O canon o novedades literarias…

…o una cosa o la otra. Muy pronto uno se da cuenta de que va a tener que elegir y de que eso va a añadir presión al hecho de que es imposible leerlo todo, de que existen obras geniales por ahí a las que no vas a poder acceder por falta de tiempo, o que no vas a poder releer porque las semanas y los meses se te escapan entre los dedos. Y es en esa dicotomía radical, canon o novedades, donde con mayor rotundidad se te va a definir como lector y en algunos casos como escritor.

Porque, claro, por una parte quieres aprender de los mejores, quieres conocer a fondo el trabajo de los más grandes escritores, poetas, narradores y novelistas, y eso es ya de por sí un trabajo ingente. Pero por otro lado quieres tener una idea general y al mismo tiempo concreta de lo que se escribe hoy día, de en qué consiste la literatura (si es que literatura se le puede llamar en muchos casos) de los escritores contemporáneos. Y puedes volverte tarumba en el proceso. Porque además sucede que el hecho de leer a escritores, por ejemplo, del XIX, tales como Melville, Dostoyevski o Clarín, te deja bastante incapaz de disfrutar de muchos de los pseudonovelistas que hoy nos asolan… y a su vez leer a ciertos pésimos escritores te destroza el gusto a la hora de poder apreciar las más grandes obras maestras. Ya es complicado incluso pasar de un gran escritor a otro, porque su voz narradora, si de verdad es poderosa, te reconfigura la mente por un tiempo, y te obliga a resetearla si quieres pasar a otra cosa. Ser lector voraz es un verdadero drama.

Se publican al año más de dos millones de libros en todo el mundo. En España entre ochenta y noventa mil. En Estados Unidos más de cuatrocientos mil. Al año. Sin parar. Y subiendo. Es una barbaridad absolutamente disparatada. Y el canon (el occidental, el único que existe) lo conformarían varios miles de obras. A esas habría que añadir las obras de otros ámbitos y geografías, como la asiática, que son de obligada lectura y conocimiento. ¿Cómo bregar con este panorama? ¿Cómo formarte como lector, escritor y crítico? Tengamos en cuenta que no puedes leer un libro al día. Pero aunque pudieras (Harold Bloom se ufanaba de leer cuatrocientas páginas a la hora… no se lo creía ni él), eso te da un máximo de unos trescientos cincuenta libros al año …que nadie en su sano juicio puede leer, pero para ponernos en modo optimista. Eso en veinte años (20, 2-0) de lectura te da la impresionante cifra de siete mil libros. No ya es que tengamos que elegir, como tantas veces se ha dicho, es que tenemos que tomar decisiones todos los días.

Y las decisiones que hay que tomar son infaustas: ¿qué hago? ¿me leo esa novela recién publicada de un autor que quizá dentro de un tiempo consiga ser alguien, o termino de leerme las obras completas de ese otro autor clásico? ¿Y si me equivoco y pierdo un tiempo precioso? ¿Y si le estoy concediendo demasiado tiempo a lo clásico, o a lo moderno? Siete mil libros (con mucha suerte) en veinte años, contra varios cientos de miles de posibilidades, dan para un escaso margen de error. Y no son cosas que se plantee la gran mayoría de la gente. La gente se contenta con leer un libro de cuando en cuando, casi siempre ese del que todo el mundo habla, en lugar de sumergirse de verdad en lo que significa la literatura. Pero otros queremos saber, queremos conocer, y al mismo tiempo estar un poco al día. Y eso es literalmente imposible. Por eso es ridículo enterarse de que ciertas personas tienen veinte mil libros en su biblioteca, por mucho que alardeen de ello. Quizá bastante con tener lo más esencial, unos doscientos libros de los que aprender durante toda la vida, e ir picoteando algunas novedades en cuanto se tiene algo de tiempo libre. Esa debería ser, bajo mi punto de vista, la actitud más inteligente, y no me falta mucho, espero, para empezar a tomarla.

Claro, luego llegarán los que no tienen otra cosa que hacer y te restregarán por la cara ese o aquel autor de más allá, uno que está pegando muy fuerte, o uno que escribe historias magníficas. Pero habrá que mantenerse firme. Torres más altas han caído. Y llega un momento en que casi todo te parece insulso y sin fuerza, en comparación con lo que ya has leído. Para eso está el canon, en realidad, para enseñarte lo que puede tener importancia, y para adiestrar tu criterio. Y hay muchos libros del canon que leer y muy poco tiempo. Así que yo creo que la decisión ya estaba tomada de antemano.

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