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Reescrituras (3) – A Alberto Olmos, que carece del mínimo respeto por sus lectores

Lo de los críticos cinematográficos rancios, perdonavidas, bravucones y cortos de miras en España lo inventó Carlos Pumares, hace ya unos cuantos años. Le siguieron muchos de ese estilo, aunque posiblemente ninguno con tan poca gracia a la hora de escribir ni con tanta desidia en cualquier cosa como Carlos Boyero. Ahora parece haberse unido a este enorme club (porque son legión), el novelista Alberto Olmos, que además de escribir novelas y conseguir que se las publiquen, lleva ya unos años con una columna en ‘El Confidencial’ en la que de vez en cuando (hay que justificar su sueldo, supongo) además de escribir sobre temas culturales como un columnista cualquiera, deja críticas literarias y cinematográficas. Hasta estrellitas les pone a sus críticas, en plan Filmaffinity o IMDb.

Hacía ya un tiempo que no publicaba una de mis reescrituras, pero creo que su «crítica» a ‘Euphoria’ lo merece. Y no porque no esté de acuerdo con ella, aunque evidentemente no lo estoy. Todos los días leo o escucho a personas decir cosas con las que no puedo estar de acuerdo, y sin embargo en algunas ocasiones logran persuadirme de que tienen sus argumentos, de que por mucho que estemos en las antípodas intelectuales son puntos de vista a respetar. Me pasa con mis buenos amigos Carlos Eguren y Juanjo Martínez, con los que comparto podcast, y con bastantes personas más. Me encuentro con personas muy inteligentes que piensan de un modo diametralmente opuesto al mío, pero me gusta hablar con ellos, o enfrentarme a sus ideas, porque por una parte son ideas interesantes y por otra siempre es positivo el debate. Pero luego te encuentras a gente como Alberto Olmos.

Hay dos clases de críticos: los que te toman por un lector inteligente y los que te toman por imbécil. En pocas palabras: los que se toman en serio lo que hacen y los que no. Desde que Olmos se puso con su página Lector-Malherido, decidió qué tipo de crítico iba a ser. Porque además él es un tipo inteligente. Es decir, él no es uno más de esos juntaletras que se ponen a opinar sobre cualquier cosa. Lo hace, opina sobre cualquier cosa, pero es un tipo que tiene cierto verbo y que no tiene la cabeza reseca. Ahora bien, la inteligencia hay que sostenerla. Hace demasiado tiempo que Olmos se ha convertido en una parodia de escritor y en una parodia de crítico, que se cree que por ir en contra de lo establecido, por sistema, es un valor en sí mismo. Es decir, puedes sostener que ‘Moby Dick’ o que ‘Ulysses’ son malas novelas, pero muchacho, tienes que argumentarlo, o en caso contrario eres uno más en la barra de bar soltando ocurrencias y disparates. Y ahora con las series de televisión igual. No se sabe muy bien si lo que escribe Olmos lo piensa verdaderamente o es una pose, porque se ha convertido en el campeón mundial del postureo. Da la impresión de dos cosas: que lo que quiere es llamar la atención desesperadamente, y que no escribe exactamente lo que piensa. Es decir, que no leemos más que disparates suyos. Porque si de verdad piensa lo que escribe, quizá debería pensar en cambiar de oficio. Vamos a ello. Entre paréntesis mi reescritura:

‘Euphoria’: una serie putrefacta, enfermiza y repugnante

(Puedes titular una crítica como te venga en gana, por supuesto, pero si te pones el listón tan alto –o tan bajo, según se mire– tienes que estar luego a la altura de las circunstancias, y no es el caso)

La serie de Sam Levinson naufraga en un estiloso efectismo de videoclip politoxicómano

(Reconozco que no sé lo que es un «videoclip politoxicómano»… esta forma de calificar y de adjetivar una serie tiene un tufo rancio y moralista que lamentablemente se va a ir confirmando a medida que uno avanza en la pieza)

«Es evidente que los drogadictos están sobrerrepresentados en la ficción. Para que el cine y las series hablen más de ti, deberías drogarte. Cualquier droga tiene más cabida en una producción audiovisual que el metro de Madrid, el autobús de Chicago o un puesto de manzanas. La droga hace el cine, quizá por fuera y por dentro simultáneamente.»

(Este párrafo es puro estilo Olmos: una expresión grandilocuente y rebuscada -«sobrerrepresentados»– para tratar de sostener una idea con poca enjundia –que los drogadictos tienen mucha presencia en las ficciones– que reincide en lo rancio y moralista de este hombre: menos drogadictos y más puestos de manzanas. Y una sentencia absurda y mal escrita: «la droga hace el cine, quizá por fuera y por dentro simultáneamente»…)

«Jean Luc Godard consideraba en ‘Historia(s) del cine’ que el séptimo arte era una ramificación de la industria cosmética. Podemos subir la apuesta y estimar que el cine y las series de televisión son en realidad departamentos de publicidad del narco. Es cierto que la droga es ilegal, que su precio no atiende a razones, que no se puede adquirir en El Corte Inglés y que su etiquetado resulta mejorable. Pero no es cierto que no disponga de su propia campaña de promoción permanente, el otoño-invierno de la cocaína, la Semana de Oro de la marihuana. La droga se anuncia más en televisión que el pan Bimbo.»

