El patetismo de algunos triunfadores: Pérez-Reverte y Gómez-Jurado

Todos hemos conocido al típico ganador, al típico triunfador, que en el fondo nos da algo de pena. No me digan que no. Ya sabe el lector a qué tipo de ganador me estoy refiriendo: ese en el que notamos que debajo de toneladas de supuesta confianza en sí mismo, detrás de ciento y una capas de cinismo, de dureza, de «todo me importa una mierda», muy al fondo de todo eso, existe un pobre hombre (o pobre mujer…aunque ahora que lo pienso suelen ser pobres hombres…) que en realidad nos da más pena que envidia, nos enternece más de lo que nos irrita. Porque no es más que un niño, o un anciano, suplicando atención, adicto a las ovaciones, que precisamente no acepta críticas negativas ni preguntas de nadie porque si las aceptara colapsaría, él mismo se daría cuenta de la farsa que representa, de que no es más que un fraude, y su mente se rompería. Tal cual…

En una de las escenas más hermosas de la magnífica ‘El buscavidas’ (‘The Hustler’, 1961, Rossen), ella, Piper Laurie, le recrimina a él, Paul Newman, su forma de pensar. Según explica el personaje de Newman (el gran jugador de billar Eddie Felson), él se siente un perdedor y lo que quiere ser es un ganador, y eso significa tener mucho dinero, principalmente, y que nadie discuta su primacía, especialmente en el billar. Pero Laurie (dando vida a la, al mismo tiempo, frágil y dura Sarah) le insiste en que a muchos les gustaría sentir lo que él siente jugando al billar, que eso le convierte en ganador, que de hecho ya lo es. En realidad al personaje de Newman se pasan toda la película diciéndole unas cuantas verdades (algunas curativas, como esta de Laurie, otras muy dolorosas pero también certeras, como las que le espeta George C. Scott/Bert Gordon), hasta que por fin reacciona, aunque ya es demasiado tarde.

No es demasiado tarde, pese a todo, para muchos. No hace falta una Laurie para darnos cuenta de ciertas cosas. Basta un poco de sentido común para identificar a esos falsos triunfadores y para darnos cuenta de que en muchos casos nosotros somos los ganadores y ellos los perdedores. En realidad, es más fácil que nunca, en este mundo globalizado, hipercomunicado y pendiente a todas horas de las redes sociales. Porque en realidad todo esto de lo que estoy hablando no es ni siquiera un 2+2, sino uno 1+1: la lógica de lo sectario y de los que se protegen a sí mismos. Porque ayer, para mi sorpresa, el crítico literario de El País, Jordi Gracia, dijo de la última novela de Pérez-Reverte, ‘Línea de fuego’, lo siguiente: «ni es la gran novela sobre la guerra civil española que el autor quiso escribir ni es una novela sobre la batalla del Ebro»… y además le ha dedicado frases tales como «magnesia didáctica que lastra, a veces hasta el bochorno, su credibilidad y la de muchos de sus personajes», «Pérez-Reverte ha acudido a recursos demasiado toscos para que cada cual responda al tipo que necesita su autor», «En tantísimos de esos episodios y diálogos la novela desfallece, flaquea y pierde fuelle».

Yo no sé cuánto tiempo falta hasta que despidan a este pobre muchacho de la nómina de El País (pese a que su grupo ya no posee Alfaguara), pero he de decir que ayer Jordi Gracia me alegró el día, porque no contaba yo con leer una crítica negativa a un lanzamiento tan esperado, después de haber constatado que la crítica literaria en este país (como la cinematográfica) se ha borrado. Lo que sí sé y me esperaba han sido las reacciones al respecto, desde una buena ristra de comentarios (¿por qué no cierran los comentarios de una vez en El País si quieren ser otra vez un periódico serio?) poniendo a parir al pobre crítico por hacer su trabajo, con expresiones tales como «no tienes ni puta idea», «rojo», etc… Y también me esperaba lo que por desgracia ha sucedido: la reprobación por Twitter de Juan Gómez-Jurado a ese mismo crítico, dejando muy clara su falta de clase.

