Morricone y Williams, Princesa de Asturias en un país que no sabe nada de música de cine

3 comentarios

Nada más leer la noticia de que el jurado del premio Princesa de Asturias de las Artes había recaído en los que probablemente son los dos dioses (uno estadounidense y otro europeo) de la música de cine, supe, en primer lugar, que los medios no iban a estar a la altura, y en segundo que Conrado Xalabarder, a la sazón uno de los más importantes expertos en música de cine del mundo, iba a escribir un editorial al respecto. A veces veo el futuro, y el futuro no me defrauda, sino que me reafirma en la mediocridad de algunos y en la personalidad de otros. Y aunque es una muy buena noticia que el jurado haya decidido entregar este importante premio institucional a Morricone y a Williams, es una muy mala seguir constatando que no solamente los espectadores, también gran parte de los “críticos” y los medios de comunicación, tienen tanta idea de música de cine como de literatura o de música en general. Es decir, ninguna.

Yo creo que a veces pareciera que yo me alegro de que el personal nade en su ignorancia. Desde luego, no es así. En la medida de mis posibilidades, intento que mis interlocutores alcancen, por lo menos, mi nivel, y ojalá sintieran curiosidad por alcanzar otros. En lo personal, desde que comencé a escribir sobre cine, literatura y narrativa en general, hace ya veinte años, he crecido mucho, y creo que aún me queda mucho más por crecer. El camino es largo y apasionante, y me alegro de no ser el mismo ignorante que era hace dos décadas, y que probablemente en dos décadas más dejaré de ser el ignorante que soy ahora. Y he dejado de ser ese ignorante inicial porque en estas dos décadas me he preocupado de aprender de los mejores, yendo no solamente a dos escuelas de cine, sino leyendo y hablando con gente muy preparada e inteligente, a la que no solo he permitido que me influya con sus ideas y con sus respectivos bagajes intelectuales, sino que he tratado de aprender todo lo que ellos sabían. No hay otra manera. Y creo que estoy preparado, de otra forma no escribiría casi cada día, para dar ya mis propias ideas y opiniones y tratar de ensanchar las posibilidades del lector.

Otros no son así. Me consta. He trabajado con ellos. He compartido ruedas de prensa con ellos. Les he sufrido. He intentado, en algunas ocasiones, que dejaran de ser los cerriles palurdos que eran en algunas ocasiones, o los zafios patanes que eran en otras, los arrogantes analfabetos que se creían que por ver dos mil películas de cine clásico americano eran más cultos o tenían el miembro viril más largo que tú, sin conseguirlo jamás. Pero no por hacerme el estupendo, ni sentirme mejor conmigo mismo, nada de eso. Porque me gustaría que todos hablásemos el mismo idioma, pero a veces eso es imposible. Y mucho me temo que seguirá siendo imposible con un alto porcentaje de personas que están encantadas de conocerse y que jamás aprenderán absolutamente nada de nadie. Pero aún así, celebro el editorial de Xalabarder, en el que una vez más se lamenta del nivel cultural de este lastimoso país, enlazando la cobertura mediática de cabeceras como El País, y en el que clama, una vez más, porque el espectador medio entienda de una vez cuestiones primordiales de la música de cine, que es como decir que abra la mente ante aspectos esenciales del cine en general.

No es ninguna noticia el calamitoso nivel cultural y periodístico del que desde hace ya demasiado tiempo sufre un periódico tan importante como lo fue El País. Por eso quizá no debería sorprender que el tal Tom C. Avendaño, autor de la noticia enlazada por Xalabarder en primer lugar, demuestre que no tiene ni la menor idea de música de cine, de cine en general, de la carrera de Williams o de la Morricone, más allá de la que le puedan suministrar blogs o la wikipedia. Tampoco sorprende que en apoyo a esa idea hayan llamado al cineasta más mediático de este país (con permiso de Almódovar) para escribir un artículo de opinión titulado ‘Maestros’, en el que proclama su admiración por ambos compositores/cineastas, con un texto digno de un blog como algunos en los que he tenido la desgracia de trabajar, y en el que demuestra, él también, pese a ser cineasta, su desconocimiento absoluto de la música de cine, siendo esto aún más grave por el hecho de que Amenábar es “compositor” de la música de sus películas…en realidad falso compositor, pues él no es músico, sino que tiene a gente que transforma sus elementales ideas en algo parecido a una música apta para un filme…

Xalabarder lo explica mucho mejor que yo, y por eso exhorto al lector a acudir al enlace de su editorial, pero no está de más insistir en que la música de cine no es una música que se haya añadido a las imágenes, o que las acompañe, sino que es parte fundamental de la estrategia narrativa de la película. Es decir, forma parte de las imágenes tanto como el sonido o los diálogos, y en muchos casos cabría decir que son las imágenes las que forman parte de la música de las películas. Son un todo. La música de cine es cine, es narrativa, y por tanto los compositores son tan cineastas como el director de fotografía, el montador o el diseñador de producción. Por supuesto esto no sucede siempre, pero precisamente Morricone y Williams son los dos compositores (entre cientos, quizá miles), que más y mejor han logrado esta fusión, y a los que más cabría calificar de cineastas/músicos geniales. Medios de comunicación y blogs hablan sobre la música de cine (como hablan de la fotografía y el montaje) en base a la belleza de los temas, o a lo icónico de ciertas creaciones, o a lo pegadizo de sus temas.

Es decir, no tienen ni idea de lo que están hablando. Esto, en blogs de cine, pues es grave hasta cierto punto (el punto que define cuánta gente les lee), pero en el caso de periódicos y medios de comunicación globales, es terrible, pues perpetúa una ignorancia que va a inocularse al público y va a continuar existiendo ad aeternam.

Pero supongo que Xalabarder no va a rendirse en su lucha por hacer entender lo que significan algunos conceptos narrativos. Y otros muchos tampoco.

Plural: 3 comentarios en “Morricone y Williams, Princesa de Asturias en un país que no sabe nada de música de cine”

  1. Muy interesante la web de este hombre, gracias por compartirla. Es verdad que las ideas que se tienen sobre narrativa o música son las escasas y difusas que se aprenden en el instituto o viendo películas por cuenta propia, o por lo que dicen en un programa de televisión, sin querer ir, por desgracia, más allá.
    ¿Sabes si existen otras webs de este tipo sobre literatura o narrativa cinematográfica que trate el montaje, por ejemplo?
    Abrazos!!!

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