El espectador/lector como soberano absoluto

Se equivoca Juan Gómez-Jurado una vez más (en realidad se equivoca casi siempre en Todopoderosos y cada vez que quiere decir algo interesante) cuando afirma que “el lector debe ser el centro del mercado editorial”. En realidad es el escritor, el valiente y arriesgado (todo lo que él no es), el que debería ser el centro del mercado editorial, eso es lo que yo pienso… aunque también empiezo a pensar que quizá podría, simplemente, no existir el mercado editorial actual, verdadera fuente de tantos problemas. Pero no se expresa de manera diferente a como lo hizo en su día el a menudo mordaz y a veces brillante Billy Wilder, cuando afirmó que el espectador el es juez último y soberano del éxito o fracaso de una película. Mucha gente lleva pensando y afirmando ideas parecidas desde hace bastantes décadas, por las razones equivocadas, y ahora que ha florecido esto del internet, y tantas voces juntas, poco cualificadas y nada autorizadas, claman en una misma dirección, tenemos el circo servido.

No sé cuántas miles de firmas llegaron a reunirse (creo que fueron decenas de miles, pero quizá alguien pueda darme la cifra exacta) para que volviese a filmarse la última temporada de ‘Juego de tronos’, y ahora que por fin tenemos accesible la segunda parte de ‘The Last of Us’, se multiplican en foros de todo el mundo las peticiones de muchos aficionados para que vuelvan a hacerlo, porque no les gusta la historia. Y no son los únicos casos. Hay bastante más. Ya lo han conseguido los que llevan alimentando el disparate: el espectador o lector corriente se cree con el derecho de decirle al creador lo que debe hacer y lo que no, lo que está dispuesto a perdonarle y lo que no, porque para ese lector o espectador que emplea su tiempo libre en las redes sociales, ese mundo creado por el director o el novelista de turno le pertenece a él, y no a ese creador, y no está dispuesto a permitir que ese creador haga lo que considere oportuno con sus criaturas.

Ese es el estado de las cosas, que sería penoso si no fuera grotesco. Cada vez existe una masa mayor de espectadores/lectores que esperan que la película o la novela le de exactamente aquello que quiere, sin moverse un milímetro de sus deseos, porque a fin de cuentas él es el que paga, él es el que se gasta el dinero comprando ese libro, o adquiriendo esa entrada, u obteniendo ese videojuego, y el creador tiene la inmensa suerte de que así sea, y por tanto tienen todo el derecho del mundo a montar foros, insultar, atacar, agredir, y soltar toda su mala baba, incluso a destruir una reputación, si es que tal cosa está al alcance de su mano, porque ¿qué diablos? ellos han apoquinado 10, o 20 o 60€. Y cualquier crítico que opine distinto a lo que ellos piensan (que simplemente opine…) es el enemigo y es un estúpido y un pedante de mierda. Ya conté aquí que hasta los alumnos empiezan a querer decidir cómo debe el profesor dar sus clases si es que quiere que le escuchen.

Y yo creo que la cosa va a ir a peor. Cualquier necio que ha visto doscientas películas en su vida, y todas ellas malas o bobas, se cree que sabe lo que es el cine, y cualquier ceporro con el tesón suficiente para escribir sesenta mil palabras escritas sin faltas de puntuación, se cree que es novelista. He conocido a gente que por haber colaborado en un libro de cine que nadie ha leído, y con un bagaje cultural pésimo, ya se llama a sí mismo escritor. Escribía yo que existe una nueva mayoría… yo creo que en realidad lo que existen son nuevos fascismos, cada vez más inapreciables como tales, pero tan tóxicos y peligrosos como aquellos que asolaron Europa en la primera mitad del siglo XX, originando un caldo de cultivo que empieza a apestar por su densidad. Esos jueces soberanos que alegan que tal película o tal novela les toma el pelo a ellos, porque ellos, en realidad, no se han enterado de lo que ven o lo que leen, y con sus declaraciones delatan su ignorancia, su fanatismo, su cortedad de miras.

El creador tiene la misión de ir por delante, sin pedir permiso a nadie, sin creer en ningún momento que conoce al espectador/lector, ni sus gustos ni sus necesidades. La primera necesidad es propia: crear algo que late y pugna por salir. Si después encuentra una respuesta por parte del público, se verá de qué modo reacciona, pero en estos tiempos en los que el éxito es un valor absoluto y la suma de todas las cosas, este hecho parece haberse olvidado. Nadie obliga al espectador/lector a dar dinero para acceder a esa creación, menos aún cuando los críticos (los de verdad), intentan guiarle, y ese espectador/lector los ignora de forma sistemática. autoconvencido de que su gusto es infalible.