Sí, estamos en un país en que un novelista se permite el lujo de cuestionar públicamente a un crítico para defender a otro novelista amigo suyo. Algunos verán en esto algo normal, lógico o hasta defendible. No lo es. Lo que debería hacer El País es publicar un editorial para defender a su crítico y para lamentar la falta de respeto de la industria editorial hacia la crítica seria. Como no sé si lo va a hacer (y no creo que lo haga) ya me pongo yo con estas líneas que cada vez leen más personas al día. Porque según ese fraude editorial y literario que es Juan Gómez-Jurado «Lo que al crítico de El País le jode es que la novela no sea un panfleto, tal y como deja muy claro el último párrafo. “La lucha del bien contra el mal”. A lo mejor los lectores ya son demasiado inteligentes como para creer según qué cuentos.» No miento ni cambio una coma:

Me gusta eso de que los lectores ya son demasiado inteligentes (debió escribir «son ya»). Ya volveré a eso luego. El caso es que Juan Gómez-Jurado, además de pésimo novelista es también crítico literario (según él, con matrícula de honor), y ha escrito una página en El Correo titulada nada menos que «Reverte Eterno», glosando las virtudes de lo que él considera una obra maestra, una catedral literaria, y cosas por el estilo. Ni una sola mención al cómo, sólo al qué (tal como me señalaba Javi Gallego), no solamente porque eso está lejos de las capacidades de este chaval, sino porque ahí está el quiz de la cuestión, como se suele decir. No da un sólo argumento en una «crítica» muy mal estructurada, por cierto:

En realidad son tres párrafos muy mal escritos que parecen algo importante así organizados. Sí, voy a críticar la crítica de un escritor que cuestiona a los críticos y luego escribe estupideces para los amigos. El primer párrafo sobre todo necesita de una revisión urgente, que habría hecho un verdadero periodista o crítico para no quedar como un inútil (como tantos otros que he conocido yo en blogs de cine). Porque en un mismo párrafo no se pueden meter tantas ideas juntas y tan mal armadas. Un párrafo es una cápsula, un conjunto cerrado en sí mismo, no una lata de sardinas. Y, por lo demás, esto no es una crítica, sino un comentario desaforado a un amigo venerado, y una protección de un status quo que por nada del mundo debe ser puesto en duda.

Lo más gracioso de todo es que Pérez-Reverte se lo ha agradecido, y le ha dicho que está en deuda con él. Por una «crítica» (o lo que sea) positiva a su libro. Es decir, para que nos entendamos todos: el escritor más vendido de este país le ha agradecido públicamente a otro escritor famoso que escribiera algo positivo sobre su trabajo, después de que el crítico de El País Babelia dejara claro lo que muchos pensamos hace ya mucho tiempo. Después, ha añadido que «a Pozuelo Yvancos sí le ha gustado». Claro, Pozuelo Yvancos lleva dos décadas diciendo que Pérez-Reverte es poco menos que Cervantes resucitado sin que se le caiga la cara de vergüenza.

Si esto no es el ejemplo perfecto del patetismo de algunos triunfadores, que alguien me diga lo que es. Si Pérez-Reverte fuera tan duro y tan grande como dicen y como él mismo proclama, le resbalaría una crítica negativa (y si fuera un tipo honesto y con clase, incluso la recibiría con deportividad y serenidad), del mismo modo que no se dejaría adular por críticas positivas. Pero resulta que no lo es. Que no es más que una criatura enternecedora. Lo que por estos lares se llama «un moñas». Me lo imagino ahora mismo en su casa con las pantuflas y el vaso de leche. No me cuadra esa imagen con la del viejo veterano de dieciocho guerras, que ha llegado a afirmar de sí mismo que es «un hombre peligroso». No me cuadra en absoluto. Tampoco con el Gómez-Jurado de escudero (hay que buscárselos con más empaque, Don Arturo). Pero supongo que ahora el empaque intelectual se ha visto sustituido por los cientos de miles de seguidores en Twitter, y a los críticos hay que hacerles callar a base de masajes verbales que acallen el ego desmedido del narcisista más patológico que ha conocido nuestra historia editorial.

