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Ante ciertas cosas uno se siente impotente. Por ejemplo, ante el hecho de que, aunque cada vez me lee más gente, lo cierto es que quisiera llegar a mucha más, pero somos demasiados los que dejamos negro sobre blanco en este proceloso mundo, y no es fácil que tus trabajos trasciendan, sobre todo cuando a la gente no le interesa leer: lo que le interesa son las noticias impactantes, los videos virales, las fotos atractivas o vistosas, las polémicas, los bulos. Supongo que si eliges intentar abrir horizontes intelectuales a tus lectores, lo tienes bastante complicado, y la cosa va granito a granito. Pero la razón de que cada mañana, o cada dos, me siente aquí a teclear es porque sé que tengo cosas que decir, y ante todo, conozco la forma de transmitirlas.

También me siento impotente metido en casa todo el día, pero creo que en este mundo interconectado de hoy, el que se aburre es porque quiere. Yo tengo demasiado trabajo, demasiadas cosas que leer, demasiadas que escribir, como para permitirme el lujo de aburrirme. Y lo mismo pasa con la gente que tiene niños pequeños, a los que se les dice qué tienen que hacer para distraerles. Yo, personalmente, cuando era niño, no necesitaba en ningún momento que mis padres me divirtiesen ni me distrajesen, porque tenía demasiada imaginación, y lo que no quería era que me molestasen. Pero eso es tema de otro artículo, y me estoy yendo por las ramas.

AGONÍA, del griego ἀγών (agón – Lucha)… Es posible que haya algunos que hayan entrado en este artículo pensando que me voy a poner catastrofista o apocalíptico, o que voy a hablar de la agonía de miles de personas en el mundo, debido a esta extraña pandemia global que nos azota. Pues no. Este título tan contundente viene a raíz de un vídeo que el otro día, a través de los comentarios de algún artículo, me pasó un amable lector, en el que Rodrigo Cortés, un hombre de gran cultura al que respeto lo suficiente, se marcaba la inadecuada paradoja (es decir, la “boutade”) de afirmar que ‘Cicatriz’, de Juan Gómez-Jurado, era narrativa de primerísima división, por la dudosa y problemática razón (seguro que dijo muchas más, pero el vídeo era un resumen) de que se lee de un tirón, te engancha y no lo dejas hasta la noche.

Más allá de opiniones o de gustos particulares de cada cual, más allá del hecho de que por alguna enigmática y apasionante razón Rodrigo Cortés y Juan Gómez-Jurado son íntimos amigos, yo quiero ahora hablar de Agonía, es decir de lucha, de lo que en la Antigua Grecia se llamaba el Agón, la competición tanto física como intelectual con la que se establecía una necesaria y armónica jerarquía.

Rodrigo Cortés sabe perfectamente, siento ser así de categórico, que ‘Cicatriz’ no es narrativa de primerísima división. Lo sabe tan bien como Arturo Pérez-Reverte sabe que lo suyo es farfolla literaria, y el mismo Juan Gómez-Jurado sabe que es un escritor pésimo, si escritor se le puede llamar. Lo saben, los tres, cada uno lo suyo, créanme. Lo saben, pero no pueden permitirse el lujo de saberlo, bien por razones de amistad, bien por compasión hacia sí mismos o hacia los demás, bien por cierto estilo de vida, o por mantener el status-quo, o por vivir de las apariencias. Pero lo saben perfectamente.

Recuerdo mi ‘Todopoderosos’ preferido, el dedicado a Harry Potter, en el que Cortés, un hombre muy leído, muy culto, con un bagaje intelectual muy por encima de la media, establecía sus razones, ponderadas y razonadas, por las que cuestionaba la altura literaria de la obra de J.K. Rowling, y era capaz, al mismo tiempo, de nombrar algunas virtudes puntuales de su prosa. Y si la Rowling, que en cierto sentido es una madre estética de Gómez-Jurado, le parecía todo eso, ¿cómo es posible que ‘Cicatriz’ le parezca “narrativa de primerísima división”? ¿Es que está de broma, o es un cínico? Desde luego, no parecía un cínico, pero quizá lo sea. Yo no lo sé.

Cuando una obra aparece en el mundo, ya sea un libro, un volumen de poesía, una pieza de teatro, una película, un cortometraje, una serie o incluso un videojuego, automáticamente se la lanza a relacionarse con otras obras similares, del mismo soporte, de su misma época. Esto es inevitable, y en cierto modo necesario. Ningún artista vive en un vacío, y sus obras tampoco. Y en cuanto se relacionan unas con otras comienza ese Agón, esa lucha, estética, por establecer cuál está por encima y cuál por debajo, porque en caso contrario todo valdría lo mismo, en ese caso te aportaría lo mismo una pieza de Bach que una canción de Justin Bieber, y yo creo que es lo que quieren algunos buenrollistas, algunos hipócritas y algunos fatuos, anhelantes de un mundo igualitario, sin aristas, sin imperfecciones, sin escalas estéticas, en el que todo mundo valga lo mismo, y sepa lo mismo, y represente lo mismo. Pero no es así. Todos tenemos los mismos derechos, pero por suerte o por desgracia, no todos valemos lo mismo para lo mismo, y no todas las obras se pueden meter en el mismo saco.

