Cine adulterado, saturado y caduco

Por si el lector no lo sabe, existen dos clases de efectos especiales: los efectos especiales “a cámara”, y los llamados de forma habitual efectos visuales. Los primeros serían efectos que en su mayor parte suceden delante de la cámara. Consisten en un trucaje que queda capturado por la cámara, y quizá luego suavizado o perfeccionado a posteriori, pero que sobre todo suceden en el set de rodaje, como maquillaje, efectos animatronics (como los muñecos de los parques de atracciones), incendios reales, y un larguísimo etcétera. Los segundos serían efectos producidos después del rodaje y añadidos a la película de manera digital. Estos son los efectos que cada día se emplean más a menudo en filmes de fantasía o ciencia ficción, y ya incluso en otros que quedan fuera del marco de esos dos géneros. El problema es que generalmente se emplean mal, y dotan al filme de un aspecto artificial, adulterado y muy poco creíble.

Recuerdo que cuando los efectos digitales comenzaron a perfeccionarse, hace ya casi tres décadas, tuvo lugar un encendido debate, que duró años y que ahora parece haber desaparecido, sobre la proliferación de esos efectos en películas comerciales. Básicamente se hablaba de “las películas de efectos especiales” de un modo peyorativo, como si fueran filmes de escasa calidad narrativa por el mero hecho de introducir en sus imágenes las primeras criaturas creadas por ordenador. Lo cierto es que en muchos casos merecían ese tratamiento peyorativo, aunque no en todos. Algunos directores ya conseguían incrustar en sus ficciones efectos visuales (los del segundo grupo, los que se introducen digitalmente) de una manera creíble, creativa y sobre todo orgánica, pero eran los menos. Un ejemplo excelente siempre me ha parecido ‘Fight Club’, de David Fincher, que hace 21 años introducía secuencias enteras creadas por ordenador, incrustadas de manera absolutamente orgánica gracias al enorme temperamento visual de este cineasta.

Lamentablemente, con la llegada de la era digital, docenas y docenas de directores sin la autoexigencia formal de un Fincher, un Cameron o un Cuarón, empujados por una industria ávida de ofrecer a la masa de espectadores un espectáculo de colorines y de criaturas interminable, han hecho proliferar los efectos digitales hasta un punto casi estomagante, del que no se han salvado productos multimillonarios, y que teóricamente debían entregar un acabado digital perfecto, como la saga Harry Potter o las nuevas películas de ‘Star Wars’, por no decir las películas de ‘El señor de los anillos’ o de ‘El Hobbit’ perpetradas por Peter Jackson, y hasta las películas del Universo Marvel. Títulos carísimos, con departamentos gigantescos de efectos visuales, con gente preparadísima que al final lo que aporta al cine es un espectáculo de dibujos animados interactuando con actores reales…

Porque sucede lo siguiente: el espectador sabe lo que está viendo. Si algo ha traído esta era digital, aunque muchos no sean conscientes, es un aprendizaje casi instintivo a los espectadores de toda condición sobre la calidad, pertinencia y origen de las imágenes cinematográficas. Y todos sabemos ya si lo que estamos viendo es real o no, y esto es fundamental a la hora de valorar si una película es creíble, si entras en ella, o no. Por ejemplo: aún se sigue considerando la transformación de ‘Un hombre lobo americano en Londres’ como la más perfecta jamás realizada, ya sea en un filme de terror o de cualquier otra clase:

Si tal cosa sucede es porque, además de la pericia narrativa de John Landis, lo que estamos viendo sucede delante de la cámara. Eso lo hace mucho más terrorífico, memorable y sobre todo creíble. Si esta secuencia se hiciera hoy día, no me cabe duda de que se haría de manera digital, con lo que no tendría ni una décima parte de la fuerza que tiene en la película de Landis, como tantas veces lo hemos visto en muchas películas, y se haría algo parecido quizá a lo se hace en ‘Van Helsing’ (una película que no está del todo mal, todo sea dicho…)

Es muy espectacular, pero no te lo crees. Sabes que son dibujos animados, y por tanto no “entras” de manera emocional y psicológica en eso que estás viendo, tan solo entras desde una perspectiva sensorial: una transformación de un hombre en una criatura fantástica como un hombre lobo. La diferencia es gigantesca. Y esto sucede en el cine actual de manera continua y hasta enfermiza, convirtiendo las películas en parodias de sí mismas. No solo en lo que tiene que ver con transformaciones, sino también con toda clase de criaturas y sobre todo con batallas de todo tipo. Pongo dos ejemplos de batallas rodadas “a cámara”:

