El tormento y el éxtasis

Este año 2019 que ya se fue al carajo me leí 77 libros. A algunos les parecerán muchos, a mí me parecen pocos, y puedo asegurar que pese a ello ha sido un viaje alucinante, en el que ha habido literalmente de todo, en el que me he encontrado y me he perdido, me he maravillado y me he desesperado. Todo junto. En estas breves líneas voy a intentar hacer un resumen de todo ello.

Para empezar he procurado no ceñirme a un solo estilo o a un solo género. Tampoco a una sola época. Así, me he leído novelas (extensa y breve), tanto del XX como del XIX, relatos, teatro, poesía, ensayo… también he leído clásicos como ‘La Eneida’, y por fin me he leído completa ‘La divina comedia’, y he vuelto a leer y he disfrutado como nunca con las dos partes de ‘El Quijote’. Y he empezado a profundizar en la narrativa de Faulkner, y me he sentido como un imbécil con Shakespeare. Ha habido, ya digo, de todo.

Lo más decepcionante: precisamente Shakespeare. Qué aliviado me sentí cuando encontré el famoso texto de Tolstoi que puse en estas páginas mías. Qué insoportable su lectura, sus personajes sin pies ni cabeza, sus tramas absurdas, exageradas y enajenadas. Me he sentido como un imbécil leyéndolo porque Shakespeare está considerado, cuando no el más importante, uno de los más importantes escritores de todos los tiempos. Y yo lo he aborrecido. Luego no debo poseer ni un gramo de sensibilidad literaria o como diablos se quiera decir. Y encontrar el texto de Tolstoi, que con palabras mejores que las mías explica todo lo que yo sentí al leerle… ha sido balsámico. Me he leído sus diez tragedias, y la única que me ha dicho algo, sin tirar cohetes, es ‘Macbeth’, otras son para olvidar, ‘El rey Lear’ es espantosa (¿alguien que esté leyendo esto se la ha leído entera y le ha gustado?…por favor, que me lo diga), ‘Romeo & Julieta’ es una estupidez como un piano de grande. ¿La más grande historia de amor jamás contada? Por favor…

Menos mal que me leí a su contemporáneo Cervantes y me reconcilié conmigo mismo. Todo lo que en Shakespeare es culebrón, exageración, falta de ingenio, astucia mecánica, grandilocuencia, pomposidad, en Cervantes es sabiduría, humor, grandeza de espíritu, caracteres extraordinarios, diálogos irrepetibles, situaciones de una imaginación arrolladora. ‘El Quijote’, sus dos partes, no solamente es una de las grandes novelas de la historia, sino que es una de las grandes obras de arte del espíritu humano. Por lo tanto ya no me vale que me digan que no entendí a Shakespeare porque hay que situarse en su época y su contexto.

También me he leído novelas espantosas como ‘Sidi’, del “maestro” Arturo Pérez-Reverte, y otras decepcionantes, como ‘Patria’, de Aramburu (¿de verdad tanta gente se ha sentido compelida por una novelita con tan poca literatura dentro?) o ‘El amante de Lady Chatterley’, de Lawrence (aunque estoy deseando leer su ‘Hijos y amantes’), o ‘El maestro y Margarita’, Bulgakov (quizá era la traducción o quizá que me esperaba otra cosa).

Por otro lado he tenido sorpresas inesperadas y satisfactorias, como ‘El hombre que fue jueves’, de Chesterton, o ‘Doctor Sueño’, del siempre denostado Stephen King, o ‘Guerra Mundial Z’, que es una novela realmente extraordinaria.

Pero supongo que las tres más importantes que me he podido leer han sido la increíble, pasmosa (en esto sí tenía razón el pelma de Harold Bloom, descanse en paz el buen hombre) ‘Meridiano de sangre’, que más que una novela es una epopeya, de una fuerza y un tenebrismo yo creo inigualables, que eleva la casquería y el horror absoluto a categoría de arte, por alguna inesperada alquimia que surge de su asombrosa prosa; la extraordinaria obra maestra que es ‘Mientras agonizo’, del maestro (este sí) William Faulkner, que jamás me cansaré de recomendar a todo el mundo y que me parece quizá el poema en prosa más impresionante que jamás leí; y sobre todo ‘Absalom, Absalom!’, también de Faulkner, que ha sido quizá la lectura más exigente y memorable de toda mi vida.

Esta novela, la novena del narrador y poeta de Misisipi, es probablemente el relato más complejo, laberíntico, intrincado y radical que jamás ha caído en mis manos. Tenía que leerla, porque no podía no hacerlo, pero hacerlo ha sido una experiencia arrasadora. Faulkner es un gran artista, pero sus novelas no son precisamente un picnic a la vera del camino. Y esta es la más enrevesada y dificultosa de todas ellas. Más de una vez, tras cinco minutos de lectura, quise abrir la ventana y tirarla a la calle, de la pura desesperación y tormento que me proporcionaba, porque no entendía absolutamente nada de lo que estaba leyendo. Pero si me esforzaba, si ponía mis (ya escasas) neuronas en funcionamiento y al máximo, poco a poco accedía a lo que este hombre nos quiso contar, a su mundo, a su mirada. Y al final el premio era demasiado grande para dejarlo correr.

Inolvidable también ese otro poema en prosa que es la monumental ‘La muerte de Virgilio’. Obras como estas, que han convivido en 2019 con otras mediocres, te dejan claro varias cosas: primero que vas a tener que leer mucha mediocridad antes de alcanzar algo que es delicatessen, segundo que leer obras de gran calibre estético potencian tu creatividad mientras que leer obras inanes como la de Reverte te estropean la imaginaicón… y tercero que por mucho que leas te queda mucho más por leer… pero que no puedes bajar la guardia, hay que elegir muy bien. El tiempo se va estrechando contra sí mismo, como las paredes de una habitación, y pronto no se puede escapar. ¿qué novelas leeré este 2020? ¿Cuál será el último texto literario que leeré en mi vida?