HBO y nada más

Vista ‘Watchmen’ (2019), vuelvo a pensar que hay que rendirse a la evidencia: el resto de cadenas y productoras de series están a años luz de la HBO, que dos décadas después de haber revolucionado la televisión con tres series seminales (The Sopranos, The Wire, Six Feet Under), sigue siendo el faro que guía este formato y el espejo en el que el resto de cadenas y productoras han de mirarse si quieren alcanzar la excelencia. HBO es no sólo el modelo a seguir, sino ya una leyenda y me atrevo a decir que será un mito dentro de cincuenta o sesenta años, cuando se estudien estos años de creaciones extraordinarias.

Qué sorpresa más grata ‘Watchmen’… No me esperaba una serie tan formidable, pero por otro lado no me sorprende. Es ‘Watchmen’ una lección de cine desde el primer episodio al último (nueve lo conforman, y no falta ni sobra nada), un relato con aires de apocalíptico, con una resolución visual y sonora apabullante, con un guion de gran complejidad y muy bien trabajado y uno de los alegatos anti-racistas más impresionantes que yo haya visto en una pantalla. No me creo que el muy sobrevalorado Damon Lindelof (responsable de Lost) haya sido el verdadero escritor y la mente detrás de todo esto. Me apostaría un millón de euros a que simplemente es el urdidor del proyecto y el gran nombre que se ha quedado con (casi) todo el mérito, porque los globos hinchados que forman su trayectoria no anticipan algo de este calibre. Simplemente se ha rodeado de gente de primerísimo nivel que quizá dentro de unos años despunten en solitario, y ha quedado como el jefe. Pero sea como fuere, los nueve capítulos son soberbios, con un aspecto visual y un montaje y sonido apabullantes, y por si fuera poco con la mejor interpretación que yo he visto de toda la carrera del veterano Jeremy Irons (que parece haber nacido para interpretar a Ozymandias) y con una música hipnótica y oscurísima de Trent Reznor y Atticus Ross. ¿Se puede pedir más?

Lo de HBO queda lejos, muy lejos, de las capacidades de otras cadenas, como por ejemplo la muy exitosa NETFLIX, que no puede competir con el tremendo caudal, con el legado creativo, conceptual y narrativo de la pimera. NETFLIX tiene muchas más series, y en algunos casos su éxito es mucho más arrollador, pero HBO cuida cada una de sus piezas con un mimo y con un detallismo en la producción que es para quitarse el sombrero. Y aunque está claro que no acierta siempre, cuando lo hace es imbatible, y lleva más de dos décadas siéndolo. No tiene dos o tres series magníficas, sino que tiene muchas, y aunque las grandes series de cuatro o cinco temporadas son las que se llevan (lógicamente) los grandes elogios, demuestra una y otra vez que en el formato miniserie (una temporada auto-conclusiva) son también unos maestros.

Voy a hacer un compendio de lo que he visto (o recuerdo haber visto…) para hacer al lector una idea más global de mi percepción del inmenso catálogo de esta Arcadia Televisiva:

