¿Qué pretendo yo al escribir?

Yo creo que tarde o temprano todos tenemos que hacernos esa pregunta. Y no solamente qué pretendemos, sino qué tipo de escritor queremos ser, que viene a ser idéntica cosa. Por eso este artículo en concreto lo escribo sobre todo para mí mismo…

Mucha, muchísima gente escribe en el mundo, en todo tipo de formato, sobre gran cantidad de cosas, practicando muchos géneros, dentro de la ficción o fuera de ella. Algunos con más talento que otros, con más cosas que decir que otros, con mejor verbo, con más capacidad expresiva, con una pluma más afilada que otros. Y ahora que internet nos da la posibilidad de dejar por escrito nuestras ideas, muchísima gente más se lanza a juntar letras y palabras en blogs y redes sociales y libros electrónicos (mucho más baratos), y publicaciones en Amazon y en donde haga falta. Todos queremos escribir, todos queremos que nos lean, todos queremos dejar una impronta, aunque quizá algunos saben que lo de escribir no es algo que se les de particularmente bien. Hoy día quieren ser escritores de ficción incluso personas que no leen y que además no están interesados en la literatura, pues eso de ser escritor parece que otorga un aura de superioridad o de pertenecer a un club exclusivo y elitista, y en algunos casos, por lo visto, puede llegar a dar mucho dinero. Pero además de poder conseguir grandes cantidades de dinero, o de ganarse la vida con ello, algo muy respetable, yo creo que es muy importante querer saber qué tipo de escritor es uno, o qué tipo de escritor quiere ser uno, antes que cualquier otra cosa.

En el caso de la no ficción, suele ser más sencillo. Los periodistas o analistas o estudiosos de cualquier tema, que escriben en medios consagrados o en revistas o periódicos digitales, lo que quieren es hablar de aquello que a ellos les interesa, y de paso demostrar todo lo que saben. Es infrecuente, sin embargo, encontrar personas que escriban sobre cine, literatura, música, filosofía, historia o política con un marcado carácter divulgativo, con una vocación didáctica. En general, tanto en periódicos como en blogs, incluso en podcast, lo que muchos despliegan únicamente es un ego desmedido, que en muchos casos nadie sabe de dónde lo han sacado. El narcisismo entre los escritores de no ficción no es menor que entre los escritores de ficción. Pocas veces se demuestran las ideas con argumentos, con imperativos de conocimiento. La mayoría es a base de exabruptos y de ocurrencias. Y yo en este caso sólo puedo hablar por mí, pues estoy escribiendo desde una página personal que algunos podrían llamar blog (aunque yo no creo que sea exactamente un blog).

Lo que pretendo escribiendo esta página

Dos cosas fundamentales: aprender (a escribir mejor sobre aquello que me interesa y a conocer mejor aquello que me interesa), y aportarle algo al lector más allá de mi propio ego. Porque yo reconozco que tengo mis vanidades (¿para qué voy a decir lo contrario?) pero ocurre que leyendo a otras personas que escriben por internet, o que hacen podcast, o que dejan artículos en medios especializados en papel, resulta que soy el más humilde de los escritores sobre narrativa, y que a pesar de que puedo parecer cabezón, duro e inflexible, soy blando, me dejo convencer y acabo resultado bastante transigente con las ideas ajenas. Al menos en comparación a otros/otras. Y al contrario que otros/otras yo he estudiado y he investigado en profundidad y durante décadas sobre aquello que escribo (cine y literatura sobre todo), mientras que otros repiten lo que les ha dictado su gurú o profesor de turno, o se limitan a poner en un papel sus acríticas ocurrencias.

Sé que me he ganado cierta fama de radical o de ogro (de hecho algunos comentaristas me dicen que tienen miedo de dejarme alguna petición o idea no vaya a ser que muerda…), en medios como blogdecine (que era la mayor cloaca de trolls y de incompetentes a la hora de escribir que jamás he conocido) y supongo que algo de eso hay. Además, no se me ha ocurrido otra cosa que poner una foto mía en el perfil de esta página en la que parece que le voy a soltar una hostia a alguien. Pero ¿qué querían? ¿que saliese con una sonrisita happy flower, mirando a cámara, con los pulgares hacia arriba? Un poco de por favor. Pero yo no muerdo. De hecho, publico los comentarios hasta de los que me insultan o me atacan, sin cambiar una coma. Pero sí tengo las ideas muy claras, y soy capaz de rebatir a cualquiera, porque al menos en esto (cine y literatura) sí puedo hacerlo. Y si puedes hacer algo desde luego lo haces.

¿Qué pretendo, finalmente, con esta página mía? Influir al lector, ser un crítico cinematográfico y literario, un analista e investigador, de altura. Puede que no esté trabajando en una revista especializada, pero puedo demostrar que estoy a la misma altura que ellos, o más aún muchas veces. Quiero hablar sobre cosas que me obsesionan como ciertas películas, ciertos libros, cierto estilo de narrativa, desde una posición de investigador y de conocedor de aquello que está hablando. Quiero provocar polémica si es necesario, quiero luchar verbalmente contra todo aquello que no me parece bien, que no creo que sea justo o necesario. Quiero, a fin de cuentas, dar rienda suelta a mis ideas más viscerales, expresadas desde un racionalismo y un materialismo absoluto. Y espero estar consiguiéndolo. Otra cosa es la ficción.

Lo que pretendo cuando escribo ficción

Todo escritor escribe algo parecido a aquello que le ha obsesionado después de haberlo leído. Eso es ley, y yo no me libro de ello. En mi caso me obsesiona el Western y la Aventura, pero no el western americano, que no es más que folklore y constumbrismo, ni la Aventura juvenil o bienintencionada. A mí me obsesiona las características del western universal, que ya expliqué en las características esenciales del género: la aventura al límite, en un territorio fronterizo que es la vez físico, geográfico y mental, psicológico. Es decir, yo siempre escribo historias de supervivencia.

Lo que pretendo, claro, es vivir de lo que escribo, aunque publicar, que te contrate una editorial, es cada día más complejo y más arduo. Pero seguiré intentándolo. ¿Tengo algo que perder? Pretendo vivir y no enriquecerme con ello (aunque a todo el mundo le gusta el dinero), porque probablemente, por el tipo de relatos y novelas que escribo, no sea yo exageradamente comercial. Y al contrario que muchos escritores de hoy día, si tengo que elegir entre vender con un libro un millón de ejemplares, o que venda cincuenta mil pero sea una gran novela o libro de relatos, elijo lo segundo, y es por ello que escribo la literatura que escribo: áspera, sin finales felices ni lugares comunes, de aventura al límite, de supervivencia, en la que la muerte es un factor determinante, con personajes que luchan por sobrevivir en un ambiente hostil que puede ser pasado, presente o futuro.

Porque para eso vivo, para eso y para cualquier gran episodio de ‘The Walking Dead’ (los hay a decenas), en el que los personajes vivan una situación al límite, para cualquier película en la que los personajes lidien cara a cara con la muerte, para cualquier novela que suponga un paroxismo de emoción física y psicológica. Todo lo demás no me interesa. De hecho no me parece que sea literatura o cine. Y a ello me dedico, ya con seis novelas largas terminadas (una de ellas publicada en Amazon), además de dos cortas y una veintena de relatos. Y a ello me voy a seguir dedicando, contra viento y marea, y supongo que algún día un editor verá que lo que estoy haciendo merece la pena y me dará un voto de confianza.

He dejado más o menos claro de qué palo voy, ¿no?