ARTÍCULOS, CINE

Los más grandes creadores del cine de Estados Unidos

En mi opinión, considerar que (salvo las excepciones de grandes creadores del pre-cine –el mudo– como Buster Keaton o David Wark Griffith), los gigantes del cine de Estados Unidos se encuentran incrustados en las décadas de los 30, 40 y 50, es lo mismo que afirmar que la novelística del siglo XIX es superior a la del XX en formas y profundidad conceptual sólo por ser anterior, cuando yo creo que no hay discusión que en la formalización de un segundo mundo ficticio, en el desarrollo de las herramientas puramente novelísticas (y de nuevo salvo excepciones como las de Dostoyevski o Melville…), los Joyce, Torrente Ballester, Faulkner, Woolf, Broch, Hesse, Mann… llegaron mucho más allá que sus colegas de la centuria anterior.

Iría aún más lejos: considerar a directores (sin duda capitales para el establecimiento de unas formas previas de entender la narración y la expresión cinematográficas) como John Ford, Alfred Hitchcock, Billy Wilder, Howard Hawks, Ernst Lubitsch, Joseph L. Mankiewicz, George Cukor, William Wyler, Elia Kazan o incluso Fritz Lang (que en su etapa americana es muy inferior a su etapa europea), los realizadores más importantes de la historia por encima de los que llegaron en los años 70 (con la sola excepción de Orson Welles), resulta algo parecido a considerar la novelística hispana del Renacimiento superior a la del Barroco. Por la sencilla razón de que las formas se superan, de que el desarrollo de un arte significa el desvelamiento de cuáles son sus verdaderas esencias. No significa ser «mejor» (que tampoco sé lo que supone en este contexto), significa ir más lejos, escribir las formas del cine de una manera más rotunda y asentar las bases de todo gran director que se precie: el sentido del montaje y la dirección de actores. Conceptos, ambos, que en los años 30, 40 y 50 estaban en pañales en Estados Unidos, o quizá más valdría la pena decir que estaban muy supeditados a las convenciones de los estudios y del Star-System.

Hoy día no tendría sentido poner en una película a actores como John Wayne o Humphrey Bogart, ni tendría ningún sentido descuidar ni el más mínimo corte de montaje. En el arte, todo lo que no va hacia delante no es arte, sino un kitsch, y de eso saben mucho los directores de la etapa «dorada» de EEUU. De esto ya he hablado bastante en estas páginas mías, y también de los que considero los más grandes creadores de Estados Unidos, pero hoy me gustaría profundizar un poco más en cada uno de ellos:

Orson Welles

Welles es inevitable. Él fue el primer verdadero autor instalado primero en el seno de la industria, gracias al extraordinario éxito radiofónico de ‘War of the Worlds’, y después expulsado por su soberbia, su enfrentamiento con los estudios, su potente crítica al «establishment» y la sospecha de ser comunista. Sólo pudo completar once largometrajes desde aquel formidable ‘Citizen Kane’ para la historia, y de ellos sólo cuatro más en EEUU, pero su leyenda es casi imbatible en la historia del cine, así como su aura de genio de ese país.

Con él comienza otra forma de entender el sentido del montaje de una película y otra forma de dirigir actores, alejada de la teatralidad de sus contemporáneos más famosos y más exitosos. Es decir, con él el cine de Estados Unidos comienza a caminar.

Francis Ford Coppola

Welles fue el que echó a andar, y Coppola el que recogió el testigo para terminar su trabajo y alcanzar la cima del cine estadounidense. Ni un solo director de ese país posee cuatro películas consecutivas del calibre de ‘The Godfather’-‘The Conversation’-‘The Godfather, Part II’-‘Apocalypse Now’. Esto es de otra galaxia.

Pero aunque su carrera sólo contase con las siguientes (‘One from the Heart’, ‘The Outsiders’, ‘Rumble Fish’, ‘Cotton Club’, ‘Tucker’, ‘The Godfather, Part III’, ‘Bram Stoker’s Dracula’, ‘The Rainmaker’), estaríamos hablando igualmente de un gigante. La suma de todo ello pone su carrera en una estratosfera muy difícil de igualar.

Martin Scorsese

Muy cerca de su amigo Coppola se encuentra Scorsese. La regularidad de Scorsese no la tiene Coppola (si bien Scorsese no tiene las cuatro grandes obras maestras de su rival), pero realmente muy pocos pueden presumir de poseer tantas obras notables consecutivas y algunas obras maestras memorables en su trayectoria.

La experta dirección de actores de Scorsese y su inédito sentido del montaje ponen al discípulo bastante por encima de sus maestros Ford, Fuller y Cassavetes. Scorsese tiene ya una carrera para la eternidad.

Terrence Malick

Malick es el poeta del cine estadounidense, el autor más enigmático y conceptualmente profundo de todos ellos, si bien en su irregular (y por muchos muy discutible) carrera no todo es excelso. Pero cuando lo es, es prácticamente insuperable. Maravilló con sus dos primeras películas (‘Badlands’ y ‘Days of Heaven’), y nos dejó pasmados con sus dos portentosas obras maestras (‘The Thin Red Line’ y ‘The New World’). A partir de ahí, ha realizado magníficas aunque desequilibradas películas, y sigue buscando un cine que represente una experiencia única.

David Lynch

Uno de los pocos verdaderos directores del cine estadounidense, y un artista insobornable e incorruptible (incluso a pesar de sus devaneos con la industria en la estimulante ‘Dune’). Su estilo es único y personalísimo, tal vez el más personal y consistente del cine estadounidense. Y lo es sobre todo porque su sentido del montaje es único y su dirección de actores también.

Dicen que es un director «laberíntico». En realidad es un director artista que con cada nueva película empuja las posibilidades del cine hacia nuevos territorios.

John Carpenter

Puede que sorprenda que le incluya en esta lista, pero además de un gran sentido del montaje y una magnífica dirección de actores, Carpenter es uno de los directores estadounidenses que mejor planifica y narra sus secuencias y sus películas. Alumno confeso de Hawks, incluso en sus filmes menos logrados como ‘Vampires’ se percibe una dirección experta, propia de un maestro en el arte de dirigir películas, con un estilo, una vez más, único.

Su trilogía de obras maestras (‘The Thing’, ‘Prince of Darkness’, ‘They Live’) le sitúa muy por encima de sus contemporáneos en cine de género, y entre los más grandes de todos los tiempos por una trayectoria compacta, personalísima y muy crítica con la sociedad estadounidense.

James Cameron

Y para finalizar imposible no nombrar no solamente al mejor director de sci-ifi y acción de todos los tiempos, sino también a otro cineasta estratosférico, ninguneado por ciertos sectores de la crítica, pero cuyo excepcional sentido del montaje y la dirección de actores le sitúan muy por encima de prácticamente cualquier otro, a pesar de su corta filmografía.

Sus cuatro obras maestras absolutas (‘The Terminator’, ‘Aliens’, ‘T2: Judgement Day, ‘Titanic’), además de ‘The Abyss’ y ‘Avatar’, son más que grandes espectáculos o historias épicas: son el viaje más apocalíptico y devastador, las visiones más oscuras del futuro de la humanidad.

