ARTÍCULOS

Sobre bofetadas, bromas de mal gusto y cinismo exacerbado

¿Por dónde empezar? Un rancio diría que vivimos en un mundo desquiciado, sin valores y bla, bla, bla… Un lúcido, creo, diría que estamos en el mismo mundo cínico de siempre, sólo que de vez en cuando los cínicos que lo manejan todo muestran su verdadero rostros con más descaro (nunca mejor dicho) que otras veces.

Estos días (y probablemente las próximas semanas) todo el mundo va a estar dando la vara con el guantazo que Will Smith le soltó a Chris Rock a costa de no sé qué chistecito en directo ante cientos de millones de televidentes: que si hizo mal, que si no tanto, que si deberían retirarle el Óscar, que si Chris Rock se lo buscó por sus bromas pesadas, que si vaya escándalo, que si por amor hacemos locuras… Y cada cuál dirá algo diferente y se establecerán bandos y todo quedará en un tema más que comentar en la barra del bar. Pero yo creo que ahí detrás hay más, mucho más.

Este hecho ha tenido lugar pocas horas después de que desde la Casa Blanca el «pacificador» Biden haya condenado los «crímenes de guerra» del dictador Putin. Así, sin despeinarse y sin que le tiemble el ojo como a otros (no quiero señalar…) cada vez que dice un disparate o una mentira. Por otra parte, ha sucedido pocas horas antes de que Youtube borrase todos los programas del periodista estadounidense, ganador del Pulitzer, Chris Hedges. No han explicado por qué pero quizá (sólo quizá…) tendrá que ver con sus constantes críticas al gobierno de su país, y más aún en momentos como estos. Los tres hechos (declaraciones, guantazo, borrado del programa) parecen casuales, aleatorios y sin conexión entre sí. Pero no. Nada sucede porque sí, y menos aún en el decadente imperio estadounidense.

Que Biden se atreva a hablar de «crímenes de guerra» por parte de otro país, sería algo parecido (salvando las enormes distancias) a que Will Smith se ofendiese ahora porque alguien se tomara mal uno de sus (abundantes) chistes y le dijera en privado que por favor lo retirase, y como represalia por eso Will Smith se cargase a ese alguien con un misil táctico y destruyese su casa con su familia dentro. Tal cual. ¿Pero de qué va a sorprendernos? Desde que en agosto de 1945 Estados Unidos bombardeara poblaciones de civiles en el primer (y hasta la fecha… que sepamos) ataque con arma atómicas de la historia, los gringuitos le han tomado el gusto a eso de destruir países (eso sí, ni uno de población blanca desde la II Guerra Mundial) sobre todo desde el mar y por aire, y han provocado la muerte, la ruina y el éxodo de decenas de millones de personas… pero ¡eh!, todo por la libertad, la democracia, comer barbacoas los domingos y ver la final de la Superbowl.

¿De verdad alguien cree que a Will Smith le hubieran sacado de los Oscar? Allí se celebra precisamente eso. Jalean el #MeToo por postureo, pero en realidad lo que quieren es que salga el tipo duro a defender a la dama, aunque sea delante de una audiencia planetaria. Saben que lo que ha hecho es repugnante, pero luego gana el Óscar y le ovacionan. Eso es Hollywood y lo ha sido siempre, y eso es Estados Unidos, un país guerrero, el país del conmigo o contra mí, del yo te acepto con los brazos abiertos pero no te muevas ni un milímetro o te reviento la cabeza de un balazo, el de las bombas por medio mundo pero si sale otro atacando un país soberano es un dictador. Cuando Biden llama dictador a Putin, se lo llama a sí mismo, porque eso es lo que ellos llevan haciendo …¡desde hace décadas! Y cuando algún ciudadano estadounidense sale a criticarlo, como en el caso de Chris Hedges, le censuran aunque haya ganado el Pulitzer. Pero los manipuladores y totalitarios son los otros.

Estados Unidos no es un país, es una neurosis destructora. ¿Cómo no iba a serlo? Hitler se cargó media Europa y llevó a cabo un genocidio. Napoleón se cargó a media Europa y llevó a a cabo un genocidio contra su propia gente. Pero esos dos tarados son aprendices al lado de los George Washington, de los Barack Obama, de los Ronald Reagan o George Bush de turno. Estados Unidos es culpable de al menos tres genocidios en un siglo (contra los nativos americanos, contra los esclavos negros y contra los japoneses), además de la destrucción, perturbación o la ruina de otros muchos países en el siglo XX y XXI. Su único objetivo es la desmembración y pobreza o destrucción de China y Rusia, sus dos grandes rivales en la dominación mundial en el siglo XXI. Y lo conseguirá o conseguirá que el mundo entero quede reducido a cenizas. Porque Estados Unidos es ese país desquiciado que también se define con él o gano yo o todos muertos. ¿No se lo cree el lector?

