El cañón del revólver (X)

Me hacen mucha gracia esos sujetos a los que te encuentras con la mascarilla mal puesta… El otro día, en el metro, otra vez: un tío bastante joven, bien vestido, con aire arrogante, llevaba la mascarilla tapando solamente la boca, dejando la nariz perfectamente descubierta. Es decir, se la había puesto así a propósito. Todo el mundo le miraba pensando exactamente lo mismo: “a ver, imbécil, si eres capaz de poner bien la puta mascarilla”. Y él lo sabía, y se la sudaba entre bastante y mucho. Claro, uno siempre tiene la tentación de decírselo, de ir a por el tipo en cuestión y decirle lo que estás pensando, aunque probablemente eso inicie un altercado. Pero en realidad sabes que todos los del vagón piensan igual que tú y que te apoyarán. Por tanto, ¿por qué no se lo dices? Yo creo que no es por cobardía, sino por desidia. Sabes que el muy subnormal, en el muy improbable caso en que haga lo que le dices, volverá a bajársela en cuanto salga del vagón. Porque sí, porque algunos tienen derecho a contagiar y ser contagiados, como esa clase de fumadores que van esparciendo por la calle llena de gente todo lo que contienen sus pulmones. La mascarilla ha sido, paradójicamente, la que ha marcado la diferencia entre la gente con sentido común y los payasos de toda la vida que andaban por ahí de tapadillo.

Ha sido muy comentada la reunión que Biden y Putin (Pili y Mili) han mantenido hace unos días, con motivo (eso decían) de deshelar la relación entre ambos mastodónticos países, que son algo así como los chulitos, los cachas de la clase, que hacen un poco lo que les sale de los huevos mientras los demás, los países normalitos, cívicos, hacen lo que les dicen. Al final la reunión ha sido para las mismas estupideces de siempre: acuerdos de chichinabo para encubrir el hecho de que se han visto las caras para ver quién la tiene más larga. Bien, estando las cosas como están en el mundo entero, con los mismos problemas sociales, económicos, energéticos, fronterizos, bélicos, todo ello agravado por la peor pandemia en cien años, que ambos países (que junto con China podríamos decir que son los más poderosos del mundo con diferencia) se vean para hacer el paripé es otra oportunidad perdida más. Iba a decir que la historia les juzgará, a ellos y a los que les precedieron las últimas décadas, pero a lo mejor no llega a haber historia que juzgue a nadie. Si los países más poderosos del mundo se reúnen es obligatorio que lo hagan para afrontar cuestiones trascendentales del planeta, tales como el cambio climático, la destrucción del entorno natural, la crisis energética, la lucha contra enfermedades, el futuro sostenible, el desmantelamiento de armas nucleares… De lo contrario pondrán una piedra más en el camino hacia la autodestrucción del terrible ser humano.

Siempre me ha llamado la atención esa gente “de derechas” que te cuentan que ahora sostienen esas ideas (aunque hay que decir que la gente de derechas, muy de derechas, nunca cree serlo… creen ser gente de izquierdas moderada) porque cierta vez un partido de izquierdas, o un político de izquierdas, les decepcionó… Y digo yo: ¡¿qué tendrá que ver?!. O sea, que tú sostienes unas ideas de izquierdas o progresistas (habría que ver también qué ideas dices que defendías, pero esa es otra cuestión), pero como el Pablo Iglesias de turno, o el Felipe González de turno, te decepcionan enormemente, te sientes justificado del todo para ponerte a pensar como VOX… Eso es un disparate sin pies ni cabeza. Si eres de izquierdas (es decir, si tienes sentido común y responsabilidad), puedes sentirte decepcionado por tu partido o por un partido de izquierdas, y seguir pensando lo mismo de antes, incluso con mayor ahínco que antes. Si por el contrario te pones a pensar barbaridades en cuestiones como el aborto o la inmigración, es que siempre fuiste de derechas, de extrema derecha, y nunca te diste cuenta de ello.