Y si establecemos que no todo vale lo mismo, del mismo modo que jamás nuestra estrella, el Sol, será tan grande como Betelgeuse, podemos volver con un poco más de confianza a la terrible frase de Cortés: “es narrativa de primerísima división”. No de primera, sino de primerísima. Es decir, lo mejor de lo mejor. Y si así es, si en verdad ‘Cicatriz’, esa memez de novela digna de un adolescente semianalfabeto, está entre lo más grande de su clase, se la puede situar en la misma estantería que Patricia Highsmith, por ejemplo, ¿no? Son novelas de suspense, de intriga, de asesinatos e investigaciones policiales, las de G-J. Es decir, como las de la Highsmith: la saga de Ripley, ‘El grito de la lechuza’, o ‘Las dos caras de enero’, o ‘La celda de cristal’. Porque supongo, supondrá el lector de estas líneas, que G-J es capaz de transmitir la desazón, la corrupción moral, la ambigüedad y la ambivalencia psicológica, de la novelista estadounidense, ¿no?

Pues no. No está a la altura de la Highsmith, o de otras y otros novelistas de su clase, que sí es primerísima división narrativa, y que no se puede leer de un tirón, en una sola noche, si se quieren advertir y disfrutar los claroscuros morales de sus historias. De modo que ni G-J está en primerísima división, ni la narrativa de primerísima división te engancha como una droga. Lo que te engancha como una droga son los best-sellers, diseñados y ejecutados para que el lector ni piense ni se cuestiones, sino que se deje arrastrar por una historia trepidante y fácil, de estilo inexistente o casi siempre atroz, con el que despeñarse unas cuantas horas por mundos inverosímiles de cartón piedra narrativo. Y G-J está en la primerísima división de eso. Es más, es el niño bonito de esa división, como algunos otros, pocos, colegas suyos. Como Amenábar en el cine español. Gente muy lista, muy astuta, que le da al público lo que quiere, que no exige nada de sus lectores, y a la que el cine, la literatura y la narrativa, en general, les importa una mierda. Lo único que les importa es el dinero y la fama. Si realmente les importase se quitarían de en medio y permitirían a otros más aptos e interesantes ocupar su lugar.

Sigo respetando a Cortés, pese a su a veces temerarias y comprometidas declaraciones sobre ciertos amigos, y pese a que sus dos últimas películas no son buenas películas (es más, la última, ‘Blackwood’, es una pésima película sin pies ni cabeza). Y sigo pensando en lo impotente que resulta todo, y que se aburre el que quiere. Y que la verdadera agonía es escuchar, o leer, la infinidad de bobadas que se dicen por la televisión o en los medios escritos o en las redes sociales.

7 comments on “AGONÍA, del griego ἀγών (agón – Lucha)

  1. Como apunte diré que leí hace un par de meses ‘Cicatriz’, únicamente para comprobar el nivel de Gómez-Jurado, y el libro es de la peor calaña que he leído jamás. Casualmente su estilo se parece muchísimo al de Elvira Lindo, Antonio Muñoz Molina y compañía, más que nada porque todos ellos carecen por completo de estilo.
    Un abrazo, Adrián!!

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    1. Pues te iba a decir que eres un verdadero valiente, peeeero… resulta que el Gómez-Jurado este, por todo esto del coronavirus, ha puesto gratis a descargar El Paciente. Y me la he descargado. Así que voy a decirlo de otra manera: eres un valiente, y pronto yo seré otro, siguiéndote por la senda del coraje, maestro jedi.

      Jajajaja…. aaaay dios mio, moriré solo…

      Pues cuidado con eso que dices, porque el Muñoz Molina está considerado uno de los grandes escritores de este país. La cosa es terrible, sí.

      Abrazos!

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      1. Claro, qué bonito toque publicitario…
        Jajajaja, vaya grande que eres. Aunque está bien ser un poco masoquista a veces, leer basura de vez en cuando para saber que te sigue funcionando bien la cabeza.
        Venga, va, como estoy como una cabra, le voy a echar un par y lo leo yo también; y así nos mofamos de él jajaja. No, pero si quieres lo vamos comentando, ¿qué te parece? Manda narices que te proponga comentar un libro de este hombre y no uno de Dostoievski, por ejemplo…

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      2. Bueno lo cierto es que no sé si podré leérmelo entero, pero lo intentaré este fin de semana.

        Y cuando lo lea, claro, dejaré un texto aquí. Y cuando puedas pues dejas tu propio punto de vista en respuesta o en tu blog.

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      3. Claro que sí, me encantaría.
        Ya nos leemos.

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  2. Les Rouges-Gorges, mañana dejo mi comentario sobre ese pestiño seco de ‘El paciente’. Hoy, como todos los domingos, una entrada sobre música. ¿Vale? Abrazo.

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