CINE

John Carpenter, The Master of Horror

Se habla mucho, entre la cinefilia más purista, de la carrera de cineastas como Billy Wilder o Alfred Hitchcock como ejemplos de grandes autores que se apagaron cuando podían haber dado más de sí (no estoy yo muy de acuerdo con eso, aunque quizá por otros motivos a los habituales…) y poco en ese sentido respecto a otros directores, en este caso estadounidenses, que también han dado de sí mucho menos de lo que nos habría gustado, como John McTiernan, Francis Ford Coppola (que lleva más de dos décadas fuera de cuadro) y por supuesto John Carpenter, que desde 1998, fecha en la que cumplía solamente 50 años, ha filmado dos únicas películas (la estimulante y por momentos muy brillante ‘Ghosts of Mars’ y la muy digna ‘The Ward’), además de la serie ‘Masters of Horror’ (2005-2006) y es altamente improbable que vuelva a dirigir nada, lo que de por sí representa una verdadera pena para todos los amantes del cine de aventuras en general y del horror, la fantasía oscura y la sci-fi en particular, y un signo más de estos tiempos absurdos en el que los grandes maestros quedan relegados en favor de jóvenes que en el mejor de los casos todavía tienen mucho que demostrar.

De Carpenter Enrique Urbizu dijo que era el tipo que mejor planifica y dirige del mundo, y es posible que tenga mucha razón. Solamente por eso podríamos situar al neoyorquino entre los mejores realizadores de su generación, pero Carpenter es mucho más que un excelso narrador. Confeso admirador de Howard Hawks, ha dicho muchas veces que en realidad todos sus filmes son westerns, y es correcto. Carpenter es uno de los grandes narradores de aventuras y de westerns del cine norteamericano porque filme a filme, incluso en los menos logrados o sólidos de todos ellos (si exceptuamos el tremendo error de ‘Memorias de un hombre invisible’ (‘Memoirs of an Invisible Man’, 1992), que en ningún caso invalida su carrera) ha dejado su impronta y su personalísima y desengañada mirada no solamente hacia el western o la aventura, sino hacia la soledad estadounidense y el cine mainstream de ese país, convirtiéndose en un outsider y en casi un disidente a costa de su propia continuidad en la industria. Porque Carpenter es como sus personajes, o sus personajes son como él, lo que demuestra que su cine y su vida es lo mismo, algo a lo que todo gran artista debería aspirar, y en su cine la forma y el contenido se funden en una sola cosa: una declaración de principios, una provocación sutil y elegante ante la que el espectador ya no puede ser inocente.

La maravillosa carrera de John Carpenter, ahora olvidada (y cuando se acuerdan de ella es para minusvalorarla), está compuesta de algunos trabajos para televisión y sobre todo de dieciocho largometrajes con los que Carpenter participó de la regeneración de la visión de la violencia en el cine de EEUU en los años setenta con la tremenda ‘Asalto a la comisaría del distrito 13’ (‘Assault on Precinct 13’, 1976), en la creación de los filmes slasher con el mejor de todos ellos, (‘La noche de Halloween’ (‘Halloween’, 1978), además de ayudar en la configuración del cine de acción y aventuras en los años ochenta con el excelente ‘1997: rescate en Nueva York (‘Escape From New York’, 1981) y la muy estimulante e intensa ‘La niebla’ (‘The Fog’, 1980), para empezar. Consiguiendo además algunos clamorosos éxitos de taquilla que habrían asegurado la carrera de muchos otros directores. Eso bastaría para ganarse el respeto de cualquier cinéfilo que se precie, pero además en los años ochenta filmó sus tres obras maestras: la impresionante ‘La cosa’ (‘The Thing’, 1982), la pasmosa y en cierto sentido revolucionaria ‘El príncipe de las tinieblas’ (‘Prince of Darkness’, 1987), y la insuperable, humilde y muy infravalorada ‘Están vivos’ (‘They Live’, 1988).

