CINE, LITERATURA, TELEVISIÓN

El cañón del revólver (III)

¿Y yo por qué me perdí en su momento esa rabieta de Pérez-Reverte en contra de ‘Imperiofobia y leyenda negra: Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español’, primero, y ‘Fracasología: España y sus élites: de los afrancesados a nuestros días’, después? Siempre es bueno para la salud ser testigo de cómo los matones y los soberbios hacen el más absoluto de los ridículos. Es decir, Pérez-Reverte (y tantos otros en las redes, a los que he tenido la desgracia de conocer en persona) lo hace a menudo y está bien entrenado para ello, pero el que hizo respecto a estos dos libros de Elvira Roca Barea fue clamoroso y yo no me enteré. Lo más gracioso del asunto es que Elvira Roca Barea tiene bastante razón en muchas cosas de las que dice en estos dos densos, complejos y nada complacientes volúmenes, y pese a que nuestro más aguerrido y testicular escritor es historiador, le da un buen repaso a sus bufonadas y a ese discurso de una España cutre, oscura y casi apocalíptica, es decir el discurso de la leyenda negra española propiciado por Luis XIV. Pérez-Reverte, que se cree muy español y muy patriota, no es más que un afrancesado de primer nivel, y sus artículos en contra de Roca Barea, al igual que ese que se publicó en El País, no hacen más que demostrar que Roca Barea tenía razón. Al final los mediocres y los mequetrefes se señalan a sí mismos.

Siguiendo con El País, hoy mismo han publicado un… curioso artículo –por llamarlo de alguna manera– acerca de la dirección artística en cine, por eso de que estamos con los Goya y tal. Se intitula Premios Goya: qué es la dirección artística y por qué es imprescindible para que una película funcione, y es una colección de vacuidades, de naderías y de obviedades, firmado por un tal Carlos Primo (que por lo visto en este diario hace funciones de comentarista de moda y de arquitectura…), y que es un ejemplo más de hasta qué punto de irrelevancia e impostura ha caído una cabecera que hace no demasiados años era la más exigente y de izquierdas de Europa occidental. Aquí, hablando de un tema tan importante como la dirección artística (departamento que en realidad es el de diseño de producción), dice muchas cosas sin decir nada, porque una vez más habría hecho falta que un verdadero conocedor de la materia se pusiera a escribirlo, pero ya estamos acostumbrados a que periodistas o reporteros hagan trabajos para los que no están preparados, o se metan en temas que no dominan. Precisamente estaba yo barruntando un artículo acerca de este fenómeno, que publicaré en pocos días.

Algún otro tiro del cañón del revólver estuvo dirigido a ese no-actor que siempre ha sido y será Mario Casas, al que hace unas semanas nominaron a su primer Goya, y además como actor principal. Hoy leo, también en El País, que los directores que han trabajado con él aseguran que debería haber sido nominado hace años. Si dicen eso es que probablemente son directores tan poco exigentes, y tan poco interesantes como él de actor… aunque si le eligieron para formar parte del reparto es que tampoco valoraban mucho la profesión, ni el personaje al que debían dar vida. Si le eligieron es porque es un nombre conocido, un tipo atractivo que lleva a algunas personas al cine por su imagen. Y punto. Que sea uno de los actores más prolíficos de este país es elocuente respecto al estado de las cosas y del mercado audiovisual. Pero algunos somos un poco más exigentes, y queremos que el actor al que vemos en pantalla por lo menos se le entienda cuando hable. Tantos cursos de interpretación que ha dado este buen hombre, y ninguno se ha molestado en decirle que los diálogos han de pronunciarse de manera clara, por respeto a los guionistas y al sufrido espectador. Pero de actores sobrevaloradísimos, incompetentes y melilfluos estamos hasta arriba en este país, y algunos incluso llegan aquí, después de una carrera decente en el extranjero, y hacen papeles lamentables. Yo creo que en esto del cine estamos gafados… o simplemente vivimos en una realidad paralela.

Por lo visto los fans ya empiezan a hacer incluso dibujos y diseños (lo que se llama, en el mundo anglosajón, fan art) del aspecto que tendrá el actor chileno Pedro Pascal como Joel Miller, ahora que HBO ha confirmado que será el elegido para interpretar al personaje en la adaptación que se va a filmar sobre el videojuego ‘The Last Of Us’, lo que no es más que un aviso de la turra que van a dar los fans, de videojuegos y de series –es decir, mucha gente–, con esta adaptación antes, durante y después de que se estrene, sancionando lo que vean que no les parece correcto o ajustado al canon de la saga, o incluso llegando a atacar o amenazar a sus creadores a menos que se haga todo lo que ellos quieren, porque ya sabemos que en ciertos sectores del audiovisual, hay que hacer lo que los fans ordenen. Hay muchas ganas de ver la serie y ojalá les quede lo mejor posible, pero espero que sepan ignorar olímpicamente a esta horda de fanáticos que se creen que las series y las películas se hacen a la carta. En caso contrario lo llevan crudo.

Ahora que se mete en la cárcel a raperos por cantar contra la monarquía, y se investiga a políticos por escribir tweets en los que apoyan manifestaciones pacíficas (que luego los maravillosos agentes de antidisturbios de este país nuestro convierten en un campo de batalla porque es lo que conviene al status quo), mientras se archiva la causa contra fascistas que hablan de cargarse a millones de españoles o la familia real va de esperpento en esperpento, y de escándalo en escándalo, sin que les ocurra nada, parece que estamos asistiendo al desmoronamiento de todas las mentiras que nos contaron desde el 78, de todo el maquillaje de lujo que les hizo creer a tantos y tantos que estábamos en una democracia avanzada, cuando en realidad estamos en una democracia de muy escasa calidad, que ha mantenido la fachada durante unas décadas, pero a la que ya se le ven demasiadas grietas. ¿Hasta cuándo puede aguantar el ciudadano español? Parece que tenemos unas tragaderas ilimitadas. Pero todo tiene un límite. Lo que me parece es que es el caldo de cultivo perfecto, si es que alguien es capaz de coger el testigo y no fenecer en el intento, para iniciar una literatura más combativa, más valiente y original, y menos plegada al poder. Algunos intentaremos estar en esa lucha.

Último disparo de este revólver: ahora que vuelve ‘The Walking Dead’ en la tercera parte de su temporada 10, sabiendo ya que la temporada 11 será la última, leo en todas partes (no en foros friquis, en sitios con un poco más de enjundia…) que la última temporada ha resultado excelente, para sorpresa de muchos, y que el final va a ser apoteósico y bla, bla, bla… Algunos, no muchos, llevamos unos cuantos años diciendo que esta serie es única y extraordinaria, mucho más importante de lo que incluso aquellos que la consideran un buen trabajo han podido pensar o expresar, y me da la impresión de que dentro de unos años, tampoco demasiados, la crítica seria va a empezar a entender el impacto, el legado y la altura estético-narrativa de esta serie maravillosa. Pero en lugar de sentirme como esos iluminados que se creen que saben más que nadie y que se hinchan como pavos reales cuando el tiempo les da la razón, a mí me da tristeza que tanta gente aburrida y de perspectiva tan roma, escriba críticas de cine o comentarios de series, y que muchos lectores acudan a esas críticas esperando encontrar algo que valga la pena, creyendo hallar una guía. ¿Una guía de qué? Véanse ‘Gámbito de dama’ si quieren, y cosas por el estilo. Otros ya sabemos lo que tenemos que ver y nadie va a distraernos de ello.

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