¿Y cuándo se lo va a creer? ¿Cuando comience la III Guerra Mundial? ¿Y de qué bando se va a poner antes que llueva fuego del cielo? ¿De los libertadores Estados Unidos de América, o de la liberalísima e igualitaria y fraternal coalición de Francia, Inglaterra y Alemania, frente los totalitarios asesinos de Rusia y China? ¿Qué tiene que hacer Estados Unidos para ser declarada en el mundo entero, tal como ya lo hizo China, la mayor amenaza para la paz? Liarse a tiros con todo el mundo, sin provocación previa, ya lo ha hecho. Supongo que cuando se haya cargado a China y Rusia, si es que es capaz de hacerlo, o si en algún momento consigue que todo quede reducido a cenizas salvo ella misma, algo muy difícil pero no imposible, los cadáveres ennegrecidos del resto del mundo le darán las gracias por haber sido «liberados». Si Putin, que sabe bien con quién se juega los cuartos, no ha tenido más remedio que invadir Ucrania, es porque sabe que de lo contrario aquí se acaba todo. No está en lid ahora mismo los derechos humanos, sino la supervivencia de los no estadounidenses.

Estados Unidos es ya un país en bancarrota, financiera y moral. Y cada vez están más solos, y lo saben. Sólo Europa sigue riéndole los chistes sin gracia, como si fuera a defendernos contra alguien, en lugar de situarnos en primera línea de fuego contra su enemigo mortal, a ver cuántos días aguantamos. Mientras tanto sigue haciendo películas, y celebrado premios Oscar, como si la cosa no fuera con ellos, como si nada fuera con ellos, cuando en realidad todo tiene que ver con ellos.

Por eso, ver a Will Smith repartiendo bofetadas en directo no debería sorprender a nadie, como a nadie debe sorprender ninguna noticia que nos viene de un país que no es un país, sino un gran negocio que se va a pique, que no posee una identidad cultural, sino que arrebató la identidad cultural de todos los que antes vivieron allí y se convirtió en otra cosa. Sorprenderse de ver a Smith dándole un golpe a alguien en los Óscar es lo mismo que sorprenderse porque la derecha española diga una barbaridad. Va en el ADN de la gente, y eso, como el algodón, no engaña.

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LITERATURA, PODCAST

Viajeros de la noche – Capítulo sexto: ¿Qué diablos es la Literatura?

El tema de la Literatura es mucho más espinoso de lo que muchos creen o quieren creer. Se supone, en estos tiempos posmodernos, que todo es, o puede ser, Literatura, o que según te levantes cada mañana puedes dar una idea u otra de lo que es Literatura. Quizá sea culpa de los más inteligentes y los más conocedores de este extraño arte a lo largo de los tiempos: no se han puesto de acuerdo o no han sabido acotar de una manera más certera cuáles son sus valores, y su esencia, y su naturaleza.

No es que Juanjo, y Carlos y yo mismo creamos que sabemos más que nadie, o que somos más listos que nadie, pero por lo menos nos planteamos la posibilidad de que, debatiendo, podamos llegar un poco más lejos que en una barra de bar, o que no es cuestión de que la Literatura sea lo que cada uno quiera que sea. No me sorprendería encontrar a según quien y que sea capaz de decirme que una barra de pan es Literatura. No por ser un libro es Literatura, y no toda la Literatura es narrativa, ni toda la narrativa es Literatura… aunque sí que no hay Literatura sin ficción. Y es un medio expresivo que posee, en cualquiera de sus marcos genéricos, unas leyes bien definidas, por mucho que algunos que se las dan de novelistas o de poetas no sepan, ni quieran saber, cuáles son.

El caso es que hemos hablado más de tres horas, los compañeros y yo, sobre este tema apasionante y probablemente interminable… tres horas amenizadas con dos interludios musicales y los comentarios y audios de generosos oyentes que han querido participar, siquiera tangencialmente, en este debate. Yo creo que al lector, a cualquiera, le va a interesar mucho, así que ya puede dejar de leerme y darle al click del play, porque no le va a defraudar…

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Muchas gracias por estar ahí

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ARTÍCULOS

Sobre eso de «destrozar la opinión» del otro

Es una cosa que, he de admitir, antes me impresionaba. Y bastante. Me impresionaba cómo es posible que algunas personas puedan decir que otros les «destrozan la opinión». Esto me ocurría hace como quince o dieciséis años, cuando empecé a escribir en algunos medios digitales y comenzaba mi (muchas veces ardua, todo hay que decirlo) interacción con los lectores, con comentaristas y con cualquier otro que pudiera leer lo que yo escribía. Ahora, unos cuantos años más tarde, lo cierto es que impresiona menos, pero me sigue sorprendiendo. Y yo creo que a cualquiera debería sorprenderle que por el hecho de cuestionar una película o una novela, alguien a quien pueda gustarle esa novela o esa película pueda cabrearse, pueda sentirse ofendido, atacado o que le están «destrozando la opinión», y que acto seguido, la mayoría de ellos, contraataquen con saña furibunda.

Funcionamos, casi siempre, pensando que los demás serán un poco como nosotros mismos, y actuamos o interactuamos en consecuencia. Si yo jamás me ofendería porque alguien me dijese (y me lo han dicho unos cuantos a lo largo de los años) que Tarkovski es un puto coñazo, pienso que nadie se va a ofender si digo lo que pienso sobre tal película o sobre tal novela. Es lo más normal. Como mucho (como muchísimo) pienso que la persona que tengo delante, o cuyas líneas estoy leyendo (en un libro, en un artículo, en Twitter) está profundamente equivocado, y quizá trate de debatir con él. Poco más. No intento convencer a nadie porque nadie está dispuesto a dejarse convencer, ni a escuchar a los demás. Intento, más que nada, demostrar que otras ideas son posibles, o demostrar que los argumentos de mi interlocutor son cuestionables o poco elaborados, y ya. La mayoría de las veces lo único que quiero es decir mis ideas tan alto y tan claro como las ha dicho otro, y la respuesta que obtengo, que he obtenido decenas y cientos de veces en mi vida es: «me estás destrozando la opinión».