A estos siete gigantes habría que sumar dos más, Paul Thomas Anderson y David Fincher, que acabarán siendo el octavo y el noveno, pero de momento ahí quedan para que el lector se forme su propia opinión.

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ARTÍCULOS, LITERATURA

Juan Gómez-Jurado y la ley de la pasta

Creo que hace un tiempo escribí un artículo (aunque no recuerdo dónde exactamente) en el que afirmaba, también en el título, que para triunfar has de ser una zorra. Recuerdo que tuve una bronca con un buen amigo por eso, aunque por suerte no pasó de bronca. Eso pensaba entonces, y ahora sigo pensando igual. Para triunfar de verdad, para ganar mucho dinero, para estar en boca de todos y aparecer hasta en la sopa, sobre todo en un país tan acrítico y en el que los méritos no importan un carajo, sólo las apariencias, como lo es España, hay que venderse muy barato.

A mí también me gusta el dinero. A todos nos gusta el dinero. Cuando lo tengo mis preocupaciones son menos y me permito invertir en según qué cosas. Cuando no lo tengo tampoco es que ande por ahí amargado de la vida, pero mi humor es otro. Nos pasa a todos. Si no tenemos queremos dinero, y si tenemos dinero quisiéramos mucho más. Pero las líneas rojas consisten en qué estarías dispuesto a hacer para conseguirlo. Creo que en esa infame película llamada ‘Jerry Maguire’ lo llaman el kwan: triunfar, dinero, respeto, lujo, tren de vida, como se le quiera llamar. Algunos lo consiguen y se creen por ello unos triunfadores. Es la lógica del mundo capitalista: tanto tienes, tanto vales.

Viene a cuento todo esto de que no me puedo poner a mirar redes sociales, porque me encuentro con alguna que otra cosa que es maravillosa, por supuesto, pero también con otras que te hacen perder la ganas y la curiosidad. Resulta que la revista Esquire le dedicó una entrevista… un artículo… un masaje de los que ahora se estila que le hagan a la gente famosa, escritores también, al ínclito Juan Gómez-Jurado, que reza: «Juan Gómez-Jurado: qué y quién inspira al rey del thriller», y no ponerme a escribir sobre este engendro (de entrevista-masaje y de escritor) es absolutamente imposible. Iba a hacerlo cuando me enteré de que JGJ pronto impartiría (ya lo ha hecho, creo…) una webinar para escritores, pero me contuve. Ahora me es imposible contenerme. Es impresionante la transformación de este mal escritor que era hace doce o trece años, un muchachillo sin nada mejor que hacer que escribir thrillers con cara de no haber roto un plato en su vida, en este endiosado hombrecito que ahora escribe (igual de mal o peor) best-sellers multimillonarios, al que dedican sonrojantes sesiones de fotos como si además fuera guapo y atractivo y misterioso y supiera posar. Es un fenómeno de la naturaleza.

Y lo que nos gusta decir eso de «el rey de…». Luego me pongo a indagar un poco y resulta que todo este circo es en realidad un comercial para KIA, la marca de coches, y que la supuesta entrevistadora no es más que una comercial de esa marca, pues ha hecho la misma jugada con gente tan dispar como María Escoté, Soleá Morente, Isabel Coixet, Jaime Lorente… Ahora simplemente le ha tocado el turno al escritor de moda, Gómez-Jurado, que no contento en demostrar con cada libro que se la tiene jurada a la literatura, viene a demostrarnos ahora que no le importa hacer el más absoluto de los ridículos sólo para ganar un poco más de pasta.

Porque eso es lo que a engendros como él, Pérez-Reverte, Ildefonso Falcones, Ken Follett y muchos otros realmente les importa: la pasta. No les importa la literatura, ni los lectores, ni hacer el ridículo más espantoso en programas de televisión y de radio o en cualquier entrevista. La única razón de esta «entrevista» además del dinero es mantenerse en el candelero, mantener su tinglado, que es la misma razón de su hiperactividad en redes sociales, como Pérez-Reverte: dar que hablar, estar siempre ahí arriba. Y la literatura, ¿qué? Ni se la ve ni se la espera.

Nada de qué preocuparse: la autora del «artículo» ya se encarga de decirlo: «uno de los más brillantes escritores de nuestra lengua». Y se queda tan ancha. No uno de los más vendidos (eso también lo dice, quién iba a dudarlo). No por ejemplo uno de los mejores escritores de la actualidad. No, no. Uno de los más brillantes escritores de nuestra lengua. ¿Nadie tiene que decir de semejante sandez? Está visto que no. Bueno, ya lo digo yo. Esto es lo que ha perpetrado uno de los más brillantes escritores de nuestra lengua: «Es entonces cuando Jon se da cuenta de que es hermosa. No una belleza, tampoco nos volvamos locos. A primera vista, el rostro de Antonia pasa desapercibido, como una hoja en blanco. El pelo, negro y lacio, cortado en media melena, no ayuda mucho. Pero cuando sonríe, su cara se ilumina como un árbol de Navidad. Y descubres que los ojos que parecían marrones son en realidad de un verde aceituna, que un hoyuelo se forma a cada lado de la boca, dibujando un triángulo perfecto con el que le parte la barbilla». Es de esa obra maestra titulada ‘Reina roja’, que tantos millones de lectores tiene. A eso lo llaman prosa.

Vale. Vamos a lo duro:

«Antonia suelta una carcajada de incredulidad. La abuela cree que los dos únicos propósitos del agua son el baño y cocer marisco. Pero Antonia comprende lo que pretende hacer con ella. Desde lo que pasó,

desde lo que hiciste

el mundo ha virado sobre su eje. No ella, claro. Ha sido el mundo, un mundo en el que ella ya no encaja. Un mundo en el que, reconoce a regañadientes, los días son una letanía interminable de culpa y aburrimiento.»

Esa estructura de intercalar una frase en cursiva la usa Stephen King en muchas novelas. Suerte que en España la gente no lee ni a King, ¿verdad, Juan? Si ya no es original en sus ideas, no tiene el menor rubor (aunque seguro que sabe cómo se dice esa palabra en japonés…) en copiar incluso el estilo de los más leídos. Pero es abrir cualquier página de ‘Reina roja’ para encontrarse joyas de gran calibre:

«La abuela da otro trago al vino y esboza una sonrisa beatífica, una sonrisa de anuncio de caramelos»

«Que al inspector Gutiérrez no le gustan los periodistas en general y Bruno Lejarreta en particular queda claro: en cuanto Bruno aparece, pone cara de que le va a dar una hostia»

«En su día, cuando el conflicto, en los años del plomo, había que ir con pies de ídem»

«Es decir, le encantaría en el terreno de lo metafórico, porque como aquella mano del tamaño de una paellera te cruce la cara, te manda al jueves que viene»

Así es toda la novela, sin parar, página tras página, hasta el final. La prosa de «uno de los mejores escritores de nuestra lengua» no es tal, sino una colección de chistes sin ingenio, de frases supuestamente ocurrentes con las que Gómez-Jurado se empeña sin descanso en hacerse el gracioso… sin la menor gracia. Que esto les guste y les extasíe a los millones de personas que han comprado sus libros, no es de extrañar. A la gente le gusta lo burdo, lo bobo, lo fácil y graciosete. No se compran literatura sino un montón de chascarrillos del novelista de moda.

