El cañón del revólver (XIV)

La colonización cultural estadounidense llega a niveles, a veces, muchas veces, insoportables, nauseabundos. El otro día, leyendo algún periódico (no quiero ni acordarme de cuál) hablaban sobre Roger Ebert y Gene Siskel, me parece que sobre un libro, o un documental sobre ellos, o algo así, argumentando que se trataba de los dos críticos cinematográficos más importantes del mundo. Eso… ¿quién lo ha dicho eso? ¿Ellos? ¿Los estadounidenses? ¿Los mismos Ebert y Siskel antes de palmar? Con eso sucede como con Harold Bloom, “el crítico literario más importante del mundo”…. ¿para quién? Para él, digo yo. Los estadounidenses, que se llaman a sí mismos “americanos”, que tienen sus ligas de baseball a las que ellos llaman las “ligas mundiales”, no tienen ningún reparo, como buenos anglosajones que son, en ir pisando fuerte, en decirle al mundo occidental que ellos son los mejores. Y nosotros, sin el menor atisbo de espíritu, se lo concedemos. Pues bien: la crítica cinematográfica y literaria de ese país se encuentra entre la más deleznable, la más obtusa y nefasta que yo he leído y escuchado. Por no comprender, no comprenden ni su propio cine ni su propia literatura, que ya tiene delito.

Ahora que el volcán Cumbre Vieja de La Palma ha despertado y ha empezado a escupir lava y ceniza en cantidades preocupantes, siento la irrefrenable tentación de repetir el mantra de que solamente al ser humano se le ocurre construir una ciudad a las faldas o en la cercanía de un volcán que tarde o temprano despertará… pero no lo voy a hacer (en realidad, ya lo he hecho…). Lo que una vez más demuestra esta catástrofe, es que somos la última mierda en comparación con la Tierra, y que ni siquiera darnos cuenta de eso, palparlo, percibirlo en nuestras carnes, nos hace un poco más humildes, sino todavía más soberbios, como si fuéramos capaces de comprenderlo y controlarlo, como si todo esto nos proporcionara herramientas para enfrentar futuras catástrofes, en lugar de demostrarnos de una santa vez que no tenemos control de las fuerzas de la naturaleza, y que si un pequeño volcán escupiendo lava nos pone contra las cuerdas, no podemos ni imaginar lo que podemos experimentar si de verdad este planeta se vuelve hostil con sus criaturas.

Se estrena nueva película de Clint Eastwood y se publica nuevo libro de Arturo Pérez-Reverte. A veces uno se siente en una especie de bucle infinito, o en un déjà vu constante. Desde luego, Eastwood vale como director bastante más que Pérez-Reverte como novelista, pero cabe preguntarse por qué a veces los menos interesantes o los más repetitivos son los que más publican o más dirigen, y por qué siguen haciéndolo a ciertas alturas de la vida. Me pregunto si Pérez-Reverte seguirá publicando con 90 tacos. Supongo que sí, si está en buen estado de salud. Nos contará historias de la primera o la segunda guerra mundial, o de conflictos que él ha cubierto como reportero, o alguna otra historia de mar. Apasionante todo. En cuanto a Eastwood, la veneración que se siente por él como cineasta tiene más que ver con el hecho de su gran energía pese a su avanzada edad que por el verdadero alcance de su obra, y eso lo sabemos todos. Y no parece que ‘Cry Macho’ vaya a cambiar la dinámica…

Al hilo de eso que estoy diciendo, se anuncia el más que posible proyecto final de la carrera de F.F. Coppola, el largamente anunciado, y pospuesto y deseado ‘Megalópolis’, que será una gran producción en la que el cineasta de ochenta y dos años tendrá que poner gran parte de su bolsillo si quiere verlo realidad. Ojalá todo salga como él quiera y ojalá sea una gran película, pero estoy seguro que si eso sucede, no se le tendrá tanta veneración ya como a Eastwood, ni estarán todos los medios, y todos los bloggers, y todos los plumillas deseando verla. ¿Por qué iban a estarlo? Sólo se trata del cineasta más grande que ha dado el cine estadounidense, creador de fruslerías como la trilogía de ‘El Padrino’, o ‘Apocalypse Now’ o ‘La conversación’. Es decir, las visiones más oscuras de la historia del cine del otro lado del charco. ¿Ha hecho Eastwood algo siquiera cercano a esto? Mucho me temo que no, por mucho que incluso críticos destacados estén más que dispuesto a creer que sí. Sólo ‘Sin perdón’ es una verdadera gran obra, pero no tiene nada que hacer con las cinco nombradas.

Cambiando de tercio radical: hemos asistido a un verano lleno de noticias sobre agresiones homófobas que se ha terminado, de manera elocuente, con una manifestación nazi en plena Chueca insultando al colectivo LGTBI. Yo sólo quisiera decir una cosa que es un secreto a voces: todos esos que se manifiestan insultando a homosexuales, todos esos que no soportan, o dicen que no soportan, ver a dos hombres, o dos mujeres, besándose, todos los que de una u otra forma sacan a relucir su homofobia, en el fondo temen ser homosexuales, y es muy posible que sean homosexuales reprimidos. Gente que siente atracción por otros de su mismo sexo, o que siente inclinaciones y apetitos que reprime a base de odiar y aplastar a ese colectivo. Les odian, en el fondo, porque ellos sí han “salido del armario”, algo que no pueden hacer todos estos nazis y cristofascistas a los que en realidad les gustaría hacerlo, pero les da pavor. Cuando eres inteligente odias aquello que desprecias o que te hace daño, pero cuando eres un retrasado salido de Atapuerca, odias aquello que admiras y envidias.

Último disparo: me escucho a mí mismo en el podcast, y de verdad que no me reconozco. ¿Ese soy yo? Creía tener una voz más reposada, más interesante… al menos un poco interesante. Pero desde luego no la tengo. Qué poco nos gusta escuchar nuestra propia voz, en la mayoría de los casos. Y sin embargo qué interesante es. Nos pasamos la vida repitiendo la idea de que es necesario ponerse en el lugar de los demás para entenderles, pero en realidad ni siquiera somos capaces de escuchar nuestra propia voz, de aceptarnos como somos. Y esto me lleva a pensar que gran parte de la llamada “sabiduría popular”, la que construye ideas como esa (hay que aprender a ponerse en el lugar de los demás) no son más que estupideces y lugares comunes. ¿Cómo vas a ponerte en el lugar de los demás cuando escuchas tu voz y te causa rechazo? Amar o aceptar a los demás suena muy bonito, pero sería más bonito aceptarnos a nosotros mismos tal como somos, y así quizá todo sería más fácil, y no haríamos del mundo esta cloaca infecta que es. Aunque en el caso de los nazis y los cristofascistas no cuento con ello. Ellos no se aceptan, no aceptan su homosexualidad, o cualesquiera apetitos que tengan, o su propia diferencia… de esa neurosis sale todo ese odio y ese asco por los demás, y por eso deberían ser expulsados de la sociedad.

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