He de decir algo, en este punto: cada vez estoy más convencido de que la gente sabe, intuye de alguna manera, cómo son las cosas. Es decir, cuáles son los artistas más grandes, cuáles son las obras más valiosas. Y al revés: cuáles son los artistas menos valiosos, cuáles son las obras más prescindibles. Aunque les gusten a ellos. Y lo creo por dos razones: la primera es que nunca, en toda la historia, se ha tenido tanto acceso por tan poco dinero a tantas películas y tantos libros, y al final las cosas caen por sí solas. Y la segunda es que basta rascar un poco, hablando incluso con la persona más obcecada, para que acabe admitiendo siquiera de manera tangencial que simplemente defiende gustos viscerales, y no hechos consumados. ¿Y qué tiene esto que ver con lo que estaba intentando decir? Pues que esa puede ser la razón de que tanta gente se sienta atacada o diga que le «destrozan el gusto», porque sabe, intuye, que no tiene argumentos, que aquello que defiende con tanta pasión es más un gusto infantil que un verdadero conocimiento de hallarse ante algo verdaderamente grande.

Puedes encontrarte –a mí me ha pasado– con gente que te diga que «no le gusta» Miguel Ángel. O que no le gusta ‘Las meninas’, por ejemplo. Que no le gusta y punto. Pero ante el hecho de la extraordinaria habilidad de Velázquez para la caracterización de los personajes de su cuadro, ante su capacidad sobrecogedora de captar el movimiento con su pincel (el pequeño Nicolás Pertusato pateando al mastín que ni se inmuta de la esquina inferior derecha) y sobre todo la manera en que resuelve el gran problema de la profundidad de campo en el arte de la Pintura con tres secciones de luz perfectamente empleada para darnos la sensación de que podemos entrar en el cuadro… todo eso, además de lo enigmático del cuadro y de la imposibilidad de integrarlo en un marco genérico, es inapelable, y es la verdadera razón de la genialidad de esta obra maestra. Y eso ningún gusto de nadie lo puede apelar.

Sucede lo mismo en cualquier arte. Continuamente, la gente apela a los gustos personales, a que el arte es lo que cada uno quiere que sea… o a la imposibilidad de establecer qué es lo mejor y qué es lo peor, dónde está la genialidad y dónde no…. y otros nos pasamos la vida defendiendo y tratando de argumentar que precisamente eso es lo más fácil del mundo de demostrar… para el que quiera entenderlo, claro. Lo grandioso en ‘Las meninas’, o en el ‘Ulysses’ de Joyce, o en ‘Blood Meridian’ de McCarthy, o en ‘La vie d’Adele’ de Kechiche, o en ‘Melancholia’ de Von Trier, es perfectamente explicable, argumentable e interpretable. Por supuesto que cada uno experimenta con el arte lo que a cada uno le parece mejor, pero si de verdad queremos encontrar qué hay de maravilloso en unas obras, y qué falta en otras, es tan sencillo como saber interpretar cómo se han solucionado, técnica y narrativamente, los problemas conceptuales que se han propuesto en dichas obras. El arte no va de encontrar lo que de bonito o mágico tiene una pieza, y que cada cual encuentre lo mágico en el detalle que le parezca. El arte va de entender cuáles son las herramientas poéticas o compositivas de cada disciplina, y cómo los artistas en cuestión han resuelto esos problemas. En el caso de Velázquez y ‘Las Meninas’, la profundidad de campo y el tratamiento de la luz. En el caso de ‘El Quijote’ la creación de un nuevo paradigma, expresivo y crítico, de la realidad novelística de su tiempo. En el caso de ‘The Godfather’ la combinación de las técnicas audiovisuales europeas y estadounidenses para crear un nuevo paradigma del cine negro y la tragedia. Y así hasta el infinito.

No se trata, en realidad, de destrozar el gusto o la opinión de nadie, sino de debatir, y debatiendo llegar a sitios alejados de fanatismos, de filias y de fobias, y de empezar a ver las cosas como son, no como se quiere que sean.

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ARTÍCULOS, CINE, CRÍTICA, LITERATURA

S. Spielberg–J.K. Rowling: grandes narradores para tan cuestionables carreras

Se está estableciendo estos días (ventajas de estar un poco más activo en la puñetera cuenta de Twitter) un debate en torno a la figura de Steven Spielberg. Bueno, debate… están sacando su nombre y su carrera a colación en infinidad de conversaciones, y el hombre está siendo trending topic un día sí y otro también. Hace un par de semanas comenzaron, muchos, a alabar la maestría técnica de ‘West Side Story’ (el remake de 2021 de la película de 1961), y ahora una buena masa de tuiteros llevan unos cuantos días poniendo por las nubes la trayectoria del director oriundo de Ohio, y otra buena masa de tuiteros (yo incluido…) estamos intentando atemperar un poco el entusiasmo del personal, consiguiendo lo contrario: que su defensa de Spielberg sea enardecida y, he de decirlo, todavía más carente de argumentos que de costumbre. Tampoco pasa nada: cada uno que se busque en qué perder el tiempo. Eso sí, me ha sorprendido encontrarme con Rodrigo Cortés, generalmente muy sosegado, pasando al ataque de manera tan poco argumentada. Pero oye, sus desventajas debe traerte el llevar tantos años haciendo ‘Todopoderosos’…

Todo esto, al final, me ha movido a escribir sobre dos figuras enormes en el mundo del espectáculo, a los que algunos (legiones, en realidad) defienden con una pasión que ya podrían dedicar a otras cosas más interesantes y más duraderas: el aludido cineasta estadounidense Steven Spielberg (al que ya he dedicado algunas entradas en el pasado) y la escritora británica J.K. Rowling, que también está teniendo estos días su ración de polémica y de ataques y defensas a ultranza en las redes sociales, por no sé qué declaraciones sobre las personas trans, que a algunos por lo visto tanto han ofendido.