Gómez-Jurado sufre de una disonancia cognitiva galopante, casi del mismo calibre que la de su compadre Pérez-Reverte. Si el murciano se cree un hombre culto, un gigante de las letras, un héroe de guerra y un Joseph Conrad redivido, casi un galán de otra época, Jurado se cree un hombre increíblemente guapo y misterioso, un novelista de genio comparable a Cervantes o incluso Homero, un erudito y una persona increíblemente graciosa e ingeniosa. Es el problema de tener éxito cuando no lo mereces: que se te pira la pinza, que eres un esperpento andante, y que eres un fracaso. El éxito no se define en cuántos libros vendes, ni la talla como escritor en cuantos lectores tienes. Eso lo sabe hasta Stephen King, que es mucho más inteligente y humilde. El éxito es hacer una obra literaria potente, profunda, imperecedera (bueno… si es literatura es que es precisamente todo eso), aunque la lean sólo unas pocas cientos o miles de personas en todo el mundo. A Pérez-Reverte y a Gómez-Jurado sus lectores y la literatura les importan un carajo. Lo único que les importa es la pela. Así de claro.

Te diré una cosa, Juan, si me estás leyendo, que igual te da por ahí: sabes perfectamente que todo lo que he dicho en este texto es verdad. Lo sabes, aunque no quieras saberlo. Sabes que dentro de cinco o diez años pasarás de moda, llegará el próximo superventas y tus amigos de la editorial no te harán tanto caso. Ya estarás amortizado, ya habrán visto que no das más de ti, y apoyarán a otros. Pero tanto ellos como tú mismo, y esto no lo sabes pero te lo digo yo, habéis convertido la literatura en compra-venta de basura, en un circo dantesco de mercancía caduca. Enhorabuena, lo habéis conseguido.

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ARTÍCULOS

No infravaloremos la subnormalidad del mundo

Se supone que somos una especie inteligente, la especie llamada a conquistar el sistema solar y quizá la galaxia y el universo entero. Mentira. Algunos lo son, inteligentes, otros intentamos serlo, y la gran mayoría, pese a poder serlo, deciden no serlo.

¿Pero alguien de veras cree que Rusia quiere invadir Ucrania porque son muy malos? Sí, eso es lo que dicen los medios de comunicación a todas horas, pero no hay quien se lo trague. Claro que si quieres tragar, tragas. La OTAN, es decir los Estados Unidos, es decir el imperio más destructivo de la historia, quieren anexionarse a Ucrania, para así estar mucho más cerca con sus bases y sus misiles de Moscú. ¿Qué haría Estados Unidos si los rusos pusieran bases nucleares y tropas armadas en México? Pero la gente.. ¿en qué mundo vive? ¿Dónde se creen que estamos, en una pseudo-novela de Pérez-Reverte?

¿Qué se cree todo el mundo que hacía Estados Unidos en Afganistán? ¿Ir a liberar el país? ¿Somos unos ingenuos o nos lo hacemos? Afganistán es clave estratégicamente en este enorme tablero de ajedrez que es la Tierra, y ahora que se han ido de allí, el siguiente movimiento es Ucrania, movimiento que llevan décadas preparando. Pero son Rusia los malos, no la OTAN, que incumple todos los tratados, que miente a todos los que están bajo cuerda, que hace suyo el «conmigo o contra mí»

Desde que terminó la II Guerra Mundial, que se ganó sobre todo gracias al enorme sacrificio del pueblo ruso, y menos a la presencia de Estados Unidos y otros países de los llamados Aliados, la propaganda anglosajona ha trabajado de manera incansable para que occidente se creyera que Rusia apenas hizo nada para contribuir a esa victoria. Es más, la mayoría de la gente ha llegado a interiorizar que comunismo y nazismo son la misma cosa, poco más o menos. Lo han logrado: los rusos son muy sospechosos pese a no hacer más que defender lo suyo, y los Estados Unidos son los buenos, a pesar de que mienten, invaden, manipulan, arrasan por donde van. Es la misma estrategia que antes se llevó a cabo con España y la hispanidad. Si eres hispano eres sospechoso, eres un delincuente, una raza inferior. Si eres español perteneces a una etnia asesina, cutre, casi condenada.

Así se gana, década a década, siglo a siglo, las mentes de los más perezosos, los que carecen de espíritu crítico. Bien lo saben los que hacen de la propaganda su estilo. Los Estados Unidos quieren ir al patio trasero de Rusia, a Ucrania, a dejar allí sus bases, sus soldados y sus misiles, y si Rusia no lo consiente, ellos son los malos. Claro que sí. Si el mundo es cada vez más irrespirable, más tóxico, más siniestro, no es porque existan individuos capaces de hacer lo que sea por quedarse con todo, sino porque las personas corrientes se niegan a utilizar la cabeza.

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Viajeros de la noche – Capítulo segundo: Hablando un rato de las películas Marvel

Pues sí. Y quien dice un rato, dice un par de horas largas. Y quien dice un par de horas largas dice cuatro horas de programa que hemos preparado para los que son seguidores acérrimos de esta interminable larguísima saga de películas protagonizadas por los superhéroes más famosos del mundo, que tanto han dado que hablar, que tanta pasta han conseguido recaudar en cines, y que para bien o para mal han dominado durante más una década larga las carteleras… pero también lo hemos hecho para los no fans, para los que tienen cosas que decir en contra de este tipo de películas, los que quieren poner los puntos sobre las íes y los que no se han dejado arrollar por este rodillo marveliano.

Hemos comentado TODAS las películas (algunas más y algunas menos) basadas en material Marvel, tanto las que pertenecen al dichoso MCU, como las que no, basándonos en cierta lista de la wikipedia que tenía ciertas lagunas que nosotros hemos intentado compensar, y que también incluía ciertos títulos de serie Z que no han visto ni siquiera Carlos o JJ. En total creo que hemos hablado de unas sesenta películas, más o menos, y en algunas nos hemos detenido porque nos parecían más convincentes, o incluso alguna que otra una verdadera maravilla, y en otras no hemos pasado más que de puntillas porque no hay por donde cogerlas.

Si el oyente se siente abrumado por cuatro horas seguidas en las que cuatro individuos no dejan de hablar de superhéroes, pueden avanzar hasta la hora, hora y media, que es cuando empieza la tralla de verdad, o si tiene un viaje muy largo que hacer, qué se yo, a Galicia o Barcelona, y no tiene ni idea de qué poner en la radio, siempre puede darnos un voto de confianza, que yo creo que no le vamos a defraudar. También puede escucharla por capítulos: un día una hora, otro día dos horas… Este es un mundo libre, o eso dicen. Nosotros nos lo hemos pasado muy bien, de modo que confiamos en que el inopinado oyente también lo haga.

Aquí el enlace directo a la casa madre Ivoox:

Ir a descargar

Y también en espoti, claro está:

Así que ahí lo tenéis.