Porque, en efecto, los lectores «son ya» demasiado inteligentes como para creerse este cuento. No todos, claro. Pero tiempo al tiempo. La tontería se cura, pero el cinismo no. Y hay que ser muy cínico para creer que en La Guerra Civil todos eran iguales. Ese discurso que consiste en poner en el mismo saco a víctimas y verdugos participa de una ideología perversa que pretende, de manera sutil, blanquear un Golpe de Estado y una dictadura sangrienta. No hay término medio, como no lo hay entre un agresor machista y su pareja. Una panda de generales se levantó en armas contra un gobierno imperfecto (como todos) pero legítimo. Y lo que tuvo lugar después fue un genocidio (aniquilación o exterminio sistemático y deliberado de un grupo social por motivos raciales, políticos o religiosos). Así de claro. Defenderse de esta gente, matar a todos los que se pudiera, era un acto legítimo (este sí). Y si hubiéramos tenido suerte, tendrían que haber matado a todos los fascistas, sin dejar a ninguno vivo, y nos habríamos ahorrado cuarenta años de represión y otros cuarenta años de una democracia de muy baja calidad, en la que los hijos y los nietos de esos fascistas siguen en la misma sociedad envenenándola y deseando volver al franquismo o a algo similar, mientras claman palabras que les quedan demasiado grandes, como libertad o democracia.

Si este fuera un país con un poco de decencia, todos esos fascistas serían acallados, multados, encarcelados o expulsados, los partidos políticos que los defienden y de los que extraen votos (PP, Ciudadanos y VOX) serían disueltos y se les obligaría a entregar sus actas, y a los que les blanquean (Pérez-Reverte, Gómez-Jurado) no se les comprarían sus libros ni se les enriquecería de ninguna otra manera, porque son cómplices intelectuales de un golpe de estado y de un genocidio. Pero no somos ese país. Y al final es posible, quién sabe, que volvamos a las trincheras. Y, ¿saben lo que les digo?, que ojalá no volvamos a ellas, pero si volvemos tendremos una segunda oportunidad de acabar con ellos, con todos, de una puta vez.

9 comentarios en “El patetismo de algunos triunfadores: Pérez-Reverte y Gómez-Jurado

  1. Estos miserables siempre tienen de su parte a los que manejan el cotarro, o sea a las élites, mejor que las trincheras esperemos un poco, seamos pacientes que ya están viejos y nos dejarán pronto tranquilos, ¡¡que vergüenza de paniaguados ¡¡ Se hacen ricos y siguen dando por saco con sus cuentos chinos¡¡, recientemente unas decenas de intelectuales y políticos chupones vendidos al franquismo han firmado un documento de apoyo al preparado, el hijo del Campechano mangante. Son todos muy viejos amigo y han hecho tanto ya el ridículo que se quieren morir y tener ellos la razón, pero saben perfectamente que no es así, ninguno es tonto del todo pero son cínicos y psicopatas.

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  2. Mi reflexión y pregunta va por los siguientes derroteros: críticas a los fascistas cuyos partidos políticos los defienden y extraen votos (PP, Ciudadanos y VOX), pero sin embargo, el Gobierno actual con Psoe, Podemos y demás grupos proetarras (Bildu) e independentistas que precisamente amenazan con destruir la soberanía nacional e integridad territorial de este bello país, incitando ¿no crees que tanto un extremo como otro son igualmente culpables? Al margen de que si PP y Psoe no hubiesen sido tan corruptos e incompetentes, no estaríamos en la situación de lucha de poderes políticos al más puro estilo Juego de Tronos. Quizás me equivoque pero vamos, comunismo y fascismo son 2 extremismos que no deben darse en una democracia igualitaria y justa. Entiendo que estás de acuerdo ¿no?

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    1. El comparar fascismo y comunismo es una falacia en la que yo mismo caí en un pasado. El comunismo no es necesariamente totalitarista, a pesar de que tenemos sobrados ejemplos que parecen desmentir esto, pero el fascismo sí.

      Se suele decir que los extremismos son malos. Me parecen lugares comunes. Malos son los malos, los que niegan derechos, los que van en contra de las minorías, los supremacistas, los machistas, los antiabortistas y un montón de «istas».

      La izquierda es, simplemente, pensar para el pueblo, y la derecha es pensar para las élites. Nada más. Que luego en la izquierda hay fanáticos y locos.. pues sí. Pero eso no implica nada necesariamente negativo para la izquierda.

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