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Nunca han faltado los puristas (qué poco me gustan los puristas…espero no ser uno de ellos) que durante años clamaran que el verdadero cine, el esencial, es en blanco y negro (B&N a partir de ahora, para abreviar), que el Noir empezó y terminó con el B&N, y que como prácticamente todo el cine mudo (salvo el que se coloreaba a posteriori con esos tonos azules o rojizos tan poco naturales) fue, necesariamente, en B&N, demuestra la “pureza” de esa idea y de cierto tipo de cine ya extinguido. Son ideas más o menos defendibles, esgrimidas generalmente con pocos argumentos, pero hay algo que es indiscutible: las imágenes en B&N tienen algo especial, algo casi poético, de lo que carecen las imágenes en color, y eso tanto en cine como en otros soportes visuales tales como la fotografía artística o el cómic. Esas imágenes poseen un aura y unas calidades muy específicas, que cualquier espectador o receptor puede apreciar aunque no sea muy ducho en fotografía.

No sé cuántos lectores de estas líneas han hecho un corto en su vida, o un trabajo fotográfico ambicioso, pero el tema del color es un problema serio cuando no trabajamos con el B&N. Yo he hecho cortos y trabajos fotográficos, y desde el primer momento te das cuenta de que jamás puedes reproducir los colores de la vida real, y que intentar tal cosa es un empeño fútil. Has de conocer cómo captura el color tu cámara o tu película, del mismo modo que el encargado de color de un cómic ha de establecer una paleta para el acabado final. Y esto, este trabajo con el color, puede ser un verdadero quebradero de cabeza, y más de una vez te encuentras en callejones sin salida en los que te das cuenta de que los colores no son los que tú querías, y eso no lo arreglas ni con el etalonaje más concienzudo del mundo. Pero con el B&N el trabajo es mucho más fluido y mucho más natural. No es tan fácil como quitar el color, pero sí puedes acercarte a la imagen desde un punto de vista mucho más sencillo y basado en luces y sombras, más que en colorimetría.

El cine empezó en B&N porque no existían las técnicas actuales para revelar en color, y cuando por fin existieron, los costes eran prohibitivos, por eso hasta mediados del siglo XX no se implantó el color como algo habitual en las películas, aunque aún se hacían muchas, la mayoría, en B&N. A partir de los años sesenta empezó a introducirse una mayor aceptación del color, y a tomarse el B&N como algo vetusto y del pasado, pero han seguido produciéndose películas en B&N. No muchas, pero de vez en cuando nos llegan títulos en ese formato. Es paradójico, pero la mayoría de los grandes directores de nuestra época han hecho al menos una película en blanco y negro, y aunque los resultados globales del filme quizá puedan ser discutibles en algunos casos, las calidades fotográficas, meramente visuales, de esos filmes, son muy superiores a casi cualquier otro contemporáneo. Spielberg hizo su ‘Schindler’s List’, Scorsese su ‘Raging Bull’, Alfonso Cuarón su ‘Roma’, los Coen ‘The Man Who Wasn’t There’, Alexander Payne ‘Nebraska’, Jim Jarmusch ‘Dead Man’, Michael Haneke con ‘La cinta blanca’, Woody Allen con ‘Manhattan’, ‘Stardust Memories’, ‘Shadows and Fog’, ‘Zelig’, ‘Celebrity’ y ‘Broadway Danny Rose’…

Estos filmes parecen, al mismo tiempo, un homenaje al B&W y una exploración de sus posibilidades expresivas y estilísticas actuales. Pero algunos como ‘The Elephant Man’, de Lynch, no podrían entenderse en color. En esos casos la imagen monocromática era tan obligada como lo es por ejemplo en el neorrealismo italiano. Es inimaginable una versión en color de ‘Los olvidados’ de Buñuel, o de ‘Germania, anno zero’ de Rossellini. Estos filmes hicieron del blanco y negro algo consustancial de su estrategia narrativa, lo mismo que le sucede por ejemplo a ‘Night of the Living Dead’, de Romero.

Porque el “Black & White” tiene algo inasible que hace que la película proyecte un estado de ánimo muy diferente al color. Es un efecto eminentemente teatral, sin ninguna duda, pero que a los pocos minutos de proyección el espectador asume como completamente natural. Decía Tarkovski que los sueños y los recuerdos no pueden ser en color, que aunque no nos demos cuenta son en blanco y negro. Yo no lo tengo muy claro, pero quizá sea verdad, no lo sé. Lo que sí sé es que cuando vemos una película en blanco y negro enseguida nos olvidamos de que son solamente dos colores (o tres, sin contamos el gris): nos parecen muchos colores más. Nuestra mente compensa aquello que no nos ofrece la película y de alguna manera la experiencia visual es más nítida, menos impuesta por los colores “personales” del director. Es un cine que a mí siempre me ha parecido más plateado que oscuro, en el que las sombras y las fuentes de color adquieren mayor relevancia y necesidad narrativa, por decirlo de alguna manera.

Y lo mismo me sucede con el cómic, y aquí incluyo el manga japonés, y no porque el cómic tenga nada que ver con el cine (algo tiene que ver, pero mucho menos de lo que dicen algunos), sino porque al ser también imágenes en las que el color o la falta de él supone una diferencia gigantesca, siempre he preferido, por motivos que no consigo explicarme a mí mismo, los mangas en B&W…

…que son la mayoría de los que se hacen en Japón, a los que nos llegan a todo color:

Del mismo modo que prefiero los cómics de Conan en esplendoroso blanco y negro…

…que los quizá muy elaborados colores de otros títulos del mismo personaje:

Convendrá el lector que el blanco y negro de estos cómics tiene otra textura, otra…atmósfera, mucho más rica y mucho más sugerente en el caso del dibujo monocromático que en esos colores tan vivos. Lo mismo sucede con la fotografía: suele ser mucho más interesante en blanco y negro que en color, incluso los retratos (¡no me negará nadie que salimos todos mucho más interesantes en B&W!). Es posible que el B&N nos permita elegir a nosotros, de manera inconsciente, los colores del mundo, al igual que le permite al cine, a la fotografía o al cómic establecer un estilo mucho más marcado y más cercano a los sueños o a los recuerdos.

One comment on “Imágenes en blanco y negro

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