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Sobre bofetadas, bromas de mal gusto y cinismo exacerbado

¿Por dónde empezar? Un rancio diría que vivimos en un mundo desquiciado, sin valores y bla, bla, bla… Un lúcido, creo, diría que estamos en el mismo mundo cínico de siempre, sólo que de vez en cuando los cínicos que lo manejan todo muestran su verdadero rostros con más descaro (nunca mejor dicho) que otras veces.

Estos días (y probablemente las próximas semanas) todo el mundo va a estar dando la vara con el guantazo que Will Smith le soltó a Chris Rock a costa de no sé qué chistecito en directo ante cientos de millones de televidentes: que si hizo mal, que si no tanto, que si deberían retirarle el Óscar, que si Chris Rock se lo buscó por sus bromas pesadas, que si vaya escándalo, que si por amor hacemos locuras… Y cada cuál dirá algo diferente y se establecerán bandos y todo quedará en un tema más que comentar en la barra del bar. Pero yo creo que ahí detrás hay más, mucho más.

Este hecho ha tenido lugar pocas horas después de que desde la Casa Blanca el «pacificador» Biden haya condenado los «crímenes de guerra» del dictador Putin. Así, sin despeinarse y sin que le tiemble el ojo como a otros (no quiero señalar…) cada vez que dice un disparate o una mentira. Por otra parte, ha sucedido pocas horas antes de que Youtube borrase todos los programas del periodista estadounidense, ganador del Pulitzer, Chris Hedges. No han explicado por qué pero quizá (sólo quizá…) tendrá que ver con sus constantes críticas al gobierno de su país, y más aún en momentos como estos. Los tres hechos (declaraciones, guantazo, borrado del programa) parecen casuales, aleatorios y sin conexión entre sí. Pero no. Nada sucede porque sí, y menos aún en el decadente imperio estadounidense.

Que Biden se atreva a hablar de «crímenes de guerra» por parte de otro país, sería algo parecido (salvando las enormes distancias) a que Will Smith se ofendiese ahora porque alguien se tomara mal uno de sus (abundantes) chistes y le dijera en privado que por favor lo retirase, y como represalia por eso Will Smith se cargase a ese alguien con un misil táctico y destruyese su casa con su familia dentro. Tal cual. ¿Pero de qué va a sorprendernos? Desde que en agosto de 1945 Estados Unidos bombardeara poblaciones de civiles en el primer (y hasta la fecha… que sepamos) ataque con arma atómicas de la historia, los gringuitos le han tomado el gusto a eso de destruir países (eso sí, ni uno de población blanca desde la II Guerra Mundial) sobre todo desde el mar y por aire, y han provocado la muerte, la ruina y el éxodo de decenas de millones de personas… pero ¡eh!, todo por la libertad, la democracia, comer barbacoas los domingos y ver la final de la Superbowl.

¿De verdad alguien cree que a Will Smith le hubieran sacado de los Oscar? Allí se celebra precisamente eso. Jalean el #MeToo por postureo, pero en realidad lo que quieren es que salga el tipo duro a defender a la dama, aunque sea delante de una audiencia planetaria. Saben que lo que ha hecho es repugnante, pero luego gana el Óscar y le ovacionan. Eso es Hollywood y lo ha sido siempre, y eso es Estados Unidos, un país guerrero, el país del conmigo o contra mí, del yo te acepto con los brazos abiertos pero no te muevas ni un milímetro o te reviento la cabeza de un balazo, el de las bombas por medio mundo pero si sale otro atacando un país soberano es un dictador. Cuando Biden llama dictador a Putin, se lo llama a sí mismo, porque eso es lo que ellos llevan haciendo …¡desde hace décadas! Y cuando algún ciudadano estadounidense sale a criticarlo, como en el caso de Chris Hedges, le censuran aunque haya ganado el Pulitzer. Pero los manipuladores y totalitarios son los otros.

Estados Unidos no es un país, es una neurosis destructora. ¿Cómo no iba a serlo? Hitler se cargó media Europa y llevó a cabo un genocidio. Napoleón se cargó a media Europa y llevó a a cabo un genocidio contra su propia gente. Pero esos dos tarados son aprendices al lado de los George Washington, de los Barack Obama, de los Ronald Reagan o George Bush de turno. Estados Unidos es culpable de al menos tres genocidios en un siglo (contra los nativos americanos, contra los esclavos negros y contra los japoneses), además de la destrucción, perturbación o la ruina de otros muchos países en el siglo XX y XXI. Su único objetivo es la desmembración y pobreza o destrucción de China y Rusia, sus dos grandes rivales en la dominación mundial en el siglo XXI. Y lo conseguirá o conseguirá que el mundo entero quede reducido a cenizas. Porque Estados Unidos es ese país desquiciado que también se define con él o gano yo o todos muertos. ¿No se lo cree el lector?

¿Y cuándo se lo va a creer? ¿Cuando comience la III Guerra Mundial? ¿Y de qué bando se va a poner antes que llueva fuego del cielo? ¿De los libertadores Estados Unidos de América, o de la liberalísima e igualitaria y fraternal coalición de Francia, Inglaterra y Alemania, frente los totalitarios asesinos de Rusia y China? ¿Qué tiene que hacer Estados Unidos para ser declarada en el mundo entero, tal como ya lo hizo China, la mayor amenaza para la paz? Liarse a tiros con todo el mundo, sin provocación previa, ya lo ha hecho. Supongo que cuando se haya cargado a China y Rusia, si es que es capaz de hacerlo, o si en algún momento consigue que todo quede reducido a cenizas salvo ella misma, algo muy difícil pero no imposible, los cadáveres ennegrecidos del resto del mundo le darán las gracias por haber sido «liberados». Si Putin, que sabe bien con quién se juega los cuartos, no ha tenido más remedio que invadir Ucrania, es porque sabe que de lo contrario aquí se acaba todo. No está en lid ahora mismo los derechos humanos, sino la supervivencia de los no estadounidenses.

Estados Unidos es ya un país en bancarrota, financiera y moral. Y cada vez están más solos, y lo saben. Sólo Europa sigue riéndole los chistes sin gracia, como si fuera a defendernos contra alguien, en lugar de situarnos en primera línea de fuego contra su enemigo mortal, a ver cuántos días aguantamos. Mientras tanto sigue haciendo películas, y celebrado premios Oscar, como si la cosa no fuera con ellos, como si nada fuera con ellos, cuando en realidad todo tiene que ver con ellos.

Por eso, ver a Will Smith repartiendo bofetadas en directo no debería sorprender a nadie, como a nadie debe sorprender ninguna noticia que nos viene de un país que no es un país, sino un gran negocio que se va a pique, que no posee una identidad cultural, sino que arrebató la identidad cultural de todos los que antes vivieron allí y se convirtió en otra cosa. Sorprenderse de ver a Smith dándole un golpe a alguien en los Óscar es lo mismo que sorprenderse porque la derecha española diga una barbaridad. Va en el ADN de la gente, y eso, como el algodón, no engaña.

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