Sigamos con las comparaciones

Sí, sigamos, a ver si conseguimos llegar al fondo de las cosas, o al menos un poco más al fondo, porque me da la impresión de que en casi cualquier artículo las cuestiones o ideas quedan simplemente enunciadas, simplemente referidas, sin obtener ninguna conclusión final, tan solo proponiendo algunas ideas pero sin desarrollar argumentos, sin meterse en harina. Y el tema de las comparaciones a mí me parece capital y apasionante. Por lo que voy a intentar ir un poco más allá, poniendo ejemplos y tratando de explicarme mejor.

Tomemos como ejemplo, si se quiere, una de las comparaciones más habituales entre cinéfilos (…y no tan cinéfilos…): las trilogías. Eso de las trilogías tiene su aquel, porque cuando no es una sino tres películas da la sensación de ser importante (y a veces lo es), por lo que se habla de algo más que de un filme, se habla de un fenómeno social. Y en cuanto a trilogías muchos comparan la original de ‘Star Wars’ (1977-1980-1983), con una de las más prestigiosas, o la más prestigiosa de la historia del cine: ‘El padrino’ (1972-1974-1990). Arguyen, ellos, que de igual manera que la trilogía de Coppola marcó un antes un después, y se convirtió en un verdadero hito del cine de gángsters (una idea, esta última, un tanto cuestionable…), la segunda, la de Lucas (íntimo amigo de Coppola, que fue quien, de forma indirecta, pero objetiva, la hizo posible) es un hito de la “space-opera”. Y, una vez más, al ser ambas trilogías, son comparables en grandeza, e importancia, dentro de la historia del cine.

Parece meridianamente claro, para los que tenemos un poco de sentido común, que tal comparación es tan odiosa como cuando se compara a Cervantes con Shakespeare. Pero este ejercicio puede servir para llegar a determinados sitios. En realidad con la que se podría comparar (en esta ocasión supongo que la de Jackson sale perdiendo) es con ‘El señor de los anillos’ (2001-2002-2003), aunque si seguimos el juego a los primeros, que en realidad lo que buscan es elevar la categoría de su “space-opera” poniéndola al lado, o muy cerca, de las que están unánimemente consideradas como una cima del cine de todos los tiempos, podemos sacar, a vuelapluma, unas cuantas conclusiones. La primera de todas ellas es que allí donde la muy exitosa creación de Lucas adolece de una falta de unidad visual y de tono, pues cada una de las películas, a pesar de no estar muy alejadas en el tiempo, está diseñada, fotografiada y dirigida de manera muy dispar a poco que se preste la debida atención, la creación de Coppola es todo lo contrario: a pesar de que su producción se extiende durante casi dos décadas, y de que en la tercera parte se perciben algunas variantes visuales, el conjunto se beneficia de una asombrosa unidad estilística y conceptual que en ningún momento se rompe.

Claro, muchos dirán que mientras la trilogía ‘El padrino’ está dirigida por el mismo realizador (y fotografiada por el mismo operador), la de ‘Star Wars’ tuvo a tres directores (y a tres operadores) diferentes. Y es cierto. Pero no dice mucho del mundo creado por Lucas, un universo supuestamente muy elaborado y cerrado en sí mismo, de los más abigarrados que se conocen, pero incluso la mitología de la serie (que se condensa de manera brillante en su extraordinaria segunda parte) parece no gozar de la necesaria fortaleza. Y la alternancia de directores y operadores (entre otros importantes jefes de departamento) tampoco me parece una excusa, pues hoy día tenemos series con numerosos directores, guionistas y operadores, y el showrunner o creador en la sombra dando unidad al conjunto. Más bien resulta una evidencia clamorosa más de que ‘Star Wars’ nunca fue planeada como una trilogía (¡y mucho menos como una trilogía de trilogías!), sino una casi improvisada sucesión de títulos, con la relación paterno filial Luke/Anakin, y la lucha contra el imperio, como eje argumental.

Y ahora se me objetará que ‘El padrino’ nunca fue pensada tampoco como trilogía, y es totalmente cierto. Pero existe una diferencia (o muchas) trascendental: y es que a la hora de enfrentarse a estos proyectos sucesivos, Coppola se propuso contar la historia de Michael Corleone hasta que se convirtió, sin quererlo, en un verdadero alter-ego, de modo que las sucesivas entregas de la trilogía tenían que ver, como si se tratase de un involuntario espejo, con su situación personal y vital, que se veía reflejada en el ascenso y caída de Michael (y esa esa una de las razones de que no hubiera más entregas: ‘El padrino’ no es otra cosa que la historia de Michael Corleone). Lo cual es irónico, porque también podría considerarse a Luke Skywalker como una suerte de alter-ego de George Lucas, pero en su caso no fue capaz, o directamente no quiso, convertirle en un reflejo de su propia vida, sino en un ideal. Michael Corleone no es un ideal, es la confesión íntima de Francis Ford Coppola.

Luego podríamos tener en cuenta otras consideraciones. Como por ejemplo la disparidad en la dirección de actores en ‘Star Wars’ (que de nuevo sólo es brillante en ‘El imperio contraataca’ y absolutamente mediocre en las otras dos…), y la inusitada perfección también en ese campo en ‘The Godfather’, o la influencia de ambas películas en sus más inmediatas predecesoras. Es indudable que ‘Star Wars’, que al igual que el primer ‘Padrino’ fue un éxito de taquilla clamoroso, incluso muy superior a la de Coppola, es un filme, y el inicio de una saga, de enorme repercusión en la industria, para bien y para mal (De Palma afirmó que era el símil, en cine, de lo que Mc Donald’s había significado en la alimentación estadounidense) pero salvo algún título aislado en su larga franquicia, se trata de un cine juvenil sin demasiada narrativa de calidad en su interior. Todo lo contrario a ‘The Godfather’, probablemente la trilogía de películas más importante del cine estadounidense en toda su historia, pero no sólo, ni mucho menos, por su alcance mediático o por su valor icónico, sino ante todo por su carácter revolucionario, por su densidad conceptual y su grandeza estética.

Quizá haya quienes piensen que no es una comparación justa, al fin y a la postre, y que se la debería comparar, a la de Coppola, con otros títulos, como ‘Érase una vez en América’ (‘Once Upon a Time in America’, Leone, 1984), o algo por el estilo, por aquello de la temática gangsteril o por su carácter de saga. Pero yo creo que estamos en la misma situación, y que comparar dos títulos simplemente por su marco genérico (aunque no realmente género, pues el de gangsters no es un género) muchas veces no es posible. Lo que sí creo que se podría hacer es comparar la creación de Coppola, que tanto y tan poco tiene que ver al mismo tiempo con el cine estadounidense, precisamente con las películas, o por lo menos con el cine, que él intenta emular, al que él intenta acercarse con su estilo: el europeo. Plagado de referencias del cine negro “clásico” de Estados Unidos, pero con una puesta en escena, con una mirada, una planificación, una densidad, más propias del cine europeo de Antonioni, Bergman, Bresson…

Al final lo de la Cinematografía Comparada (no existe tal término, creo, pero lo puedo emplear como símil de la Literatura Comparada) es una metodología muy útil para saber donde estamos, en qué lugar se incrustan las películas por derecho propio, cuáles son sus antecedentes, cuáles son sus valores reales… del mismo modo que es útil averiguar qué clase de creaciones los cinéfilos y aficionados al cine en general se empeñan en comparar, y por qué.

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