(Siguiendo su estilo, ahora toca cita o referencia pseudo-culta: Godard. Y él por supuesto va a subir la apuesta de esa cita tan culta. Siguen una serie de bromas y chascarrillos sin gracia marca de la casa que nada tienen que ver con la serie que, se supone, va a criticar)

«‘Euphoria’, en fin, empieza como el clásico drama con drogas que debería conmoverte, pero enseguida piensas, después de ver dos o tres capítulos, si tú también tendrás guardado por ahí el teléfono de algún camello enrollado. Es tan guay drogarse. Son tan guapos los que se drogan. Salen luces de colores todo el tiempo, cuando te drogas. Y no, no tienes el teléfono del camello.»

(Empezamos de una vez, pero añade ese «en fin» como si todo lo que hubiera dicho anteriormente, que es parecido a la nada, ya apuntalara su «crítica», y comienza a dejar claro que no ha entendido la serie ni en una décima parte, porque si ves ‘Euphoria’ y crees que es guay drogarse es que has caído en la trampa… y que no te has visto ni siete capítulos, como efectivamente luego reconoce)

«En ‘The Wire’ los drogadictos no eran imitables, porque resultaban penosos, feos, sucios y se drogaban en pisos abandonados junto a ratas y bolsas de basura. Llámenlo realidad. En ‘Euphoria’ (solo por empezar con uno de sus elementos disuasorios), la droga va aparejada a la belleza y a la aceptación social, y se entiende además que así es la juventud en Estados Unidos y, por supuesto, en todo el mundo, en Madrid o Sevilla, mocitos eternamente rodeados por luces de neón y ropa chillona alucinando químicas. Entonces la gente, incluso los jóvenes, ven ‘Euphoria’ como la serie que les define, lo que solo puede interpretarse como decadencia aspiracional de la peor especie. Aspirar a decaer es lo que nos faltaba, amigos

(El dislocado texto sigue por derroteros de comparativa, con la excelsa ‘The Wire’ como ejemplo máximo. Si has visto ‘The Wire’ y crees que en ella la droga va aparejada a la belleza y la aceptación social es que necesitas unas gafas mejores, muchacho, o bien estarte atento a la serie… tampoco mucho, basta con fijarse cada cinco minutos… puedes enterarte de que esa idea es falsa incluso cambiando los pañales al niño o jugando con el móvil al mismo tiempo… Y la guinda del pastel: viene a decir el amigo crítico –le llamo amigo porque él también me ha llamado crítico a mí– que esta serie es mala para los jóvenes… ¿Cómo y cuándo un novelista con alguna cosa interesante se vuelve un catequista de ochenta años mentales? Digno de estudio)

«A los únicos a los que define ‘Euphoria’ es a los Javis, a C. Tangana, a gente que no tiene que enviar su currículo el lunes por la mañana a 15 departamentos de personal y creen que ‘after’ es una filosofía de vida. A todos los demás, esta serie únicamente les hace soñar con una vida mejor: una vida a partir de la cual HBO se dignaría a hacerte una serie.»

(Pues claro, todos los que nos hemos sentido conmovidos con esta serie aspiramos a ‘After’ como filosofía de vida. Es increíble (o falso, que yo creo que por ahí andan los tiros…) que un tipo que escribe novelas y al que se le supone un bagaje intelectual y cultural se crea que porque una serie hable de adictos sea perfecta para adictos, o que una serie que hable de cazadores furtivos legitime a cazadores furtivos, o que una serie que hable de un violador legitime a los violadores)

«Hay dos colisiones simpáticas en el fenómeno de ‘Euphoria’. Una la encontramos en que su creador, Sam Levinson, rodó en 2018 una de las mejores películas del siglo XXI, ‘Assassination Nation’. Lo agónico es que ‘Assasination Nation’ es exactamente igual que ‘Euphoria’, es decir, trata los mismos temas enfermizos, salen los mismos personajes jóvenes femeninos hastiados de Instagram, amén de abusos, transexuales, suburbios con jardín y luces de neón cada cinco planos, pero presenta un lamentable 6 como nota en Imdb, mientras que Euphoria disfruta de un delirante ¡8,4!»

(Aqui ya empieza el desbarre y la falta de coherencia absoluta: ‘Assassination Nation’ le parece una de las mejores películas del siglo XXI –no lo es, pero bueno es lo que él dice–, y ‘Euphoria’ es exactamente igual… pero ‘Euphoria’ es putrefacta, enfermiza y repugnante… ¿Que por qué? Vete a saber, pero a este hombre le alucina que la primera tenga un 6 y la segunda un 8,4… ¡viva la disgregación mental!)

