Es para volverse loco

Si lo pensamos bien, lo es. Lo que sucede es que creo que no lo pensamos bien.

Vivimos en una roca que se formó hace algunos miles de millones de años, y que de tanto dar vueltas sobre sí misma y alrededor de otros objetos y a través de la galaxia, se ha hecho prácticamente esférica. En realidad es como una especie de peonza que flota en un espacio vacío: somos tan diminutos que no nos damos cuenta, pero es un objeto que no deja de girar sobre su propio eje a una gran velocidad (más de mil kilómetros por hora), y alrededor del Sol, además de otros movimientos (como el clásico cabeceo de una peonza equilibrando su giro…) que hace mucho tiempo que tienen lugar y que son esenciales para que en su superficie se haya desarrollado vida compleja… aunque otros planetas tienen exactamente las mismas características y esa vida compleja no se ha desarrollado.

Sería mucho más fácil quedarnos con eso de que la Tierra es plana y estática… seguiríamos con nuestros quehaceres y nuestras rutinas un poco más tranquilos. Pero no, vamos a bordo de una nave espacial de 12.742 kilómetros de diámetro que viaja a través de la galaxia (porque el Sol se mueve, dando una vuelta a la galaxia cada varios cientos de millones de años, arrastrando consigo a los planetas) a gran velocidad, a través de un espacio desconocido. Y eso no estaría del todo mal y a lo mejor tampoco tendría mayor importancia, si nuestra atmósfera y nuestro campo electromagnético fueran virtualmente indestructibles… pero no lo son. En este viaje, en este periplo por el espacio infinito, podemos toparnos con cualquier cosa, con cualquier evento lumínico, energético o gravitacional que destruya el planeta, o por lo menos los seres que viven en él, en un abrir y cerrar de ojos, sin que nuestra tecnología actual, ni la que tendremos en un millar de años, pueda hacer nada para imperdirlo.

En este momento puede haber entrado un planeta gigante, del tamaño de Júpiter por ejemplo, en el sistema solar. Nuestros sistemas no lo verían hasta que estuviese bastante cerca… pero empezaríamos a notar eventos que sugieren que un gran campo de atracción (como el de la Estrella de la Muerte en Star Wars) empieza a hacer de las suyas en nuestro entorno… Existen planetas errantes, no anclados a una estrella, en nuestra galaxia. Miríadas de ellos. En nuestro errar continuo podemos toparnos perfectamente con uno de ellos. A lo mejor ni siquiera pasa demasiado cerca (si pasara demasiado cerca el final sería incluso más rápido), pero con el hecho de que pase a unos ciento de millones de kilómetros ya sería suficiente para desestabilizar el cinturón de asteroides, y mandarnos unos cuantos hacia nuestra órbita, los suficientes como para provocar un “divertido” y aterrador final a nuestra civilización.

Claro, nosotros no pensamos nada de eso. Miramos por la ventana, y vemos nuestro mundo tranquilo (toda la tranquilidad a la que puede aspirar…), estable, ajeno a todo eso. Vamos por la vida pensando en el dinero que tenemos en el banco, en las cosas que nos gustaría hacer, en quien nos gustaría ver y a quién no nos gustaría volver a encontrarnos, en lo que vamos a hacernos de comer y en que la jornada de trabajo no sea demasiado pesada, en si esta ropa que llevo puesta me favorece o me queda regular, en que tengo que llamar a ese amigo al que hace tiempo que no llamo y en que tengo que cuidar mi dentadura, mi piel, mi pelo… Nada de una nave espacial que viaja por el espacio, nada de cataclismos espaciales ni sorpresas desagradables que nos borrarían de la faz de la tierra en pocos segundos. Nuestra mente ya nos ocupa el día a día con cuestiones mundanas, con aspiraciones prosaicas, con problemas de perfil bajo, y lo que tenga que pasar, pasará… ¿No?

Pero a mí me gusta dormirme pensando que en ese momento la Tierra sigue girando con calma alrededor del Sol, y que el Sol sigue girando alrededor de la galaxia, y que la misma galaxia sigue moviéndose, llevándonos a nadie sabe dónde. Que todo sigue en movimiento, le pese a quien le pese o aunque no se le quiera dar importancia. Porque por alguna razón todo es movimiento, incluso cuando estamos quietos, aunque tengamos la sensación de que vivimos en un bucle, en un mismo día interminable en el que nada cambia y la humanidad sigue cometiendo las mismas insensateces. Ya nos hemos movido, pese a todo, unos cuantos millones de kilómetros más, hacia donde sea que nos dirijamos, y eso tiene que ser algo positivo.

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