CINE, CRÍTICA

The Dark Knight y Scorsese

Como todavía seguimos con la absurda polémica suscitada por la respuesta que Scorsese le dio a un periodista, quisiera aportar mi grano de arena a este asunto, ahora que mi intención de traducir la carta que Scorsese escribió a The New York Times se ha visto truncada porque otros lo han hecho antes que yo. Pero recapitulemos: Scorsese sólo ha dado su punto de vista sobre un fenómeno (el cine de superhéroes en general, y el de Marvel en particular) que a él no le interesa demasiado, porque su bagaje cultural es otro, y porque según él esas películas no son cine. No ha faltado, por supuesto, el eterno grupo de ofendiditos que se han rasgado las vestiduras porque un cineasta de su talla diga con sinceridad lo que piensa. Incluso el siempre espectacular Juan Gómez-Jurado ha puesto en su twitter, en consonancia con su altura de miras y la profundidad habitual de su pensamiento, que eso que ha dicho Scorsese «es una tontá».

Para Scorsese, y muchos estamos de acuerdo con él, todo este cansino fenómeno del cine de superhéroes, ejemplificado sobre todo en la maquinaria Marvel, ha sido más pernicioso para el arte del cine que un tsunami, y las increíbles ganancias económicas que han proporcionado a los estudios no van ayudar en nada a que cineastas más humildes encuentren su hueco en las pantallas. Este legendario cineasta no hace sino lamentar que en los cines sólo se proyecten franquicias de superhéroes, y que sea muy difícil para otro tipo de cine encontrar un hueco. Y tiene toda la razón, ahora que además él se ha visto obligado a filmar ‘El irlandés’ para Netflix. El que se quiera ofender por eso y escribir soflamas al respecto, que lo haga. Pero ahora se considera un fracaso cualquier película que en una semana no haga cifras cercanas a los cincuenta millones de dólares. Si el personal no quiere darse cuenta del problema que esto representa ni siquiera merece el esfuerzo de que se le explique.

Resulta irónico y tremendamente interesante que el proyecto de ‘Joker’ (2019), que finalmente ha filmado Todd Phillips, fuera considerado en un inicio por el propio Scorsese. Es probable que nunca pensara seriamente en dirigir él la película, pero quizá acarició durante una temporada la posibilidad de hacerla. No en vano, este ‘Joker’ bebe directamente del nihilismo y la angustia de ‘Taxi Driver’, así como de la causticidad y la negrura existencial de ‘The King of Comedy’, ambas de Scorsese. La película no la ha dirigido él, y como todos sabemos está siendo un grandioso (y en muchos aspecto, muy sorprendente) éxito en todo el mundo. Phillips hace un trabajo más que solvente y Joaquin Phoenix está increíble en su papel del Joker, tal como esperábamos. Pero quizá valga la pena, a raíz de los comentarios de Scorsese, a raíz del debate suscitado por la dictadura comercial de ese tipo de cine y de la película de Phoenix, hablar un poco sobre la que probablemente es la mejor película de su clase. Sobre todo porque, para rematar el asunto, tiene más de Scorsese de lo que pudiera parecer.

El ruido y la furia

No es Christopher Nolan un director de mi devoción. Le reconozco la ambición, la inteligencia y la energía. Es un tipo avezado, que conoce la técnica y sabe lo que se hace, pero a estas alturas de su carrera está ya claro que no es un gran cineasta. Su carrera se ha visto afectada de ese defecto del más grande todavía, del hype desaforado, de una supuesta autoría que no mezcla demasiado bien con sus necesidades comerciales. Sin embargo, con ‘The Dark Knight’, sin lugar a dudas su película más completa, consiguió un raro equilibrio, a pesar de sus imperfecciones, para erigirse en la superproducción de superhéroes más compleja y más profunda tanto en lo temático como en lo formal. Ni una sola película de Marvel llega a estas latitudes de suspense, ambigüedad moral y oscuridad psicológica. Muchos lo achacan al sugerente guión escrito al alimón con su hermano Jonathan, al parecer mucho mejor guionista que Christopher. Sea como fuere, ni siquiera la mejor película en mi opinión de Marvel, ‘Guardianes de la galaxia’ (Gunn, 2014), puede hacerle sombra a esta aventura.

