‘Future Man’, ejemplo de personajes bien dibujados

No todo en esta vida consiste en buscar y disfrutar cosas excelsas. Por suerte, en el panorama narrativo audiovisual existe una gran variedad de propuestas, algunas de las cuales (como esta de la que voy a escribir ahora) jamás serían incluidas entre lo mejor de la producción del año, pero que si se saben ver con la necesaria carencia de prejuicios, sí poseen los suficientes elementos disfrutables y algunas virtudes esenciales que los vuelven completamente disfrutables, además de albergar una ausencia total de pretensiones. Porque la única pretensión de ‘Future Man’, creada por Howard Overman y Kyle Hunter para la plataforma Hulu, consiste en hacer reír al espectador a golpe de puro ingenio, y eso lo consigue con creces. Pero, además, se pueden aprender unas cuantas cosas de este gozoso desmadre sin pies ni cabeza, y la más importante de las cuales, probablemente, tiene que ver con el siempre complicado trabajo de la creación de personajes.

Cuenta la disparatada historia de un don nadie (por nombre Josh Futturman… interpretado por Josh Hutcherson), un pringado de veintitantos años que todavía vive con sus amorosos padres en su casa de California, quien trabaja como fregasuelos para una importante empresa bioquímica, con una vida social desastrosa, que mata el tiempo y cura frustraciones con sus videojuegos. En uno de esos videojuegos, consistente en ser algo así como un guerrero del futuro que salva a la humanidad de las “guerras bióticas”, consigue llegar al final y superarlo con las mejores puntuaciones mundiales. Acto seguido aparecen en su habitación dos soldados o guerreros (llamados Wolf y Tiger) que aparecían en ese mismo videojuego, pero que vienen del futuro, y que le explican que ese juego se creó, precisamente, para encontrar al guerrero perfecto, al salvador que les ayudase en las “guerras bióticas” que efectivamente sucederán, y dando por sentado que ese pringado es un tipo duro y veterano en mil guerras, como ellos mismos, se lo llevan al pasado para llevar a cabo su complicado plan de cambiar el futuro.

Esta sandez de argumento, que por supuesto da pie a multitud de referencias a la saga de ‘Regreso al futuro’, y a muchas películas de James Cameron (inolvidable el episodio en el que se cuelan en casa del cineasta para robar el “cameronio”, sustancia imprescindible para viajar en el tiempo…) funciona gracias a tres cosas, fundamentalmente: los ingeniosos guiones que proponen casi una aventura diferente en cada episodio de la primera temporada, las delirantes situaciones en las que los guionistas y directores no se cortan a la hora de llevar sus chistes hasta el límite, y sus tres personajes protagonistas, encarnados por un trío de actores en estado de gracia, que consiguen que sus caracteres sean mucho más que caricaturas. Todo ello para componer episodios que no llegan a los treinta minutos, en los que este improbable héroe, elegido por error, tratará de ayudar a sus dos cuestionables compañeros, al mismo tiempo que intenta evitar que maten a todo el mundo, proponiendo planes que siempre salen mal y que les lleva de desastre en desastre.

Creo que Josh Hutcherson está muy bien como el atribulado Josh Futturman, tratando de frenar la naturaleza destructiva de sus dos compañeros, acostumbrados a guerrear y matar sin mucho sentido común, luchando por cambiar el futuro para ser su salvador y al mismo tiempo deseando volver a su casa y que esa pesadilla termine lo mejor posible. A su vez, Eliza Coupe está maravillosa como Tiger, la aguerrida comandante que ha perdido a todos sus hombres menos a uno, en su misión de salvar el mundo, y cuya única alegría consiste en matar más y mejor a todo el que se ponga por delante, hasta que ha de enfrentarse a su verdadera naturaleza. Pero el rey de la función es un extraordinario Derek Wilson interpretando al ofuscado Wolf, un experto en demoliciones que venera a su comandante y que a lo largo de la historia irá descubriendo su capacidad de adaptación a las (numerosas) vicisitudes y majaderías que se les ocurren a los guionistas, y que es mucho más que una máquina de matar. Estos tres personajes, que jamás, ni siquiera en la muy floja segunda temporada, pierden pie ni se diluye por lo disparatado de la trama, son el soporte fundamental de la serie, y su relación, la amistad que mantienen, llega a conmoverte a pesar de estar asistiendo a un espectáculo de comedia negra disparatada, de absurdo por el absurdo, en el que no importan tanto las paradojas de los viajes temporales como proponer algunas de las situaciones más estrambóticas y disparatadas que han podido verse en televisión.

La primera temporada es casi perfecta, dentro de su clase, y es una pena que la segunda, pese a tener algunos momentos que recuerdan al ingenio desenfrenado de la primera, sea tan desafortunada, pues muy pocas cosas funcionan, y cuando funcionan se ven eclipsadas por una cierta desidia en la construcción de las secuencias y en la fabricación de los chistes visuales. Por suerte, el final es absolutamente frenético y disparatado, y el último capítulo es de una brillantez y una rotundidad que recuerdan a episodios magníficos de la primera temporada como ese en que Futturman se cuela vestido de mujer en la casa del amante del potencial villano del futuro. Y la tercera temporada, que es la final, pese a ser mucho más breve que las otras dos, recupera el espíritu de comedia negra desenfrenada y de absurdo total, y vuelve casi al nivel inicial de los primeros trece episodios, regalando a los espectadores otras cuatro horas con Wolf, Tiger y Josh Futturman, en una más que digna despedida y cierre de fiesta, en el que se percibe que los personajes, pese a los muchos avatares que les suceden, pese a que por motivos de un argumento que es como una montaña rusa podrían haberse despeñado en la incoherencia interna, siguen siendo ellos mismos hasta el final, lo que es mérito de los directores y guionistas, pero sobre todo de Hutcherson, de Coupe, y del gran Wilson.

Supongo que no poca gente se acercará a esta serie y enseguida sentirá rechazo o, aún peor, indiferencia. Otros, que necesitamos no solamente de obras excelsas para vivir, agradecemos su ironía, su humor negro, su espíritu descerebrado, que la hermana con ‘Rick y Morty’ o con ‘Futurama’, pero en imagen real, lo que tiene mucho más mérito de lo que parece. Al menos durante treinta y tantos episodios, incluso aquellos decididamente flojos, he sido bastante feliz esperando a que este confinamiento pase y volvamos a una normalidad que ya nunca volverá a ser la misma, pues el futuro ya no es el que era, y de eso saben bien Futturman, Wolf y Tiger.

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