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El cañón del revólver (XX)

Cuando somos críos la palabra magia, y todo lo que significa, nos encanta. Cuando somos mayores y seguimos usándola, creo que deberíamos empezar a plantearnos cosas. Dice Bardem a sazón de la doble nominación al Óscar suya y de su mujer Penélope Cruz, que es «algo que me parece mágico». No es cuestión de meterme con Bardem, quien por otro lado está fabuloso en esa peliculita bastante mediocre (por decir algo suave) que es ‘Being the Ricardos’ (Aaron Sorkin, 2021), ni con nadie por el momento, pero la magia no tiene nada que ver con ser famoso, y estar casado con alguien famoso, además de ser buen actor, y que la academia decida nominarte en otro año de cine bastante poco estimulante. Tienen que ver otras cosas, y no creo que haga falta nombrarlas ahora.

Sigamos con la magia. Mucha gente alude a esa palabra cuando se refieren al cine o la literatura, o cuando se refieren a cosas que a ellos les hacen ilusión. Bueno, es respetable, pero seamos claros: todo eso de la magia como algo vibrante, lleno de colorines y que te hace sentir bien, es un invento anglosajón de nuevo cuño… porque ni siquiera Merlín el encantador o las fantasías de Tolkien, que no pueden ser más anglosajonas (ahora vendrá algún listillo diciéndome que el ciclo artúrico es de procedencia francesa, en realidad…), ni siquiera en esas tenemos una concepción de la magia tan a lo Disney y a lo Harry Potter como la que está de moda ahora, digna de niños de cinco años. Pero ahí están las fuentes, para acudir a ellas. En este mundo globalizado y con todos los clásicos gratuitos, no leerlos es más que un crimen, es un pecado.

Un poco de salseo tampoco está mal de vez en cuando: ¿qué hace una chica tan guapa y tan interesante como Zendaya (además de portentosa actriz) con un pan sin sal como el Tom Holland ese? Como no las he visto (ni pienso hacerlo) me entero ahora de que ella es MJ en las nuevas películas de Spider-Man. Debería haber interpretado a su tía May. Tom Holland es un actor con el que todo el mundo está encantado en su papel de Peter Parker. Yo no puedo imaginarme un Peter más inane. Zendaya está triunfando ahora mismo con la segunda temporada de esa serie imprescindible que es ‘Euphoria’, que desde luego no es apta para todos los paladares. La noche y el día.

Hacía tiempo que no escuchaba la expresión «ecoansiedad», que por cierto me sorprende que no lo sufra un gran porcentaje de la población, visto cómo está el panorama. La he leído a raíz del último vídeo de la insufrible Rosalía, quien se ha negado ya a hacer ningún tipo de música, buena o mala, y se dedica ahora a perpetrar engendros rítmicos y audiovisuales. En su último clip rodeada de motos y con ropa de lujo. Eso llevan haciéndolo décadas las superestrellas musicales, y me alegro de que por fin haya gente que lo deteste. Pero viendo a Rosalía hay algo más que me produce cierta ansiedad, y es esa búsqueda de sexualizar a las estrellas, y además inútilmente, con planos espantosos copiados de vídeos de Nicki Minaj. Realmente la ley de la pasta lo es todo, y la peña no tiene ningún problema en hacer el ridículo.

Ahora que estamos en esta extraña crisis ucraniana, totalmente creada por los intereses expansionistas de la OTAN (es decir de Estados Unidos), a los «expertos» en pandemias y a los «expertos» en volcanes les han sustituido los expertos en geopolítica. Yo dudo mucho que haya una guerra, pero en caso de haberla, no me cabe duda de que a este lado del mundo los americanitos quedarán como los buenos aunque están invadiendo muy poco sutilmente el este de Europa, y los rusos quedarán como los malos, aunque quieran poner bases militares a sus puertas e incluso bases nucleares a tiro de piedra de Moscú. Ya hace tiempo que estoy convencido de que la gente ve lo que quiere ver, producto en su mayor parte de haber leído la literatura y haber visto el cine equivocados.

Último disparo: se ha estrenado ‘Moonfall’, la última fantasía apocalíptica de Emmerich que cuenta con Halle Berry (ya quisieran muchas de treinta estar como ella a los 56…) como científica capaz de salvar a la Tierra de la caída de nuestro satélite contra ella… Me dan ganas de verla solamente para que me cuenten cómo coño vamos a salvarnos sin la luna, por mucho que les hayan asesorado (según aseguran por tierra, mar y aire) una pléyade de científicos. Igual está curiosa y todo, porque está pasando sin pena ni gloria, y en estos días extraños tal cosa suele ser garantía de interés. Esta no tenía opciones de ser nominada al Óscar, como sí lo ha sido esa nadería inflada de ‘Don’t Look Up’. Pero para qué andarnos con rodeos: estrenan lo nuevo de Paul Thomas Anderson, y eso sí que es una alegría.

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