Resulta muy tentador situar la carrera de John Carpenter al lado de la de Steven Spielberg, porque ambos son de la misma generación, nacidos solamente con dos años de diferencia (Spielberg es dos años mayor), y porque en su trayectoria han confluido marcos conceptuales similares, aunque tratados de muy diferente forma. Pienso por ejemplo en la serie de Indiana Jones como oposición a la serie de Snake Plissken, o en ‘E.T, el extraterrestre’ como oposición a ‘La cosa’, y además estrenada dos semanas antes. Pero mientras Spielberg es uno de los directores más famosos de la historia, y de mayor éxito económico, y su trayectoria no se ha visto truncada sino premiada por la industria, la de Carpenter ha experimentado todo lo contrario. Pero con la gran diferencia de que Spielberg no ha filmado una sola obra maestra en su vida, y sus filmes nombrados, como la mayoría de los suyos, pese a estar muy bien hechos y muy inteligentemente presentados, no son otra cosa que ficciones idealizadas, de ilusiones bienintencionadas, mientras que ‘Escape from New York’ y ‘La cosa’ son relatos mucho más oscuros, críticos con la sociedad y el ser humano, y de conclusiones mucho más pesimistas. Cierto que pocos años después Carpenter hizo la estimable ‘Starman’ (1984), que era mucho más optimista que ‘La cosa’, pero incluso en aquella se ofrecía una visión terrible de la naturaleza humana, con una melancolía y una desesperanza manifiestas, cosa que no podemos dejar de agradecerle a Carpenter, por valentía y por honestidad.

También existen los que quieren comparar ‘Alien’ (1979), el famoso filme de Ridley Scott, con ‘La cosa’, siendo quizá poco conscientes de que el filme de Scott en cierto sentido nace como respuesta mucho más sofisticada al primer filme de Carpenter, el sorprendente ‘Dark Star’ (1974), y que una vez más, mientras ‘Alien’, pese a albergar no pocas virtudes estéticas y narrativas, y algunos momentos verdaderamente siniestros, es un filme que en ningún momento establece una visión del ser humano entre los caracteres que forman sus personajes y cuyo discurso es, al final, positivo, porque termina bien, mientras la obra maestra de Carpenter, ‘La cosa’, es un magistral estudio de personajes, una mirada terrible a las debilidades humanas, y con el final más terrible y desesperanzador posible. No existe filme de su clase superior a ‘La cosa’, y muy pocos equivalentes en fuerza estética y sabiduría narrativa. Pero tampoco existen muchos de la altura del muy ninguneado y hasta despreciado ‘El príncipe de las tinieblas’, que es un filme al que cabe la palabra perfección, en su planifiación, su montaje, su ritmo y su memorable y despiadado final. Así mismo, pocos filmes más irónicos e inteligentes, además de mejor filmados, con un presupuesto irrisorio, que ‘Están vivos’, que alcanza algunos paroxismos de atmósfera y de tensión que muy pocos cineastas, y desde luego ninguno de la órbita de Ridley Scott, puede lograr.

Filmes posteriores no brillaron a esta altura, pero demostró de nuevo su magisterio absoluto en lo narrativo incluso en filmes menores como ‘En la boca del miedo’ (‘In the Mouth of Madness’, 1994), que era una estupenda crítica a la literatura de terror más prescindible, o en ‘Vampiros’ (‘Vampires’, 1998), una muy pobre adaptación de la estupenda novela en la que Carpenter filma algunos de los mejores momentos de su carrera, logrando además uno de sus mejores westerns en ‘Fantasmas de Marte’ (‘Ghosts of Mars’, 2001), quizá su última gran película plenamente carpenteriana. Por su enfrentamiento con los grandes estudios, que no le perdonaron el fracaso de la estupenda ‘Golpe en Pequeña China’ (‘Big Trouble in Little China’, 1986), y su personalidad indomable, se quedó sin opciones demasiado pronto, y se ha negado a seguir aceptando proyectos que rebajasen su filmografía. Ha hecho lo correcto, sin duda, y además ya nos ha regalado muchas horas de puro cine, de puro western, como para reconocerle el mérito los próximos cien años. Y de su sentido de la aventura, de sus pesimistas visiones apocalípticas en su trilogía de obras maestras, se ha empapado el cine estadounidense sin siquiera saberlo. Pero la historia juzgará a unos y a otros.

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