Miguel de Cervantes es el gran perdedor de la historia de la literatura

Tú, que imitaste la llorosa vida
que tuve, ausente y desdeñado, sobre
el gran ribazo de la Peña Pobre,
de alegre a penitencia reducida;
tú, a quien los ojos dieron la bebida
de abundante licor, aunque salobre,
y alzándote la plata, estaño y cobre,
te dio la tierra en tierra la comida,
vive seguro de que eternamente,
en tanto, al menos, que en la cuarta esfera,
sus caballos aguije el rubio Apolo,
tendrás claro renombre de valiente;
tu patria será en todas la primera;
tu sabio autor, al mundo, único y solo.

AMADÍS DE GAULA A DON QUIJOTE DE LA MANCHA (preliminares de ‘El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha’)

No sé a otros, pero a mí me llama poderosamente la atención la idea que se tiene de Miguel de Cervantes en su país de nacimiento. Y, para empezar, la idea que tenía yo mismo de él en mi infancia, inculcada por nuestros profesores de historia y de literatura. El tal Miguel de Cervantes Saavedra fue, según nos contaron a todos, un pobre desgraciado, que no pudo vivir de lo que escribía, que murió casi en la pobreza y olvidado por todos, que además era manco, pero que tuvo la inmensa suerte de escribir la que casi con toda certeza es la novela más famosa de todos los tiempos: la archiconocida ‘Don Quijote de la Mancha’, que por lo visto nadie ha leído ni tiene intención de leer. Nos insistieron mucho a todos en que el hombre había intentado hacer otras cosas que no le salieron bien, con la idea subrepticia de que ‘El Quijote’ le salió un poco por casualidad. Tanto es así que mucha gente que a lo mejor se ha leído ‘El Quijote’ o una parte del famoso libro cree que es lo único que escribió hasta su muerte. Como además se pasan la vida (tanto en la escuela, como en el instituto y en la universidad, por no nombrar los medios de comunicación) hablándonos de ilustres escritores anglosajones o franceses, principalmente de William Shakespeare, que a diferencia de Cervantes, con “su única obra”, escribió varias decenas de obras de teatro, muchas de ellas obras maestras, pues te acaban convenciendo de que vale, que sí, que ‘El Quijote’ estará muy bien, y que te ríes mucho con él, y que marcó una época, pero que no será para tanto, que podemos glosarle, pero que también hay muchos otros, y tampoco hay necesidad de ponerse excesivamente patrioteros o hispanistas, teniendo en cuenta, insisto, que solamente escribió “una única gran obra”.

Es más, no sé en cuantos sitios he llegado leer que ‘El Quijote’ es mucho más importante que el propio Cervantes, o que Cervantes es el simple ejecutante de una idea genial, o incluso que es casi imposible que él pudiera hacer algo de esta magnitud, por lo que tuvo que disfrutar de una inspiración inefable, y otras cosas por el estilo. Es decir, desgajando al autor de su obra, cuando yo estoy bastante seguro de que Cervantes es un autor más conocido que por ejemplo Arthur Conan Doyle respecto a su Sherlock Holmes o que Bram Stoker respecto a su Drácula, por citar dos personajes fundamentales y finiseculares que tanto han marcado las ficciones de las últimas décadas. Pero el autor literario por antonomasia es Shakespeare, de quienes algunos dicen temerariamente cosas como que “escribió la mejor prosa de siempre” (no sé cómo, cuando escribió únicamente teatro y un centenar de sonetos), que fue “el inventor de lo humano” (signifique eso lo que signifique), y que “inventó la lengua inglesa”. También se ha dicho que el español es la lengua de Cervantes (y que Alighieri con su Commedia inventó el italiano, algo que ahí puede tener más razón de ser…), pero esto no son más que bagatelas, porque tanto el español como el inglés eran lenguas en formación, y citar a los dos autores más preeminentes de sus respectivas naciones como creadores de ese idioma es, cuanto menos, tendencioso. Lo que es importante señalar es que los angloparlantes lo consiguieron: oponer a la supuesta grandeza de Cervantes (autor de “una única” novela) la incuestionable grandeza de Shakespeare, y reducir al primero a un simple pobre hombre que escribió algo grande, aupando al segundo a una gloria universal que no merece.

Pero lo cierto es que el hecho de que tal cosa haya sucedido, es decir, que parezca que aceptamos a regañadientes la pequeña genialidad de Cervantes frente a la gran genialidad de Shakespeare y de otros muchos renombrados autores angloparlantes o francófonos, que su obra y su verdadera altura artística hayan quedado ninguneadas con la excusa del “accidental” fenómeno del Quijote, no es más que el último aguijonazo de mala suerte a una vida plagada de una suerte increíblemente adversa, de las que a otros les hubiera parecido que el universo se pone en contra de cualquier cosa que haga. Porque Cervantes es el gran perdedor de la historia de la literatura.

Con verdadera vocación de dramaturgo, más incluso que de novelista o poeta, Cervantes vio varias obras suyas representadas en los corrales madrileños, y pudo gozar de gran éxito si no hubiera sido porque sus obras fueron desdeñadas en favor de las de Lope de Vega y otros delfines suyos. Antes de eso, a su vuelta a España tras la batalla de Lepanto (que no le dejó manco, como tantas veces se ha dicho, sino que le dejó la mano izquierda casi inmóvil por un arcabuzazo), a punto de llegar a nuestras costas, Cervantes fue preso por una flotilla turca y conducido junto a su hermano Rodrigo a Argel, donde permaneció nada menos que cinco años (1575-1580), y en donde protagonizó varios intentos frustrados de fuga, a la vez que asumía siempre la culpa de los planes de fuga para que no torturaran a sus compañeros. La razón de que estuviera allí tanto tiempo fue que tenía en su poder, en el momento de su captura, unos papeles firmados por don Juan de Austria y del duque de Sessa hizo creer a sus captores que se trataba de alguien muy importante y pidieron por su rescate una suma enorme de dinero que sus familiares tardaron mucho tiempo en reunir. Tales sacrificios le valieron de poco cuando solicitó un puesto en la corte para algún empleo. Después de algunos años de penurias consiguió el oficio de recaudador (que desempeñaría durante trece años) y que concluyó con sus huesos en la cárcel, pues el banquero sevillano Simón Freire se fugó con el dinero recaudado y la culpa recayó sobre el propio Cervantes, que fue condenado a tres meses en la peor cárcel del siglo XVII, la de Sevilla, con más de cincuenta años de edad.

