Escasos narradores verdaderos

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Volviendo a ver esa paupérrima, pasmosamente torpe película que fue ‘Terminator génesis’ (‘Terminator Genysis’, Taylor, 2015) me acuerdo de aquel artículo, un tanto deslavazado, que escribí hace casi un año y medio (cómo pasa el tiempo…), en el que intentaba desarrollar una serie de ideas, yo creo que bastante válidas pero no muy bien argumentadas, acerca de la dificultad en la creación de películas (y de cualquier obra narrativa en general), y de cómo algunos profesionales de esto del cine y la televisión, muy bien pagados y muy considerados por la industria, se encuentran con verdaderas dificultades cuando toman los mandos de ciertos ambiciosos proyectos que otros empezaron antes que ellos para entregar una cinta medianamente solvente. Y hoy, que por casualidad me he encontrado con esta deleznable peliculita, de la que he revisado algunas escenas, regreso a esas ideas con nuevas energías para volver a desarrollarlas con algo más de fortuna, con la esperanza de explicarlas y argumentarlas mejor, y es que algo de bagaje y de crecimiento intelectual tiene que otorgar el escribir todos los días sin descanso.

El caso de Alan Taylor es bastante paradigmático, porque su contundente fracaso en cine, tanto con ‘Terminator Génesis’ como con ‘Thor: The Dark World’, que no dudo que a algunos les convencerían y hasta las parecerían aventuras muy vistosas, pone un debate sobre la mesa que a mí me sorprende que casi nadie haya tenido interés en analizar: la escasez de verdaderos grandes narradores en cine y en literatura, que en mi opinión no es sólo una seña de estos tiempos extraños que vivimos, sino que es algo común, algo que salvo épocas excepcionales y prolíficas en grandes creadores es la norma, es lo ordinario, por mucho que los medios de comunicación, los periodistas y (pseudo)críticos cinematográficos y literarios, necesiten buscar y construir otra imagen de la realidad, en la que al parecer estamos rodeados de magníficos creadores en todos los ámbitos, grandes mentes y grandes maestros estrenan películas y escriben libros geniales cada mes y cada semana, y no nos da tiempo con tantas series increíbles, y con tantos peliculones y tantas novelas impresionantes. Pero si de verdad usamos la inteligencia y el sentido común veremos que no, que nada de eso es cierto, y que los verdaderos grandes creadores se descubren, paradójicamente, por comparación a la mediocridad que preside casi todo lo que se estrena y casi todo lo que se publica.

Volvamos a Alan Taylor. El hombre, tal como ya dije en el anterior artículo, ha dirigido episodios, y episodios muy importantes, nada menos que de ‘Deadwood’, ‘Juego de tronos’, ‘Los Soprano’, ‘Mad Men’, ‘En terapia’… algunas consideradas entre las mejores de la historia. Por lo que, por lógica, él debería ser un elemento fundamental de ese éxito… sólo que no lo es. Porque luego le dan todos los medios del mundo, le ponen en bandeja dos caballos ganadores (o supuestamente ganadores), como un filme de la franquicia Terminator y otro de la franquicia Marvel, y uno esperaría la perfección narrativa de la serie sobre Tony Soprano, de la serie sobre las novelas de Martin. Y no, obtenemos dos filmes bien hechos técnicamente desde el punto de vista de la fotografía, la planificación, la música, los efectos especiales, pero narrativamente muy pobres, sin garra, sin personalidad. Ni siquiera encontramos en estas dos películas la perfección de los actores de la serie de David Chase o de David Milch. ¿Qué está pasando aquí? ¿Es que Alan Taylor atontó de repente? No. Lo que sucede es que es un simple técnico, no un narrador.

‘Deadwood’, ‘The Sopranos’, ‘Game of Thrones’, ‘The Wire’, ‘Six Feet Under’, ‘Chernobyl’, son grandes creaciones, situadas entre las mejores de la historia, no por sus directores (a la vista está), sino por la mente que está detrás de todo, los llamados “showrunners’, que escriben la serie y controlan cada aspecto de la producción con mano de hierro y con libertad total por parte de HBO. Los directores de los episodios son unos mandados, que hacen lo que les dicen, se limitan a filmar el material de manera esquemática, y poco más. Quizá existan, de hecho existen, directores que pueden aportar algo más, alguna idea, algún plano, un poco de su personalidad (pienso en Cary Joji Fukunaga, que hace maravillas en ‘True Detective), pero son los menos. Y dudo que Taylor sea uno de ellos. Simplemente es un tipo en el que podían confiar para conseguir lo que querían y punto. Claro, cuando Taylor vio que participaba en creaciones tan importantes, se sintió capaz de triunfar en cine, pero eso no es tan fácil como probablemente él pensaba. Volvamos a ‘Terminator génesis’: más allá de que el guion es una majadería sin pies ni cabeza, Taylor se muestra como un realizador torpe, un pegaplanos sin la menor fuerza expresiva, un director de actores incapaz, un “organizador” del material fílmico insustancial en sus intenciones e inane en sus resultados.

Claro, no es tan fácil ser James Cameron. Tipos como James Cameron son muy raros en este mundo. Cuando otros intentan ser como él les sale ‘Pearl Harbor’, uno de los filmes más deleznables de los últimos veinte años, en el que Michael Bay supongo que se pensaba que estaba haciendo algo parecido a ‘Titanic’. Cameron es un narrador nato, uno de los pocos verdaderos, que con muy escasos medios es capaz de hacer monstruosidades como ‘The Terminator’ y ‘Aliens’, que aún no han sido superadas ni en sus respectivas franquicias ni en su género o clase de películas. Pero no me refiero, como es lógico, a los efectos especiales, la capacidad de crear un mundo epatante y espectacular. Aquí hablamos de narrativa, de esos resortes secretos (en realidad no tan secretos, sólo hace falta fijarse con detenimiento o permitir que alguien versado en estas cosas te explique dónde se encuentran esos resortes) que diferencian a un filme o a una novela del montón, o a una obra narrativa tendenciosa, de una gran obra, una que atesore cualidades narrativas puras, de corte de montaje, de construcción, de diálogos, de dirección de actores, de creación de personajes nítidos y duraderos. Aspectos para los que Alan Taylor, que tiene la grandísima suerte de haber dirigido algunos episodios de las más grandes series de la historia, está incapacitado. Porque él, y otros como él, no son narradores, son técnicos.

Es la mente que está detrás la que cuenta, y muchos directores estrella, o novelistas supuestamente brillantes, no tienen esa mente. La mente para definir el corte de montaje, para elevar el trabajo de determinado actor, para entender el mundo complejo de una novela, de sus intenciones expresivas. Y un narrador nace para ello, no se hace. Pero supongo que ese es tema de otro ensayo.

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