El sentido del montaje en Scorsese… y en Coppola

El sentido del montaje… el sentido del montaje es algo difícil de explicar para alguien que no esté muy versado en esto del cine, o para alguien que carezca de cierta perspicacia a la hora de ver (o de hacer…) películas. El montaje es mucho más que pegar un plano con otro, ya sea por corte, por encadenado o por fundido. El montaje es una de las tres armas fundamentales de todo gran cineasta, porque sólo en él la película se muestra tal cual es. Ya dijo James Cameron que el guion es la primera versión de una película, el rodaje la segunda y el montaje la tercera. Y ya dijo Andrei Tarkovski que el ritmo en una película no existe gracias al montaje, sino a pesar de él. Si no hacemos caso a los mejores tenemos pocas posibilidades de llegar a ninguna parte…

El montaje existe como una necesidad, igual que existen escaleras o ascensores y ventanas en un edificio. De no existir esa necesidad, no existiría el montaje, o no sería tan importante. Un plano (un shot, en terminología angloparlante) dura hasta donde se quiere o se puede… generalmente hasta donde se quiere, y en cada secuencia puede haber desde uno, si es que se quiere resolver en un plano secuencia, hasta veinte o treinta o cien planos. En mi opinión, el montaje es una extensión de la puesta en escena y de la pericia, profundidad y personalidad del director, es decir, del autor de la película, y considerarlo como una disciplina aparte es una equivocación. Sin embargo existen excelsos montadores que han mejorado, con mucho, lo que el director ha armado en el rodaje… hasta cierto punto. Porque el montador, por muy bueno que sea, ha de disponer de un material interesante para montar. Y por interesante no me refiero a que sean planos o tomas bien hechas, sino que sea interesante de montar, de unir, de cortar, de volver a armar. Dice Rodrigo Cortés (un cineasta de carrera bastante discreta a estas alturas, que sin embargo tiene mucha razón en bastantes cosas de las que dice) que en el montaje está “la cosa cinematográfica”. Es muy cierto. Es en el montaje (además de en otros dos aspectos) donde encontramos a los más grandes cineastas. Y ahí pocos pueden competir con Martin Scorsese.

Volviendo a Cortés, recuerdo ese Todopoderosos en el que afirmaba que Scorsese es el más grande director-montador de la historia. Desde luego es una postura muy defendible. De hecho, muy fácilmente defendible. Si por algo destaca Scorsese, además de por su extraordinaria dirección de actores, es por su montaje. En perfecta sintonía con su montadora Thelma Schoonmaker, Scorsese es de esos directores (no todos lo hacen, ni mucho menos, y a muchos ni siquiera les dejan…) que tras el rodaje de su película no es que se vayan a su casa, precisamente, a esperar que le monten la película. Muy al contrario: se pasan los seis o diez meses siguientes en la sala de montaje con su montador (o montadora en este caso), cortando y uniendo él mismo el material. Se podría decir que Schoonmaker es por tanto una ayudante de Scorsese en el montaje, más que otra cosa, y que los elogios que le dedican y los premios que van a caer a manos de ella bien se los merece, sobre todo, Scorsese. En ese sentido (y en muchos otros) el director neoyorquino aglutina unas cuantas razones por las que debe estar considerado como uno de los más grandes cineastas estadounidenses no ya de la actualidad, lo cual es más que obvio, sino de todos los tiempos. Con su sentido de la violencia, con su dirección de actores, y con su montaje superlativo, Scorsese ha firmado no menos de ocho o nueve filmes absolutamente magistrales (‘Taxi Driver’, ‘Raging Bull’, ‘The Age of Innocence’, ‘Casino’, ‘Gangs of New York’, ‘The Aviator’, ‘The Wolf of Wall Street’, ‘Silence’, ‘The Irishman’…) y un buen puñado de filmes notables, además de su gran obra maestra, que es ‘Goodfellas’. Todo esto que estoy diciendo yo creo que es indiscutible.

Ahora bien, el montaje en Scorsese, que es de una fuerza, un ingenio y una pericia inauditos (que se manifiesta sobre todo en el corte, en el ritmo interno de la secuencia galvanizado a continuación en el corte, que otorga a su narración una intensidad y casi hasta una abstracción muy difícil de definir), llama la atención sobre sí mismo de manera insoslayable. Incluso un espectador poco habituado a fijarse en cosas como el corte se fijará en un filme de Scorsese, que son artefactos narrativos basados sobre todo en el corte, en un sentido del montaje (más que una técnica de montaje) que es el que tiñe cada una de sus películas. Así las cosas, no es de extrañar que muchos cineastas o cinéfilos, le tengan como el ejemplo máximo de director montador. No es mi caso, a pesar de que no tengo la menor duda de la importancia capital de Scorsese en el cine estadounidense de todos los tiempos.

