MÚSICA

Metallica: Cableado para autodestruirse

¿No sucede a veces que tardas en entender una canción del mismo modo que tardas en entender una película o un libro? No te gusta, o crees que no te gusta. Te suena extraña y hasta átona a tus oídos, pero la escuchas una y otra vez. Y según la vas escuchando más te va gustando y llega un momento en que tu cerebro hace click y es entonces cuando esa canción te encanta y te acompaña durante mucho tiempo. Tanto tiempo, que realmente alguna canciones forman parte de una época de tu vida, y cuando mucho tiempo después vuelves a escucharlas, te sientes transportando a esa época con una fuerza a la que sólo te transportan algunos aromas y perfumes. Y tal cosa puede suceder con un disco entero (o con casi todo el disco). E incluso puede suceder con una banda, porque hay bandas que forman parte de nuestra vida. En la mía, una de las tres o cuatro bandas que sin duda forman parte de mis recuerdos, y de épocas de mi vida muy concretas, es sin duda la banda californiana fundada hace casi 40 años y llamada Metallica.

Por lo que no creo que hoy toque hablar tanto de cuestiones narrativas o estéticas (aunque también, por supuesto) como de visceralidades. Es la voz de James Hetfield y la batería del creído y narcisista patológico de Lars Ulrich, son las vibraciones metálicas (qué bien eligieron su nombre…) de una panda de greñudos que ya no son una banda de Heavy Metal, son la banda de Heavy Metal, le pese a quien le pese, que pese a algunos desaciertos terribles, podemos considerar ya de una vez como muy superior, en prácticamente todo, a sus más inmediatos rivales (Slayer, Megadeth, Anthrax…) pese a tener menos discos que todos ellos y a ser, por muchos aficionados, los más cuestionados en cuanto al supuesto canon del género, un canon que a Metallica en realidad siempre le ha importado muy poco. Y es que seamos claros: musicalmente están muy por encima de ellos pese al virtuosismo guitarrero de Dave Mustaine, y pese a que en efecto Anthrax redefinió el género en los ochenta, y que Slayer hizo con el ‘Reign in Blood’ uno de los discos más heavys de todos los tiempos. Pero Metallica les supera a todos porque su música es mucho más abierta, más universal, menos cerrada a una capillita de adoradores del Dios Heavy.

Tal cosa la han interpretado los más fanáticos como una concesión a la comercialidad, cuando en realidad se trata de no dejarse influir por los más fanáticos. Megadeth, Anthrax y Slayer son grandes bandas de Heavy, pero carecen de la profundida melódica y compositiva de Metallica, y sobre todo ninguno de ellos tiene la voz de James Hetfield, así de sencillo. Ni Tom Araya, ni Dave Mustaine, ni Joey Belladonna poseen el rango vocal de Hetfield, ni su riqueza expresiva. Y ninguno de ellos, como grupo, posee un directo tan increíble como el de Metallica, que es una máquina de heavy y rock duro perfectamente engrasada pese a algunos trágicos cambios en su formación. Ninguno de los tres grupos nombrados (que están considerados junto a Metallica los más grandes del Heavy Metal) posee un disco como en ‘…And Justice for All’ (1988), ni como el llamado Black Album (en realidad el ‘Metallica’) (1991), así de claro, por mucho que les duela a sus seguidores. Y aunque estoy pronto a creer que Mustaine es un genio de la guitarra muy superior a Kirk Hammet y con una voz portentosa y muy singular, e incluso con un genio compositivo indudable, ‘Megadeth’ no posee la pegada de Metallica, su grandeza, su textura, su densidad como creadora de sonidos inolvidables.

Desde luego llegaron al máximo de su estilo con el ‘Black Album’, y después de eso firmaron dos discos muy cuestionables con el ‘Load’ (1996) y el ‘Reload’ (1997), que son fácilmente lo menos interesante de su discografía. Pero volvieron por sus fueros con el crudo, áspero, árido ‘St. Anger’ (2003), uno de sus mejores trabajos. Yo creo que sus tres últimos discos son una escalada progresiva hacia una madurez total y definitiva, que les acerca, en tono y espíritu a los ‘Black Sabbath’, una banda a la que cada vez se parecen más con cada nueva canción. Y en mi opinión, tan cuestionable como cualquier otra, su mejor disco, el más equilibrado, sólido y portentoso de todos ellos es el último que han sacado de estudio (si excluimos el segundo S&M por supuesto), el ‘Hardwire…to Self-Destruct’ (2016). En el confluyen los sonidos esenciales de la banda, desde las contundentes sonoridades del Black Album, hasta la aridez del ‘St. Anger’ o la grandeza compositiva, la densidad del ‘…And Justice for All’… Puede resultar quizá escandaloso para algún fanático de la banda, pero me da lo mismo.

Yo no sé cómo esto puede ser comercial… bueno, sí, puede serlo para los que llevamos décadas escuchándoles, porque muy pocas bandas se mantienen a lo largo de tantos años. Mantenerse cinco o diez lo hacen bastantes, pero cuarenta sólo lo hacen los elegidos. Y para mí, la clave es una vez más esa bestia parda llamada James Hetfield, pues aunque Lars Ulrich comparte con él peso en la banda, es Hetfield el que le da cohesión al grupo y al sonido que producen. Nadie duda del enorme talento de Ulrich como batería, de hecho su asombrosa precisión técnica, su preponderancia en las mejores canciones, pero es la personalidad arrolladora de Hetfield, su enormidad como músico, como líder, lo que ha hecho Metallica lo que es, y no el ego desmedido de su batería, o los solos de Hammett, o la energía de Jason Newsted o Robert Trujillo.

Los cuatro de negro ya son historia del rock, y dentro de veinte o treinta años, cuando ya hayan desaparecido o se hayan retirado definitivamente, serán un referente tan importante como ahora lo es Black Sabbath, porque son sus herederos directos.

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