Comentarios a vuela pluma sobre diversos temas

Qué calor hace en Madrid. Ese no es uno de los diversos temas de los que quiero hablar, pero me es imposible no hacerme la siguiente pregunta: ¿a quién le puede gustar el verano? El verano es para cuando somos niños, y el mundo es nuestro. Pero cuando hemos dejado de ser niños, el verano es una época de penuria, como para el resto del reino animal, sólo que en nuestro caso disponemos de agua fresca a cualquier hora, y de otras comodidades que lo hacen un poco más llevadero. El verano es la muerte de la imaginación.

Voy a retomar la actividad de estas páginas mías en pleno estío, recién llegado del frescor del norte y del calor intermitente de algunas playas norteñas, en las que ni dios guarda las distancias de seguridad y muchos o no se ponen la mascarilla o se la ponen mal… quizá ya por tanto contagiado del puto virus, o portador de él, trayéndolo aquí a Madrid donde según nuestros maravillosos gobernantes autonómicos apenas hay casos y todo es color de rosa y ellos son los más estupendos y los más fantásticos, aunque no han hecho NADA para cuando llegue la segunda ola… pero eso no es tema de estas páginas. Voy a hacer un repaso de temas que o bien ya he tratado en otros artículos, o bien serán tema a tratar en profundidad en otros nuevos. O bien simplemente los comentaré de pasada y poco más.

Yo no tengo twitter, pero ya he comentado que a veces leo el TL de algunas personas, y me asombra encontrar en el twitter de Michelle Jenner un retuiteo de un tipo que abre un hilo sobre actores de doblaje, a modo de homenaje. Un tal Chema Ponze, por lo visto muy versado en los artistas de doblaje, habla de unos cuantos y nombra los actores a los que han doblado. Más abajo, como no podía ser de otra manera, docenas de personas le alaban el esfuerzo y comienza la retahíla de disparates: que si algunos doblajes mejoran la película, que si el público español necesita el doblaje, que si el cine no sería lo mismo sin su trabajo, que si les fascina el actor de doblaje tanto o más que el actor que sale en pantalla, que si es una profesión admirable, que si no se valora en la Academia de Cine, que si están vilipendiados por los talibanes de la VO… Me parece increíble que precisamente una actriz como Michelle Jenner (además, una actriz tan solvente como ella) valore un fenómeno que representa un atraso cultural en toda regla, y una muestra palpable de que España es un país de paletos, una aberración que es una falta de respeto total al trabajo del actor.

Siendo yo, lo prometo, uno de los pocos que andaba por la playa de la Concha con un libro encima de la toalla, descubro azorado que al lado de mí hay un tipo solitario que también está leyendo un libro, con lo cual me siento menos solo, menos gafapasta y menos especial. Al rato, el tipo cierra el libro y descubro que es el jodido ‘Reina Roja’, del impresentable Juan Gómez-Jurado. Y empiezo a creer que el descenso hacia el analfabetismo literario es ya irreversible. No lean libros, amables lectores que se pasen por esta página. No compren novedades. Lo que están leyendo, lo que están comprando, es basura. No es literatura en ningún caso. Son productos con forma de libro, entretenimiento barato parecido a la música que suena en Los 40 Principales. Para leer lo que se supone que hay que leer para estar al día, lo mejor es no leer nada.

Al hilo de ese tema: mi tía tuvo el detallazo de comprarme un libro la semana pasada, pero como tampoco sabe qué puede gustarme, me regala una novela escrita por un finalista del premio Planeta, con encuadernación cartoné, que le cuesta la friolera de 22€. La novela no me interesa nada, pero como ella es un sol no le importa que la cambie, y eso hago. Por el mismo precio me compro dos maravillas, una del siglo XIX y otra del siglo XX: ‘La educación sentimental’, de Gustave Flaubert, y ‘La edad de la inocencia’, de Edith Wharton. Dos joyas por el mismo precio de una mala novela. Insisto: no compren nada de autores actuales, la mayoría no va a aportarles nada. Lean buena literatura, que la vida es corta.

Es mentira eso que dicen de que el verano es una buena época para la lectura. No en Madrid, no cuando careces de aire acondicionado y ahí fuera están cayendo cuarenta grados a la sombra. Te da la sensación de que en cualquier momento las páginas se van a empastar unas con otras y el libro va a salir ardiendo, al igual que tu propio cuerpo. De todas formas, al final lees, aunque sea picando entre horas. Este año llevo leídos 44 libros, algunos de ellos de considerable extensión. ¡Este año es de libros tochos! Qué ganas tengo de ponerme con otros más livianos, de esos que en una tarde te los ventilas. Tengo algunos aquí esperando, entre la pila, cada vez más abultada, de libros pendientes. Pero también tengo otros voluminosos, como ‘Los miserables’ de Víctor Hugo. No, no me lo he leído todavía. Soy un gran ignorante, ya lo sé. Pero ya lo he avisado unas cuantas veces en este sitio.