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ENSAYO

Las impunes atrocidades del mundo contemporáneo (I)

«Vivimos en la niebla, todos nosotros»

Oliver Stone, ‘La historia no contada de Estados Unidos’

Es terrible observar cómo en pleno siglo XXI, que amenaza ya con ser el último de todos, mucha gente sigue viviendo en la ilusión de que en el mundo hay libertades, y democracias, y derechos humanos… cómo siguen pensando que el mundo es un lugar hermoso para vivir, quizá con algunos problemas o asuntos que deben resolverse, pero en el que triunfa el bien, la justicia y la honestidad, o que por lo menos deberían triunfar, o que acabarán triunfando. Tal como dice Robe en su canción ‘Nana cruel’, yo que conozco al ser humano te digo que no. Es necesario seguir insistiendo en que el mundo entero, el planeta Tierra, no es más que un inmenso tablero de ajedrez, en el que los poderosos y los hijos de puta mueven ficha, creando terremotos cada vez que hacen algún movimiento, sin importarles las vidas humanas y animales que puedan caer en ese proceso, sin prestar atención al sufrimiento y al deterioro del medio ambiente del que ellos mismos dependen.

Y el jugador más poderoso, más barriobajero, más mentiroso, más cínico y más despiadado es Estados Unidos, el estado (no la nación ni el país, que todavía no es ni una cosa ni otra, y dudamos que llegue a serlo alguna vez), más asesino de la historia, seguido muy de cerca por el imperio que lo engendró y que es su padrastro, el imperio británico, que ya no es imperio porque ha cambiado de forma, pero sigue siendo muy influyente geopolíticamente hablando, y da alas de destrucción aún mayores a los Estados Unidos. ¿Sabía el lector que la reina de Inglaterra es soberana de Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Bahamas, Granada, Papúa Nueva Guinea, Islas Salomón, Tuvalu, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Belice, Antigua y Barbuda y San Cristobal y Nieves, además de Reino Unido e Irlanda del Norte, y que el imperio británico aún deja sentir su catastrófica influencia en India, en muchos estados africanos, en Burma, en el mar Caribe, y en muchos otros lugares del globo, que aún habiéndose librado de esa lacra, siguen sufriendo los efectos de su presencia aunque haya sido corta, traducidos en pobreza, discriminación, atraso cultural y un largo etcétera.

Pero, oh milagro, existen el cine y la literatura. Sobre todo el cine, que ha convencido a las mentes más perezosas de que Estados Unidos es el salvador del mundo y de que lo anglosajón es lo más molón (pido perdón por el fácil pareado…). El siglo XX ha sido el siglo de la propaganda más mentirosa y salvaje de la historia, primero la de los nazis, y luego la de los anglosajones, que son maestros a la hora de quedar como héroes aunque sean verdugos, como honestos aunque sean mentirosos. Cuando en ‘The Simpsons’ persiguen a Rainier Wolfcastle unos «comunistas-nazis» notamos la ironía suprema de los guionistas, que saben que ambos conceptos ya están irresolublemente entrelazados en la psique popular, como si fuera una misma cosa. Cualquier cosa que haga un país que no sea anglosajón o que vaya contra sus intereses o contra la OTAN (verdadero organismo criminal cuyas cuentas jamás podrán ser saldadas) es considerado por el ciudadano de a pie una provocación o una maldad, pero cualquier invasión, ataque preventivo, maniobra militar, provocación diplomática de las cientos o miles que Estados Unidos, Reino Unido o la OTAN han llevado a cabo durante décadas, son actos responsables que nos protegen a todos.

El cine, y la literatura, son sin embargo armas de doble filo para las élites depredadoras de cualquier signo y país, y resulta alentador que los cineastas más importantes, creadores de películas o series, sean capaces de indagar en el cinismo, en los delitos internacionales, en la mascarada de honestidad y moral que revista su propio país. El gran cine estadounidense es un cine muy crítico con sus propios demonios en muchas ocasiones, en casi todas. Y el cine brillante, hábil, de apariencia bonita que siguen haciendo allí intenta contrarrestarlo, con películas como ‘Forrest Gump’, ‘The Hurt Locker’ o la reciente ‘Being the Ricardo’s’, por nombrar tres películas muy dispares que siguen haciendo una campaña subterránea sobre la supremacia moral, militar o política de los Estados Unidos. ‘Being the Ricardo’s’ sorprende sobre todo por estar protagonizada (magníficamente, todo sea dicho), por Javier Bardem, un hombre que tantas veces se ha autoproclamado activista de izquierdas…

El cine y la literatura (y a veces incluso la música) son armas de destrucción masiva parecidas a las bombas y los misiles. Destruyen la capacidad crítica y el raciocinio del personal. También pueden abrirles la mente, hacerles comprender conceptos complejos, ganar en visión y en claridad. A menudo el cine nos cuenta las atrocidades de este mundo, sobre todo las que quedan impunes, total o parcialmente, a través principalmente de documentales, que también son cine. La capacidad crítica de la literatura parece haberse evaporado. Ya dio preocupantes muestras de debilitamiento en el siglo XX, y ahora en el siglo XXI no existen escritores capaces de dar una visión crítica del mundo en el que viven. Pero el arte, sobre todo el narrativo, es más valioso y más auténtico cuanto más crítico es, cuanto más propone alternativas conceptuales al infierno en el que vivimos, y cuyas ascuas sólo nos rozan de cuando en cuando a los que llevamos una existencia más o menos cómoda en el llamado «mundo occidental». El cine y la literatura nunca pueden ser burgueses, acomodaticios. Han de ser activistas, terroristas, han de cuestionarlo todo, porque ese es el mayor de sus poderes. Cuando el arte narrativo está al servicio de los poderosos, ni es arte ni es narrativo, sino una gran mentira a la que hay que combatir con la misma energía con la que combatimos las que nos cuentan en los medios de comunicación.

Este mundo oscuro sigue siendo el mismo que en siglo XV o en el siglo X, o incluso peor. El ser humano sigue perfeccionándose en su cinismo y en su capacidad destructiva. No dejará títere con cabeza en una suicida carrera hacia ninguna parte, ni siquiera dejará animales vivos y libres. Y es importante escribir sobre todo eso a través de las lecciones o mentiras que nos deja el cine y la literatura.

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ARTÍCULOS

Ráfagas (1)

Leída la primera novela de Tarantino, ‘Érase una vez en Hollywood’, que cuenta la misma historia que su película homónima… Es directamente espantosa. Tarantino es un buen director, pero novelista no es. Prosa de parvulario y diálogos idiotas.

Me han dejado la primera novela de ‘Juego de tronos’. A ver qué tal. A pesar de las elogiosas críticas que muchos le han dedicado a esta saga, entro con reservas. Quizá luego me sorprenda y acabe devorándolas todas. Nunca se sabe.

Tengo que ver de una maldita vez ‘The Power of the Dog’, de la Campion. A ver si este fin de semana me pongo con ella. La que realmente me apetece es ‘Licorice Pizza’, de Anderson, que muy probablemente rompa mi larga sequía de no ir al cine.

Se estrena lo último de Guillermo del Toro, y le hacen una entrevista en la que al parecer cuenta sus muchos proyectos no realizados. Es del Toro un director muy sobrevalorado, muy poca cosa. Mucho aparato y mucho empaque y un cine ortopédico, inane, que no merece ni de lejos tanta atención.

La segunda temporada de ‘Euphoria’, de la que llevamos dos capítulos, me está pareciendo soberbia. Aún más sombría y desesperanzada que la primera. El nivel está muy alto y no voy a tener más remedio que incluirla, con mucho riesgo, en mi canon.

