CINE, ENSAYO, LITERATURA, MÚSICA, TELEVISIÓN

La extinción de muchas formas de arte narrativo

Prometo que no va a ser este un ensayo catastrofista ni melancólico. Tampoco uno envasado en rencor o digno de algunos individuos anclados en el pasado. Me voy a limitar a decir lo que hay, sin la menor pena y con la mayor objetividad, porque yo creo que a estas alturas ya podemos ir haciéndonos una idea de dónde estamos y de qué soportes y manifestaciones artísticas han pasado a mejor vida, o están a punto de hacerlo, sin que eso signifique su total desaparición, porque una cosa es extinguirse, en arte, y otra bien distinta desaparecer.

Porque ya habiendo entrado en la tercera década del siglo XXI, y con la humanidad patas arriba, vencida por un ser infinitamente más pequeño que cualquiera de sus individuos, con los ecosistemas seriamente dañados o comprometidos, con el cambio climático convertido en una pavorosa realidad que aún no sabemos si vamos a poder frenar… y sobre todo con la narrativa convertida en moneda de cambio, en simple mercancía al peso, en nada más que un producto (pre)fabricado para el consumo de masas, con la sociedad, por cierto, cada vez más acelerada, más voraz, más necesitada, quizá sin saberlo, de ficción, las viejas formas están empezando a morir si es que no lo han hecho ya. Y si ya se murieron la escultura y la pintura, que son dos artes que a nadie le interesan salvo en circuitos minoritarios, si ya el arte figurativo o todos los «ismos» a los que se refería Ortega y Gasset en su «deshumanización del arte» también pasaron a mejor vida, pues habrá que ir aceptando lo mismo con la música, el teatro, la literatura y el cine.

Insisto, eso no significa que desaparezcan. Esto que tenemos ahora que muchos insisten en llamar «música» y que suena a todas horas en la radio, es un triste reflejo de lo que de verdad es la Música, tal vez el arte más complejo y más extraordinario de todos. Por supuesto que existen excelentes y hasta portentosos músicos en todo el mundo, por supuesto que hay bandas de rock o de otros géneros, incluso electrónicos, realmente buenos, pero son una minoría. La gran industria se lo ha tragado todo y el noventa por ciento de lo que se escucha es una música que no es música. Y peor lo tiene el teatro, por ejemplo, que es un arte narrativo que a nadie le interesa. Como mucho los musicales o los híbridos entre teatro y espectáculo, pero el arte que encandiló a millones de personas en la vieja Europa, al igual que la ópera, está en un proceso de extinción paulatino que quizá le lleve un par de siglos más, pero se exinguirá, quizá engullido por el cine, que es una forma de representación dramática de la realidad mucho más epatante…

El hecho de que se extingan es signo de la profunda especialización que requieren estos soportes narrativos y de la enorme precisión técnica de las denominadas Bellas Artes, que requieren de una academia que las sostenga y de una crítica y un público que les den vida. Con todo, la enorme tradición musical (desde los griegos, nada menos, pero alcanzando su cénit en el barroco y el clasicismo) y teatral (de nuevo desde los griegos, y con el teatro nacional español e inglés) da para muchos siglos de escuchas, lectura, traducción, crítica y reescritura.

En cuanto a la literatura y el cine… pues lo mismo. La literatura, ya por fin fagocitada y convertida en bálsamo para el pueblo, y el cine, que alcanzó su mayoría de edad en la segunda mitad de los años sesenta y en los setenta del pasado siglo, parecen haberse estancado prematuramente, sobre todo en el caso del cine. Lo de la literatura es especialmente sangrante. Tal como dice Maestro en su ‘Crítica de la razón literaria’, «La Literatura siempre contiene sustancias venenosas. Es un discurso cuyos materiales resultan con frecuencia tóxicos para personas singularmente comprometidas, ideologías ansiosas de lo políticamente correcto, grupos minoritarios –pero con pretensiones imperialistas– y siempre adolecentes de hiperautismo gremial.» ¿Puede calificarse de tóxica, de peligrosa o venenosa la literatura actual? En todo caso, en muchas de sus manifestaciones, de amable con el poder, manipuladora sociopolítica e históricamente, y nauseabunda en cuanto a sus formas. Los libros jamás desaparecerán, porque son una especie única de arte y son también soporte de contenidos o ideas, pero la literatura quizá ya haya desaparecido, y los pocos grandes autores que todavía viven, o los que están por venir, estirarán aún más la «vida útil» de la literatura, pero su función, su razon de ser, quizá ya se ha haya extinguido.

En cuanto al cine, que según Coppola «es una forma mágica de literatura», puede que también. En cuanto desaparezcan los últimos grandes maestros (Coppola, Scorsese, Lynch, Malick, Yimou, Miyazaki, Haneke, Von Trier…), ¿quién tomará el relevo? El cine no va a desparecer nunca del todo, pues siempre podrá ser un espectáculo de baja estofa para el pueblo, pero como forma de conocimiento, como escalpelo de la naturaleza humana, es posible que no le quede mucho, con los autores ya por fin relegados a un segundo plano, los festivales cada vez con menos importancia, y con las pantallas de los cines desapareciendo salvo para los grandes blockbusters estadounidenses. Pero en el caso de no desaparecer industrialmente, no parece que sus formas vayan a durar doscientos años más.

Lo único que nos queda, como soporte narrativo o forma de literatura, son pequeñas píldoras o piezas, todas ellas disponibles en las muy defenestradas pantallas de televisores, ordenadores, tablets o móviles. Hablo de la televisión, claro, que es la hija bastarda del cine. Dice Herzog que el siglo XXI va a ser el de la gran soledad. Es posible, con el cine artístico relegado a minorías que tal vez acudan a un único cine en cada ciudad para disfrutar del viejo ritual de «ir al cine» y ver una película proyectada, y con todos los demás viendo series o películas en televisión o en su tablet, sea por una pandemia de las que puedan venir, o por mera comodidad. Es en los canales capaces de producir contenidos audiovisuales y narrativos en los que confiamos, porque son lo único que va a quedarnos en un futuro. Y ahí hay talento a raudales y ya tenemos obras maestras incontestables, pero también hay muchísima paja y muchísimo negocio. No se sabe si podrá continuar con las formas narrativas del cine y la literatura antes que el cine. Supongo que lo iremos viendo.

También tenemos la alternativa de los videojuegos y el diseño gráfico. El arte pop será sustituido por lo cyberpunk y ya veremos qué sale de ahí. Pero eso es todo: narrativa en televisión y videojuegos, con el cine y la literatura en franca decadencia. La situación puede revertirse, desde luego, pero lo veo cada vez más complicado. Iremos viendo si son aptas para cogerla la temperatura al presente, y para evocar el pasado, y para mirar hacia el futuro.

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