Con un reparto formidable (nada menos que Christian Bale, Morgan Freeman, Michael Caine, Gary Oldman, Aaron Eckhart, Maggie Gyllenhaal…) Nolan tuvo sobre todo la grandísima suerte de contar con Heath Ledger en el papel del Joker. Creo que Phoenix está formidable en la película de Phillips, y hasta es posible que se lleve el Óscar. Pero es evidente que en su composición debe mucho a Ledger. Por lo menos no se entiende sin tener en cuenta a Ledger, que logró algo absolutamente icónico con su Joker. Phoenix explica al personaje y le dota de un pasado y un patetismo arrolladores, pero Ledger fue el que cinceló una leyenda. Su Joker es absolutamente terrorífico, insuperable. Convierte en una caricatura lo que otros grandes actores han hecho con él, trascendiendo con mucho el original del cómic.

Su Joker no es solamente la némesis del héroe, sino además un pensador anarquista, un filósofo del caos como forma de vida. Ningún personaje, en la larga carrera de Nolan, tiene un ápice de la grandeza de su Joker, que puede rivalizar, en intensidad, en furia, en genio creador, con las grandes composiciones de Hopkins (Hannibal Lecter), Day-Lewis (Bill el carnicero o Daniel Plainview) o el propio Phoenix (en ‘The Master’), y eso dentro de una película que narrativamente atesora no pocos valores y virtudes (y olvidemos detalles cogidos con pinzas, como la reconstrucción desde la nada de una huella en una bala, o la milagrosa y poco plausible fuga del Joker de una comisaria atestada de policías), muchas de las cuales son herencia directa del genio de Scorsese.

Y dirá el lector, ¿cuales? Personalmente, en la densidad atmosférica de ese Gotham de Nolan percibo rastros del New York de ‘Taxi Driver’. Y en la precisión del corte en su montaje (muy superior también, por cierto, al del resto de sus películas) noto que Nolan se ha visto en el espejo de grandes maestros como Scorsese. Pero ante todo en la figura del propio Joker, en la valentía con la que se ha afrontado este personaje, en la libertad que sin duda Nolan permitió a Ledger, es evidente que se sitúan en un espacio antes roturado por los torturados, obsesivos y casi mefistofélicos personajes scorsesianos. La locura aparente del Joker, su compleja estructura moral, es deudora tanto del Travis Bickle de ‘Taxi Driver’ como del Max Caddy de ‘Cape Fear’ (1991), y si esos personajes no hubieran existido, tampoco lo habría hecho el Joker de Nolan y Ledger de la manera en que se nos presenta en pantalla.

Por todo ello es más que lógico que la primera opción, más allá de coincidencias temáticas, para dirigir el ‘Joker’ que ahora arrasa en las pantallas de cine, la primera opción fuera el bueno de Marty, como también es más que lógico que por estilo e inquietudes, Scorsese finalmente declinara el proyecto y se dedicara a otras cosas.

Y así seguiremos, porque el panorama no tiene visos de cambiar. Seguirán estrenándose mega producciones que marcarán el ritmo de la industria, y que obligarán a pensar, por una suerte de ósmosis, que una producción más pequeña, filmada con veinte o treinta millones de dólares, ya es un fracaso si en Estados Unidos no llega a los cien millones recaudados. Y seguirán pulverizándose récords de taquilla año tras año (el récord de taquilla en el estreno de un mes determinado, el récord de una festividad, el récord del verano, el récord del año, o el récord de la historia del cine), hasta que la maquinaria, por fuerza, se colapse sobre sí misma. En esta década que todavía no acabará en 2020 (porque la siguiente década empieza en 2021… aunque poco importa, porque todo el mundo dirá que hemos cambiado de década), el cine de superhéroes ha sido la norma. Marvel ha echado la casa por la ventana y ha hecho película de casi todos sus personajes. Y la fórmula ha funcionado.

Mientras tanto, los pocos directores de verdad que van quedando y que no quieren plegarse al canto de sirena de lo estudios, es decir, que no quieren hacer las películas que ellos les marquen, sino contar las historias que llevan dentro, lo tendrán cada vez más difícil para salir adelante y sobrevivir como artistas. Otros grandes maestros, como Scorsese, concluirán su carrera, porque por desgracia no pueden existir para siempre. Y sus sucesores o continuadores heredarán un mundillo despiadado, en el que será casi imposible expresarse. Es de eso, y no de otra cosa, de lo que habla Scorsese. Puede que a algunos les parezca mal, pero quizá sería una buena idea escuchar a gente como él.

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