LITERATURA

100 ó 200, pero seamos serios

Comentaba ayer lo de la famosa biblioteca perfecta que Zenda Libros y XlSemanal (capitaneados por el generalísimo Pérez-Reverte) habían confeccionado con el voto inicial de 133 personalidades de la cultura y la vida pública (sean lo que sean ambas cosas), voto luego ampliado a las miles anónimas que quisieran participar, y comenté que entre hacer eso y nada, lo mejor es no hacer nada, y que en ese caso en concreto, se trata de otra estrategia comercial encubierta para cubrirse unos a otros y para ningunear a los que verdaderamente cuentan: los críticos y teóricos literarios. ¿Se le preguntaría a la gente, o a Pablo Casado, cuál es el edificio mejor diseñado y construido? ¿O se le preguntaría a la gente cuáles son las sinfonías más perfectas de la historia de la música? Pues esto es lo mismo, pero resulta que en literatura y en cine, por alguna extraña razón, cuenta más el voto de la gente que el de los profesionales en la materia.

Sea como fuere, preguntarle a quien sea, válido o no, cuáles considera que son los 10 libros imprescindibles de una biblioteca con el objetivo de formar una de ciento y pico títulos es absurdo. Habría que preguntar a cada uno, creo yo, cuáles son los 100 que ellos consideran que deberían conformar la biblioteca perfecta entera. Si sólo das 10 imposible. Además, ¿cómo elegir 10? Si entre esos 10 es imposible no introducir estos:

El Quijote, de Miguel de Cervantes
La divina comedia, de Dante Alighieri
La Ilíada, de Homero
La Odisea, de Homero
La Eneida, de Virgilio
Edipo Rey, de Sófocles
El Decamerón, de Giovanni Boccaccio
Obra poética de Francisco de Quevedo
La celestina, de Fernando de Rojas
Lazarillo de Tormes, de autor anónimo

Y esto sólo para empezar… Si te piden diez y no nombras a la mayoría de estos libros, te estás engañando y estás engañando a los lectores y tomando a la literatura por una entelequia. De estas creaciones literarias, y de muy pocas más, surge la genealogía, el ADN, de todo lo posterior. No es cuestión de que sean «las mejores», es que son «las más importantes». De modo que van a los 100 de forma obligatoria. La literatura, tal como la conocemos nace en Grecia hace casi 3.000 años, en el seno grecolatino, y de ahí pasa a Roma, y de ahí a Hispania, que fue la que más y mejor la exportó al mundo entero, tanto física como conceptualmente. Pero por supuesto no podemos quedarnos ahí, porque si tomamos ese punto de partida, habría que ir a otro, y si bien ‘La Eneida’ es la respuesta romana a Homero y aún así de ella nace casi toda la literatura de aventuras posterior, debemos nombrar:

Los cuentos de Canterbury, de Geoffrey Chaucer (como respuesta anglosajona al Decamerón)
Obra teatral de Lope de Vega
Obra teatral de Tirso de Molina
Obra teatral de Calderón de la Barca
Diálogos, de Platón
Poética, de Aristóteles
Vidas paralelas, de Plutarco de Queronea
Cancionero, de Petrarca
Obra trágica de Séneca
Las confesiones, de San Agustín de Hipona

Esto para cubrirnos un poco las espaldas, pero si seguimos tirando del hilo seguimos con libros tan inevitables como estos:

Orlando enamorado, de Matteo Maria Boiardo
Orlando furioso, de Ludovico Ariosto
La expulsión de la bestia triunfante, de Giordano Bruno
El príncipe, de Nicolas Maquiavelo
Principios de una ciencia nueva, de Giabattista Vico
Cántico espiritual, de Juan de la Cruz
Obra poética de Sor Juana Inés de la Cruz
Gargantúa y Pantatruel, de François Rabelais
Obra teatral de Molière
Poema de Mío Cid

Con esto ya llevamos 30 títulos que en realidad son bastantes más. Quizá nos estemos olvidando de algunos que no son de la esfera grecolatina o cercanías, y que son esenciales en muchos sentidos, y de otros libros de la época renacentista y barroca que jamás deben quedarse en el tintero:

Beowulf
El cantar de los nibelungos
Parsifal, de Wolfram Von Eschenbach
El libro de las mil y una noches
Gilgamesh (quizá el primer relato conservado)
Las vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos, de Giorgio Vasari
Cuaderno de notas, de Leonardo da Vinci
Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique
El paraíso perdido, de John Milton
Fausto (primera y segunda parte), de Johann Wolfgang Von Goethe
Rimas y leyendas, de Gustavo Adolfo Bécquer
Don Juan Tenorio, de José Zorrilla
Los sueños, de Francisco de Quevedo
Pensamientos, de Blaise Pascal
Las confesiones, de Jean-Jacques Rousseau
María Estuardo, de Friedrich Schiller
Atalá y René, de François-René de Chateaubriand
Obra cuentística de Guy de Maupassant
Obra teatral de Henrik Ibsen
Obra teatral de August Strindberg
Obra poética de William Blake

