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Si eres español, y si no tienes contratada ninguna plataforma de televisión bajo demanda, ni siquiera Movistar + (que es una plataforma de televisión de pago, no confundamos términos, aunque también tiene oferta bajo demanda) estás mucho más cerca de que tu televisión sea una máquina del tiempo a los años ochenta y noventa, aquellos en los que dejamos de tener un canal más uno (televisión española, y La 2 de televisión española), para tener tres canales desastrosos más (Antena 3, Telemadrid, Telecinco), y un tiempo después otros dos más (Cuatro y La Sexta), que nos obligaban a hacer zapping para no encontrar absolutamente nada. Aún hoy existen muchas personas en España que siguen en las mismas condiciones, y nadie las ha descrito y expuesto en toda su crudeza, y por eso me he puesto a hacerlo yo con este artículo.

Si no tienes Movistar + (olvidémonos de Netflix o HBO), eres como un tercermundista en todo lo relativo a contenidos audiovisuales. No eres nadie. No eres nada. En un símil político eres como un ciudadano de Palestina o de Marruecos. No cuentas. No importas. Fue así hace treinta años, y sigue siendo así ahora mismo. Te han entregado algo de caridad (la conexión terrestre, los canales HD), pero sigues siendo un paria. Porque si en literatura, en música, en teatro y en cine, España es un país en el que es casi imposible que el talento y la profesionalidad se impongan y expulsen la corrupción, el sectarismo, la frivolidad y la chabacanería, en televisión es todavía muchísimo peor, y a todo ello hay que incluir el choteo más escandaloso, la desidia más absoluta.

Si cambio mi televisión a modo TDT, que es lo que voy a hacer ahora mismo mientras escribo estas líneas (porque este es un artículo interactivo…) obtengo seis canales que son perfectamente intercambiables (salvo las lógicas diferencias de tono político o en las escenografías de los telediarios que a estas horas, 8:47 de la mañana, le dan vueltas a lo del Covid) y a partir de ahí lo más interesante que encuentro es ese programa hipnótico de Galería del Coleccionista, con sus delirantes productos, sus impresionantes e irresistibles ofertas, y sus improbables presentadores. Luego todos los canales están mezclados con emisoras de radio, y como resintoniza continuamente, se pierde el orden y te confundes con el número del dial en el que está cada uno de ellos. Pero el usuario de esta televisión está ya acostumbrado a todo. Literalmente a todo.

Comentar una serie importante a uno de estos usuarios es como llegar a Ganímedes y encontrarse con una civilización perdida. No saben de qué les hablas. Para ellos, que una película programada a las 22 horas, empiece a las 22:15 es algo casi milagroso, y que una serie, cualquier serie, hasta la más cutre, esté varias semanas seguidas programándose a la misma hora los mismos días es como si se multiplicaran los panes y los peces. Da igual el canal que sea, La 1 o Antena 3, cualquier serie de más de una temporada, ya sea ‘Juego de Tronos’ o ‘A dos metros bajo tierra’, se verá seriamente maltratada y relegada a un segundo plano, pues hay muchas noticias escabrosas y mucho fútbol (muchísimo fútbol) que poner. Y que tampoco se confíen los que gusten de otros deportes como el tenis, pues yo he visto hace pocos años como toda una final de Grand Slam, con Nadal de protagonista, era súbitamente dada de lado, cuando faltaban diez minutos para el final, por una noticia política supuestamente importante. Para los dueños de estos canales el espectador español se alimenta de noticias y de fútbol y de reality shows las 24 horas del día, siete días a la semana, doce meses al año.

