pocos escritores de hoy en día. Y de su capacidad innata para escribir diálogos surge la que sin duda es una de sus grandes fortalezas como novelista: su gigantesco talento a la hora de crear personajes. Y no solamente personajes memorables desde un punto de vista estético e icónico (y de esos tiene docenas), sino que esos personajes, en la mayoría de sus libros, están vivos. Son personajes creíbles de arriba a abajo, a los que él dota de una vida y una verdad sólo al alcance de los grandes novelistas de todos los tiempos. Y esa, y no otra, aunque estoy seguro de que muchos no estarán de acuerdo conmigo, es la razón del enorme éxito de ventas de sus novelas.

Si la razón fuera su capacidad para escribir historias horripilantes, hay muchos otros que se le parecen, y que escriben historias tan terroríficas, o más, que las suyas. En su caso, es una afortunada mezcla de imaginación, ingenio, suspense y humanidad, que él ha sabido dosificar muy bien para golpear anímicamente al lector de la forma más perdurable posible. Y es por eso que el lector se identifica con los personajes de King de una forma poderosísima, hasta tal punto que llega a afectarle la historia que le están contando. El horror en sí mismo no le interesa a King casi nunca. Lo que le interesan son sus personajes, o por mejor decir las personas a las que él dota de vida en sus páginas. Cuando King escribe ‘El resplandor’ está más interesado en contarte la historia de esa familia desestructurada, que en los horrores de hotel Overlook, en los que estaba más interesado Kubrick.

Novelas, novelas cortas, libros de relatos, ensayos, guiones…

Sin embargo, como es bien sabido, aunque de la cantidad nace muchas veces la calidad, también deriva la irregularidad. No todos los trabajos, como es hasta lógico, de King, gozan de idéntica inspiración o solidez, y en algunos casos es palpable que King no se siente cómodo con aquello que está contando.

Personalmente considero que ‘Apocalipsis’, también titulada ‘The Stand’, es su obra maestra. No me he leído todas las novelas de King, porque tiene muchas y hay que leer más cosas, pero sí la mayoría de las más importantes, y dudo que este hombre tenga algo de este calibre escondido entre su producción. Ni siquiera la celebérrima ‘It’, con la que comparte similar número de páginas en edición de bolsillo (1.500, nada menos), se le acerca. ‘Apocalipsis’, que cuenta la casi extinción de la humanidad por un supervirus de la gripe, es de una rara perfección, en la que King nos narra la historia de docenas de personajes, a cada cual más interesante y verdadero, sin desfallecer jamás de intensidad, ingenio y riqueza expresiva. Es una novela colosal cuya lectura se hace fácil, y cuya trama es apasionante y de una hondura y humanidad difíciles de describir.

En comparación con ella, ‘It’, para muchos su gran obra, se me antoja una brillante historia con momentos extraordinarios, pero más tendente a la dispersión, y en la que King cae en cierta incontinencia verbal y profusión de detalles que el lector se pregunta si son realmente necesarios para contar la historia. La trama, eso sí, es una vez más apasionante y, esta vez sí, terrorífica, con el payaso Pennywise convertido en uno de los monstruos más icónicos y duraderos de la ficción narrativa de nuestro tiempo. ‘It’ es, sin duda, una gran novela, en la que el horror no tiene tanta importancia como las vidas y las personalidades de sus caracteres principales, de nuevo dotados de una vida y una verdad incontestables.

Otras grandes, y muy famosas, novelas de King, como ‘Misery’ o ‘El resplandor’, son sin duda excelentes narraciones, muy bien medidas y contadas por este gran escritor, así como ‘Cementerio de animales’, que no es una gran novela, pero cuyas últimas cincuenta páginas son verdaderamente aterradoras.

Pero creo que King tiene verdaderas joyas no demasiado conocidas, y que en las novelas menos extensas demuestra un talento y una gracia en el contar casi genética. Me refiero a novelas cortas como ‘El cuerpo’, que es absolutamente emocionante y maravillosa (y que dio lugar a la conocida película ‘Cuenta conmigo’, también de Rob Reiner). También otras como ‘Verano de corrupción’, o ‘El fugitivo’, o ‘Ojos de fuego’, que es realmente estupenda, o ‘La niebla’, llena de ingenio. Esas novelas, menos ambiciosas en lo temático y en su extensión, nos revelan sus verdaderas armas de narrador, lo que le gusta contar historias, espeluznantes o no, el casi inagotable caudal creativo de este hombre.

Otras novelas son mucho menos conseguidas o directamente muy cuestionables, como su querencia por contarnos relatos de máquinas que se vuelven malvadas (no en vano dirigió una única película, ‘Maximun Overdrive’, precisamente sobre este tema), que ha repetido en novelas como ‘Christine’ o ‘From a Buick 8’, y que rebajan la calidad de su obra. King ha intentado, con bastante éxito, desmarcarse del terror puro en estupendas novelas como ‘La chica que amaba a Tom Gordon’, en la que muestra su capacidad para la literatura de supervivencia, o la trilogía reciente sobre el detective Bill Hodges, con la que se adentra en el noir más clásico. Pero por ejemplo su primer volumen de la que el considera su Magnum Opus, ‘La torre oscura’, titulado ‘El pistolero’, es bastante mediocre y no consigue elaborar una mítica hasta que escribe su segundo volumen, ‘La llegada de los tres’, probablemente una de sus mejores novelas.

No he leído el resto de sus novelas de la saga ‘La Torre oscura’, aunque espero hacerlo dentro de no mucho tiempo. Por lo que sé, dentro de esta larga serie también hay títulos más conseguidos que otros. Pero de momento baste decir que ‘El pistolero’ es muy irregular, y que ‘La llegada de los tres’, el segundo volumen, es directamente sensacional.

Tampoco me convence en ‘La historia de Lisey’, una novela casi autobiográfica sin duda bien escrita, pero en la que da la sensación de no sentirse del todo cómodo. ‘Desesperación’ podría haber sido una gran novela, y aunque es larga parece desfalleciente, con temas repetitivos de sus novelas previos, con un suspense no del todo conseguido.

De su gigantesca producción cuentística se pueden destacar algunos cuentos excelentes, y otros más alimenticios. Es un buen escritor de relatos, algunos muy Poe, otros muy Lovecraft. Me gustan más los que están apegados a la realidad, los más fabuladores, como ‘El último peldaño de la escalera’, o ‘Corazones en la Atlántida’, que ‘Los chicos del maíz’, por ejemplo, mucho más convencional. Su estupendo libro en el que te explica sus técnicas de escritura, llamado precisamente ‘Mientras escribo’, es muy recomendable, aunque sin duda podía haber llegado más lejos en sus premisas.

En definitiva, para valorar a King, hay que leerle. Y si se leen sus novelas libres de prejuicios, tanto mejor. Dudo que a este hombre nadie le haya regalado nada. Su estatus lo ha logrado a base de trabajo duro, de un enorme interés por sus personajes, de una imaginación y un ingenio indiscutibles salvo por los más recalcitrantes, de una fiebre narrativa que lo ha llevado a construir una obra gigantesca en títulos. Tiene libros mejores y libros peores, como es inevitable. Pero sus grandes novelas perdurarán. Y él sabe que dentro de doscientos años, en el improbable caso de que la especie humana siga existiendo, su nombre, por suerte o por desgracia, será recordado.