Ni siquiera nos paramos a pensarlo

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¿Cómo íbamos a hacerlo? Nuestro cerebro no esta preparado para ello, y nuestra mente (no es lo mismo) menos todavía. Y si lo pensáramos, si realmente nos parásemos a pensar en todo ello, es muy probable, aunque por supuesto no hay nada seguro, que el mundo fuera un lugar muy diferente.

Consideremos por un momento la manera en que nos planteamos nuestra existencia diaria, cotidiana, en este planeta. Somos tan pequeños en comparación con la Tierra (a pesar de que no se trata, ni por asomo, de un astro especialmente grande), y poseemos una mente tan poco abierta en muchos casos, que para nosotros la existencia es una línea recta, casi infinita, una superficie sobre la que caminar o arrastrarnos como buenamente podemos, y sobre ese suelo un espacio enorme que lleva hasta el cielo y que está por encima de nuestras cabezas, y nada más. Sabemos que nos encontramos sobre un objeto esférico (salvo los terraplanistas y gente así) situado en un espacio oscuro y bastante vacío, pero ni siquiera cuando cogemos un avión o un barco y recorremos una gran distancia, lo pensamos durante muchos minutos más, porque nos da miedo hacerlo.

Más que miedo, respeto. Si en lugar de ser plenamente conscientes de nuestro lugar en el mundo y en el universo, nos quedamos con nuestra perspectiva habitual, es mucho más fácil vivir en numerosos aspectos, o por lo menos es más fácil mantener la cordura y sentirnos los dueños de aquello que pisamos. “El hombre es la medida de todas las cosas” decía Protágoras. Pero no es cierto, y ahora lo sabemos. El hombre no es más que una mota minúscula sin la menor importancia, dentro de otra mota también minúscula, que es la tierra, que para el sistema solar no es más que otra gota de agua minúscula… y así hasta el infinito. Y cuando nos vamos a la cama no pensamos que estamos en el interior de una peonza gigantesca que gira sin parar, en una rotación que sólo cesará (esperemos) cuando ya no quede nada sobre la superficie y el sol nos engulla. Y tampoco pensamos que estamos girando en torno a una estrella varios cientos de veces más grande que la Tierra, y mucho menos que esa estrella gira a su vez en torno al centro de la galaxia (a una velocidad altísima), arrastrando consigo a los planetas, y que la galaxia se está moviendo sin detenerse hacia una recóndita zona del universo.

¿Para qué vamos a pensar todo eso? No nos aporta nada. Ya lo decía Sherlock Holmes: “todo eso de los planetas y sus órbitas, ¿qué influencia tiene en mi trabajo?”. Pues ninguna, claro. Al menos para los trabajos, la mayoría, que hacemos aquí en el planeta, convencidos de nuestra seguridad, no diseñados para aceptar que en un parpadeo podemos extinguirnos, ya sea porque caiga una bola de fuego del cielo, o porque entre un planeta errante en nuestro sistema y haga caer el sistema de naipes que son los ocho planetas principales, empujándoles hacia el sol. No estamos diseñados para darnos cuenta de que esto no era otra cosa, hace miles de millones de años, que una enorme pizza de rocas que giraba alrededor de una esfera de gas, y que ese disco fue conformando los planetas.

Es mucho más fácil pensar que existe un dios que un día chascó los dedos e hizo aparecer al ser humano sobre este edén que era la Tierra que preguntarnos cómo es posible que de una roca surgiese vida, y que de esa vida un día surgiese vida inteligente. Cuestiones sobre las que probablemente nunca tengamos una respuesta mínimamente solvente, porque en realidad no sabemos qué somos, ni cómo somos probables, ni para qué diablos nacemos, vivimos y morimos. Es mucho más fácil pensar que hay un propósito ulterior. Pero si no lo hubiera, y si todos nos diéramos cuenta de ello, quizá podríamos propósitos más terrenales, más auténticos. Si dejáramos de mirarnos el ombligo y de preocuparnos de cuestiones mundanas y mirásemos hacia arriba, y fuéramos más conscientes de la cruda realidad, que estamos atrapados en este planeta, y que hay cuestiones que nunca podremos saber pero que tenemos que seguir avanzando hacia ellas, a lo mejor dejábamos de hacer el capullo y nuestra vida valía para algo.

Plural: 5 comentarios en “Ni siquiera nos paramos a pensarlo”

  1. Hola Adrián,

    Esta forma de ver el mundo que expresas me recuerda a ciertas corrientes de pensamiento como el existencialismo de Sartre o algo más similar a la filosofía del absurdo de Camus, más cercana al nihilismo positivo.

    Me suele gustar mucho preguntar, ¿en qué corriente, o mejor dicho, corrientes dirías que te sientes más cercano?

    ¡Un saludo!

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