Apropos of Nothing

Hace más de quince años, Woody Allen ya coqueteó con la idea de escribir una autobiografía. Frisaba los setenta, la tormenta del supuesto abuso sexual parecía haber remitido, y en general la idea de escribir un libro de memorias parecía ya lo suficientemente atractiva. Pero por la razón que fuese tal libro de memorias no se hizo realidad. Ha tenido que llegar el año de la Puta Pandemia y de la explosión final del #MeeToo para que se decidiera a hacerlo. Y el resultado es este ‘Apropos of Nothing’, que aquí se ha titulado traduciéndolo literal, ‘A propósito de nada’. Es un volumen magníficamente editado, con una elegante portada en blanco y negro que recuerda a los títulos de crédito de sus películas, algo acentuado por la rotulación de su nombre y del título. Unas memorias bastante voluminosas (cuatrocientas y pico páginas), que no llegan a ser tan densas o prolijas como para ahuyentar al potencial lector. Y creo que a grandes rasgos su lectura ha merecido sobradamente la pena.

Los que me conocen un poco, porque ya llevan un tiempo leyéndome, saben de sobra que Woody Allen nunca ha sido uno de mis directores predilectos. Es decir, no está en mi panteón de los veinte grandes cineastas de la historia. Ni siquiera vivos. Eso no quiere decir que yo desprecie, ni siquiera que ningunee, sus películas. Desde luego, es un cineasta más que interesante, que durante cinco décadas no ha parado de trabajar (logrando algunos filmes notables y otros simplemente pasables), y que por méritos propios se ha convertido en un referente ineludible, y no sólo en el ámbito de la comedia, del cine de EEUU. Allen es un creador autodidacta que ha sobresalido en su campo por puro ingenio y descaro, sabiendo minimizar sus carencias y explotar sus no pocas virtudes, rodearse de los mejores talentos interpretativos o técnicos, y fraguar una obra que va a perdurar. Sin embargo para mí, gran parte de su trayectoria (no toda, afortunadamente), es demasiado deudora de sus dos grandes gurús: Ingmar Bergman y Federico Fellini, hasta el punto de que muchas secuencias y soluciones narrativas son verdaderos calcos de las películas de esos grandes genios. Me ocurre que estoy viendo una película suya y me digo: “eso es Fellini”. Y veo otra y digo: “eso es Bergman” (además, con su operador habitual, Sven Nykvist). En otros filmes sí veo a un Allen más compacto y con sus influencias mucho mejor, más orgánicamente, asumidas. Y yo creo que son sus mejores filmes: hablo de ‘Zelig’ (1983) ‘Manhattan Murder Mistery’ (1993), ‘Bullets Over Broadway’ (1994), ‘Deconstructing Harry’ (1997), ‘Match Point’ (2005), ‘Blue Jasmine’ (2013).

Ninguna de ellas, bajo mi muy particular y por tanto prescindible punto de vista, una obra maestra gigantesca, pero sí filmes formidables, elegantes, inteligentes, en ocasiones singulares y personalísimos. No he visto, por desgracia, la que él considera la mejor de sus películas (al menos eso dice en este libro) ‘Wonder Wheel’ (2017), pero la veré en cuanto tenga ocasión. A su carrera, como no puede ser de otra manera, hace un repaso Allen en este volumen, desde la primera hasta la última película, pero en realidad hace un repaso a su vida entera, con decenas, puede que centenares de detalles que se pregunta uno cómo diablos se acuerda con tanta exactitud de lugares y fechas. Nos habla de su niñez, de su juventud, de sus primeros intentos de comediante y escritor. Y lo hace tan bien como en sus películas: con sentido del ritmo, sin aburrir en ningún momento, saltando de un lado a otro con gracia y desparpajo, gustándose pero tampoco demasiado, soltando algunos de sus chistes de tahúr profesional de la palabra, pero sin hacerse el graciosillo, a lo largo de páginas y páginas que son como un torrente, sin capítulos ni epígrafes de ninguna clase, valiéndose solamente de espacios entre párrafos cada vez que quiere tomar aire. Y por supuesto, por si alguien todavía lo dudaba, habla del espinoso tema con Mia Farrow, Dylan y Ronan.