Hablando del canon, qué difícil es ponerse a escribir no ficción después de estar una o dos horas escribiendo ficción cada día. Es como utilizar otra parte de tu cerebro, o resetearlo, para volver a empezar. Sólo estoy escribiendo algunas pequeñas partes, por ahora. Va a ser un trabajo largo e intenso.

Este fin de semana grabamos nuevo programa de ‘Viajeros de la noche’. Presiento que va a ser un bonito debate, porque JJ y Carlos están muy por Marvel, y yo no tanto, ni de coña. Ya veremos si me machacan o si puedo mantener el tipo. Invito a comentar, claro, y a que cualquiera pueda decir lo que le apetezca, que para eso están los comentarios.

En un futuro me gustaría también hacer programas de ciencia, o de cuestiones más filosóficas y morales, no solamente de libros, cine o series. Ya se lo diré a mis compis, que seguro que están de acuerdo en hacerlo. Hay que romper los esquemas, sobre todo los propios.

Muchos a mi alrededor se contagian de Covid, aunque afortunadamente de forma leve. Yo de momento me salvo (toquemos madera). No sé si serán las pocas horas que duermo o que me paso el día con la mascarilla puesta, incluso en exteriores. El día que nos la quiten nos vamos a sentir desnudos sin ella.

El otro día en ‘El intermedio’ hablaban sobre las paridas que sueltan los dirigentes políticos en todo el mundo. Yo creo que poco nos pasa. Si de verdad lo pensamos con calma, es para estar todo el día con el botón del pánico encendido. Nos gobiernan, en algunos casos, verdaderos tarados con serrín en el cerebro.

Por cierto que he visto ‘No mires arriba’, la comedia de NETFLIX de la que todo el mundo habla estos días. Está graciosa, y es verdad que el personaje interpretado por Meryl Streep recuerda bastante a Ayuso en sus sandeces. No está mal la peliculita, y acaba como tiene que acabar, como acabaremos todos, si un pedrusco de ese tamaño impacta contra el planeta.

Quiero escribir un artículo titulado ‘Infravaloramos la subnormalización del mundo’, pero es demasiado obvio. Me gustaría encontrar, siempre que pueda, títulos sutiles, sugerentes, para mis artículos. No siempre es posible, claro. Si escribo ese artículo, es obvio lo que voy a decir después.

¿Sabe el lector que a veces tardo una hora en encontrar la imagen perfecta para un artículo o ensayo de esta página? En ocasiones tengo la imagen adecuada, pero la calidad de imagen es pésima. Intento hacer una página visualmente atractiva, pero prometo que no es nada fácil.

También voy por el segundo capítulo de la segunda temporada de ‘Peaky Blinders’. La cosa se está poniendo interesante, después de una primera temporada un tanto sosa. La serie parece no empezar nunca, no ser ella misma todavía. Pero está cerca. Ya veremos si sigue subiendo.

Tengo como diez libros sin leer, físicos o descargados. A veces cojo alguno y leo veinte o treinta páginas, sólo por gula. Es como ver una tarta recién hecha y coger un pedacito, o una bandeja de patatas fritas recién hechas y coger tres o cuatro. A menudo no tengo tiempo para más.

Con la novela que estoy escribiendo ahora, me pasa como con todas. Hay días que pienso que puede ser una novela bastante original, y otras que pienso que me va a quedar una novela bastante sosa y nada interesante. No hay término medio. Es una angustia que nunca se va del todo.

Cuando digo tarados con serrín en el cerebro, los dirigentes de medio mundo, no digo que sean tontos. Son muy listos, lo bastante como para llegar a puestos de poder. Ahí acaba su «listeza». Para todo lo demás son como niños retrasados. No les dan para más sus neuronas.

Y viendo el otro día la entrevista-conferencia-chorrada montada por la editorial de Pérez-Reverte en la que charla con Jose Luis Garci, me digo que bueno, ese es su lugar. El de Pérez-Reverte, digo, que es el Garci del mundo editorial actual, un rancio, un cateto envanecido en palabras de Viñó. Lo malo es que el día que se vaya todavía nos quedarán engendros editoriales como Juan Gómez-Jurado y unos cuantos más. Pobres de nosotros.

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ARTÍCULOS, CINE, TELEVISIÓN

Otro absurdo debate: películas vs. series de televisión

La gente se apunta a un bombardeo, si es mediático mucho mejor, y si es un debate cool muchísimo mejor. El otro día el ex-vicepresidente del gobierno Pablo Iglesias (un tipo al que por otra parte respeto bastante…) dijo en su cuenta de Twitter que las series conseguían llegar a sutilidades a las que las películas no podían aspirar, o algo por el estilo. Creo que es un buen analista político, pero un mal analista cinematográfico. Claro que a años luz de Rufián, quien de vez en cuando deja caer alguna perla sobre alguna perla o alguna serie, haciendo un ridículo bastante importante. Todo el mundo puede opinar lo que quiera sobre aquello que le interese, faltaría más. Pero cuando un político habla sobre alguna serie o alguna película, algo chirría casi siempre. Más aún cuando hablan de algún libro o algún poeta, pero ahora vamos a hablar de películas y series. Se nota demasiado la idea impostada, el cliché, el lugar común y la falta de preparación básica.

Lo que estos políticos, y supongo que muchos otros cuya cuenta no sigo ni leo jamás, llevan a cabo no es más que una manifestación de lo que hace la ciudadanía: proponer un debate aún más bobo que aquel del que hablaba hace unos días sobre la supuesta (e inexistente, por escandalosamente desproporcionada) rivalidad entre HBO y NETFLIX. Pero por muy bobo que sea ese debate, creo que es interesante hablar de ello, no solamente para demostrar que es eso, bobo, sino para empezar a indagar en algunas cuestiones que tengo la intención de desarrollar en el libro sobre series que voy a escribir, que nadie me va a publicar después, y que terminaré poniendo a la venta en Amazon por 15€ en papel y por 7,5€ en digital. Y para empezar, esa idea de Iglesias, que aseguraba que las series pueden llegar a sutilidades que las películas no pueden aspirar, que supone, básicamente, negar la entera historia del cine, ponerse a favor de esa corriente que no se da cuenta de que las series existen, sobre todo, porque primero existieron las películas, y que no las sustituyen ni las superan, si no que las complementan, y que son dos medios diferentes, por mucho que se parezcan.

Vale la pena, incluso, insistir en el hecho de que una película no es una serie en un sólo capítulo largo, ni una serie es una película larga dividida en varias partes. Ejemplos empieza a ver a decenas de películas de las que luego se han hecho series, y de series que luego han conocido una película, y siempre se percibe algo diferente, algo en efecto sutil, como decía Iglesias, pero no en lo referente a la capacidad de sugestión de un título concreto, sino en cuanto a su estrategia narrativa, a la expresividad de sus componentes y a su mero conjunto. Se dice hasta la extenuación que las series permiten desarrollar más los personajes porque como disponen de más tiempo, quizá ocho o diez o treinta horas, pueden hacerlo mejor que una película de dos horas. Ignoran, seguramente, que un personaje no se desarrolla en el tiempo, sino en el plano, en la caracterización y en sus primeros compases dentro de una ficción. Lo que se desarrolla es su argumento, su historia, su peripecia. Pero un personaje no estará más desarrollado porque disponga de 77 capítulos para hacerlo, sino que simplemente le sucederán, en teoría, más cosas que a otro de una película… o puede que no.

