ARTÍCULOS, LITERATURA

11 novelas esenciales del siglo XX

Siempre hacemos listas de diez títulos, de diez ejemplos, los diez elegidos, las diez más grandes… Así que yo, que no pierdo el gusto por las listas, voy a hacerlas a partir de ahora de once o de nueve, que son números bastante infrautilizados (el 10 será el número de los mandamientos, pero hay nueve sinfonías de Beethoven y nueve círculos del infierno, y el 11 es un número maldito que por alguna extraña razón nadie utiliza jamás…), así que aquí está las que me parece que son las 11 novelas esenciales del siglo XX…

…y esto admitiendo que, como es lógico, no me he leído (ni pienso leerme…) todas las novelas del siglo XX. Tampoco es posible hacerlo, ni ver todas las películas que se han hecho en la historia para hacer un compendio de lo que, según el criterio de uno (el que lo tenga, que tampoco lo tiene todo el mundo, por lo visto), es lo mejor y lo más importante. Pero en este caso me parece muy difícil que cualquiera de estas obras pueda encontrar rival, y todas ellas aportan algo, dentro de su clase (pues todas son, además, de clases y estilos muy diferentes e incluso opuestos), que no aporta ninguna otra.

He aquí la lista de las 11:

Meridiano de sangre (Blood Meridian), de Cormac McCarthy, 1985
Mientras agonizo (As I Lay Dying), de William Faulkner, 1930
Tirano Banderas, de Ramón María del Valle-Inclán, 1926
La saga/fuga de JB, de Gonzalo Torrente Ballester, 1972
Pedro Páramo, de Juan Rulfo, 1955
El siglo de las luces, de Alejo Carpentier, 1962
Ulysses, de James Joyce, 1922
La montaña mágica (Der Zauberberg), de Thomas Mann, 1924
La muerte de Virgilio (Der Tod des Vergil), de Hermann Broch, 1945
Entre actos (Between the Acts), de Virginia Woolf, 1941
Lolita, de Vladimir Nabokov, 1955

Llama la atención poderosamente que en los veinte años y cuatro meses que llevamos del siglo XXI, ni una sola novela, de ninguna nacionalidad, puede compararse con estas. En el siglo XX se alcanzó la cima de la expresión novelística, y es posible que no vuelva a repetirse nada parecido, y que estemos condenados, por desgracia, a una lenta e irreversible decadencia, que no hace otra que confirmar la grandeza de las obras nombradas, y de otras que se les acercan mucho pero que creo que no pertenecen al ramillete de las escogidas obras maestras.

Del salvajismo casi lírico de McCarthy, al existencialismo despiadado de Faulkner, pasando por la retórica dialogada de Mann, o la inefable fuerza expresiva de Broch, aquí está prácticamente todo, y es interesante que todas ellas, aún sin saberlo, beban de la gran, de la única fuente de la que puede beber toda novela formidable que se precie: la inevitable por los siglos de los siglos ‘Don Quijote de la Mancha’ de don Miguel De Cervantes Saavedra. Influencia mucho más evidente, como no puede ser de otra manera, en las cuatro obras hispanas nombradas, pues Valle, Torrente Ballester, Rulfo y Carpentier son parte, aunque intenten alejarse, de la literatura que comenzó con el manco de Lepanto. E influencia mucho más mitigada, pero quizá por eso en algunas partes mucho más materializada, en las ficciones de Faulkner, Mann, Nabokov, Woolf, Broch y Joyce, algunos de ellos probablemente ignorantes de que son escritores que repiten, bajo formas renovadas, las técnicas y las conquistas de Cervantes.

Cuando muchos se ven a sí mismos de ancianos, en esa copiosa biblioteca en la que han reunido lo mejor que han podido encontrar, siempre se repite esa imagen de una librería enorme con cientos o miles de volúmenes (como la del señor de la imagen de más arriba. Pero yo no. Yo me conformo con 90 o 110 libros que leer y releer en mi senectud (si es que la vista me lo permite), con tres o cuatro series de televisión y con 90 o 110 películas que revisar, o con cuatro o cinco juegos de PS4 (si es que el maldito trasto, o mis dedos, me permiten seguir viciándome). Y con poco más. Y entre esos 90 o 110 libros sin duda estos 11, pertenecientes a la cumbre del género en el siglo XX, quizá las últimas de su estirpe. Pero este artículo lo he escrito, sobre todo, para que el inopinado lector de estas líneas, al topar con ellas, piense cuáles serían las 9 u 11 del siglo pasado que él elegiría, y sobre todo por qué. Y yo creo que en muchos casos elegirá los mismos títulos que yo.

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