Llama la atención la cantidad de gente que escribe en twitter sobre las cosas más variopintas. No es que la gente opine de todo, que lo hace, sino que la gente va de sabia por la vida, lanzando consejos a diestro y siniestro, seguidores y no seguidores, te cuenta su vida con pelos y señales como si le interesara al primero que pasara por allí (algunos con fotos “muy íntimas”, enseñando lo buenos y lo buenas que están…), se las dan de activistas porque siguen una corriente de opinión y están muy pero que muy enfadados… Creo que alguna vez califiqué Twitter como un basurero… algunos lo llaman la barra del bar más larga del mundo… En realidad es un pandemónium, en el que el personal demuestra su estulticia, su infantilidad y su narcisismo a cada teclazo que dan. El Twitter es la anti-literatura. Pero lo que más me gusta de todo es cuando los machos-alfa que tienen miles (o cientos de miles) de lectores se ponen a hacer crítica literaria. Lo de la crítica cinematográfica ya lo he comentado en alguna ocasión, pero lo de la crítica literaria, encumbrando libros infumables muy de moda que nadie debería leer e ignorando todo acerca de la auténtica literatura, es para sacarse los ojos. Pero no podía ser de otra manera, ¿cómo iban a valorar la literatura personas imbuidas de la anti-literatura que es el twitter?

Yo soy de esas personas extrañas que nunca ven fútbol, porque me interesa entre cero y nada, pero que cuando juega la selección española sí que lo ve, y además me entusiasmo o lo paso mal con la selección, como ahora en la Eurocopa. Para mí, es como ver las Olimpiadas, y animo a los nuestros a que ganen medallas o a que hagan alguna gesta deportiva. Así es uno de contradictorio. Me acuerdo perfectamente del codazo a Luis Enrique, de la rabia y frustración que sentí con quince años… pero luego me acuerdo de cuando ganamos a Italia dos veces en Eurocopa y nos alzamos con el título, de lo bien que me sentí, de lo vengado que me sentí, cuando les fulminamos a goles. Porque yo creo que eso de la rabia y la venganza está infravalorado. Es una catarsis que te libera de un pasado doloroso. Todo eso del perdón y de demostrar que eres mejor persona que el otro son idioteces, y si no que se lo digan a los palestinos, o a los saharauis. Sólo perdona el que se puede permitir ese lujo, y es un lujo que pocos nos podemos permitir. Por eso cuando ganan los tuyos, cuando ganas tú mismo, después de estar toda la vida perdiendo, el orgasmo de esa venganza es indescriptible. Es un placer que a nadie con sentido común y con razones justas para ello debería negársele.

Último disparo: han sido muy comentadas las imágenes de Harrison Ford con mascarilla en el set de rodaje del quinto Indiana Jones, que no dirigirá Spielberg, y a la que no pondrá música John Williams, que a estas alturas se está pensando ya mucho si hacer más música o no. Y yo me pregunto, ¿de verdad hace falta un quinto Indiana Jones? Y eso que soy de los pocos a los que gustó la cuarta, pese a todo eso de las lianas y alguna que otra chorrada marca de la casa. Comprendo que a Harrison Ford lo que le mueve son los treinta o cuarenta millones de dólares que puede ganar (como si le hiciera falta el dinero…), pero es doloroso ver franquicias como esta, o la de ‘Die Hard’, o la de ‘Terminator’, incapaces de remontar el vuelo. Son como muertos vivientes, y es que hay muy pocas trilogías, o sagas, por no decir ninguna, que realmente se sostengan a partir de la tercera película, que en muchos casos ya es nefasta. Tanto que se queja la gente del pastizal que cuestan las misiones espaciales en tiempos de penuria…¿saben el dinero, no ya que cuestan, sino que mueven estas megaproducciones sin pies ni cabeza, que además no aportan nada al espectador ni al cine? Pero de esto nadie se queja. Qué curiosa es la vida.

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