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Ráfagas (3)

Prosigue el avance, lento pero imparable, de la ultraderecha en toda Europa… por cierto que eso de la «ultraderecha» es todo un eufemismo. La ultraderecha es fascismo, y el fascismo es la forma de referirnos a psicópatas con traje.

A veces la situación actual me recuerda al final de ‘La máquina del tiempo’, la adaptación de 2002, no la primera, que hizo el bisnieto de H. G. Wells, con esos individuos tan evolucionados, capaces de ver el pasado y el futuro, que progresivamente van destruyéndolo todo hasta quedar encastillados en sus fortalezas con todo lo demás arrasado.

Creo que vamos hacia allí. Bueno yo siempre creo que vamos hacia la destrucción final en pocos años, lo he creído desde niño y ahora mucho más, por eso cuando suceda, que sucederá, estaré un poco más preparado sino físicamente por lo menos sí psicológicamente.

Porque cada vez me doy más cuenta de que es un milagro que estemos vivos. Estamos flotando en un vacío inmenso, inabarcable, en nuestra pequeña canica azul, expuestos a cualquier desastre que, tarde o temprano, nos sobrevendrá del exterior…

…o lo provocaremos nosotros mismos… Porque también estoy más convencido de nunca de que si queremos sobrevivir al siglo XXI como especie (y de paso queremos que nuestros ecosistemas y los animales que viven en ellos también sigan perviviendo) es necesario destruir la capacidad militar de EEUU, y para siempre.

Estados Unidos es la verdadera amenaza mundial, global. No les importará convertir todo en un erial con tal de quedarse con él. Existen ahora mismo personas en Washington que quieren (lo llevan queriendo desde hace tiempo) quedarse con todo, implantar un orden mundial en el que sean ellos los que manden en el cotarro, o bien que todo destruido.

Es decir, o se quedan con todo o no queda nada para nadie. Es como la técnica del hermano mayor abusón, o del matón de barrio: o para mí todo o nada para nadie. Pero Estados Unidos no es un país, es un imperio depredador en decadencia, una colonia venida a más que ojalá se vaya quedando cada vez más sola, porque la alternativa es peor, mucho peor.

Y la gente todavía pensando el mundo con conceptos e ideas propias del siglo XX. Estamos en el siglo XXI, las reglas han cambiado. Seguimos siendo una catástrofe como especie, pero ideas como imperialismo, colonialismo, comunismo y otras ya no tienen cabida. Ahora es el momento de la supervivencia.

Pero ¿qué se puede esperar?… .si estamos viendo cómo censuran diálogos de películas intrascendentes porque contienen alguna alusión machista u homófoba, si antes de explicar alguna ficción en las redes sociales es necesario especificar antes que no se está de acuerdo con lo que cuenta esa ficción ni se está justificando, si a la gente hay que cogérsela con papel de fumar.

Esto, ¿desde cuándo ha sucedido? ¿Desde cuándo hay que tener cuidado de no ofender a nadie, de no provocar? Si esa es la base de toda sociedad adulta: confrontar ideas y hasta actitudes vitales.

Por otra parte, el que se ofende no tiene razón, necesariamente, por mucho que automáticamente se la otorguemos. Es más, el que se ofende casi nunca tiene razón.

Veo a demasiada gente preocupada por cosas que no tienen la menor importancia, entusiasmada con cosas que no es posible que a nadie inteligente y con buen gusto pueda ni siquiera interesarle, y ofendida con chorradas de patio de colegio.

No es cuestión de buscar razones por las que ser misántropo, es que ser misántropo es la única salida posible, la única forma de no volverse loco en el interior del manicomio que es el mundo.

Decían por ahí que mi hambre es mía, o que hay que aferrarse a uno mismo… yo me aferro a mi desprecio por aquello que no soporto, que me parece indigno, que por alguna razón se ha decidido que hay que tragar sí o sí.

Creo que la única forma de vivir una vida más o menos digna consiste no solamente en defender a aquello en lo que crees, sino enfrentarse directamente a aquello en lo que no crees, que viene a ser lo mismo pero pasando a la acción, o por lo menos a cierta acción.

Y si para eso has de quedar a menudo solo, apartado y marginado, pues bienvenido sea. Serás una mayoría de uno, porque estarás convencido de que haces y piensas (que también viene a ser lo mismo) lo correcto.

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