Un personaje como House, interpretado de manera insuperable por Hugh Laurie, es él mismo desde el primer capítulo, de la misma forma que Adéle, el personaje interpretado por Adèle Exarchopoulos en la película homónima, es ella misma desde la primera secuencia. Luego no es que se «desarrolle» el personaje sino que vamos conociendo su historia y cómo reacciona a aquello que le va sucediendo. Ni House habría sido un personaje menos memorable en el caso de haberse visto «encerrado» en las dos o tres horas que dura un largometraje, ni Adéle se habría visto más desarrollada si hubiera conocido una serie de cuarenta y nueve capítulos. Esas ideas son propias de quien no ha reflexionado suficiente ni sobre las películas ni sobre las series, y se deja convencer por las ideas más poderosas. Le pese a quien le pese y le ofenda a quien le ofenda.

Y en cuanto a las supuestas sutilidades… Salvando bastante las distancias (bastante, mucho…) podríamos establecer una comparación con el relato y la novela, siendo las series una novela compuesta de varios relatos superpuestos, y el relato siendo una película. Es una comparación un tanto burda, lo sé, pero me sirve para sostener la idea de que un soporte narrativo, el que sea, y un género narrativo dentro de ese soporte, que puede tener varios, no supone una superioridad de ninguna clase. Yo no creo que las novelas de Faulkner sean más sutiles que sus cuentos, y viceversa. Y lo mismo pienso de las ‘Novelas Ejemplares’ de Cervantes respecto a sus novelas. Son marcos narrativos diferentes, y así deben ser comprendidos. En ellos la gran diferencia no es el tiempo, de la misma manera que la gran diferencia entre novela y relato no es el número de páginas. Existen novelas que son relatos muy largos (toda la producción de Pérez-Reverte, que no ha novelado ni una sola vez en toda su vida), y existen series que para su desgracia bien podrían haberse contado en una película de dos o tres horas. La diferencia no es el tiempo, sino la forma de manejar ese tiempo. Es decir, el montaje.

El montaje no es solamente la precisión técnica del corte, sino la concepción global de toda la obra, la estructura y la construcción (que no son lo mismo…), del material narrativo. Y no se enfrenta uno al montaje de un filme de la misma manera que se enfrenta al montaje de una serie. Es imposible hacerlo. Con eso está dicho todo. Es lo mismo, esencialmente, pero no es igual, en lo nuclear. Ese de ese montaje, de la dirección de actores, de la puesta en escena, de la voz del director o directores, de donde va a salir la sutilidad, o la falta de ella, de la película o de la serie. Negar que las películas pueden acceder a ciertas sutilidades es negar que las series puedan hacerlo, además de proponer una enmienda a la historia del cine, que estaremos de acuerdo, eso sí, que no es precisamente impecable, pero que ha llegado a algunas alturas poéticas indiscutibles, tanto en Europa, como en Asia o Estados Unidos. Si la gente quiere ver series únicamente, y dejar de ver películas, que lo haga, pero les va a faltar una parte importante del rompecabezas audiovisual en el que estamos actualmente inmersos. Es decir, que no van a entender nada de nada.

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El cañón del revólver (XIX)

Siempre he odiado a los matones. Y hay muchos tipos de matones, no solamente los que te dan de hostias con la mano abierta. También están los abusones que hacen lo que les da la gana sin importar pisar a quien sea, y a menudo por los más nobles motivos. Y de todos ellos, los que más odio son los privilegiados, los que por fortuna tienen mucho más dinero, o mucho más poder que los demás. El caso Novak Djokovic me ha asqueado. Un tipo que es un genio jugando al tenis, nadie lo duda. Pero que cree, por lo visto, que puede hacer lo que quiera donde quiera por el mero hecho de ser famoso y multimillonario. Y va a ser que no. Ahora parece que las autoridades australianas le han retirado el visado de nuevo, después de que un juez le dejara entrar al país. Por mucho que le joda al Novak, las reglas son para todos, y si te apetece no vacunarte te quedas en tu casa, porque no eres libre de ir contagiando a los demás, por mucho que tu mujer diga que «lo más importante es el amor». Lo más importante es el sentido común.

Los privilegiados es lo que tiene, que se creen especiales. Y los que se sienten privilegiados, sin serlo, también se creen especiales. Estos, con el privilegio que les dan los demás. Acaban de decir los gerifaltes de la conferencia episcopal que se niegan a crear una comisión que investigue los delitos sexuales contra menores de edad perpetrados por sus sacerdotes. Y se han quedado tan anchos. Estos tipos no pierden todos los privilegios que les conceden sus creyentes por algún misterio que tiene que ver con un irracionalismo patológico, ni siquiera cuando se descubre que un cura ha violado a no sé cuantos niños, y en lugar de entregarle a las autoridades le cambian de diócesis… con dos ovarios, sí señor. A estas alturas, descubriéndose cientos o miles de casos en Francia, se sospecha que en cualquier momento pueden destaparse miles de casos aquí en España ocultados por esta banda de corruptos y miserables. ¿Y qué les va a pasar? Nada. Es palabra de Dios.

Seguimos con la resaca de las declaraciones de Garzón en The Guardian. Yo creo que la izquierda, siempre con ganas de hacer cosas honestas, se equivoca a la hora de lanzar ciertos mensajes, y los fascios rapiñan todo lo que pueden. Han leído la entrevista (a medias…) y se han frotado las manos, porque The Guardian ha resaltado sólo los titulares más negativos, y no todo lo que este hombre defiende… que es lo mismo que defienden muchos países europeos y la justicia europea: que las macrogranjas son un crimen contra el medio ambiente, que es un modelo de ganadería que no se sostiene y que crea pobreza para muchos y riqueza para unos pocos, y que los animales que hacinan allí viven en condiciones espeluznantes. Pero eso, que sería de puro sentido común (de nuevo el sentido común) en cualquier cabeza, resulta que los fascios han conseguido que parezca una idea horrible. La izquierda, intentando hacer las cosas bien, se olvida de que se juega los cuartos con unos navajeros profesionales.

Tanta noticia absurda amenaza con fundirle a uno las neuronas. Entre toda la inabarcable morralla de noticias absurdas, mis preferidas son las que se dedican a una actriz supuestamente «caída en desgracia», como el artículo que leí hace unos días sobre Meg Ryan. Al parecer, la «novia de américa» (tanto cliché me provoca náuseas irreprimibles), cavó su propia tumba al protagonizar ‘In the Cut’, el filme de Jane Campion de 2003, porque contenía escenas subidas de tono y cosas por el estilo. Pero este año la Campion suena fuerte para alzarse con el Oscar por ‘The Power of the Dog’ (a ver si la veo de una vez…). En realidad, Meg Ryan ha visto declinar su carrera primero porque es mujer, y los buenos personajes femeninos escasean, y segundo porque el paso del tiempo marca las pautas de un mundo tan machista como el cine estadounidense: ya no es una hermosa muchacha de veinte años, sino una mujer madura. Esa es la razón. Achacar el ocaso de su carrera a un filme en el que además está magnífica, quizá el mejor papel de su carrera, es no entender nada de nada. Pero las secciones culturales de los periódicos, de cualquiera, son ya un verdadero chiste.

