ARTÍCULOS, CINE, LITERATURA

Adaptaciones y modelos

La cuestión de las adaptaciones, en todas sus variantes (de la literatura o el teatro, o incluso del videojuego, al cine; los remakes, las reinterpretaciones de un material previo, las nuevas versiones…) da mucho que hablar y puede llevar al intérprete o comentarista de turno a varios lugares sin salida. ¿Hasta qué punto es pertinente una adaptación o remake? ¿Tiene libertad el autor para llevar a cabo cuantas versiones quiera de sus obras?

Picasso dijo más de una vez que una obra no se completa, se abandona. Parece difícil impugnar tal afirmación. Quien haya conocido el trabajo de creación de una obra artística en cualquier soporte sabe, o debería saber, que eso es una gran verdad. Nunca estás del todo satisfecho con tu obra, y si fuera por ti estarías puliéndola y reescribiéndola varios años, no por dejarla perfecta, sino por alcanzar esa idea inicial a la que quieres acercarte. Pero sucede que uno con los años cambia, y que esa obra que abandonaste hace tres o cuatro años ahora la habrías compuesto de muy diferente manera, y así es el cuento de nunca acabar. Las versiones así pueden ser infinitas. Y eso en cuanto al material propio, pero también se puede coger un material ajeno y reinterpretarlo a tu manera. Esto es la historia del arte y el que piense sólo en términos de originalidad se equivoca de medio a medio. El que así piensa solamente conoce la forma de trabajar en el mundo del arte y la narrativa actuales, no en la de hace doscientos, trescientos o cuatrocientos años.

Soy de los que creen que un artista ha de ser absolutamente libre en la elección de esos materiales, y que nadie puede reprocharle nada a ese respecto. Otro asunto son los resultados finales, de los que el artista tendrá que dar cuenta cuando entregue la obra. Claro que cuando se habla de la necesidad o pertinencia de remakes o segundas (o séptimas) partes, el respetable lo que se pregunta es si será otra estrategia comercial (consideraciones tales como que «arruina el original» no tienen el menor sentido… ¿cómo va una nueva versión a estropear la versión anterior?), o si será la demostración de que el responsable no tiene la originalidad suficiente como para crear su propio material (el manido argumento de que los guonistas «se han quedo sin ideas»…), etc, etc… A este respecto escuché el otro día un podcast (gracias, J.J.), que no voy a nombrar aquí, el cual intentaba dilucidar sobre este fenómeno de las adaptaciones y los remakes, yo creo que con poca fortuna. Voy a intentar dar mi punto de vista sobre este tema tan propiciador de lugares comunes y falta de criterio.

Una adaptación cinematográfica de un material literario, para ser válida y valiosa, no puede ser una simple transposición a imágenes de lo allí narrado, por la sencilla razón de que la literatura y el cine son dos artes diferentes. El director y/o guionista no puede limitarse a empapelar de imágenes la novela que adapta. La película ha de tener su propia identidad y esencia.. eso sí, sin perder el espíritu de la novela (o relato, o pieza teatral…) original. Digamos que ha de violarla pero ha de capturar su espíritu, de alguna manera. En caso contrario no vale la pena hablar de adaptación, sino de un material completamente nuevo. Y aquí hay que nombrar a las de siempre: ‘The Godafther’ y ‘Apocalypse Now’, tal vez las mejores adaptaciones de la historia del cine (de la mediocre novela de Mario Puzo y de la novela corta de Joseph Conrad ‘El corazón de las tinieblas’), que sin perder su esencia se convierten en algo completamente nuevo y personal.

Y en cuanto a los remakes… Los remakes son un fenómeno que lleva sucediendo desde el principio de los tiempos. Si lo pensamos bien, todo es un remake, o casi todo. La mentalidad de ahora, muy obsesionada con la originalidad y los derechos de autor, no parece capaz de entenderlo, pero todo está basado (si realmente es arte…) en modelos previos, y en cine y en literatura pasa exactamente lo mismo. Un autor ha de tomar un modelo previo, el que sea, y trascenderlo para lograr una verdadera obra de arte. Así es como se hace. Uno no crea desde la nada (aunque algunos pretendan hacerlo, insisto), por lo que todo este tema de los remakes se reduce a un sólo concepto: si el director de turno simplemente aprovecha el éxito del título original para obtener él otro éxito, del índole que sea. Y eso, me temo, queda claro enseguida, sobre todo con determinados títulos y determinados directores.

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