Con esto de la pandemia a algunos cines les ha dado por reponer algunos clásicos, y no tan clásicos. Como mucha gente no va al cine por temor a contagiarse, los distribuidores no se atreven a estrenar ninguna de las grandes películas que están esperando presentación mundial, no vayan a darse una hostia en taquilla. Descubro que en cierto cine de San Sebastián están poniendo ‘El precio del poder’, de Brian De Palma, una película que a mí nunca me ha gustado. El otro día, escribiendo en Cinema & Letras sobre el ‘Érase una vez en América’ de Leone, dejé por escrito algo que siempre he pensado: esas películas de culto que tantos defienden, lo son porque en su estreno las destrozaron, y como para equilibrar las fuerzas muchos espectadores las defienden a capa y espada cuando está claro que en muchos aspectos no hay por donde cogerlas. Tal cosa creo que sucede con ‘El precio del poder’, un filme que muchos olvidan que fue un fracaso en su estreno, y que demuestra que a menudo De Palma no sabe filmar la violencia. ‘Carlito’s Way’ es un filme muy superior, una verdadera joya de este irregular aunque siempre interesante director, sobre la que escribiré en pocos días.

Cuando todo esto pase, que pasará, y el mundo se reorganice y volvamos a ser los soberbios mierdecillas que éramos antes de la pandemia, me pregunto qué ficciones llegarán, cómo nos habrá influido esta desgracia, de qué manera los creadores, los narradores, darán constancia de lo sucedido. Pero una cosa está clara: esta pandemia es una cura de humildad. Sería una buena ocasión para replantearnos muchas cosas, y para crear un mundo más justo y más sano. Pero supongo que eso es mucho pedir, y el que lo espere no tiene mucha idea de la naturaleza humana.

Todavía, de cuando en cuando, leo al tal Bracero en Twitter. Se nota que es un cinéfilo y un tipo muy preparado. Cuando dije eso de que los formalistas son despreciables, empero, lo pensaba sinceramente. No digo, por supuesto, que ellos como personas sean despreciables, sino su pensamiento, su estructura teórica. Para los formalistas la forma lo es todo, y a mí alguna vez me han tachado de serlo. Yo creo que en aquel artículo no lo expresé todo con la debida profundidad y rigor, y tampoco creo poder hacerlo ahora, pero son personas con un método, con un sistema, y todo lo que salga de ese sistema les parece de poco valor. Yo no actúo así con la narrativa. No tengo un método ni una teoría férrea. Cojo y aprecio de forma ecléctica aquellas obras que me parecen valiosas, muchas veces muy dispares. Creo que así es mucho más difícil, pero también más apasionante. Respeto al Bracero este, y a su gurú Luis Aller y a todos estos formalistas, porque son grandes cinéfilos, pero desprecio sus ideas. Para decir que tal plano existe en oposición a otro porque está filmado en ángulo inverso, o porque una línea física separa a los actores, insisto en que no hace falta ir a ninguna escuela de cine.

Como estos días me he tragado cerca de 2.500 km en carretera, he tenido tiempo de sobra para escuchar la música con la que las cadenas de radio “nos regalan” los oídos. En su mayor parte, claro, no es música. Ni siquiera sé lo que es. Mientras la oía, pensaba yo en los millones de chavales que escuchan esa mierda de canciones, cuyo oído y buen gusto queda, de manera casi irremediable, destruido, y no puedo dejar de ponerlo en paralelo con los libros que se publican y muchas películas que se estrenan. ¿Es esto el fin de la cultura? Si lo es hace mucho que tuvo lugar, convertida en negocio y espectáculo. Pero aún así de vez en cuando aparecen todavía cosas valiosas de gente magnífica que sigue al pie del cañón. Es incalculable el valor de tales creaciones en mitad de este marasmo.

Y con esto termino este nuevo a vuela pluma con el que aviso, también, que estoy de vuelta.

4 comentarios en “Comentarios a vuela pluma sobre diversos temas

  1. Pues ya sabes, menos criticar y poner remedio, ¿qué es eso de escuchar la radio en el coche? en tiempos del Mp3 y el Spotify, yo es que me sorprendo y con lo del doblaje dale que te pego, si a nadie le obligan hoy en día puedes ver las versiones originales y leer los libros en ruso si es tu deseo, así como escuchar las canciones en chino mandarín sin traducir, tu porque entiendes bastante el inglés ya veríamos si las películas en chino las disfrutas en VO sobre todo como a los chinos les de por hablar por los codos, bueno bienvenido y no tomes en cuenta la crítica que es para animar el cotarro del blog, jajajaja

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  2. Es totalmente cierto que este es un país de paletos. A lo largo de la historia de Occidente siempre ha habido momentos muy grises en el arte; son ciclos culturales, o eso quiero pensar. Ahora estamos en uno terrible, quizá el peor de los últimos siglos.
    Un gusto que estés de vuelta.

    Le gusta a 2 personas

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