Los 5 verdaderos triunfos del escritor

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Recientemente, siendo testigo de la enésima trifulca de varios tuiteros acerca de la obra de Pérez-Reverte, ha vuelto a mi mente la pequeña lista de triunfos que yo considero son los verdaderos de todo escritor. Resulta que una tal Persephone from the Underworld (ya te podías haber buscado un nombre más corto, amiga) escribió lo siguiente:

A lo que una horda (¿existe una palabra mejor para definirles?) de individuos, todos ellos, o la mayoría, probablemente admiradores irredentos del murciano (seguramente si que son grandes conocedores de la literatura universal, no me cabe la menor duda de ello…), le respondieron con una preciosa retahíla de tuits en los que le decían de todo menos bonita. Muchos de ellos alegaban que cómo se atrevía a meterse con un señor que ha vendido quince millones de ejemplares de sus libros en todo el mundo, como si eso fuera un valor en sí mismo. Otros le decían que tan mal no está el párrafo o que un día tonto lo tiene cualquiera. Y bueno en general se reían de ella por sus pretensiones de ser escritora, repitiendo que este tipo ha sido reportero veinte años y es miembro de la RAE, que es una ignorante, una ridícula, fantoche, niñata y un largo etc… Sólo algunos se quedaban perplejos de que este supuesto gran escritor fuera capaz de pergeñar semejante abominación de página. Entre ellos un hombre al que yo conocí (y que es un tipo estupendo, realmente) y con el que compartí esfuerzos en una revista ahora desaparecida, que le conoce en persona, y que no salía de su asombro, llegando a dudar de que la página realmente perteneciera a ese libro y por tanto a nuestro glorioso escritor, y obligando a la susodicha a tener que subir un vídeo mostrando que no había ni trampa ni cartón (hay que buscar mejores compañías, Arístides).

Lo cierto es que esta muchacha, sea quien sea, tiene mi respeto: últimamente muy pocos se atreven a decir que el rey está desnudo, y cuando se atreven son abucheados, aplastados y acallados de forma salvaje por la masa de aborregados (miles de ellos) que no pueden permitir que nadie dude de su ídolo. Porque además tiene razón: cualquier persona con un poco de talento narrativo, de gusto por la literatura, de capacidad de escritura más básica, puede hacer algo mejor que esa porquería de página y que la mayoría de las que forman parte de los libros de ese caballero. Lo fácil es alinearse con los poderosos, con los influyentes, con los que todo el mundo rinde pleitesía, y lo difícil ser valiente y decir las cosas como son. Y me temo que todos esos que esgrimían las grandes ventas de Pérez-Reverte como un hecho objetivo de su grandeza se equivocaban completamente. Haber vendido millones de ejemplares no te hace un buen escritor. Ni siquiera un escritor decente. Te hace acreedor, a la vista está, de que los descerebrados de este mundo, que son legión, piensen tal cosa. Algunos, como Ken Follett, lo saben perfectamente pese a estar en el juego. Otros… otros no tanto.

El triunfo de un escritor nunca consiste en vender millones de ejemplares. De hecho, suele ser, casi siempre, indicativo de que algo no va del todo bien. Si gustas a tanta gente, en una sociedad con tan escasos valores literarios arraigados, lo más probable es que tus libros no sean buenos. No es seguro, pero es lo más probable. Y un verdadero escritor nunca busca eso. He aquí los cinco verdaderos triunfos del escritor, y luego una leve apreciación al respecto:

Terminar el libro

Que el libro sea bueno, que albergue verdadera literatura

Que te publiquen el libro en una editorial capaz de colocarlo en cualquier librería

Que el libro impacte al público, a la crítica y a la sociedad en su conjunto

Que el libro perdure

Los dos primeros, en rojo, son responsabilidad exclusiva de todo escritor. El resto no. El resto depende la suerte. De estar en el momento propicio en el lugar oportuno, de conocer a las personas debidas, de que lea tu manuscrito ese editor dispuesto a creer en ti, de que sea una época en la que se den oportunidades. Por desgracia, la mayoría de escritores que conoce el público mayoritario, solamente han cumplido el primero y el tercero de esos cinco puntos, y desde luego sólo van a impactar un tiempo limitado, y sus trabajos no van a perdurar.

Muchos, supongo, nos podríamos conformar con esos dos primeros puntos, que para muchos son inalcanzables por diversos motivos. No dejaremos de intentar, por supuesto, que el tercero, e incluso el cuarto, tengan lugar. Para el quinto hay que esperar cien o doscientos años y por lo general ningún escritor es tan longevo. Pero si existe algún aspirante a escritor, un escritor de verdad, estoy seguro de que estará de acuerdo conmigo. Sólo los malos escogen en la balanza entre las dos opciones supremas: ser seguramente un mal escritor que a lo mejor gane mucho dinero, o ser muy probablemente un escritor pobre que a lo mejor consigue una buena novela o un buen libro de cuentos o un buen poemario.

Y esa decisión se toma todos los días.

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