Es en esos años difíciles, en los que además el mundo de Cervantes se desvanece (pues muere Felipe II) y España empieza a cambiar en todos los estamentos, se fragua la época más fructífera y más importante de Cervantes, que comienza precisamente con ‘El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha’, su segunda novela en veinte años después de la muy poco conocida y sin embargo formidable ‘La Galatea’. Llegan también las extraordinarias Novelas Ejemplares, su recopilación de Comedias y Entremeses, la segunda parte del Quijote, el poderoso y singularísimo poema narrativo ‘Viaje del Parnaso’ y su última novela terminada justo antes de morir, ‘Los trabajos de Persiles y Sigismunda’. Y aunque parece que algunos quieren oscurecer el pasado, resulta que ‘El Quijote’ fue un gran éxito en la época, que apenas dio dinero a su autor porque había vendido los derechos a su editor. Pero desde luego nada puede ocultar que en su época a Cervantes se le consideraba un cero a la izquierda, y que en el mundillo literario era un don nadie.

Pero hay varias cuestiones que los críticos literarios, si quieren no caer en el ridículo y quedar como unos ignorantes absolutos, deben saber y repetir siempre que les sea posible. Cervantes fue el escritor más innovador y original, en casi todos los ámbitos, del Barroco español, y sus innovaciones técnicas en la novela, en el relato corto y en la narrativa en general no han sido superadas desde entonces. Sólo grandes monstruos como Dostoeivski y Tolstoi en el XIX, o Faulkner en el XX, han recogido el testigo de su ingenio y su inteligencia en la novela y la han llevado a territorios cercanos, aunque nunca similares a los suyos. En el teatro, para que el que escribió una treintena de obras, destaca su obra maestra ‘La Numancia’, que es una tragedia muy superior a cualquiera de Shakespeare, pero además demostró su insuperable audacia con los Entremeses, piezas cortas que dan fe del genio cervantino. Y en novela y cuento sencillamente no tiene rival. ‘Don Quijote de la Mancha’ es el libro de libros. En él cabe toda la tradición novelesca de su tiempo (novela morisca, bizantina, autobiográfica, italiana, picaresca… absolutamente todo), y con ella ensaya, sin perder jamás la ironía y sin traicionar las reglas del juego por él marcadas, la novela polifónica que se seguirá desarrollando en siglos posteriores, en su ironía, en sus contrapuntos narrativos, en su perspectivismo. ‘El Quijote’ es, ella sola, el inicio de la narrativa moderna, escrita por un fracasado de más de cincuenta años, al que todo el mundo tomó por un escritor de parodias de novelas de caballerías.

Pero yendo mucho más allá de los postulados de un crítico como Maestro, tomaré las palabras de Viñó cuando dijo que ‘El Quijote’ es, junto con el resto de la obra cervantina, una vasta creación intelectual propia de un genio de una inteligencia incomparable. Porque es la inteligencia, el racionalismo supremo, la gran victoria del desastrado Cervantes, al que no vencieron ni batallas sangrientas ni cautiverios terribles o injustos. ‘El Quijote’, como las ‘Novelas ejemplares’, pertenece a la estirpe de ‘La divina comedia’ de Dante en su profunda, desaforada crítica de la sociedad, en una mirada libre y cáustica de una España (que además era un imperio gigantesco) llena de aristas y de contradicciones que él retrató como nadie ha vuelto a hacer jamás, y un estudio de caracteres (doscientos cincuenta según algunos cronistas) abrumador que convierte a Cervantes en un antropólogo insuperable, si además tomamos los personajes de una obra portentosa como ‘La Numancia’. Pero ante todo ‘El Quijote’ como el resto de la obra de Cervantes, es el triunfo del ingenio a la hora de crear la vida misma en las páginas de un libro, con una fuerza, una vitalidad, una luminosidad, que convierten a los Molière, a los Flaubert, a los Stendhal, a los Conrad, a los William Blake y a todos los Shakespeares del mundo en meros aprendices, en bisoños prosélitos.

En teatro nadie puede competir con la genialidad compositiva de Lope y Calderón, y en poesía muy pocos con Quevedo. Pero en teatro y poesía Cervantes escribió obras magníficas, y en narrativa lo cambió todo para siempre por la fuerza de su pavorosa inteligencia, que no ha encontrado apenas pares en los siguientes cuatrocientos años. Pero podemos seguir ninguneando al pobre Cervantes y leyendo estupideces, que nada cambiará el hecho objetivo de que Cevantes es, junto a Dante Aligheri, el más grande creador de letras de occidente, que es como decir del mundo entero. Así de claro.

7 comentarios sobre “Miguel de Cervantes es el gran perdedor de la historia de la literatura

  1. Así me gusta que se defienda el genio cervantino como lo mas grande de Occidente, pero de Oriente no sabemos nada, solo que de allí vienen los Reyes Magos y para de contar, igual tienen algún genio escritor de ojos rasgados (:-))

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