Y lo primero que quiero decir de estos dos es algo que seguramente luego me costará defender en alguna conversación, cuando me recuerden estas palabras, pero no tendré más remedio que mantenerme firme: tanto Spielberg como Rowling, cada uno en su campo, son extraordinarios narradores, personas de un talento para eso de ponerse a filmar o de ponerse a escribir sólo cuestionable por aquellos que quieran tapar el sol con un dedo. Lástima, claro, que hayan dedicado su enorme talento a empresas tan descaradamente y en el fondo patéticamente comerciales, lo que les ha impedido con toda seguridad conseguir una obra de mucho mayor calado, a cambio eso sí, de hacerse multimillonarios. Lo han conseguido, lo de arramplar con tanta pasta, porque son los máximos exponentes de la industria del imperio anglosajón. Con el mismo talento y las mismas ganas de forrarse no lo habrían conseguido de pertenecer a la industrias china, rusa o iraní, aunque estoy seguro de que habrían seguido intentándolo. En el Siglo de Oro español (no sé por qué lo llaman así, cuando en realidad fueron dos siglos, pero en fin) se hizo posible, por las características culturales y políticas de la esfera hispana, el Barroco Literario, y de allí salieron Cervantes, Quevedo, Calderón y Lope, entre otros. En el siglo XX y XXI, el capitalismo feroz anglosajón ha creado a Spielberg y a Rowling. A cada cual lo suyo.

Lo he dicho en Twitter creo que en cuatro o cinco hilos estos días, y lo voy a repetir aquí: Spielberg es un portento visual de primerísimo nivel. No llega quizá a los exacerbados niveles de un Malick o de un Welles, pero no le anda lejos. Es un realizador absolutamente prodigioso, capaz de mover la cámara como en una danza, de encuadrar y reencuadrar y mover a los actores como si respirase. Es algo que además en su caso parece intuitivo, y no elaborado, aunque en realidad debe estar trabajadísimo. Este hombre ha nacido para contar historias con una cámara. Lleva el cine en las venas tanto como un Welles, un Ford o un Hawks. Sin embargo tiene un gran inconveniente: el desajuste que existe entre lo que cuenta y cómo lo cuenta es abismal, irreparable. Sus formas son las de un danzarín superdotado, pero sus temas, el sistema de pensamiento que los sostiene, el modo en que objetiva los conceptos que pretende manejar, es tan endeble que a menudo cuesta creerlo. Por eso, necesita de un guion a la altura de las circunstancias, que pocas veces ha encontrado: ‘Jaws’ (1975), ‘Catch Me If You Can’ (2002), ‘Munich’ (2005), ‘Lincoln’ (2012), y poco más. El guion que escribió en solitario para ‘A.I’ (2001) se desmorona a los cuarenta y cinco minutos, porque no es capaz de sostener la tensión del relato. Sus intentos de gran melodrama con ‘Schindler’s List’ (1993) y ‘Saving Private Ryan’ (1998), se quedan en eso, intentos de un realizador superlativo, muy bien hechas técnicamente, pero un director, un artista, que no está a la altura de lo que cuenta.

Luego está la Rowling. En el único Todopoderosos que recuerdo medianamente interesante, con Rodrigo Cortés tratando de poner un poco de sentido común en la mesa, el director de ‘Buried’ decía en cierto momento que Rowling sacrificaba el estilo, al final de su famosa saga, en favor de la trama. No estoy de acuerdo con él. El estilo de Rowling es bastante poco literario a lo largo de las siete novelas. Los libros de Harry Potter están diseñados, en muchas de sus partes, como si fueran películas, o por lo menos como si estuvieran pensadas para una futura adaptación cinematográfica (es decir, como el 99,99% de los best-sellers de la esfera anglosajona). La originalidad literaria de Rowling es igual a cero desde ‘La piedra filosofal’. Ahora bien, Rowling posee una fuerza expresiva y sobre todo narrativa de primera magnitud, que se traduce en : 1 – la fuerza de sus personajes, 2 – la fuerza de sus escenas culminantes, 3 – la precisión absoluta de los diálogos. Esta mujer ha enterrado, en una saga millonaria, un talento en ciernes que la habría acercado a Stephen King (este sí, le pese a quien le pese, un verdadero novelista), con quien tiene numerosas y nunca atribuidas deudas. La historia del niño mago interesa cero, pero hay en las páginas de sus libros, sobre todo en ‘El príncipe mestizo’ una verdadera escritora pugnando por salir, capaz de ser persuasiva y convincente en todas y cada una de las páginas de semejante mamotreto dedicado al público infantil.

