Seamos lectores, no consumidores

Resulta que soy aún más ignorante de lo que yo pensaba y no tenía ni idea de la existencia de Ignacio Echevarría, ni de lo que le sucedió en El País… aunque no todo va a ser tirar piedras sobre mi propio tejado: sí que recuerdo algunas críticas firmadas por un tal Echevarría, hace muchos años, y sí que he visto su cara en la cabecera de algunos textos de El Cultural, aunque no había prestado atención. Tanto tiempo quejándome amargamente de la inexistencia de la crítica literaria y resulta que algunos críticos literarios interesantes siguen escribiendo, aunque sea en una cierta marginalidad y no obtengan ni de lejos la atención de los que se dicen críticos pero no son más que agentes de prensa de las estrellas editoriales. Me he encontrado a Echevarría diciendo sobre el premio de la crítica a Pérez-Reverte más o menos las mísmas cosas que dije yo hace unos días, lo cual me congratula, no tanto porque alguien opine de manera parecida a la mía, sino porque este Echevarría parece un tipo inteligente.

E indagando un poco en sus críticas de El País y en otros textos y entrevistas suyas, me encuentro con un concepto sobre el que yo también he escrito en cierta ocasión y sobre el que ahora me gustaría regresar: el de la necesidad de aprender, de crecer como lectores, para leer algo más que meros productos editoriales de los que no van a trascender, para evitar ser simples consumidores de libros de esos que van en el metro leyendo la última novedad sin sustancia ni verdadera literatura en ella…. porque si en lo referente a escribir y crear novelas hay claramente dos caminos muy diferenciados, el que consiste en tratar de escribir obras artístico-literarias y el que consiste en tratar de ganar mucho dinero y muchos lectores con libros bastante deleznables, en lo referente a leerlas hay también por fuerza dos caminos, y no es nada fácil acceder a las obras maestras del canon, tener la cabeza preparada para ello, después de leer ‘Harry Potter’ o ’50 sombras de Grey’, por poner dos ejemplos extremos. Y aunque en el seno de la narrativa comercial existen honrosas excepciones de buenos escritores y buenas novelas que además saben enganchar con un sector amplio del público (pienso por ejemplo en Stephen King en esta época, o en Arthur Conan Doyle en épocas pasadas) convendremos en que son eso, la excepción, y que la regla es más bien una narrativa muy blanda, muy poco interesante, de nulo riesgo formal y vuelo poético, de ingenio más bien burdo, apto para el consumo de masas sin excesiva exigencia.

Pero eso ya depende de cada uno. Lo dice Echevarría y es una verdad como un piano de grande: el camino de cada lector es profundamente personal y a menudo farragoso y complicado, lo suficiente como para que resulte imposible, o casi, dar recomendaciones o tratar de imponer una hoja de ruta. Lo mejor es que cada lector se busque las castañas, como se suele decir, y se entrene por su cuenta para leer las obras verdaderamente valiosas, en detrimento de otras que a lo mejor son más atractivas, a priori más divertidas o excitantes, pero a la larga mucho menos nutritivas desde un punto de vista estético-narrativo. Podemos saber leer, y gracias a la alfabetización universal todos sabemos hacerlo, pero no por ello estamos preparados para enfrentarnos a un texto de Kafka, de Mann, de Torrente Ballester o de William Faulkner. Y ahora que estamos en una época de obvia crisis literaria, a la gran mayoría nos han intoxicado con libros poco o nada literarios, que además poseen la característica de que tras su lectura se vuelve más difícil apreciar los valores literarios de una gran obra como ‘La muerte de Virgilio’, ‘Meridiano de sangre’, ‘Moby Dick’, o incluso ‘El Quijote’.

Y eso no significa que la literatura de género, como la Sci-fi o la aventura o el thriller o el terror, no pueda poseer, en muchos casos, verdaderos valores literarios. No toda la literatura con altura estética es un tocho filosófico de prosa delicada y sublime. Pero corresponde al lector bucear y formar su criterio para separar el grano de la paja, y eso es un camino largo e intrincado, en el que a menudo va a darse de bruces con autores poco o nada fiables, va a transitar por desiertos escasamente recomendables, y va a aprender a base de frustraciones… un poco lo que pasa cuando escribes una novela, por lo que tampoco vamos ahora a hacer un drama por el pobre y desamparado lector, pero sí al menos reconocer que no basta con tener unos cuantos libros en casa, y con conocer un par de obras maestras, para tener alguna noción de lo que estamos hablando. Cuando el lector de turno comenta severamente una obra maestra (con epítetos tan poco originales y escasamente respetables como “bazofia” o “porquería”) en realidad habla siempre más de sí mismo, de sus carencias como lector, que de la obra en sí, y cuando un lector comienza a usar la inteligencia y a saber de lo que está hablando, y por el momento no puede con ‘La montaña mágica’ o con ‘Meridiano de sangre’, y simplemente dice que no es capaz de entrar en ellas, o que las apreciará mejor en un futuro, quizá (sólo quizá), habrá empezado a tener dos cosas: un poco más de respeto por el autor y un poco más de respeto por sí mismo como lector.

Por lo demás, en ese camino no estaría mal tener a mano la figura de un crítico fiable, riguroso y valiente, por mucho que a veces no se esté de acuerdo con él. No existen ya tales críticos en las cabeceras de los grandes periódicos, por lo que el lector no debería buscar en ellas. Tampoco existen entre los llamados booktubers. Los críticos cinematográficos (algunos, tampoco nos volvamos locos) todavía se lo toman un poco en serio y aún tienen algunos espacios de libertad. Los críticos literarios no la tienen, y cuando se la quitan o la amenazan, suelen recoger velas y pasar a otra cosa. Pero su existencia es importantísima, como intermediarios e intérpretes del texto literario, e incluso las editoriales deberían darse cuenta de ello, porque sin ellos el mundo editorial se parece demasiado a una mercadería, y por supuesto que las editoriales quieren mantener su negocio y sus beneficios, pero estoy seguro de que muchas de ellas también quieren ofrecer algo más, en ese negocio, que una narrativa que se venda mucho hoy y que dentro de cinco años no recuerde nadie.

2 comentarios en “Seamos lectores, no consumidores

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s