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Hans Zimmer y lo determinante de la música en cine

El reciente Óscar a Zimmer por ‘Dune’ (2021), segundo de su carrera tras el conseguido hace más de un cuarto de siglo por ‘The Lion King’ (1994), le confirma no solamente como el compositor de música de cine más popular de los últimos años, sino además como el que está consiguiendo, en un momento en el que la música sinfónica para cine está perdiendo toda relevancia, que esta disciplina crucial sea capaz todavía de ser determinante en la composición de una película. Personalmente se lo habría dado por su fenomenal trabajo en ‘Dunkirk (2017) antes que por esta, pero eso poco importa.

Zimmer ha conseguido, en varios trabajos para el muy sobrevalorado Christopher Nolan y para el un tanto impersonal Denis Villeneuve, ser el factor determinante, es decir el verdadero cineasta de la película… y viene a corroborar mi idea, mi convencimiento más bien, de que la música en cine viene a ser como el entintado en cómic: la última fase, el último borrador, y por tanto el que le da la versión final y convierte al filme en lo que realmente es. En la boba y meliflua ‘Inception’ no conseguía imponerse, si bien el tema final (que por cierto es el más escuchado suyo en Spotify) era de una belleza imponente:

En posteriores trabajos para Nolan y en el ‘Dune’ de Villeneuve, él es el verdadero narrador. La muy endeble ‘Dunkirk’, que muchos han calificado muy temerariamente de «obra maestra» del bélico pero que nada aporta al género y que nada puede aportar al espectador, cuenta con una música de Zimmer que no es realmente música, sino una colección de ruidos y sonidos muy bien ejecutados y muy mal empleados por Nolan. Si Nolan hubiera sido el gran cineasta que no es habría utilizado esta singular y poderosísima música/no-música de una manera mucho más interesante. Con ella, por lo menos, consigue que la frágil y casi inexistente estructura del filme parezca mucho más férrea. Pero Zimmer debería haberse llevado el Óscar por cosas increíbles como esta:

Su empleo en la película es casi anecdótico, tangencial. Es incomprensible. Otras músicas de Zimmer para el filme están mejor empleadas o por lo menos tienen más recorrido y más presencia. La suficiente para salvar a esta película de un desastre narrativo absoluto. Si ‘Dunkirk’ se sostiene es por Zimmer. Pero ya en la también muy sobrevalorada ‘Interstellar’, que empieza bastante bien y que acaba despeñándose en un delirio metafísico sin pies ni cabeza, fue Zimmer el que consiguió elevar la emoción de la película con cosas impresionantes como esta:

Al menos en esta película su música tiene un empleo mucho más inteligente que en ‘Dunkirk’. Finalmente, para ‘Dune’, por la que se ha llevado el Óscar, consigue que una película tan fría, tan impersonal y tan poco enérgica parezca otra cosa. Es una música más sinfónica que las otras, con más melodías y más ritmos, y sus cadencias y sonoridades consiguen que ‘Dune’ sea una película diferente y mucho más interesante:

Hay una cosa que muchos no parecen dispuestos o no tienen la menor intención de entender: la música en cine lo cambia todo, incluso la que sólo es sonido, incluso el sonido ambiente, los diálogos o la música diegética. Un drama convulso o un paraje desolado adquieren otras tonalidades con una música eufórica. Porque así funcionamos los seres humanos: nada gana a la música. Mientras muchos analistas superficiales como el tal Bracero de Twitter creen que un plano de un espejo roto puede definir la calidad de una película, o su profundidad narrativa, o el estilo de un autor, en ese pensamiento burgués y conservador que cree que una película es simplemente una suma de planos, en realidad la cosa es bastante más compleja, y tiene que ver con el cine como una forma de música, como una forma de atrapar el tiempo. La cadencia, el ritmo, la sonoridad y el tono son mucho más importantes de lo que parece, y por eso el montaje y la dirección de actores son esenciales para definir una gran película, y no la historia o la sucesión de planos más o menos dirigidos para conseguir ideas subrepticias o símbolos más o menos profundos.

Que Zimmer es mucho más cineasta, y mucho más narrador que Villeneuve o Nolan, queda patente en sus películas, y que la música, o la falta de ella, o que la musicalidad es esencial para definir la altura de un filme, es algo que a mí me pasma que muchos todavía no se hayan percatado, y que habrá que seguir mucho tiempo insistiendo en ello hasta que los no convencidos por fin abran los ojos a algo tan elemental es una realidad que por mi parte ya está asumida.

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