A todos esos espectadores/lectores que se creen con la potestad (como haría Pauline Kael con David Lean) de decirle a los directores y los escritores lo que deben hacer para tenerles contentos, en realidad les gustaría ser críticos, y algunos llegan a serlo aunque sea en blogs de aficionados (que siguen siendo de aficionados por muchas lecturas que tengan), y ya dejan por escrito en párrafos y artículos lo que antes soltaban en los 140 caracteres de Twitter, o en unas pocas frases en el foro de turno, compartiendo su intransigencia y su cesarismo con todos nosotros, creyendo que por el hecho de haber visto en su vida tres o cuatro mil películas, pero sin saber poner ni una coma o dejar una idea rotunda en sus textos, les autoriza a decirnos cómo debe ser el cine o la literatura, y a exigirle a escritores y directores cómo deben hacer su trabajo, so pena de darnos la vara en las redes y ponerse a reunir firmas, muy ofendidos ellos, como si no hubiera cosas más importantes para reunirlas.

8 comentarios sobre “El espectador/lector como soberano absoluto

  1. Los tiempos son complicados para el profesional de la escritura mínimamente independiente, en cuanto no se obedece a la línea política del medio en cuestión comienza la persecución y la represión del intelectual de criterio propio y no acomodaticio.

    El otro día me llevé un disgusto leyendo un artículo de un escritor cuya calidad aprecio mucho pues me gusta su estilo libre de barroquismo y muy preciso en el lenguaje, limpio de polvo y paja cuando escribe, es Sergio del Molino, un buen muchacho en definitiva, porque yo si alguna virtud tengo es la de saber a primera vista, casi de cualquiera y en muy pocos minutos el hecho de que aun siendo su madre una santa por «h» o por «b» el susodicho nos ha salido un poquito h. d p. o por el contrario es un bendito, las calificaciones intermedias reconozco que me llevan un poquito mas de tiempo de observación.

    Sigo la trayectoria del muchacho desde hace tiempo y supongo que después de haberlas pasado tirando a canutas económicamente ha decidido que ya es hora de sentar la cabeza y que la familia es lo primero y hay que mantenerla y a medida que consigue colaboraciones en mas medios y últimamente en El País (de los cuentos chinos) sus críticas se orientan de una manera que será bien querida por la dirección del diario y le consolidará en su puesto.

    Descolgóse Sergio con un asunto insulso atacando a Rufián y a Monedero por tener unas entrevistas en Youtube en las que les acusaba de lucirse ellos a costa de los entrevistados, a Rufián no le sigo y es realmente un poco ceporrillo aunque a veces tenga ocurrencias originales, pero lo de Monedero me supo bastante mal porque además de falso solo tenía que ver la entrevista que en su día le hizo al engreído de Sánchez Dragó para pensar que tenía mas paciencia que el Santo Job con el chulito piscinas que ya no está ni para jacuzzis claro.

    Así pues con las cosas que hay que criticar en este País, no en el de los cuentos chinos, antes de Cebrián y ahora de la hija de Botín y siempre un poco del jefe del Gal Natural D. Felipe González no se le ocurre nada mejor que atacar a las bestias mas o menos negras del oficialismo por sus programitas en Youtube que suelen ver apenas unas decenas de personas, pero Roma paga traidorzuelos y hay que vivir.(https://elpais.com/television/2020-07-04/el-show-de-rufianes-y-monederos.html)

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    1. Sí, la cosa es terrible. Y no sólo en medios de prensa, sino en muchos otros, pues si no te pliegas, si no sigues la corriente, te machacan. Bien lo sé yo, que por tener personalidad a la hora de elaborar mis ideas me he visto en verdaderos aprietos.

      off the record: Rufián es un verdadero ceporro.

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  2. Esa exigencia estúpida del consumidor –odio esta palabra– para que se hagan productos a su medida es despreciable. Me recuerda a lo que dijo Cortés en un episodio de Todopoderosos; que si dejamos las cosas en sus manos pasaría como en los Simpson, cuando Homer diseña aquel coche tan espantoso.
    Y es verdad lo que dices, Gómez-Jurado siempre se equivoca en el programa, quitando el contar datos puros y objetivos, sobre todo biográficos acerca de los personajes de los que hablan.
    Estos artículos sobre la mezquindad en la cultura me animan un poco.

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      1. Lo de G-J es grotesco. Que el tipo venda muchos libros y viva bien a mi casi que me da igual, pero que encima vaya por ahí haciéndose el erudito… Es asombrosa la cantidad de falacias, chorradas, mentiras, memeces y chulerías que suelta en cada programa, y la gente riéndole las gracias…

        Qué nivel de país

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      2. Sí, sí, eso es lo más acojonante. Pero qué quieres, son hordas que van allí con sus novelas para que se las firme; así se quedan todos contentos. Especial mención merecen los chistes sobre Franceses… Hay comentarios suyos que incluso incomodan a sus compañeros, y Cortés de vez en cuando le pega algún corte que se agradece.

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