Vista la primera temporada de ‘Stranger Things’, que además dicen que es la mejor de todas, me reafirmo: NETFLIX es un globo hinchado. Y vista la primera temporada de ‘Peaky Blinder’s’ que está bastante bien sin llegar a arrollar, sigo reafirmándome: NETFLIX tiene todavía mucho que hacer para llegar a tener un repertorio decente. Lo que sí hacen, porque tienen mucho dinero, es convencer a grandes directores como Scorsese, Fincher, Cuarón y otros para que hagan con ellos sus películas, y así quizá llevarse el Oscar a mejor película, algo que están empezando a hacer otras cadenas como Amazon. Pero vista ‘Being the Ricardo’s’ me reafirmo: es muy difícil ser HBO. No es una mala película en absoluto y Bardem está realmente bien, pero es un telefilme que demuestra una vez más que Aaron Sorkin es mucho mejor guionista que director.

Último disparo: ahora que estamos en enero, me doy cuenta de que a finales del mes pasado leí unos cuantos artículos sobre los mejores libros de 2021. Ya no me acuerdo de ningún título. Un año más se confirma la imparable decadencia de la literatura. Al menos la literatura generalista, la que llega a las grandes librerías y se vende como rosquillas. Háganme caso: el siglo XXI va a ser el del gran desierto literario, aún peor que el XVIII. Quizá de esas cenizas emerja algo nuevo, autores que sean capaces de renovar formas, de volver a las esencias y de revolucionar la literatura, pero por el momento toca vagar por ese desierto, mientras la gente sigue entonteciéndose leyendo a gente como Arturo Pérez-Reverte, Juan Gómez-Jurado, Rosa Montero, Elvira Lindo, Ildefonso Falcones y gente así, que no escriben literatura ni se plantean hacerlo nunca, sino películas noveladas, cuentos trepidantes, llenos de datos históricos, diálogos absurdos, personajes inverosímiles y tramas estúpidas, que les hacen creer que son muy listos y muy buenos escritores, y con los lectores se creen muy listos y muy buenos lectores, pero que les hace igual de estúpidos que esas novelas que convierten a sus autores en multimillonarios.

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La imposible rivalidad entre NETFLIX y HBO

Lo he escuchado por ahí en alguna conversación ajena, o en alguna en la que quieren que me involucre: que si NETFLIX es realmente el portal de series más importante, que si ninguna otra, ni siquiera la tan cacareada HBO, puede hacerle sombra, que si qué opino yo, que si ya saben lo que voy a decir y no tengo razón. Por lo menos la mayoría suelen decir que NETFLIX no tiene nada que envidiar a otras como HBO o AMAZON, y que su oferta es mucho más amplia, interesante y variada. Pues no sé qué decirles para convencerles, pero esa supuesta rivalidad entre ambas cadenas, o directamente entre HBO y todas las demás es directamente imposible.

Porque ni NETFLIX ni AMAZON, ni DISNEY +, ni MOVISTAR, tienen un ‘The Sopranos’, ni un ‘The Wire’, y eso debería ser ya argumento suficiente para desmontar cualquier posible rivalidad o superioridad de cualquier otra cadena sobre HBO. Me parece que los que argumentan tales razones no han visto, sencillamente, ninguna de esas dos series. No son la única razón que debería echar por tierra tales ideas, pero son la más poderosa, y si nos centramos únicamente en la producción de NETFLIX, no hay color, por mucho que últimamente sea esta cadena la que recibe más nominaciones a los Emmys, y a los Globos de Oro y a los Oscar y a cualquiera de los muchos premios que se entregan en EEUU. Cierto es que NETFLIX además de algunas producciones propias ha comprado unas cuantas series de otras cadenas que ha puesto a disposición de sus suscriptores, en algunos casos producciones muy interesantes, pero ni siquiera así tiene nada que hacer con el catálogo propio de HBO. Es un enano frente a un gigante. Un enano con muchísimas películas (la mayoría de escasa calidad) y con muchísimas series (la mayoría de otras cadenas), frente a un gigante (con las mejores series de la historia salvo algunas excepciones inevitables).

Una de las series más conocidas y exitosas de la cadena, ‘Stranger Things’, es un relato hinchado con poca narrativa interesante dentro, un artefacto posmoderno que bebe de demasiadas fuentes y que no acaba de encontrar su propia entidad. El equivalente en HBO, en componentes temáticos y tonales, sería la española ’30 monedas’, de Álex de la Iglesia, que pese a su enorme torpeza y a su evidente falta de recursos estilísticos, no se tomaba tan en serio a sí misma y poseía algunos momentos disfrutables. ‘Mindhunter’ se encontraba entre lo más interesante y sugerente que puede ofrecer esta cadena, pero parece poco probable que vaya a ir más allá de la segunda temporada, debido a costes de producción y a su discreto éxito. Pero por muy notable que sea ‘Mindhunter’ en muchos de sus componentes narrativos, no es rival para la serie cancelada por antonomasia de HBO, la obra de arte ‘Deadwood’, que con sus tres temporadas, pese a su apresurado final, es muy superior a cualquier cosa que hayamos podido ver en NETFLIX.

Las series de NETFLIX tienen mucha pegada comercial, y son seguidas por millones de personas en todo el mundo. Fenómenos sociales como ‘Gámbito de dama’ o ‘El juego de calamar’ se van a seguir produciendo. No son malas series pero no pueden rivalizar con las verdaderamente grandes, las de HBO o las de AMC. Por lo menos tienen ‘Peaky Blinders’, una creación magnífica en la que Steven Knight da lo mejor de sí mismo y a lomos de su magnífico equipo puede estilizar al máximo este relato sórdido y negrísimo, pero parece claro que si de verdad quiere derribar a HBO en cuanto a calidad, va a necesitar tomárselo mucho más en serio y arriesgar mucho más. De poco valen las nominaciones y los premios, incluso a sus películas (algunas de ellas ya con Óscares) si esos títulos no se traducen en una continuidad. NETFLIX es, en realidad, una cadena para devoradores de narrativa, para ganar premios fáciles, para hacerse notar. HBO es otra cosa.

Incluso en su selección de películas es otra cosa. Dicen que NETFLIX tiene una gran variedad de filmes en su catálogo. No es cierto. Los filmes de producción propia de HBO no tienen nada que envidiar a los de su rival. ‘Last Days’, de Gus Van Sant, ‘Citizen X’, ‘Deadwood The Movie’, ‘Bad Education’, ‘Game Change’, ‘Into the Storm’, entre otras, además de su magnífico repertorio de documentales, ponen en graves aprietos las ficciones propias de NETFLIX.

De modo que me parece que tiene poco sentido, o ninguno, hablar de ninguna rivalidad. HBO reina sobre todas las demás. Y NETFLIX es una enana, un peso pluma frente a un gigante. Así de claro.

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El complejísimo canon de las series

Seamos francos: gran parte de la gente que ve series, más que valorarlas de manera reposada, sobre todo aprecia que sean series que les enganchen. Es un asunto retorcido que también comparten las novelas. De hecho, en el marketing de unas y de otras, se emplea cada vez más el término «adictiva», como si eso fuera sinónimo de interés narrativo. Lo que parece que el espectador medio más aprecia es que la serie en cuestión, sea la que sea, le tenga enganchado, que no pueda dejar de verla, aunque sus valores narrativos, sus componentes temáticos y técnicos, estén absolutamente manidos, o aunque en el fondo sepa que lo que está viendo no es nada del otro mundo. Sería interesante averiguar por qué sucede esto, pero no estamos para experimentos sociológicos.