Como Telecinco llevo sin verlo unos veinte años (pero la vecina de enfrente, que tiene más de ochenta tacos, lo ve a todas horas con el volumen bien alto, y así me entero bastante bien de sus contenidos…), asumo que casi todo su contenido importante es amarillismo y prensa del corazón, podemos sumar el apabullante contenido de noticias de La Sexta (demasiados programas parecidos), los programas chorras que nadie en su sano juicio puede ver de Cuatro, los telefilmes (algunas leyendas urbanas son ciertas…) de Antena 3, o los concursos post-franquistas de La 1 (con decorados anteriores a 1975), y los contenidos futboleros que ocupan un veinticinco por ciento de la parrilla diaria en todos ellos, y nos podemos hacer una idea del panorama al que tiene que enfrentarse esa pobre gente, quienes quizá por falta de dinero o por mera convicción no contratan una suscripción a Movistar + o a Netflix. Pero no creo que sea tan caro dejar de ser maltratado día a día.

Recuerdo cuando ‘Lost’ empezó en Televisión Española sin publicidad previa, y rápidamente fue cambiada de horario, y finalmente retirada “por falta de público”. O cuando ‘A dos metros bajo tierra’ se ponía en La 2 a las dos de la mañana. Decidieron, en Telecinco, reponer ‘Twin Peaks’ los domingos, y cada capítulo lo ponían un poco más tarde, hasta que el cuarto o el quinto lo pusieron a la una de la mañana y decidieron quitarlo por bajas audiencias. Claro, es que los espectadores cómo son. Eso por no nombrar los anuncios, los interminables anuncios. Antes, me acuerdo bien, los programadores elegían un cambio de escena en la película o en la serie (de hecho, las series americanas poseen fundidos a negro aptos para la publicidad). Ahora se corta de cualquier manera, en medio de un diálogo. Antena 3, que estuvo reponiendo los mismos treinta o cuarenta episodios de ‘Los Simpson’ durante veinte años, dejaba la introducción con la música de la serie, y luego cortaba a quince minutos de anuncios (el espectador que se acuerde sabe que digo toda la verdad). Actualmente, en canales como Neox, se programa un episodio alterno de ‘Big Bang Theory’, uno tras otro: primero el quinto de la octava temporada, luego el segundo de la primera, y luego el décimo de la quinta. Y así con todo.

España es un país en el que la cultura, el conocimiento, la información, es tema de cachondeo desde hace muchas décadas, y pocas cosas son un signo de ello tan potente como nuestra televisión, digna de una dictadura cocotera. Hasta nuestros noticiarios dejan mucho que desear comparados con los de Inglaterra, Dinamarca o Alemania. Pero muchos están tan acostumbrados a eso, que intentar convencerles de lo contrario es como predicar en el desierto.

2 comments on “La amarga vida del televidente medio español

  1. Futbolín dice:

    No conozco la TV de otros países, creo que deben de ser de calidades no muy diferentes la mayoría de ellos, por lo cual las plataformas de pago han encontrado un hueco para que los que no podemos con esta bazofia nos refugiemos con nuestros enormes televisores led y paguemos la pertinente cuota.

    La televisión normal va dirigida al lumpen proletariado y su eficacia en el aborregamiento de las masas está siendo fantástica y a eso se dedican los que las programan, que tontos no son para nada, otra cosa es que son capaces de volver tontos a los que tontos no son, pero esa es la misión y no precisamente secreta de las élites para que no se les desmanden los “lumpenes”

    En fin es lo que decíamos el otro día del análisis del loco de la colina, que disfrutan bajando el nivel para que las masas se refocilen en sus vergüenzas de las que han perdido la noción y por contra otros suframos vergüenza ajena en epidermis propia.

    Muy bien explicado todo en lo referente a la caja tonta amigo Adrián, aunque debo decir que para dormir la siesta los documentales de animalicos de la 2 son perfectos, no en vano es la menos mala de todas las cadenas.

    Le gusta a 2 personas

    1. Gracias, my friend

      En efecto, la tele aborrega de lo lindo, pero en el caso de la española yo creo que su desprecio por el espectador es tan exagerado que me parece increíble que tanta gente siga viéndola.

      Le gusta a 1 persona

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