CINE

Los disparates de las películas

Releyendo una vez más el imprescindible libro ‘Esculpir en el tiempo’, de Andrei Tarkovski (si no lo has leído, amable lector, y te consideras un cinéfilo o quieres aspirar a tener cierta cultura, ya estás tardando en hacerlo), recupero esas líneas en las que el gran director ruso reflexiona sobre la capacidad de la puesta en escena de crear vida, de ser tan expresiva como la misma vida, o bien convertirse en una sucesión de clichés y de lugares comunes con los que crear otro tipo de vida, falsa pero aceptada como tal… una realidad cinematográfica que diluye las verdaderas capacidades de este medio. Creo que lo que dice, sin citarlo, es que ninguna puesta en escena puede ser igual a otra, por el mero hecho de que no hay dos personas iguales, lo que afecta tanto a los directores que elaboran esa puesta en escena como a los personajes que son los que viven en ella. Pero como de personajes ya he hablado otras veces, hoy quiero hablar de la cantidad de lugares comunes, estupideces, clichés, imágenes absurdas, gestos disparatados que vemos en cientos de películas y que aceptamos como algo normal, cuando en realidad, si nos paramos a verlo con cierta perspectiva, nos daremos cuenta de que son eso, majaderías.

No voy a hacer una lista sobre improbabilidades físicas tales como que al disparar a una rueda, aunque sea de un turismo, a menos que sea con un arma de gran calibre, la bala saldría rebotada en lugar de reventar el neumático. Voy a hacer un compendio, o voy a intentarlo, sobre multitud de gestos y clichés que aceptamos con normalidad cuando en realidad no deberíamos hacerlo. Más que de puesta en escena, voy a escribir sobre el sentido común:

Para empezar uno de mis preferidos: los disparos. Nos pasamos la vida viendo películas de acción (mayoritariamente norteamericanas), con mucha acción, muchos tiros, persecuciones, balazos, etc. Dentro de este grupo hay varios subgrupos:

–El reconocimiento de un disparo: en las películas, en cuanto suena un tiro, no pasa ni medio segundo y todo el mundo sabe que ha escuchado la detonación de un arma, y sale corriendo a refugiarse. Esto es simplemente estúpido. Si caminaras por la calle, o estuvieras en el campo, y escucharas una detonación, como máximo te quedarías quieto y mirarías alrededor a ver qué está pasando. Tardarías unos cuantos segundos en reaccionar. Esto se ve muy bien en una escena de la maravillosa ‘Unforgiven’, de Eastwood, en la que tantos mitos absurdos se ponen en cuestión.

El vídeo dura varios minutos, pero son los primeros segundos los que ilustran lo que estoy diciendo: los chavales tardan en reaccionar mucho más que en una película normal.

–El efecto de un disparo: en todas esas películas en las que a un individuo, o individua, le pegan un tiro con una pistola, el personaje sale literalmente volando, como si hubiera recibido el puñetazo de un gigante. Esto no es cierto, a menos que te disparen con una escopeta capaz de derribar a un elefante. Por otra parte, un disparo en cualquier parte del cuerpo, incluso en una pierna o un brazo, se considera una herida muy grave, que no sana simplemente con una venda, y que por supuesto tiene todas las papeletas de infectarse. Esto va por todas las veces que al héroe le han pegado un tiro en un hombro y dice que solamente es un rasguño.

Los golpes. Esto afortunadamente está cambiando, desde aquellos años en los que no cabía imaginarse un Western en el que no le rompiesen a uno (o a varios) una mesa o una silla en la espalda, hasta la actualidad, en que si un tipo le pega una paliza a otro a base de puñetazos, se destroza los nudillos, y esto ya lo estamos viendo desde hace bastante tiempo… casi siempre, porque a veces vemos la mano tan impoluta como la de un pianista y la cara del otro machacada a trompazos.

Los gestos. Esos gestos tontos, que aceptamos como lo más normal del mundo, y que son los que más gracia me hacen. De ellos hay muchos:

–Todos los personajes reunidos alrededor de un mapa, y el que lleva la voz cantante encuentra el punto importante de ese mapa y en un plano detalle vemos cómo su dedo índice se estrella con fuerza contra ese punto del mapa, golpeando la mesa… nadie hace eso. ¿Ha probado a hacerlo el lector, golpear una mesa con el dedo? Puedes hacerte daño.

–El avión se ha quedado sin combustible, o el helicóptero ha entrado en una zona de turbulencias, o simplemente el reloj de muñeca se ha quedado parado, y el personaje se pone a darle golpecitos, como si eso fuera a revivirlo o a darle más fuel…¡y el caso es que en algunas ocasiones lo consiguen!

Seguro que hay unas cuantos ejemplos más como esos…

Coches. Lo de los coches merece capítulo aparte. ¿Cuántas veces hemos visto a dos personas dentro de un coche, una de ellas conduciendo, y se ponen a hablar y te planteas seriamente que tengan poderes adivinadores, un ojo en la oreja o que de un momento a otro se estrellen? Porque cuando se conduce, generalmente, se está atento a la carretera, y no al interlocutor, sobre todo en ciudad.

Otra cosa: ¿por qué los coches salen volando, aterrizan veinte metros más allá, y siguen circulando como si nada, como si no se destrozasen las ruedas o la suspensión o el eje? ¿por qué se revienta una rueda y, bueno, tampoco es gran cosa? ¿Por qué ciertos autobuses, al llegar al final de una rampa, levantan el morro y casi como que vuelan?

Los besos y las escenas de amor. Yo no sé cómo se besa normalmente la gente ni como practica sexo en la cama, pero lo que sí sé es que no es como sale en muchas películas. Desde luego las de los años cuarenta y cincuenta, con esos besos con la boca cerrada, muchas veces en la comisura de los labios, estaban dictados por el puritanismo y la censura de aquellos años, pero tampoco los besos y las escenas de sexo hipervitaminados de hoy en día, ni esa costumbre de algunas películas de cogerse la mano mientras se está en el tema. Lo del sexo y sus aledaños merecería un libro entero que no sé si alguna vez se habrá escrito.

Ordenadores. En casi todas las películas o series, cuando un fulano se pone a trabajar con un ordenador, sea el programa que sea (generalmente suele ser uno en el que tienen que evitar que se destruya el mundo, detener un envío de misiles nucleares, o frustrar un dispositivo maligno), suenan multitud de ruiditos por todas partes provenientes de la pantalla, pitidos, alertas, voces robóticas… eso no sucede en la vida real, ni podría suceder nunca. Ya sólo con el sonido de un mensaje o un mail nos ponemos de los putos nervios, como para que empiecen a sonar pitidos y alertas por todas partes.

Y seguro que al amigo lector se le ocurren unas cuantas cosas más que yo he pasado por alto. Esto del calor y de las contracturas de espalda es lo que tiene, que se te cierran las neuronas. Así que demos aquí por finalizada esta entrada, a la espera de alguna aportación generosa que me refresque la memoria.

Estándar