ENSAYO

El displacer

Leyendo hace poco en Twitter una cita atribuida (no sé si verdadera) a Stephen King, en la que el ínclito novelista decía poco más o menos que escribir va sobre superar cosas y vencer y enriquecer la vida de los demás –lo que de ser cierto resultaría bastante inconsecuente con lo que dice en su estupendo libro ‘Mientras escribo’– me convenzo a mí mismo por primera vez de algo que tiene que ver con todo eso de la literatura, la narrativa y el arte, algo que hace mucho tiempo que vengo pensando, que me han corroborado los textos de algunos de los más grandes pensadores de todos los tiempos: el arte más elevado, quizá el único que merezca tal denominación, no ha nacido precisamente para darle gusto a nadie.

Ni para enriquecer la vida de nadie, ni para ayudarte a superar cosas, ni para enseñarte o hacerte mejor persona, ni nada por el estilo de todo eso que sobre todo desde la esfera anglosajona nos quieren hacer creer.

Si nos centramos únicamente en literatura y cine –que serían junto con la música los artes más puramente narrativos–, estoy convencido de que cuanto más le guste, le divierta y le haga disfrutar al espectador una novela o una película, más lejos estarán de ser arte verdadero, salvo muy contadas y sorprendentes excepciones. Y sucede que toda esa masa de espectadores que se interesan únicamente por libros y por películas que les hagan sentir cosas maravillosas y que les hagan sentirse mejor consigo mismos, y que les hagan disfrutar y pasárselo en grande, que cuando algo no les gusta, muchas veces, acaban de dar en el clavo sin saberlo: eso que no les gusta es precisamente lo que deberían ver o leer. Y sucede algo aún más curioso: muchos espectadores que tienen un poco más idea de lo que están viendo, que escriben a lo mejor en redes o foros o incluso blogs sobre literatura y cine, cuando rechazan alguna obra importante porque según ellos «no les llama» o «les produce rechazo», no es que den en el clavo es que están nombrando aquello que deberían ver sin falta y que por fin les demostraría lo equivocados que están acerca de gran cantidad de cosas. Lo tengo comprobado.

Son esas películas y esas novelas duras, terribles o incluso desagradables –no confundir con truculentas o sórdidas necesariamente, aunque a veces también lo son– las más valiosas y por tanto las que merecen verse, leerse y valorarse por encima de cualesquiera otras cuando consiguen llegar a la excelencia. Y resulta que son las que, por definición, más capacidad tienen de llegar a la excelencia. Pero son las que menos apetece leer. Cualquier se leerá antes ‘El conde de Montecristo’ que ‘Meridiano de sangre’, que ‘Ulysses’ o que ‘La saga/fuga de JB’, quizá incluso que no tenga dificultades en encontrar la maestría de todas ellas. Cualquier espectador, incluso muchos cualificados, se pondrá a ver ‘Saving Private Ryan’ antes que ‘Munich’, o ‘El señor de los anillos’ antes que ‘El Padrino’, o ‘Peaky Blinders’ antes que ‘Euphoria’. Porque te hacen sentir mejor contigo mismo, hacen que «te lo pases mejor», suponen «menos esfuerzo»… o en definitiva no son tan devastadoras, no te provocan una experiencia tan jodida, ni te hacen picadillo en un día quizá ya de por sí gris.

Que el lector de estas líneas juzgue por sí mismo. A veces creo que tengo menos lectores de los que en realidad parece que tengo. Me escribe gente a través del mail o me dejan comentarios personas que no sabía que me siguieran o que apreciaran mis textos. Todos ellos, y quizá otros que puedan empezar a leer los artículos y ensayos que dejo por aquí, pueden comprobarlo por sí mismos. ¿Qué obras literarias o cinematográficas les cuesta más ver o les provocan rechazo o no se acercan más porque han catado un poco y les dan respeto? ¿Es capaz de identificarlas? Pues son esas las más importantes y la que debería ver antes que cualquier otras. Son esas las joyas a reivindicar y a defender con uñas y dientes, aunque haya una gran masa de espectadores o lectores que no puedan con ellas, o que las desprecien, o que las ataquen. Precisamente por eso son las que deberían estar en los altares de los más exigentes, que siempre son además los más valientes. ‘Ran’, ‘Apocalypse Now’, ‘The Thin Red Line’, ‘La vie d’Adele’, ‘Nostalghia’, ‘Amour’, ‘Euphoria’, ‘The Walking Dead’, ‘Blood Meridian’, ‘Ulysses’, ‘La saga/fuga de JB’, ‘As I Lay Dying’… esas son las obras, las catedrales en cuya entrada has de abandonar toda esperanza, en las que no hay asideros, ni zonas confortables, en las que no vas a sentirte bien contigo mismo durante muchas semanas, o quizá nunca más en toda tu vida, pero son las que tienes que ver o leer, si tienes coraje y si quieres que la literatura y el cine hagan algo más entretenerte los fines de semana.

Es el supremo displacer, lo que algunos llaman masoquismo, y que no es otra cosa que enfrentarte a la muerte, a la desesperación, e incluso al horror absoluto, con los ojos bien abiertos, acompañados por verdaderos artistas. Otros que se queden con cosas bonitas si quieren, o que les hagan sentir la magia o una esperanza impostada. ¿Esperanza de qué?

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