«Este error de todo el mundo (creer, a diferencia de mí, que ‘Assassination Nation’ es mucho peor que ‘Euphoria’, cuando es justamente al revés) nos sugiere una comparación con el trabajo de Nicolas Winding Refn. Después de presentar ‘Drive’ (2011) o ‘The neon demon’ (2016), auténticas obras referenciales del cine contemporáneo, Winding Refn se volvió indigesto en su serie para Prime Video, ‘Demasiado viejo para morir joven’, que, a fin de cuentas, era lo mismo pero con 10 horas de duración.»

(Y al desbarre le sigue el postureo más clásico: a mí gusta más la película de Levinson que su serie, y yo tengo razón, y por eso la serie es una porquería. A él le sugiere una comparación con Winding Refn en la que vuelve a decir la misma incoherencia de antes)

«Lo que estima uno, un poco a voleo, es que la intensidad alucinógena, desbordada y parcelada por la obligación de llenar con ella ocho o diez horas de ficción, acaba naufragando naturalmente. En cierto sentido, es como si uno se sube a una montaña rusa y le dicen que cada veinte metros deberá bajarse, irse a su casa, hacer su vida y luego a la semana siguiente subirse de nuevo en la montaña rusa justo donde lo dejó. Obviamente, el viaje espídico y emocionante de la montaña rusa ya no es el mismo. Ese bajar y subir constantemente a la montaña rusa es lo que define las series de Levinson y Winding Refn. Son una tortura, vamos.»

(Dice que «un poco a voleo». Yo creo que las críticas y el pensamiento entero de Olmos es todo él «un poco a voleo». Aquí por lo menos da un argumento más o menos defendible –después de unos cuantos párrafos descoyuntados–: que la intensidad no puede sostenerse durante diez capítulos. Pero claro, como no ha visto la serie no sabe que lo dice es falso)

«La otra simpática contradicción de la serie tiene que ver con su protagonista, Zendaya. Hay que imaginar a Zendaya (sea el caso o no) rodando de lunes a viernes ‘Spiderman: no way home’ y, los fines de semana, ‘Euphoria’. ¿Hoy me toca telaraña o cocaína?, le debía de preguntar a su representante cada día de rodaje. Hoy, telaraña, maja.»

(Otro párrafo increíble, que o bien le descalifica para siempre como crítico y/o humorista –eso hacen los actores, amigo Olmos, hoy te hacen ‘Django Unchained’ y mañana ‘The Wolf of Wall Street’…– o bien demuestra a las claras que nos toma a todos por imbéciles. ¿De verdad este hombre se cree gracioso o que está argumentando con chorradas como esta?)

«No en vano, la actriz se ha visto necesitada de enviar un mensaje a sus fans —que lo son, obviamente, más por ‘Spiderman’ que por una serie marginal— avisándoles de que quizás ‘Euphoria’, donde aparecen penes erectos, abusos sexuales, drogas vendidas por niños y depresión sofisticada en cantidades estomagantes, quizá, repito, no es lo que esperan de ella los que la han visto volar abrazada al Hombre Araña, tan sana y sonriente como Heidi.»

(Claro, «marginal» una serie que es la más vista desde ‘Juego de tronos’…. ¿Esto es una crítica o una crónica de salsa rosa?)

«Personalmente, me desagrada mucho ‘Euphoria’. De hecho, escribo esta pieza sin haber visto entera la serie, ya que me provoca una gran repugnancia y no me pagan lo suficiente. Visualmente, es muy pintona, pero desde el punto de vista moral es de una considerable bajeza. Básicamente, se trata de niños ricos de Hollywood jugando a combinar problemas muy gordos de los que apenas saben nada para poder rodar planos a cámara lenta con música de fondo compuesta por algún amigo que vive en la mansión de enfrente. Toda ella es, en definitiva, una celebración de lo putrefacto, una estilización de lo enfermizo, vendida como realidad adolescente por adultos que confunden la adolescencia con la tendencia, la moda, el vacío y el brilli-brilli.»

(Y ya el delirio narcisista y antiprofesional más rotundo que he leído en mucho tiempo: ni se ha visto la serie ni le pagan lo suficiente para hacerlo. Por lo demás, las últimas líneas son dignas de alguien que no sabe separar realidad de ficción, que no hace el mínimo esfuerzo en entender lo que le están poniendo delante de las narices, y que encima se cree el tipo más listo de la clase)

Lo que esta crítica tendría que haber hecho, para ser del todo coherente, es decir lo siguiente: «me llamo Alberto Olmos, soy más listo que tú porque yo lo he decidido, no me gusta ni la crítica literaria ni cinematográfica, y tampoco me gusta otra cosa que cachondearme de todo y demostrar que el nihilismo intelectual es mi forma de vida. Por eso series como ‘Euphoria’ me hacen picar el anzuelo y creer que celebran lo nauseabundo, cuando en realidad es que ni siquiera me ha apetecido verla entera ni estoy preparado para ello». Esa es la breve reescritura que puede hacerse de una pieza tan lamentable como esta.

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