La primera la obra maestra de David Lean, y la segunda la que dirigió de rebote (y le quedó bastante bien) Stanley Kubrick. Son dos ejemplos superlativos de secuencias de grandes batallas con literalmente miles de extras. La enorme ventaja de estas secuencias frente a otras realizadas hoy en día es palpable con sólo ver dos ejemplos:

Y es que sabes perfectamente que lo que estás viendo es mentira. El cine, como todo arte, consiste por supuesto en una mentira, pero es una mentira pactada con el espectador. El receptor ha de percibir que es una mentira “que se puede creer”, una mentira tan bien elaborada que puede creérsela sin ningún problema. Esto no sucede en estas películas, más basadas en el fandom y la presión mediática que en el verdadero cine que alberguen, más bien escaso. Los directores, los productores, y los diseñadores de efectos digitales, se creen que ya que su juguete se lo permite, pueden introducir ejércitos no ya de miles sino de millones, literalmente, de individuos. Y así, asistimos a un espectáculo de dudosa emoción, y obtenemos muchas ficciones, como por ejemplo ‘Alice in Wonderland’, del muy sobrevalorado Tim Burton, en la que también tenemos una batallita final con criaturas generadas por ordenador…

Es fundamental que los sucesos y las peripecias de los personajes, ya sea una conversación en lo alto de un edificio o una batalla en mundo fantástico, suceda en la pantalla. La verdad de una imagen, de una secuencia, está en el plano, no en el montaje ni en los efectos visuales. No puedes engañar al espectador eternamente. Yo afirmo que la mayoría de estas películas de aventuras fantásticas producidas en las dos últimas décadas, dentro de no muchos años se verán como algo bastante ridículo, incluso por los mismos espectadores (cientos de millones) que actualmente las jalean como el no va más del espectáculo. Porque al igual que de forma automática hemos enseñado a una generación entera de qué están hechas las imágenes que están viendo, al final conseguirán discernir por sí mismos cuáles de esas imágenes son una saturación adulterada y caduca de una secuencia, y cuales otras están elaboradas con grandeza y profundidad narrativas.

8 comentarios en “Cine adulterado, saturado y caduco

  1. Estas películas con un exceso de efectos digitales, que cada vez mejoran en su realismo resultando a la vista un poco menos burdas, supongo que mucha gente las ve un poco en el plan de un videojuego, pero que en vez de tener los mandos en las manos, las tiene ocupadas con una bolsa de palomitas y el director lo hace por mi todo, incluso pensar. Cine de evasión indicado para pandemias y otras malas hierbas.
    Muy interesante el artículo, me he apuntado alguna cosilla para encargar a mi proveedor de celuloide añejo.

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  2. Hola Adrián,

    Creo que no he acabado de entender el texto, porque parece que estés más a favor de las técnicas antiguas que las actuales. Al final creo que es cuestión del director, ¿no? Cameron con Avatar, por ejemplo. Ya sé que son casos excepcionales, pero no creo que por hacer una batalla con extras vayas a hacer una mejor película que si empleas efectos visuales, siempre que sepas manejarlo. De hecho, manejar a miles de extras no debe ser empresa fácil. Creo que al final es el criterio del director el que manda. Si Jackson no hubiese empleado tanto efecto visual, ¿sus películas serían mejores? No lo veo tan claro… En fin, que creo que no lo he acabado de pillar.

    Un saludo,

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    1. Hola, Alex

      Pues seguramente habrá sido culpa mía. Lo que intentaba decir es que el abuso de los efectos visuales convierte a las películas en una experiencia falsa, en la mayoría de las ocasiones, pero que a veces, pocas, puede estar insertada orgánicamente en la ficción.

      Si en lugar de efectos digitales se emplearan efectos especiales, a menudo esas secuencias tan elaboradas serían más creíbles y por tanto más memorables para el espectador.

      Gracias por tu comentario!

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  3. No hace mucho me cuadró ver una escena de una de las películas de Harry Potter donde se jugaba al Quidditch. Ahora se ve horrible y el momento hubo de ser lo mismo.

    Es muy posible que todavía queden bastantes años para lograr engañar al ojo y a la mente (físicas totalmente realistas, que también se patina mucho en eso). Entiendo que en ocasiones no queda más remedio (hacer un dragón volando), pero es cierto que en otras es una cuestión de ahorrar presupuesto y tiempo (el tema de las batallas, por ejemplo), cosa que es ya más discutible.

    ¡Un abrazo!

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