Dicen que Spielberg estuvo cerca de dirigir el primer Harry Potter. Desde luego, habría sido el culmen de este tinglado de historietas de niños magos y de cine diseñado para las grandes audiencias. Ambos, Spielberg y Rowling, chapados no ya en oro si no en diamantes de muchos kilates, viven ajenos a críticas y comentarios. Están en la cima del mundo. Y su influencia en el Cine y en la Literatura es nefasta, a falta de otra palabra mejor. La industria sólo quiere ahora blockbusters y grandes ventas de libros. Todo lo demás no existe. Y millones de fans riéndoles las gracias, dando la turra con su «genialidad» y llamando fanáticos –ironía suprema– a los que pretendemos poner un poco de orden entre tanto jaleo. No he visto nunca tanto fervor con el gran genio del cine estadounidense totalmente olvidado hoy día, FF Coppola, ni con el gran novelista estadounidense vivo, el autor de la sublime y terrible ‘Blood Meridian’, Cormac McCarthy. Supongo que lo fácil es defender a los que más venden y los que más ganan, que no necesitan defensa de nadie. Arrimarse al sol que más calienta, o como diablos se diga. Otros seguiremos defendiendo a aquellos que pese a ser verdaderos y no impostados genios parecen olvidados por todos, ya que sus trabajos son durísimos, y en lugar de dar placer proporcionan displacer. Es la diferencia fundamental, me temo, entre los que defienden lo comercial y los que defendemos el Cine y la Literatura.

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ENSAYO

El displacer

Leyendo hace poco en Twitter una cita atribuida (no sé si verdadera) a Stephen King, en la que el ínclito novelista decía poco más o menos que escribir va sobre superar cosas y vencer y enriquecer la vida de los demás –lo que de ser cierto resultaría bastante inconsecuente con lo que dice en su estupendo libro ‘Mientras escribo’– me convenzo a mí mismo por primera vez de algo que tiene que ver con todo eso de la literatura, la narrativa y el arte, algo que hace mucho tiempo que vengo pensando, que me han corroborado los textos de algunos de los más grandes pensadores de todos los tiempos: el arte más elevado, quizá el único que merezca tal denominación, no ha nacido precisamente para darle gusto a nadie.

Ni para enriquecer la vida de nadie, ni para ayudarte a superar cosas, ni para enseñarte o hacerte mejor persona, ni nada por el estilo de todo eso que sobre todo desde la esfera anglosajona nos quieren hacer creer.

Si nos centramos únicamente en literatura y cine –que serían junto con la música los artes más puramente narrativos–, estoy convencido de que cuanto más le guste, le divierta y le haga disfrutar al espectador una novela o una película, más lejos estarán de ser arte verdadero, salvo muy contadas y sorprendentes excepciones. Y sucede que toda esa masa de espectadores que se interesan únicamente por libros y por películas que les hagan sentir cosas maravillosas y que les hagan sentirse mejor consigo mismos, y que les hagan disfrutar y pasárselo en grande, que cuando algo no les gusta, muchas veces, acaban de dar en el clavo sin saberlo: eso que no les gusta es precisamente lo que deberían ver o leer. Y sucede algo aún más curioso: muchos espectadores que tienen un poco más idea de lo que están viendo, que escriben a lo mejor en redes o foros o incluso blogs sobre literatura y cine, cuando rechazan alguna obra importante porque según ellos «no les llama» o «les produce rechazo», no es que den en el clavo es que están nombrando aquello que deberían ver sin falta y que por fin les demostraría lo equivocados que están acerca de gran cantidad de cosas. Lo tengo comprobado.

Son esas películas y esas novelas duras, terribles o incluso desagradables –no confundir con truculentas o sórdidas necesariamente, aunque a veces también lo son– las más valiosas y por tanto las que merecen verse, leerse y valorarse por encima de cualesquiera otras cuando consiguen llegar a la excelencia. Y resulta que son las que, por definición, más capacidad tienen de llegar a la excelencia. Pero son las que menos apetece leer. Cualquier se leerá antes ‘El conde de Montecristo’ que ‘Meridiano de sangre’, que ‘Ulysses’ o que ‘La saga/fuga de JB’, quizá incluso que no tenga dificultades en encontrar la maestría de todas ellas. Cualquier espectador, incluso muchos cualificados, se pondrá a ver ‘Saving Private Ryan’ antes que ‘Munich’, o ‘El señor de los anillos’ antes que ‘El Padrino’, o ‘Peaky Blinders’ antes que ‘Euphoria’. Porque te hacen sentir mejor contigo mismo, hacen que «te lo pases mejor», suponen «menos esfuerzo»… o en definitiva no son tan devastadoras, no te provocan una experiencia tan jodida, ni te hacen picadillo en un día quizá ya de por sí gris.

