El sentido del montaje

6 comentarios

He de admitir que durante mucho tiempo, en mi época de estudiante de cine, y más tarde cuando empecé a escribir, no le presté al montaje toda la atención que realmente ha de dársele. Es decir: le daba un valor enorme, pero no tanto, ni mucho menos, como el que le doy ahora a cada nueva película que veo, o a cada vieja película que ya he visto y que vuelvo a revisar. Sencillamente no me fijaba tanto, o le otorgaba un valor tangencial, dentro de la gran cantidad de disciplinas que hay que considerar y manejar en la realización de una película.

Pero, en realidad, y de forma inconsciente, las películas que más me han conmovido o subyugado o impresionado han sido, sin excepción, las que poseen un montaje más perfecto. Y esto es debido, ahora lo sé, a que la fuerza incluso del montaje más vistoso, del más evidente, porque sea un trabajo más picado (en jerga, un montaje picado es aquel en el que hay numerosos cortes cada pocos segundos…o incluso varios dentro de un segundo) o porque posea un montaje más elaborado en cualquier otro sentido, pasa tan desapercibido, en su mayor parte, como esos montajes más “clásicos” (académicos, sería la palabra), que pretendían ser lo más invisibles que se pudiera al ojo del espectador. Es así.

Porque el montaje de una película es mucho más que unir las partes filmadas en el rodaje, y por eso la vieja leyenda de que John Ford o Alfred Hitchcock se iban a casa tranquilos y dejaban al montador a lo suyo porque sabían que su película sólo se podía montar de una manera, es directamente una grandísima estupidez o una mentira como un piano….aunque a juzgar por el montaje de algunas de sus películas podríamos juzgar que era así. Pero más allá de directores concretos, el lector debe tener en cuenta que en celuloide (obviamente en digital ya no es así, pero el concepto de “material” es el mismo, o mayor, porque en digital se filma mucho más al no ser tan económicamente restrictivo el número de tomas), cada segundo son veinticuatro fotogramas, de tal modo que uno de esos antiguos rollos de películas de diez minutos (aproximadamente) que se colocaban en el chasis de la cámara, tenía una longitud de unos 300 metros.

Mucho que cortar.

Pero en el cine el montaje no es sólo cortar. Es también pegar, empalmar. Hay que decidir cuál es fotograma o el frame perfecto en el que ese plano se termina, y el fotograma o el frame perfecto en el que el siguiente plano, o secuencia, comienza. Y puedo garantizar al lector no iniciado en esta materia, que elegir el frame perfecto es lo que marca la diferencia. Pero no solamente depende de eso, sino también de elegir la mejor toma de entre todas las que filmaron de ese plano en concreto, de ese momento particular, y la que mejor encabalgue a continuación. Un profesor mío de cine lo definió como un trabajo de cañerías y de presión: no puedes juntar una cañería con poca presión de agua a una que tenga mucha presión. Sencillamente no funcionaría. Pues en esto es lo mismo.

Hay muchas formas de montar, más de las que parece, pero nada tiene más fuerza que el corte. Y es en el corte, no en ninguna otra forma, donde se percibe la categoría del director, porque con esa técnica de montaje se ve si su puesta en escena tiene musicalidad interior, si es capaz de mantener un punto de vista, un tono y un ritmo, dejando claro que el ritmo no tiene nada que ver con el montaje (decía Tarkovski, y estoy de acuerdo con él, que el ritmo de una película no existe gracias al montaje, sino a pesar de él). La única razón por la que existe el montaje, en muchas ocasiones, es porque es imposible rodar todo con un solo plano, pero si así se hiciera, se percibiría en verdad el ritmo interno de los actores y los elementos dramático-narrativos de la secuencia.

Esto ocurre en los famosos planos secuencia (tomas largas o secuencias enteras filmadas sin cortes) de los que hay muchos famosos en la historia del cine. Ahí existe otro tipo de montaje interno y, cuando al fin se corta, sabemos si el cineasta que lo ha organizado tiene cine o no dentro. Un ejemplo sensacional de esto lo encontramos en la secuencia inicial de la obra maestra de P.T. Anderson, ‘Boogie Nights’, que es una toma muy larga que empieza fuera del local donde va a transcurrir la secuencia, y que termina…mejor que el lector le eche un vistazo:

El plano secuencia, o toma larga mejor dicho, termina de una forma muy interesante, con el personaje de Burt Reynolds encontrando con la mirada al que interpreta Mark Wahlberg. Qué pertinente, qué gran intuición de Anderson a la hora de elegir el momento perfecto para cortar su fastuosa toma. Es a corte, pero no al rostro de Reynolds mirando ya a Wahlberg, sino encontrándole por casualidad. Y todo el plano secuencia está organizado de una forma muy natural, sin parecer jamás forzado o arbitrario. Este es un montaje soberbio.

Como dice Rodrigo Cortés, como decia Welles (sin querer compararles), en el montaje es donde sucede la cosa cinematográfica. Y eso no significa que haya que tirar cientos de tomas y obtener decenas de miles de metros de película, a lo Kubrick, sino tener en la mente el corte preciso para montar la película. Es el afinado real de la película. Decía Cameron que el guion es la primera versión de la película, el rodaje la segunda y el montaje la tercera y última. Y es verdad. Son esos directores, los que con el montaje hacen la versión definitiva, los verdaderos grandes cineastas a tener en cuenta.

Plural: 6 comentarios en “El sentido del montaje”

      1. El tiempo que llevo leyéndote he descubierto muchos autores que, posiblemente, hubiera tardado años en llegar a ellos. De lo que escribes no solo salgo beneficiado yo, sino también gente cercana a la que he recomendado muchas películas que han pasado previamente por aquí u otros lugares donde has escrito.
        Así que, honestamente, gracias por tu tiempo y por el valor de tus textos.

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      2. Joder, macho, me has dejado sin palabras…

        Muchas gracias por eso que me has dicho. Es precisamente lo que pretendo: abrir los horizontes de la gente que me lea, aportar un punto de vista nuevo.

        A veces peco de vanidad o de mala hostia, pero intento ser también honesto y escribir con la mayor contundencia posible.

        Un abrazo y muchas gracias de nuevo!

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