TELEVISIÓN

Mi ranking de series de televisión

En realidad no es mi ranking, pero al menos es un compendio de las series más importantes que he visto, un breve resumen y un comentario sobre algunas de ellas. Porque, además, es muy difícil hacer una lista o un artículo de opinión serio, dada la gran cantidad de series existentes y el escaso tiempo para verlas todas, sobre todo cuando se trata de títulos de varios años y casi cien capítulos de duración. No se puede ver todo en cine, leer todo lo posible, escuchar música a todas horas y además ser un experto en series. La vida no da para todo.

Pero aún sin haberlo visto todo (algo imposible, dadas las circunstancias) voy a arriesgarme a escribir lo que pienso, en términos de ranking, de importancia, de influencia y de grandeza.

Las dos mejores series de todos los tiempos son ‘The Sopranos’ (1999-2006), creada por David Chase, y ‘The Wire’ (2002-2008), creada por David Simon. Si tuviera que elegir entre las dos, me quedaría con la primera, aunque no es una decisión fácil, porque la serie de Simon es extraordinaria desde el principio hasta el final, y el collage de rostros, actores y personajes más prodigioso que jamás se ha visto en una pantalla. Pero supongo que hay que elegir, y no he visto nada más terrible ni definitivo que la tragedia íntima de Tony Soprano, por mucho que por ejemplo en Jot Down digan que la muerte de Nancy Marchand truncó la serie y le impidió acercarse a la perfección. No solo creo que no es así, sino que de alguna forma la hizo crecer más allá de sus límites iniciales.

Ambas obras maestras no habrían podido existir sin la creación, más de una década antes, de la serie más influyente de la historia: ‘Twin Peaks’ (1990-1991, 2017), creada por David Lynch y Mark Frost, y que es puro Lynch desde el primer fotograma hasta el último. Otras series como ‘X-Files’ (1993-2002, 2016-2018), creada por Chris Carter, me parecen mucho más convencionales, en todos los sentidos, y hasta pueriles, teniendo en cuenta la enorme influencia, la perfección formal, la exigencia narrativa de Lynch y su equipo.

Pero si se quiere hablar de series (la mayoría americanas, me temo), es imposible no establecer un ranking entre sus géneros o estilos. Y en el estilo o género sitcom (abreviatura que en inglés se refiere a situational comedy, y que vendría significar comedia de enredo…más o menos), y que engloba todas esas comedias algo teatrales, muchas veces con público, la mayoría en platós cerrados, con pocos tiros de cámara (posiciones de plano) dramáticos, y con risas enlatadas, creo que la insuperable es ‘The Big Bang Theory’ (2007-2019), creada por Cuck Lorre y Bill Prady, para mi gusto muy superior a otras como ‘Friends’ (1994-2004) o incluso la maravillosa ‘Frasier’ (1993-2004), por la sencilla razón de que tiene mucho más ingenio en sus guiones y en sus personajes, llegando a albergar algunos de los mejores diálogos de los últimos tiempos en una ficción de comedia. Y solamente en sus tres o cuatro temporadas finales tuvo un bajón de inspiración o de imaginación en sus guiones. De modo que creo que reina por encima de casi cualquier otra.

Por otro lado, tendríamos no pocas series que podríamos calificar de westerns, o «survivals», que más perezosamente podrían ser calificadas como series de aventuras, tales como ‘Lost’ (2004-2010), o ‘The 100’ (2014-), de fantasía, sci-fi o terror. Pero la más redonda de todas ellas, pese a sus no pocos detractores, es ‘The Walking Dead’ (2010-), bajo mi punto de vista, pues ninguna otra reúne tales calidades y fortalezas en un tan delicado equilibrio de historia, personajes, realización y profundidad emocional.

