‘La unidad’, pura cáscara al servicio de la nada

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Desde luego, hay que reconocer que en España las producciones televisivas al menos lo intentan. En algunas les sale más o menos bien la jugada, y en otras, la mayoría, pues no. En esta época en la que las ficciones televisivas han alcanzado grandes niveles de popularidad y han supuesto algunos logros estéticos memorables, en nuestro país las plataformas audiovisuales importantes han comenzado a crear sus propios contenidos narrativos, y han invertido mucho en grandes nombres y en grandes historias, muchas de ellas de género (de terror, policíaco, de Sci-Fi), lo cual es digno de mención. Pero este gran esfuerzo económico y humano se ha traducido, por desgracia, en un buen número de ficciones inanes, como por ejemplo la muy reciente ‘La unidad’, que Movistar + ya ofrece íntegra, en su primera temporada, a sus clientes.

Leo en Filmaffinity que un crítico, a quien desconozco, ha escrito un comentario en el que dice que se trata de un “portentoso thriller”. Otro pone que es “pura adrenalina”. Un tercero destaca su “realismo y verosimilitud”, y un cuarto que es “espectacular”. En la sección de los comentarios del público, varios claman por su gran calidad o le dedican otros calificativos muy elogiosos. Yo no sé qué serie han visto, pero seguro que no es la misma que he visto yo. Porque si algo no es esta serie es realista ni verosímil, si algo no hay en ella es adrenalina ni espectacularidad, y a grandes rasgos es imposible decir que se trate de un portentoso thriller. Luego entro en sus críticas a leer sus “argumentos” y no puede decirse que a la palabra le sobren las comillas que le he puesto…

Dani de la Torre, creador de esta serie, ya había avisado que es un director ambicioso con la lección bien aprendida en lo tocante al cine de género estadounidense. Dicho de otra manera: en su forma de organizar sus ficciones se percibe a un hombre que ha visto muchos thrillers comerciales americanos y que está dispuesto a hacer lo mismo en este país, una suerte de traslación de esos códigos narrativos. Y lo cierto es que lo consiguió con la muy aparatosa ‘El desconocido’, una película que podría haber protagonizado perfectamente Will Smith en New York o Liam Neeson en París, en lugar de Luis Tosar en La Coruña. Un montaje muy picado, un argumento muy trepidante, mucho ruido y mucho circo y una película más o menos solvente, a la que sin embargo le faltaba lo más esencial: que te la creyeras. Incidió tres años más tarde con ‘La sombra de la ley’, otro policíaco muy vistoso, con aura de cine negro “clásico”, también con Luis Tosar, y con unos problemas de verosimilitud mucho mayores. Y ahora con ‘La unidad’ tenemos exactamente lo mismo pero acrecentado, quizá porque este cineasta se ha visto refrendado y no tiene intención de hacer otra cosa.

Es ‘La unidad’ la historia de una unidad de élite especializada en terrorismo yihadista. Cuando capturan a un importante terrorista internacional en los primeros compases de la trama pondrán a nuestro país en el punto de mira de una peligrosa célula y tratarán de desarticularla. Es decir, que la serie se mete en un fregado de gran complejidad, con unas cuantas localizaciones, con bastantes actores, y como no podía ser de otra manera, tratando de contar las intimidades más realistas y cercanas de sus criaturas, los policías miembros de esa unidad. Tratando, digo, porque desde la primera secuencia en la que la imagen no contiene a trescientos extras, o tiros o explosiones, se percibe la incapacidad de sus responsables para armar un drama creíble, complejo y denso. Dani de la Torre y sus colaboradores se muestran muy habilidosos en lo tocante a la presentación de vibrantes escenarios, imágenes aéreas de Madrid, Melilla o Figueres, grandes angulares para interiores muy vistosos o exteriores muy elaborados en el juego de luces, un montaje muy picado (en jerga, un montaje con mucho corte…), muchas cámaras casi desde todos los ángulos, mucho movimiento de travelling, cámara en mano, etc… pero al mismo tiempo se muestran muy limitados a la hora de trabajar con los actores, de establecer sus caracteres y sus relaciones, de escribir los diálogos, de armar secuencias memorables o importantes, de dar vida a sus criaturas.