Y con esto podríamos ir calentando, es decir, empezando, y ya hemos sobrepasado el medio centenar de obras. Tirando de los hilos de estas obras podemos (es lo que yo estoy intentando hacer ahora), tirar del hilo y extraer muchas más obras imprescindibles, y aún hemos llegado apenas al siglo XIX. Ahora empieza la era de las novelas tal como las conocemos hoy día, con algunas cimas, y las plazas para esa hipotética «biblioteca perfecta» de cien o doscientos títulos empiezan a apretarse cada vez más y a hacer muy difícil no sólo la elección de 150 ó 200 libros cerrados, sino a introducir títulos modernos, y mucho menos los que algunos de la lista de XLSemanal tuvieron los redaños de nombrar:

Crimen y castigo, Los demonios, El idiota, Los hermanos Karamazov, El jugador, de Fiódor Dostoyevski
El renacimiento, Apreciaciones, de Walter Pater
Cumbres borrascosas, de Emily Brontë
Frankenstein, o el moderno Prometeo, de Mary Shelley
Guerra y paz, Ana Karenina, Resurrección, Los cosacos, de Lev Nikoláievich Tolstói
Obra cuentística de Lev Nikoláievich Tolstói
Obra teatral, poética, ensayística y cuentística de Oscar Wilde
El doctor Jekyll y Mr. Hyde, La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson
Obra cuentística de E.T.A. Hoffman
Obra teatral, poética y novelística de Aleksandr Pushkin
Obra teatral y cuentística de Anton Chéjov
Hojas de hierba, de Walt Whitman
Moby Dick, de Herman Melville
Drácula, de Bram Stoker
Obra cuentística de Edgar Allan Poe
Madame Bovary, de Gustave Flaubert
Fortunata y Jacinta, de Benito Pérez Galdós
La regenta, de Leopoldo Alas «Clarín»
Obra ensayística de Ralph Waldo Emerson
Obra ensayística de Henry David Thoreau

Yo creo que con la obra casi completa de algunos autores hemos superado o estamos a punto de superar los 100, pero llega el siglo XX:

Vida de Gogol y otros relatos, de Tommaso Landolfi
Obra poética, de Eugenio Montale
Todo modo, de Leonardo Sciascia
La conciencia de Zeno, de Italo Svevo
Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino
Niebla, de Miguel de Unamuno
Obra ensayística y crítica de Miguel de Unamuno
Obra poética de Juan Ramón Jiménez
Obra poética de César Vallejo
Obra poética de Fernando Pessoa
Obra poética y crítica de Paul Valéry
Obra teatral de Eugene Ionesco
Malloy, Malone Muere, El innombrable
, de Samuel Beckett
Obra teatral y crítica de Samuel Beckett
Ulysses, Retrato del artista adolescente, Dublineses
, de James Joyce
La señora Dalloway, Al faro, Orlando, Las olas, Entre actos, de Virginia Woolf
Contrapunto, Un mundo feliz, de Aldous Huxley
Obra poética de Rainer Maria Rilke
Los sonámbulos, La muerte de Virgilio
, de Hermann Broch
El hombre sin atributos, de Robert Musil
La montaña mágica, Los Budenbrook, José y sus hermanos, Doktor Faustus, La muerte en Venecia, de Thomas Mann
Obra cuentística de Franz Kafka
El juego de los abalorios, El lobo estepario, Shiddharta
, de Hermann Hesse
Iluminaciones, de Walter Benjamin
Archipiélago Gulag, de Aleksandr Solzhenitsyn
Obra poética de Boris Pasternak
Obra poética de Marina Tsvetáyeva

Pedro Páramo, de Juan Rulfo
Leyendas de Guatemala, de Miguel Ángel Asturias
La saga/fuga de JB, de Gonzalo Torrente Ballester
El ruido y la furia, Mientras agonizo, Santuario, Luz de agosto, Absalom Absalom!, Las palmeras salvajes, El villorrio, de William Faulkner
Obra cuentística, de William Faulkner
Lolita, Pálido fuego, de Vladimir Nabokov
Meridiano de sangre, de Cormac McCarthy

Y todo esto sería sólo lo básico, básico, sin meternos más que en occidente, sin indagar nada en Asia, sin profundizar de verdad en filosofía y ensayística en general. ¿Alguien se puede creer que antes que cualquiera de estas cimas se puedan poner los títulos de Antonio Orejudo, de Alberto Guillén, de Michel Houellebecq, de Karl Ove Knausgård, de Michel de Montaigne, de Mario Vargas Llosa, de Carmen Laforet, de Haruki Murakami o de gente así? Por no decir los que en aquella lista habían incluido un libro de Arturo Pérez-Reverte… ¿Pero alguien en su sano juicio, con una gota de sentido común y buen gusto puede ignorar alguna de las citadas en la esta lista e incluir alguna de estas? Seamos serios, por favor.

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