El cañón del revólver (XVII)

Todavía algunos se sorprenden de que Pablo Casado acuda a una misa en honor al generalísimo y a Primo de Rivera. Lo sorprendente no es eso, tampoco que algunos voten o quieran votar al político más inepto e irrelevante de la historia de España. Para mí, lo realmente sorprendente es que algunos no se enteren o no quieran enterarse de quienes son los del PP (y por extensión los de Ciudadanos y Vox, que son PP2 y PP3, versión light y versión ultra respectivamente). Pareciera que haya que hacerles un dibujo. Son partidos franquistas y fa5ci5ta5, pura y simplemente, y si no salen del armario es como tantos otros políticos que son racistas, u homófobos, o supremacistas: porque no pueden. De momento.

Se nos viene encima una crisis energética sin precedentes. Ya tardaba en llegar. Que lo haya hecho justo después de la crisis epidemiológica del Covid retrata a las sociedades industrializadas casi como ninguna otra cosa. Ahora resulta que no hay luz ni gas para todos. Es mentira. Es otra mentira más que nos tenemos que tragar, y que desde luego no podemos aceptar. En este inmenso y sádico juego de ajedrez que es la geopolítica mundial algunos quieren jugar a los dados y a la ruleta rusa al mismo tiempo. Empiezo a pensar que el siglo XXI será el siglo definitivo: o conseguimos hacer entre todos un mundo más justo, o nos vamos todos al carajo de una puñetera vez.

Tengo que escribir más a fondo sobre esto, pero empiezo a estar aburrido de todo eso de la inclusividad en las películas o en las series, que hace el ridículo todavía con mayor fuerza que esa escena final de las chicas apoyándose unas a otras en el final de la bochornosa ‘Endgame’. Tenemos a una Ana Bolena negra, y tenemos a un hada madrina gay y negro en la nueva versión de ‘La cenicienta’, todo esto para dar más visibilidad al colectivo negro de Estados Unidos. Los negros deberían rechazar esto de manera rotunda. No hay que meter negros en historias con calzador, sino simplemente contar historias de negros. Tan fácil como eso. No creo que se pueda hacer de otra forma…

Viendo la magnífica ‘Succession’ (ya vamos por la tercera temporada) me reafirmo: Estados Unidos es un circo. Demasiado poder, demasiado dinero, demasiados intereses, corruptelas, hipocresías, alianzas nefastas, concupiscencia entre medios de comunicación y políticos… No es la mejor serie de HBO (aunque desde luego pretende serlo), pero pasma que esta cadena haya hecho quizá la radiografía más feroz sobre el poder de los medios, sobre la sordidez que personifican en un mundo cada vez más hipertrofiado, más desquiciado, en una sociedad tan feroz y depredadora como la estadounidense. Y son precisamente los de HBO (la Arcadia televisiva para muchos) los que tienen que conocer al dedillo cómo funcionan estos deplorables tejemanejes corporativos.

Yo creo que muchos ya estamos hartos de esos anuncios buenrollistas que promocionan cerveza, o coches, o lo que sea, y que dan una imagen de felicidad y de vidas perfectas, y de amor y de unicornios y arcoiris. Anuncios que ahora, «en plena época navideña», se multiplican por tierra, mar y aire. Pero me consta que la gente (no toda, pero cada vez más) no tolera que le mientan a la cara y le cuenten historietas. La gente, paradójicamente, quiere que incluso los anuncios sean honestos, o por lo menos que no cuenten mentiras tan descaradas. Es un comienzo.

Último disparo de este revólver: resulta que algunos científicos están hablando en serio sobre una futura terraformación de Marte, como ocurría en la por otra parte bastante floja ‘Total Recall’ (Verhoeven, 1990). Lo explica de manera inmejorable Jose Manuel Nieves en este artículo. Sería alucinante que tal cosa pudiera ser una realidad en un futuro, pero teniendo en cuenta que Marte es tan pequeño y está tan cerca de la Tierra, no es difícil imaginar otra roca esférica y azul girando alrededor del sol, como una hermana pequeña a la Tierra, también superpoblada de seres humanos, con los mismos problemas y las mismas injusticias que en este planeta, pero además sin fauna autóctona, casi un experimento sociológico en el que poder ver, desde fuera, que en muchos sentidos el ser humano no es más que un virus, y que nuestra existencia no añade más que caos al universo.