Ni uno solo de los muchos diálogos que jalonan esta serie suena natural. Ni uno, y puedo prometer, para mayor escarnio, que muchos de ellos no se entienden, porque los actores, o lo que sean, más que hablar balbucean, un mal muy extendido en el cine español. Pero cuando se entienden es para escuchar las mismas cosas que hemos oído en centenares de películas, en una celebración del cliché que se extiende a todos los aspectos conceptuales de un trabajo que nada aporta al espectador, en el que de la Torre demuestra que ha visto películas de Denis Villeneuve y de Jacques Audiard, pero que no ha aprendido lo más esencial. También es muy posible que haya visto la magnífica ‘A Most Wanted Men’, pero todo lo que en el filme de Corbijn es sugestivo, contenido y sutil, aquí es torpe, obvio y bobo. Técnicamente la serie aparenta mucha solvencia, pero todo es pura cáscara, pura epidermis, debajo de la cual agoniza la nada. El director filma cada secuencia desde ocho puntos de vista diferentes, desde el interior de coches, desde el otro lado de cristaleras, en picado, en contrapicado, desde un lado, del otro, pero su puesta en escena es ortopédica, muy fastuosa, pero estéril. Por ver, podría haber visto ‘Gigantes’, en la que Enrique Urbizu consigue hacer creíble un material algo irregular y logra filmar algunos momentos magníficos. Es decir, todo lo contrario de esta supuesta gran serie.

Y es en el capítulo actores donde esta ficción termina de hacer aguas por todas partes, con un casting desastroso, en el que casi nadie está donde debe, y en el que todos viven en una historia distinta. Ya lo he dicho muchas veces: una de las grandes virtudes de un buen cineasta es la dirección de actores, que es mucho más que susurrarle al actor un estado de ánimo. La protagonista, Nathalie Poza, es la jefa de unidad más improbable que quepa imaginar, y está muy mal dirigida. La he visto en pocos títulos, pero aquí parece perdida, con el mismo estado de ánimo, entre despistada y amargada, y el mismo rictus desorientado, durante toda la serie. Y al igual que ella, el resto de actores (incluido Luis Zahera, en su típico rol exagerado y amanerado), aunque algunos de ellos no son actores ni lo serán jamás, y los que medianamente lo son no pueden crear un personaje digno porque su director no les ayuda para poder hacerlo y el guion, un libreto en que el ingenio y la intensidad brillan por su ausencia (que cualquier espectador, créanme, podría escribir si se lo propusiera, y mejor que Alberto Marini, Amèlia Mora y Dani de la Torre), les ayuda menos todavía. Son meros fantoches bailando sobre unos cimientos inexistentes, caricaturas de personajes sin vida, de los muchos que hemos visto en nuestra cinematografía.

De modo que sí, podemos hacer thrillers a la americana, con muchos gritos, muchos tiros, muchos ángulos de cámara, grandes angulares, muchas localizaciones, muchos muertos, muchos polis…. eso parece fácil, y más aún si te respalda una gran productora. Lo que parece mucho más difícil, de hecho casi inalcanzable, es hacer una buena serie, es que el director tenga algo que contar y no sea todo un artificio al servicio de la nada, que la ficción tenga un personalidad propia, y que cuando se relatan acontecimientos luctuosos como el del atropello de decenas de personas (quizá el momento más deleznable de la serie) se haga algo digno, severo, en claro homenaje a las víctimas de Barcelona, y no con el propósito de hacer un espectáculo sangriento, rescatando una tragedia reciente para montar una ficción comercial. Pero nada puede sacar el espectador mínimamente exigente, pues no hay ni una sola idea de puesta en escena, ni de narrativa, ni de personajes, ni de diálogos, que rescatar de esta pésima serie.

Plural: 4 comentarios en “‘La unidad’, pura cáscara al servicio de la nada”

  1. Bueno me quitas un peso de encima, una cosa menos para ver, con la cantidad de trabajo que se me está acumulando desde que te descubrí como prescriptor, ni con confinamiento perpetuo se yo de donde sacar tiempo para ver tanto cine y encima iluso de mi me hago la idea de volver a ver The Wire ahora que la han “remasterizado” y adentrarme en Los Soprano, al final mi mujer me echará de casa como vea tanta película y no de un palo al agua. Es broma, saludos¡¡¡

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