Grandes Series

The Sopranos, de David Chase: Obligado ponerla la primera (con permiso de la segunda), pues es la cima de la televisión de todos los tiempos, una ficción de un pesimismo, un nihilismo y una negrura como no se ha visto jamás, con episodio magistral tras episodio magistral
The Wire, de David Simon: La «segunda mejor», o la que compartiría el trono de las más grandes, un mosaico irrepetible de caracteres y situaciones, de un realismo y una verdad literalmente indescriptibles.
Deadwood, de David Milch: La serie truncada de HBO, una obra de arte inacabada, que concluyó recientemente con una estupenda película como despedida a los personajes, el western como no la hecho nadie hasta entonces ni nadie podrá hacerlo.
Rome, de Bruno Heller, William J. MacDonald y John Milius: Impresionante serie de dos temporadas sobre los entresijos de la cultura romana a través de dos personajes maravillosos y una pléyade de secundarios, una producción superlativa
Game of Thrones, de David Benioff y D. B. Weiss: La serie que ha marcado una época, no quizá una obra maestra inapelable, pero sin duda una creación muy notable, un espectáculo sensacional y un drama psicológico y violento de enorme potencia.
Boardwalk Empire, de Terence Winter: Otra gran serie HBO, esta vez sobre la época de la ley seca, violenta, áspera, árida, pero también emocionante y sorprendente. También muy notable
True Blood, de Allan Ball: Un divertimento con sus luces y sus sombras, quizá demasiadas temporadas pero algunas de ellas muy disfrutables, sus mejores momentos son realmente brillantes, sádicos y hasta subversivos
Westworld, de Lisa Joy y Jonathan Nolan: Una serie que ha ido de más a menos, pero que es sin duda brillantísima, con una factura y una producción impecables, y con algunos momentos extraordinarios
Six Feet Under, de Alan Ball: Una de las series seminales de la cadena, quizá algo inflada en su recta final, pero sin duda mítica.
Succession, de Jesse Armstrong: Llamada a ser una de las grandes de su tiempo, acaba de estrenar tercera temporada. Quizá no vay a dejar huella por su realización pero sí por sus superlativos guiones, personajes y situaciones.
Euphoria, de Sam Levinson: La primera temporada ha sido una joya sin paliativos, ya veremos si sucesivas temporadas consiguen mantener el altísimo listón del inicio.
In Treatment, de Rodrigo García: Notable serie de formato corto con muchos episodios, que proponía un modo distinto de enfrentarse a una serie.
30 monedas, de Álex de la Iglesia: Mediocre serie de fantasía y terror, con algún momento bueno aislado, pero que queda a años luz de lo mejor de la cadena.

Miniseries

Band of Brothers: Extraordinaria serie bélica sobre algunos de los combates más terribles de la II Guerra Mundial, otra joya irrepetible de la cadena
Chernobyl, de Craig Mazin: Cinco episodios que saben a poco y que resultan aterradores, conmovedores e inolvidables, una serie para la historia.
True Detective, de Nic Pizzolato: Una primera temporada sencillamente extraordinaria, con un guion notable, una realización excelsa y un personaje y una interpretación para la historia del cine.
Watchmen, de Damon Lindelof: Formidable creación, uno de los alegatos anti-racistas más poderosos que se recuerdan, y una experiencia hipnótica y apolíptica.
Mare of Easttown, de Brad Ingelsvy: Practicamente magistral relato seriado, que cuenta con una sublime Kate Winslet, para una historia de una complejidad y una hondura humanas realmente arrolladoras.
Olive Kitteridge: Sensacional drama, con una Frances McDormand impresionante, que se aleja de cualquier cliché o lugar común para contar la historia de uno de los personajes femeninos más memorables en muchos años de cine.
Patria, de Aitor Gabilondo: Interesante serie que quizá se toma demasiado al pie de la letra la novela (que tampoco era excelente) de Aramburu.
The Outsider, de Richard Price: Apreciable serie de terror y suspense, con momentos realmente conseguidos, aunque algo dispersa al final.
Sharp Objects, de Marti Noxon: Otra serie que va de más a menos, y que por eso consigue sólo una parte de lo que pretende, pero sus actores están soberbios y posee un episodio absolutamente magistral.
Mildred Pierce: Ya se llevó esta historia al cine con el título español de ‘Alma en suplicio’, y hay que decir que con mejores resultados que los obtenidos por el gran Todd Haynes. Casi nada funciona en una serie que debía haber sido de cabecera.
The Night Of, de Richard Price y Steven Zaillian: Impresionante mini-serie, que debió haber protagonizado James Gandolfini (aunque Turturro está fenomenal) que cuenta los entresijos de las cárceles estadounidenses y los tejemanejes legales y policiales. Sencillamente obligatoria.

Otras cadenas como AMC crean series estupendas como ‘Breaking Bad’ o ‘Mad Men’. Incluso NETFLIX lo intenta con el brillante divertimento de ‘The Witcher’. Pero esto es otro nivel. Otra galaxia, me parece a mí. Y creo que se apreciará más dentro de unas décadas, cuando el formato ya no de más de sí y los especialistas (si aún los hay…) se pregunten cómo una sola productora pudo parir tantas maravillas. Tiempo al tiempo.