El gran montador, bajo mi punto de vista (y es un punto de vista que no va a ser compartido por casi nadie) es Francis Ford Coppola. Y esto puede no ser compartido por muchas razones. En primer lugar Coppola no es un director que tenga en la mente, mientras rueda o planifica, el corte… aparentemente. Él no es como Scorsese, o como P.T. Anderson, o como Zhang Yimou. Sus cortes no llaman la atención sobre sí mismos como lo harían en una película de Scorsese. En segundo lugar él casi nunca o nunca está en la mesa de montaje con sus colaboradores, y cuando lo está no mete la mano personalmente (aunque sabe hacerlo, porque trabajó en la escuela de Corman…) en el material. Él permanece, o así lo parece, en la sombra. En tercer lugar, la mayoría de sus películas poseen eso que se llama “corte invisible” (salvo quizá ‘Apocalypse Now’), seguramente influenciado por Walter Murch. No son películas, muchas de ellas, que ganarían el Óscar al mejor montaje (o que ni siquiera han sido nominadas por ello), y que sin embargo poseen un montaje extraordinario, porque el montaje, el sentido del montaje, no se define únicamente por la forma de unir planos, de crear un estilo en la mesa de montaje, a pesar de que él mismo ha dicho (en uno de sus arranques de humildad) que no es un director que tenga las cosas tan claras como otros grandes.

Coppola no tiene un estilo, sino varios. No es el mismo el Coppola de ‘El padrino’ (sosegado, trágico, firme), que el de ‘Apocalypse Now’ (salvaje, transgresor, puro rock & roll), o el de ‘Bram Stoker’s Dracula’ (suntuoso, melodramático, grandilocuente). Coppola crea un montaje diferente para cada uno de sus proyectos porque él es capaz, al contrario que Scorsese, de hacerlo. Y lo hace sin llamar la atención sobre el corte, convirtiéndose por cierto en un maestro inigualable del fundido y el encadenado. Pocos encadenados más bellos que los de ‘El padrino, parte II’ en las transiciones temporales, o que en ‘Apocalypse Now’ en los numerosos momentos en los que se pasa del interior de los pensamientos de Willar a la realidad exterior de la barcaza. Coppola es uno de los más grandes directores de la historia del cine sobre todo por el montaje, aunque no sea él quien haga el corte personalmente, y lo ha demostrado en las sucesivas versiones de su pesadilla sobre la guerra del Vietnam, en la versión televisiva de ‘El padrino’ (en la que los intervalos temporales se narraban de manera cronológica, dando otra visión a esta obra gigantesca), en la nueva versión de ‘El padrino, parte III’, titulada ‘Coda: La muerte de Michael Corleone’, en la que pule de manera exquisita las arritmias internas, el tono general, la energía del filme (y el que no se percate de ello y crea que tiene alguna idea de cine o de montaje es que no se entera de nada o no se quiere enterar…) para convertir aquella obra magistral en el que quizá sea el filme más perfecto de su filmografía; en las genialidades de espacios y de ritmos internos, en la locura y el desmelene de ‘Bram Stoker’s Dracula’, en la majestuosidad de los cortes de una película tan infravalorada como ‘The Rainmaker’, en la búsqueda formal, cercana a la abstracción, de ‘Youth Without Youth’, en las genialidades continuas de ‘The Conversation’, en la fuerza expresiva de ‘Rumble Fish’… Y no solamente eso, sino que en cuestiones de montaje de sonido es uno de los cineastas que más y mejor ha empujado en el desarrollo de esa disciplina, en películas como las citadas ‘Bram Stoker’s Dracula’, ‘Apocalypse Now’, ‘Rumble Fish’…

Así las cosas, nadie nombraría a Coppola como el más grande montador estadounidense de todos los tiempos. Pero los hechos están ahí para analizarlos con detenimiento. Lo que está claro es que Coppola, a pesar del enorme impacto de ‘El padrino’ va a terminar siendo, paradójicamente, el director más desconocido e incomprendido de su generación.

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