Colosos y fuegos fatuos

Yo lo veo así, quizá porque (que nadie lo descarte) cada día estoy más pirado: en esto del cine hay una serie de colosos, de gigantes, de titanes, muy pocos, una especie en peligro de extinción, y frente a ellos hay toda una pléyade de individuos/as, una multitud de advenedizos, arribistas, fatuos… de aspirantes, en el mejor de los casos, a ser colosos, a ser inmortales, pero muy pocos o casi ninguno lo consigue, y nosotros, espectadores mortales, asistimos a este combate, a esta batalla agónica, entusiasmados ante tanta sangre y tanta masacre, porque los advenedizos se dan de hostias una y otra vez y quedan en evidencia contra un simple gesto, un simple plano, una simple idea, de los colosos, y mientras ciertos (ingenuos) espectadores creen que alguno de esos aspirantes peso pluma consigue ingresar en la liga de los grandes, otros (lúcidos, cabrones) sabemos que no, que esa altura estratosférica está al alcance de muy pocos…

¿Que quienes son, o han sido, esos titanes? Pues es muy fácil identificarlos. Extintos ya quedaron Tarkovski, Bergman, Kurosawa, Antonioni, Buñuel, Welles… y aún existen sus hijos, los vástagos de aquella grandeza:

FRANCIS FORD COPPOLA: Quizá el más grande cineasta vivo, pese a que sus años ochenta y noventa fueron muy inferiores a los setenta, pero nadie tiene nada de la inalcanzable altura de ‘Apocalypse Now’ y ‘The Godfather, part II’.

MARTIN SCORSESE: Que quizá posee la carrera más fluida, dilatada y fascinante de la actualidad…no tiene un ‘The Godfather, part II’, pero Coppola no tiene su regularidad y su constancia a la hora de entregar un trabajo extraordinario tras otro…

ROMAN POLANSKI: que es una leyenda del cine, que tiene en su haber cuatro obras maestras absolutas, y que a sus ochenta y seis años sigue entregando películas magníficas, contra viento y marea, para una carrera que seguirá siendo estudiada dentro de cincuenta años.

LARS VON TRIER: Quizá el más grande director europeo de la actualidad, un artista total, complejo, controvertido y nada complaciente, no apto para todos los paladares, pero de factura siempre exquisita y ambición y exigencia máximas.

JAMES CAMERON: El más grande director de sci-fi de la historia del cine es también un cineasta portentoso a la hora de filmar sobre tragedias históricas, y un artista de una gran categoría humana, en múltiples disciplinas, que ha llevado la técnica del cine mucho más allá de lo que cabría imaginar.

ZHANG YIMOU: Algo ninguneado en la actualidad, pero otro coloso de su oficio, otro gigante de la puesta en escena, el montaje, la belleza plástica…al igual que sus compañeros, posee un puñado de obras maestras incontestables, de una ambición casi épica.

WERNER HERZOG: Imposible no incluir al alemán en este exclusivo ramillete de titanes, pues en su filmografía, al igual que en la del resto, existen proyectos grandiosos, personajes más grandes que la vida, un sentido de la puesta en escena y el montaje que trasciende con mucho el cine convencional.

PAUL THOMAS ANDERSON: El único director estadounidense que parece haber recogido las esencias del grupo del New Hollywood de los setenta, y por tanto el único descendiente directo de cierto tipo de cine en desaparición, que él, con su genio, mantiene vivo.

ALFONSO CUARÓN: Quizá el más grande director mexicano de la actualidad, el más arriesgado, refinado y personal, y el de proyectos más extremos, sorprendentes y formalmente más ambiciosos, que a pesar de su corta carrera es ya una leyenda del cine.

HAYAO MIYAZAKI: el último gigante, quizá el más exquisito director de animación de la historia del cine, el más épico, humano y universal, y el de proyectos más grandiosos, como todos sus compañeros.

Y no hay más. Dejo fuera de esta lista, conscientemente, a otros dos norteamericanos, Terrence Malick y David Lynch, que también me parecen unos colosos, pero que están fuera de toda norma, y que pese a poseer varias obras maestras, merecen una consideración aparte.

Ahora llega la pregunta: ¿quién puede acercarse a estos titanes? Muy pocos, pese a que muchos lo intentan. De nuevo en el cine norteamericano, se han acercado, y mucho, Quentin Tarantino y David Fincher, dos magníficos cineastas (sobre todo el segundo). También Todd Haynes, con ‘I’m not There’ y ‘Carol’. Quizá Michael Haneke…Ang Lee… Paul Verhoeven…González Iñárritu… Muy pocos más.

¿Cómo incluir en esta lista, siquiera como aspirantes, a gente como Alejandro Amenábar, Peter Jackson, Christopher Nolan, Darren Aronofsky, Juan Antonio Bayona, Steven Spielberg, Clint Eastwood, Sam Mendes? Hablamos de leyendas, de jugarse el todo por el todo, de jamás, nunca, ceder a imperativos comerciales. Hablamos de estilo, de hacer empujar la nave, de jugarse el tipo con proyectos a todo o nada, de hacer avanzar el lenguaje cinematográfico, de un sentido del montaje único (consustancial en todos ellos), de una dirección de actores siempre superlativa, de una hondura, de una visión de conjunto. Estos aspirantes, o fuegos fatuos…algunos de ellos ha dirigido buenas películas, incluso filmes magistrales, pero jamás podrían ser considerados inmortales, titanes, y duele verlos en listas de directores en los que se incluyen a los otros. Esto es una lucha agónica por conquistar la eternidad, no un listado de la compra con los directores predilectos de cada cual.

4 comentarios en “Colosos y fuegos fatuos

  1. Según iba leyendo me faltaban precisamente Terrence Malick y David Lynch, pero veo que también están en esa gran selección. Muy acertado de tu parte meter al maestro Miyazaki, mucha gente “que ve películas” sufre de una animadversión hacia el cine de animación. Si no es CINE “Mi vecino Totoro”, “Porco Rosso”, “El viaje de Chihiro” o “Ponyo en el acantilado”, entre otras muchas de sus obras, ¿qué entiende entonces esta gente por cine?

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    1. Hola, amigo

      Sí, en efecto. En occidente el ninguneo al cine de animación, salvo el sempiterno Disney, es chocante. Y no tiene visos de cambiar. Allá cada cual. Por mi parte y la tuya y la de muchos más, lo importante es no seguirle la corriente a la mayoría en este tema.

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      1. Exacto Adrián, espero que con este tipo de artículos la gente pueda descubrir que hay cine más allá de los caminos extrictamente convencionales marcados por el dólar.

        ¡Una abrazo!

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