En el largo ensayo que me propongo escribir y en el que voy sobre todo a centrarme en los treinta y pico años de esplendor del formato narrativo de serie televisiva que han tenido lugar desde la aparición de ‘Twin Peaks’. Quizá deba tacharse este compendio inicial de excesivamente anglosajón, pero sobre todo es occidental. No voy a incluir, lógicamente, series del mundo oriental (China, Japón, Corea, Tailandia…) en primer lugar porque llegan muy pocas aquí, y en segundo lugar porque habría que conocer todas las importantes para hacerse una idea general, y eso es complicado. Además, incluir series asiáticas desvirtuaría el tono general de esta lista. Podría considerarse, por tanto, que es un canon occidental de series. Y en efecto la preponderancia de las series anglosajonas es abrumadora. Pero es que no existen prácticamente series españolas, francesas o italianas que merezcan ser tenidas en cuenta, tanto por razones narrativas como meramente temáticas. Al menos se pueden incluir las series de gigantes como Krzysztof Kieslowski, Rainer Werner Fassbinder y Lars Von Trier, que deberían ir en lugares principales.

Las que con toda probabilidad deberían ir en el canon principal serían estas:

TWIN PEAKS

ABC
1990-1991/2017
CREADA POR DAVID LYNCH Y MARK FROST

Con esta empezó todo. Es obligado nombrar algunas series anteriores, pero la precursora de esta época extraordinaria que vivimos es la serie de Lynch y Frost, cuya influencia es enorme y cuyo alcance poético y narrativo todavía está por descubrir en su totalidad.

THE SOPRANOS

HBO
1999-2006
CREADA POR DAVID CHASE

Esta también es obligada, y no ya entre las veinte primeras, sino entre las cinco primeras. La ficción de David Chase es mucho más que la representación cotidiana de una familia cuyo padre es un importante capo mafioso: es la radiografía más despiadada de un Estados Unidos en descomposición.

THE WIRE

HBO
2002-2008
CREADA POR DAVID SIMON

Y esta es la que quizá pugna con más fuerza con ‘The Sopranos’ en convertirse en la crónica contemporánea más certera y descarnada imaginable: un mosaico de cientos de rostros, habitantes de una ciudad, Baltimore, que es la verdadera protagonista. Un relato de fuertes connotaciones literarias, de un realismo apabullante.

THE WALKING DEAD

AMC
2010-2022
DESARROLLADA POR FRANK DARABONT

Esta es la visión más oscura, y más devastadora, de las ficciones occidentales en televisión. Concluirá su emisión en este año que acaba de empezar y no es precisamente una serie que goce de unanimidad. Tanto mejor, así estaremos algunos más seguros de su inefable grandeza y de que está, sin ninguna duda, entre las más grandes de todos los tiempos.

TRUE DETECTIVE I

HBO
2014
CREADA POR NIC PIZZOLATTO

Esta miniserie, en la que cada año cuenta una historia diferente con actores diferentes, es sencillamente magistral en su primera parte (no así en las dos posteriores): un hipnótico y fascinante viaje a las tinieblas, responsabilidad tanto de Pizzolatto como de Fukunaga y Matthew McConaughey.

FUTURAMA

FOX-COMEDY CENTRAL
1999-2003/2008-2013
CREADA POR MATT GROENING Y DAVID X. COHEN

Habrá que incluir otras series de animación, pero esta es la mejor serie de Groening y una de las creaciones cómicas y de sci-fi más notables que se recuerdan.

DEADWOOD

HBO
2004-2006
CREADA POR DAVID MILCH

Inconclusa, por presiones de producción, finalizada con un filme solvente aunque en ningún modo grande, ‘Deadwood’ es la obra de arte de HBO.

HOUSE M. D.

FOX
2004-2012
CREADA POR DAVID SHORE

No solamente por el personaje central (aunque sin duda es una baza importantísima), la ficcion de David Shore ha de estar entre las veinte canónicas y merece un estudio en profundidad que está tardando en llegar.

VIKINGS

HISTORY CHANNEL
2013-2019
CREADA POR MICHAEL HIRST

Casi con toda probabilidad, la mejor ficción histórica jamás realizada en términos de personajes, de estructura y de ambición temática y técnica. No cabe más épica en una pantalla, y tampoco caben más personajes memorables.

GAME OF THRONES

HBO
2011-2019
CREADA POR DAVID BENIOFF, D.B. WEISS

Es muy posible que daba ser incluida en las veinte canónicas, aunque no lo tengo del todo seguro, porque es una serie que en su recta final flaquea un poco (sin llegar a las cotas de desastre que tanto fan proclamó a los cuatro vientos). En cierto sentido es una serie inevitable.

BAND OF BROTHERS

HBO
2001
CREADA POR TOM HANKS, STEVEN SPIELBERG

La miniserie por antonomasia, aunque no la única, pero si una tiene que estar entre las más grandes posiblemente sea este relato bélico a medio camino con el reportaje documental.

DEKALOG

SFB/TVP
1989
CREADA POR KRZYSZTOF KIESLOWSKI

Extraordinaria creación de Kieslowski, que en lugar de envejecer se vuelve más vigente y punzante con el paso de los años, y que ha de estar en este listado exclusivo.

THE BIG BANG THEORY

CBS
2007-2019
CREADA POR CHUCK LORRE, BILL PRADY

Si hay una comedia que deba estar aquí, es esta. El resto me parecen muy inferiores en casi todo: en diálogos, en creación de personajes, en situaciones, en ingenio… y esto a pesar del evidente bajón de sus últimas temporadas.

Pero no pueden ser las únicas. Un canon puede formarse con veinte títulos principales, no con diez, ni con cien. A partir de esos veinte principales puede hacerse un compendio de ochenta o cien obras secundarias, que deriven de esas y expliquen mejor por qué las otras veinte han sido elegidas. Y ahí comienza la verdadera complejidad de escribir un ensayo de estas características, porque además deberían incluirse algunas series de animación como:

SAMURAI JACK

RICK & MORTY

PRIMAL

SOUTH PARK

y otras… Pero también habría que incluir algunas miniseries imprescindibles como:

BERLIN ALEXANDERPLATZ

OLIVE KITTERIDGE

I, CLADIUS

CHERNOBYL

CREMATORIO

Además de otras como series documentales, series de comedia pura… Y por supuesto en esas veinte hasta el final no voy a saber cuáles de todas estas deben estar incluidas:

SIX FEET UNDER

BREAKING BAD

PEAKY BLINDERS

TELL ME YOU LOVE ME

TREME

FARGO

ROME

SONS OF ANARCHY

MAD MEN

ER

EUPHORIA

RIGET

Vamos, que queda mucho trabajo por hacer, pero va a ser apasionante, y seguramente voy a aprender mucho más (me pasa siempre) que aquello que yo pueda enseñar al que me lea. Lo iremos viendo en sucesivos meses, porque esto no ha hecho más que empezar.

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