En cuanto a las series más épicas, ya sean de fantasía o históricas, creo que sería la clase de ficciones televisivas más difícil de decidir una reina absoluta, pues aunque ‘Juego de tronos’ (2011-2019) es realmente imponente y magnífica, otras como ‘Vikings’ (2013-), con mucho menos presupuesto y mucha menos publicidad, no le va a la zaga en cuanto a creación de personajes y tramas, y en cuanto a grandeza narrativa, entendiendo grandeza narrativa como la capacidad de levantar un mundo propio, de hablar de temas universales, de hacer vivir a una serie de personajes absolutamente nítidos, y hacerlo partiendo de la verdad de aquello que se está contando, sin trucos ni tendenciosidad, sin soberbia ni impostada grandilocuencia. Por esas razones, y por algunas más, quizá ‘Vikings’ sea todavía mejor serie que ‘Game of Thrones’, pareciéndome la segunda realmente magnífica.

Pero eso sucede con no pocas series importantes. Cuando una creación nace, ya sea una serie, una película, un libro…cuando aparece en el mundo, automáticamente convive y se relaciona con otras creaciones anteriores, lo que es un modo muy elegante de decir que compite con ellas por un lugar no solamente en el imaginario popular o en beneficios o en éxito, sino en grandeza estética. Por eso, cuando por ejemplo aparece ‘Breaking Bad’ (2008-2013), de Vince Gilligan, o surge ‘Mad Men’ (2007-2015), de Matthew Weiner, es imposible no certificarlas como grandes series, como magníficas ficciones, pero inevitablemente por debajo de otras enormes, que logran eclipsarlas por muy magníficas que sean, y ninguna de las dos puede competir, ni siquiera acercarse, a ‘The Sopranos’. En mi opinión están varios peldaños por debajo, por mucho que Weiner fuera uno de los socios de David Chase en ‘The Sopranos’, o pese al enorme influjo y carisma de la serie protagonizada por Bryan Cranston.

La razón de que resulte tan complicado superar a ‘Los Soprano’ es que la serie de David Chase, a lo largo de seis temporadas ofrecía a sus espectadores un episodio magistral tras otro, un relato extraordinario tras otro, sin desmayo, sin bajada de calidad. Y eso por ejemplo no lo pudo hacer la maravillosa serie ‘Six Feet Under’ (2001-2005), de Alan Ball, que podría haber sido una de las dos o tres mejores series de la historia pero que a partir de la cuarta temporada, y sobre todo la quinta, sufrió un desdibujamiento de los personajes, una caída de tensión en las tramas, más que evidente.

Y de todos los procedimentales (series con capítulos más o menos conclusivos, en los que se trata un caso o crimen o misterio cada vez), la insuperable, bajo cualquier punto de vista, es ‘House M.D.’ (2004-2012), de David Shore, que partiendo de un esquema detectivesco y de unos personajes protagonistas muy inspirados en el Holmes y Watson de Arthur Conan Doyle, es mucho más que cualquier serie de polis, o de crímenes al uso, pues a lo largo de ocho temporadas se adentró por terrenos morales y psicológicos muy complejos y muy poco comerciales, y sin embargo logró concitar delante del televisor a millones de personas de todo el mundo con temas existenciales, nihilistas, con un sentido del humor arrollador y con un cinismo plasmado en algunos de los mejores diálogos que jamás se escribieron para televisión.

Pero mi serie favorita, por encima de otras que considero superiores, es la truncada y trágica y terrible ‘Deadwood’ (2004-2006), que además de ser un western canónico, salvo por el hecho de sus abundantes y elaborados diálogos, es una tragedia universal y casi un fresco histórico de enorme calado y alcance estético, que con un guion, unos actores y sobre todo una puesta en escena absolutamente insuperables, narraba, como quizá ninguna película lo hizo jamás, la forma en que se construyó Estados Unidos y los prolegómenos de territorios narrativos como los que luego explora ‘Los Soprano’ o ‘The Wire’.

Pero supongo que cada cual tendrá su lista y su particular altar y ranking de series. Aquí les he dejado el mío, que quizá en unos años cambie, dada la gran cantidad de ficciones que nos llegan temporada tras temporada.

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