Que el lector de estas líneas juzgue por sí mismo. A veces creo que tengo menos lectores de los que en realidad parece que tengo. Me escribe gente a través del mail o me dejan comentarios personas que no sabía que me siguieran o que apreciaran mis textos. Todos ellos, y quizá otros que puedan empezar a leer los artículos y ensayos que dejo por aquí, pueden comprobarlo por sí mismos. ¿Qué obras literarias o cinematográficas les cuesta más ver o les provocan rechazo o no se acercan más porque han catado un poco y les dan respeto? ¿Es capaz de identificarlas? Pues son esas las más importantes y la que debería ver antes que cualquier otras. Son esas las joyas a reivindicar y a defender con uñas y dientes, aunque haya una gran masa de espectadores o lectores que no puedan con ellas, o que las desprecien, o que las ataquen. Precisamente por eso son las que deberían estar en los altares de los más exigentes, que siempre son además los más valientes. ‘Ran’, ‘Apocalypse Now’, ‘The Thin Red Line’, ‘La vie d’Adele’, ‘Nostalghia’, ‘Amour’, ‘Euphoria’, ‘The Walking Dead’, ‘Blood Meridian’, ‘Ulysses’, ‘La saga/fuga de JB’, ‘As I Lay Dying’… esas son las obras, las catedrales en cuya entrada has de abandonar toda esperanza, en las que no hay asideros, ni zonas confortables, en las que no vas a sentirte bien contigo mismo durante muchas semanas, o quizá nunca más en toda tu vida, pero son las que tienes que ver o leer, si tienes coraje y si quieres que la literatura y el cine hagan algo más entretenerte los fines de semana.

Es el supremo displacer, lo que algunos llaman masoquismo, y que no es otra cosa que enfrentarte a la muerte, a la desesperación, e incluso al horror absoluto, con los ojos bien abiertos, acompañados por verdaderos artistas. Otros que se queden con cosas bonitas si quieren, o que les hagan sentir la magia o una esperanza impostada. ¿Esperanza de qué?

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ARTÍCULOS, CINE

El dinero, en el cine, no te da la felicidad

Continuamente se emplea el mismo argumento manoseado: «tal o cual película no es muy buena… se nota que está hecha con poco dinero…». Innumerables ejemplos hay de grandes películas de todos los tiempos que se hicieron con un presupuesto bastante ajustado, cuando no directamente irrisorio. Pero también existe el argumento opuesto: que una película de gran presupuesto, en la que a lo mejor se han gastado cien o doscientos mllones de dólares (o de euros…) es una porquería por el mero hecho de haberse gastado ese dinero. Lo cierto es que ni uno ni otro son argumentos defendibles, porque ni una película es una maravilla por haber costado tres duros y aún así pueda contarte una historia medianamente solvente, ni una película es una bazofia porque sea una gran super-producción. Lo único que importa es lo que está en las imágenes y los sonidos, y todo lo demás es accesorio, pero supongo que la mayoría de la gente se queda con lo accesorio, críticos y supuestos especialistas incluidos.

Esto viene también a cuento de mi reciente visionado de ‘Dune’, la versión de Denis Villeneuve, a la que por cierto hacemos un buen repaso (destacando sus luces pero sin escatimar en sus sombras) en el último capítulo de Viajeros de la Noche; (a partir de la hora y cuarto de programa, aproximadamente, por si no quieren andar buscando…) y del hecho, incontestable creo yo, de que es otra cinta con momentos interesantes a la que le acaba pesando, y de qué manera, el mastodóntico nivel de producción que tiene detrás, incapaz finalmente de dar vida a sus personajes y a sus dramas con toda la potencia requerida, quedándose en la superficie de la cosas. Y no solamente eso: el estilista Villeneuve parece incapaz de insuflar de personalidad y originalidad a este relato, y una vez más (y van unas cuantas) le queda una película muy hermosa visualmente pero en definitiva impersonal. Y es que no es tan fácil que te den cien milones de dólares, pero es aún mucho más difícil conseguir otorgarle a eso una personalidad. Aún así, algunos lo han conseguido, y supongo que el lector habitual de estas líneas sabrá a qué películas voy a referirme ahora (también bastaba con echar un vistazo a las etiquetas visibles encima del texto..)

En efecto: ‘Die Hard’ en los ochenta, ‘Terminator 2: Judgment Day’ en los noventa, y ‘Mad Max: Fury Road’ en la pasada década son los ejemplos perfectos para defender estas ideas. Grandes espectáculos de acción además (tampoco era cuestión aquí de traer monstruosidades como ‘Lawrence of Arabia’ o ‘Apocalypse Now’…), y no precisamente dramas de época o filmes bélicos… al menos en apariencia. Los filmes de McTiernan, Cameron y Miller podrían ser quizá las grandes obras maestras del cine así llamado, «de acción», de todos los tiempos… una etiqueta que a mí particularmente no me gusta demasiado, pues se trata, en los tres casos, de aventuras de supervivencia, de cine espectáculo en su máxima expresión, que está a años luz no solamente de filmes interesantes pero vacuos como el de Villeneuve, sino de prácticamente cualquier otra cosa que se haya hecho, salvo algunas excepciones que ahora mismo me cuesta recordar.

Los tres tienen grandes personajes, excelentes actores, momentos memorables y son, sobre todo, muy personales y muy rompedores: los dos primeros marcaron el cine de su clase desde que aparecieron, y el tercero va a marcar, indefectiblemente, a las ficciones apocalípticas (tanto audiovisuales como literarias) que se hagan en las próximas décadas. Los tres, además, son una magistral lección de cine, pues en ellas están involucrados no solamente portentosos directores en la cima de sus carreras, sino un nutrido grupo de cineastas de primerísima línea, con guiones sobresalientes (incluso el tan absurdamente denostado de ‘Fury Road’…) y con una potencia visual que ni Michael Bay, ni toda la pléyade de directores Marvel o Star Wars (con la excepción, obviamente, de Irvin Kershner) podrían igualar ni en su día más inspirado. Las tres son catedrales que solamente ganan con el paso del tiempo, y que sospecho que dentro de cuarenta o cincuenta años seguirán incólumes, porque rozan la perfección narrativa absoluta.