En algún momento llega a insinuar que espera que el lector no haya comprado el libro por esa razón, pero yo ahí ya no sé si se engaña, si bromea de la manera más cínica imaginable, o si lo dice totalmente en serio. Él debe saber que mucha gente lo comprará por eso. Para saber más de su vida y para conocer de primera mano su impresión sobre su propio trabajo y sus avatares personales, pero principalmente para dar su versión de unos hechos que han dado la vuelta al planeta y que han cambiado la vida de muchas personas desde que llegó la tormenta mediática a finales de 1992. Y claro que lo hace. De hecho ocupa una buena parte del libro, y llega determinado momento en que pide perdón por haber empleado tantas páginas en ese tema. Sin embargo lo hace muy bien, porque enlaza varios años de vida profesional con esa tormenta personal que lo ha llevado a ser uno de los artistas más detestados del planeta desde hace ya no pocos años. Lo llamativo de esto es que son precisamente esas páginas, en las que se refiere a la falsa acusación (desde su versión de los hechos) de Mia Farrow, las más apasionantes y desgarradoras del libro, más allá de los hechos escabrosos que cuenta. Lo son por la forma en que los cuenta, por la manera en que se abre en canal y narra sucesos personales de los que nunca había hablado en público, salvo alguna carta publicada en la prensa.

Y lo hace tan bien, y con tanta persuasión, que es muy difícil no creerle. Sea cual sea la verdad, es importante lo que dice en cierto punto: que muchos que se posicionaron contra él en realidad no sabían nada sobre el tema y que habría sido más honesto por su parte que no se pronunciaran al respecto. En realidad el caso Farrow-Allen es el espejo perfecto de la hipocresía y la cerrazón de estos tiempos, a la vez que expone el puritanismo y la corrección política de EEUU, y el mundo globalizado y basado en rumores en el que vivimos ahora mismo. Mucha gente sigue creyendo que Soon-Yi Previn era su hija, y que era menor de edad cuando comenzaron su romance, así como que él estaba casado con Mia Farrow y que no existe el menor atisbo de duda de que él abusó de su hija Dylan cuando tenía 7 años. Las tres primeras cuestiones son falsas, y es muy probable, casi seguro, que la cuarta también. Nunca se acusó formalmente a Allen (porque las personas encargadas de dilucidar tal cosa afirmaron, por unanimidad, que nunca tuvo lugar ningún abuso a la niña), pero para muchos ya estaba dictada la sentencia.

Lo fascinante, al menos para mí, de este libro, es que Woody Allen traza un retrato de Mia Farrow absolutamente devastador que tiene muchos visos de ser real. Es muy probable que quien no haya estado en una relación destructiva con una persona tóxica no pueda verlo, ni entenderlo, y piense que el dibujo que hace Allen de Farrow es hiperbólico e interesado. Pero quienes sí hayan tenido ese tipo de relación reconocerán todos los síntomas y asentirán con la cabeza ante cada señal de alarma que el narrador cuenta en su biografía y ante la terrible venganza que Farrow despliega contra él por el hecho de haberse liado con su hija adoptiva y haberla dejado a ella de lado. Lo que Woody Allen nos cuenta ahí es una verdadera historia de terror, de lavado de cerebro, de odio irracional, corroborada por las cuidadoras de los niños y por su propio hijo, Moses. Todo cuadra con una personalidad narcisista y manipuladora de manual. Y Allen, al final, no perdona todo eso sino que continúa con su vida y da la sensación de que no habría escrito este libro si en 2014 Dylan Farrow no hubiese salido de nuevo a afirmar que había sido violada de pequeña.

Algún día alguien escribirá una novela o dirigirá una película basada en este enorme drama que fue la ruptura de Allen con Farrow, y el idilio de Allen con Soon-Yi. Aunque seguramente será en un estilo muy diferente al de este veterano y ya legendario cineasta. Será algo más parecido a Michael Haneke o David Cronenberg.

9 comentarios en “Apropos of Nothing

  1. Estoy leyendo A propósito de nada y es una maravilla absoluta, afortunadamente aquí no creo que leamos por el morbo de su relación, divorcio y escándalo -en Estados Unidos quizás sí pero aquí admiramos su obra y su papel como personaje público queda muy por detrás. Buen artículo , gracias, precisamente llevo media tarde de entrada en el nuevo túnel de estado de alarma con Allen y una de las playlists inspiradas en su cine que hay por ahí. Mantengamos el humor y el ánimo autodidacta, como él

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