El dolor de la belleza

Ahora que puedo decir (antes también, pero ahora con más coraje) que he escrito miles de comentarios de películas, y de libros, y de música…quizá me vaya acercando un poco más al misterio. Es posible que pueda aprehenderlo siquiera levemente, antes de que se desvanezca entre mis dedos. Y no tendría ninguna gracia que dejara de ser un misterio. Los misterios también albergan una gran porción de belleza por el mero hecho de ser misterios.

Creo que a lo que debería aspirar toda obra de arte, y por extensión toda creación narrativa, para ser considerada importante, son tres aspectos o cualidades:

  1. Comunicar una cualidad trascendental de la emoción, que exprese algo universal acerca de la condición humana.
  2. Convertirse en una forma de conocimiento universal.
  3. Suponer para el receptor una experiencia sensorial y vital completa en sí misma.

Las tres cualidades, como los anillos de los JJOO, están intrínsecamente unidas entre sí, y ninguna puede, en verdad, existir sin la otra. Y aunque así escritas quizá induzcan a cierta confusión, en realidad apelan a algo tan sencillo como las emociones, el intelecto y los sentidos, con una morfología, la de la obra de arte o ficción narrativa, esférica en sí misma, autosuficiente, como un ser vivo con su propio sistema inmunológico, con sus propias reglas, y con su personalidad propia. No en vano, hablamos de creaciones…

Y las formas de conseguir comunicar una cualidad trascendental de la emoción, de ser una forma de conocimiento universal, de aportar al espectador una experiencia sensorial, casi vital, completa en sí misma, son muchas, puede que incluso muchísimas, pero son concretas, y ahora que llevo casi 1000 críticas en el Archivo de Mini Críticas, y que estoy escribiendo, en estas mismas páginas, mucho más sobre literatura, empiezo a saber, quizá, cuáles son esas formas concretas, y qué aspectos son imprescindibles para lograrlo. Por ejemplo, en numerosas ocasiones me enfrento al comentario de una película con muchos valores visuales, o conceptuales, pero en la que los personajes no están bien dibujados, o no son interesantes, y con esos caracteres es imposible sentir emoción, o conseguir acceder a un universal sobre la condición humana.

Dijo un poeta que todo arte es una forma de confesión, y yo creo que es verdad. Y dijo otro que lo bello está encerrado en lo terrible, y lo terrible en lo bello. En mi opinión el arte y lo narrativo nos sirven para demostrarnos, en una desesperada necesidad, que somos algo más que simios evolucionados. Que somos algo, y que nuestra vida y nuestra muerte tienen un significado, por muy oculto o abstruso que sea ese significado. Quizá nos sirva para demostrar que en realidad nada tiene sentido, y eso en sí mismo nos da también un sentido. Porque si nada lo tiene, ha de haber una razón para ello. Para todo esto es para lo que sirve el arte, y quizá por eso no le faltaba razón a Bergman cuando dijo que cuando el arte dejó de tener relación con Dios dejó también de ser arte. El arte y lo narrativo, más que para entretenernos o hacernos sentir mejor con nosotros mismos, es el espejo, o el pozo, en el que mirar lo más recóndito y turbio e innombrable de nuestro interior.

Siempre recuerdo esa escena eliminada de la obra maestra de James Cameron ‘The Terminator’ (1984), en la que el soldado, llegado del futuro más desolador y sombrío imaginable, por fin se derrumba y acaricia una planta y admite que todo eso, toda esa vegetación que él jamás había visto, “es tan bonito que duele”. Quizá sea eso lo que tiene que ser el arte, cuando en verdad es bello: doler. Y lo bello no tiene nada que ver con lo hermoso o con un objeto precioso, sino con la magnitud de verdad interior que nos proporcione, con su capacidad para capturar la luminosidad y la oscuridad (lo terrible) del ser humano. Porque en el arte es el ser humano la medida de todas las cosas. Y asomándonos a ese pozo nos duele mirarnos, y reconocernos, pero es un dolor sabio y que nos empuja a sacar lo mejor de nosotros mismos.

Quizá no haya nada más verdadero, que nos haga sentir más vivos, paradójicamente, que el dolor. Sólo las personas que conocen verdaderamente el dolor en la vida, que han convivido con él, que han quedado casi destruidas, son verdaderamente valiosas y capaces de trascender las limitaciones de este mundo. Quizá por eso intentamos, sin saberlo, acceder a las ficciones o a las obras de arte más terribles: para vivir una experiencia límite, que nos golpee y nos deje cicatriz, que nos hable a su vez de antiguas cicatrices, y así elevarnos y encontrar nuestra propia belleza. La obra de arte, en realidad, es el receptor del trabajo del artista.

6 comentarios en “El dolor de la belleza

  1. Las tres últimas películas que he visto son ‘El espejo’, ‘El oficial y el espía’ y ‘Persona’. Creo que en todas hay experiencias personales, lo que hace, que de algún modo puedas entender o acercarte un poco a las heridas de estos directores. Luego, claro está, debes ser un artista en el medio para hacer llegar al espectador el sentimiento de la forma más pura, de tal modo que el recepetor logre fusionarse con el creador.

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      1. Sí, de las que estoy viendo muchas las saco de tu archivo de minicríticas, otras las tengo guardadas en una lista mía de ‘pendientes’, y también elige mi novia. A veces me dejo llevar y veo cosas de menor calado, está claro (como la última de Star Wars…).

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  2. Vaya, pues gracias, aunque vaya por delante que mi formación es prácticamente nula al respecto.
    De ‘El espejo’ algo ya te comenté en el archivo de minicríticas. Sin conocer mucho de la vida de Tarkovsky directamente, creo que se puede ver mucho de ella en sus trabajos, de sus miedos y arrepentimientos. Este tipo de autores me llevan a pensar que sus trabajos sirven como confesión a modo de liberación de todo el dolor que arrastran.

    ‘Persona’ probablemente necesite de uno o dos visionados más para hacerle honor. Se ve la lucha entre la persona que somos en nuestro fuero interno, la que queremos ser y la que mostramos. Cuando las tres no coinciden se produce esa disgregación que nos hace inestables. Definitivamente tengo que ver más cine de Bergman.

    ‘El oficial y el espía’ la vi ayer, por lo que quizá la tengo demasiado reciente. Desde luego es notable, y su mensaje muy actual (más de 100 años después de los acontecimientos…). Jean Dujardin está impoluto. Quizá en algún momento de la película me perdí un poco, pero quizá es culpa mía que con el ir y venir de los nombres de lugares y personas suelo despistarme.

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