Es que es poner a ver por enésima vez (yo creo que junto con ‘Aliens’ y ‘Ran’ es la película que más veces he visto en mi vida…) ‘Die Hard’, que aquí se llamó ‘Jungla de cristal’, y quedarte pasmado con la precisión con la que está contada. Quizá sea este el trabajo más impresionante como director de fotografía de Jan De Bont –junto con algún que otro trabajo para su amigo y compatriota Paul Verhoeven–, quien en perfecta sintonía con el injustamente olvidado John McTiernan ofrece una clase interactiva de cómo planificar, de cómo encuadrar, en todas y cada una de las secuencias de la película, sacando el máximo partido al scope en un aspect ratio de 2.39 : 1, con un Alan Rickman (¡en su primera película!) absolutamente portentoso como el villano de la función, y con un guion perfecto y cerrado como una piedra que aguanta hasta al espectador más recalcitrante. Pero también es ponerse a ver por enésima vez ‘Terminator 2’ y acordarse de que la primera era una de las grandes obras maestras de la historia del cine estadounidense, pero que esta segunda no desmerece a su lado, con una perfección en la planificación visual que la hermana con ‘Die Hard’, y que también la hermana con la tercera en discordia, la extraordinaria ‘Mad Max: Fury Road’, cuarta de una saga que cambió para siempre el cine apocalíptico. Y aunque ambas, la de Cameron y la de Miller, costaron una millonada, son un espectáculo que jamás trata al espectador de imbécil, sino que se imponen una autoexigencia enorme para crear numerosas imágenes y sonidos inolvidables.

A este tipo de cosas los Spielberg, los Villeneuve, los Jackson o los Nolan no pueden llegar por más que lo intenten. Las catedrales están reservadas para mentes más preclaras y sobre todo para artistas más suicidas, que no solamente monten espectáculos más grandes que la vida, sino que además se involucren con sus personajes hasta el punto de que el visionado de sus filmes sea una aventura tan intensa y defintiiva como lo es para ellos.

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ARTÍCULOS, LITERATURA

¿A quién le gusta la literatura?

Lo cierto es que desde que comparto programa de radio con dos buenos amigos profesores, y aunque ya tenía amistades dedicadas a la docencia, todo el tema de la lengua y la Literatura impartida en colegios e institutos me interesa aún más que antes, y no puedo pasar por alto un artículo como este, que tanto están dando que hablar estos días, y que han vuelto a poner sobre la mesa, siquiera por un breve lapso de tiempo (no creo que más de tres o cuatro días antes de que se olviden de ello y pasen a otro tema), el hecho de que a los chavales en España (no como en el resto del mundo, por lo visto…) no les gusta leer, no aprecian la literatura del siglo de oro español, y según El País y otros medios, deberíamos hacer como el modelo francés u otros que incluyen películas, que meten títulos modernos como Harry Potter.

Yo no tengo ni idea de qué se puede hacer para que los chavales lean más. No sé si tengo mucho interés en que lo hagan o es que directamente me da igual. No escribo este texto para encontrar soluciones a un tema que quizá no lo tenga. Pero sí me gustaría dejar por escrito algunas ideas que desde hace bastante tiempo tengo muy claras, o creo tener muy claras, y que cuanto más tiempo pasa más claras me parece tener. Yo no soy un Pérez-Reverte de la vida (aunque haya alguno por ahí que diga que en algunos aspectos le recuerdo a él… por favor que alguien me dispare) y por tanto no voy a decir que la lectura es buena, que el que no lee es un tarado y cosas por el estilo. Hay mucha gente que no lee nada y que es muy inteligente y además es bastante feliz y tiene una vida bastante plena. Leer es una opción en la vida, no así en tu vida académica. La comprensión lectora es esencial (por cierto, no desarrollada en muchísima gente adulta…) para lograr un buen expediente académico. Ahora bien, se supone que eso significa que tienes que leer ficción. Y no sólo ficción, también literatura. Y la verdad, no sé muy bien por qué.

Me interesa mucho este tema pero no porque quiera dar mi opinión sobre el sistema de enseñanza, no porque quiera yo enmendarle nada a los pedagogos, sino porque veo que mucha gente se está lanzando a explicar cómo se debe enseñar Literatura, a defender que los chavales y que incluso los niños lean Literatura y que además les guste, a lanzar ideas locas sobre cómo conseguir que el pringaíllo de trece años con granos y bigotillo armado con una tablet o un con smartphone se ponga ahora a leer ‘La Celestina’. Se supone que hay que hacer eso, ¿no? Hay que defender la Literatura, aunque nadie la lea, ni los adultos ni los ancianos. Los chavales del instituto tienen que leer ‘La Celestina’ y ‘El Quijote’, cuando la mayoría de sus padres y de personas mayores de treinta años no se las han leído ni tienen intención de hacerlo…

He aquí lo que yo pienso:

1: La Literatura no es para niños ni para chavales, del mismo modo que el Derecho o la Psicología tampoco lo son. Como decía Cervantes: la Literatura «los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran»

2: Se puede, eso sí, inculcar el hábito de la lectura a los niños e incluso a los chavales, que no tiene por qué ser literatura de clásicos, aunque tampoco estaría mal que no fuera Harry Potter.

3: Porque no es verdad que sea mejor leer cualquier cosa que nada, del mismo modo que no es verdad comer cualquier cosa que nada. Para leer basura como la que hoy día se convierte en best-seller, mejor no leer. Viviremos más tiempo y más felices.

4: La Literatura no está hecha para gustar a nadie. No es un videojuego, ni es una diversión ni un pasatiempo. Eso pueden ser algunos libros, creados para disfrutar, pueden serlo algunas novelas, que son más películas que otra cosa, pero no la Literatura. Ni ‘Don Quijote’, ni ‘La Celestina’, ni ‘El Parnaso español’, ni ‘La saga/fuga de JB’, ni ‘Mientras agonizo’, ‘La montaña mágica’, ‘Ulysses’, ‘Meridiano de sangre’ o ‘La muerte de Virgilio’ se escribieron para darle gusto a nadie. Se escribieron para convertirse en un problema y en un símbolo, en un reto intelectual, en un sistema narrativo que desafíe el paso de los siglos.

5: Y todo eso no puede apreciarlo un chaval de trece años acostumbrado a jugar con su smartphone. Lo que puede hacer es, quizá, ir cogiéndole el gusto a la lectura y preparándose para el asalto, varios años después, de esas piezas literarias, que sin duda, y hoy día más que nunca, le van a suponer un verdadero desafío.

La Literatura no está hecha para hacerte feliz, sino para ser el arte más abstracto, extraño y doloroso de todos. Ese displacer que sólo en ciertas fases de tu vida consigues apreciar como se merece.

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PODCAST

Viajeros de la noche – Capítulo quinto: Viaje al final del universo y más allá

Tenía que caer un episodio del programa dedicado un poco más a la ciencia, o por lo menos desde un punto de vista más científico, porque es un tema que a mí particularmente me obsesiona y sé de sobra que a Carlos y a JJ no es que les deje indiferentes, precisamente, así que no me costó nada convencerles de hacer un recorrido por la galaxia, para hablar de algunos conceptos ineludibles de lo que significan los viajes espaciales y de las dificultades que todo eso encierra, y además haciéndolo desde la perspectiva de las películas y los libros que más han nutrido nuestra imaginación al respecto

Hemos hablado de muchísimas cosas en las más de tres horas de programa, cuestiones que ahora trataré de resumir, pero antes los links para poder escucharlo:

En Ivoox

Ir a descargar

En Spoti

Y ahora una breve lista, que me temo que no está completa, de los títulos, autores y obras que nos han ayudado en este viaje interestelar:

La serie y las películas de ‘Star Trek’
Ray Bradbury y ‘Crónicas marcianas’
‘Doctor Who’
Greg Egan y ‘Ciudad permutación’
‘El primer hombre’, de Damien Chazelle
La serie ‘Para toda la humanidad’
Chris Foss
Giger
‘Saga’, de Brian K. Vaughan
‘Valerian’, cómic y película
‘El incal’
‘La casta de los Metabarones’
Silver Surfer ‘Parábola’
‘El mundo como voluntad y representación’, de Schopenhauer
Canal alemán sobre el espacio: ‘Kurzgesagt – In a Nutshell’
‘Dune’, las novelas, las películas, los cómics y la serie
‘Alien’
‘Aliens’
‘Avatar’
‘Arrival’
Unos cuantos videojuegos: ‘No Man’s Sky’, ‘Star Citizen’, ‘Outer Wilds’, ‘Starcraft’, ‘Mass Effects’, ‘Stellaris’…
‘El juego de Ender’, novela y película
‘Ready Player One’, novela y peícula
Ursula K. Le Guin
‘Solaris’
‘El fin de la infancia’, de Arthur C. Clarke’
‘La historia de tu vida’, de Ted Chiang
‘El problema de los tres cuerpos’, de Liu Cixin
‘Aurora’, de Kim Stanley Robinson
‘The Martian’
‘Apollo XIII’
‘The Expanse’
‘Horizonte final’
‘Futurama’
‘Cosmos’

¡Muchas gracias por escucharnos!

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Vídeos

Miscelánea de vídeos (2): homenajes a series

En este caso me gustaría poner aquí algunos de esos vídeos creados por aficionados y por seguidores de series, en los que se hace un montaje tipo resumen, o en los que se hace homenaje a un personaje en concreto, o al estilo de esa ficción determinada. Son vídeos, creo, hechos con gran talento en muchas ocasiones, y que merecen la pena verse, aunque también advierto que en ellos se pueden encontrar muchos detalles de la trama completa de esos títulos, por lo que no aconsejo verlos a quien no se haya visto las series completas.

Para empezar uno sobre ‘Breaking Bad’, la superlativa creación de Vince Gilligan, subido por un tal Alex Jux, con estupenda música de Zack Hemsey, ‘The Way’, que le va a las mil maravillas:

Para continuar uno realmente impresionante (subido por Thorny Rose) sobre cierto personaje de esa serie no menos impresionante (en mi opinión una obra maestra absoluta) titulada ‘Vikings’. El personaje es el sinpar Ivar, interpretado con una fuerza indescriptible por esa fuerza de la naturaleza que es Alex Høgh Andersen:

Y para terminar la serie que me tiene obsesionado desde que apareció en 2019. Es un vídeo del canal The Beauty of, que tiene verdaderas joyas en su haber, y que aquí una vez más se esfuerza por mostrar la belleza de la serie de Sam Levinson. No hay palabras:

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